
Mi ideal consciente ha sido conducir al lector a aceptar
Una imposibilidad, o series de imposibilidades, por
Medio de una especie de magia negra verbal, para cuyo
Cumplimiento hago uso de la prosa rítmica, la metáfora,
La símil, la tonalidad, el contrapunto, y otros recursos
Estilísticos, como una clase de encantamiento.
Clark Ashton Smith.
Estas palabras, que más bien parecen los ingredientes del caldero de una bruja, e incluidas en una carta a Lovecraft —que bien podría ser la pócima resultante—, reflejan de una manera asombrosa las leyes que gobernaban el proceso creativo de Clark Ashton Smith. También para él en el principio era el verbo; pero en su caso uno que hacia las veces de heraldo de una imaginación que en sí misma era un conjuro mágico poderoso, con la capacidad de evocar mundos de una oscura y fantástica belleza. La mecánica que pone en marcha los engranajes de la imaginación en la mente del hombre es posiblemente la misma que pone en marcha lo que Louis Pawuels y Jacques Bergier denominan «el demonio del hacer». Ese susurro de fuego que se filtra como veneno en la mente del hombre y lo empuja a realizar las odiseas de su pensamiento; aquellas que al final de un viaje en el cual el hombre se juega su alma, arriban con naves repletas de creaciones tridimensionales, que son las que le dan sentido a la experiencia humana en este mundo. Tan estremecedoras son estas creaciones que hacen del concepto mundo ilusorio de filosofías como la budista, por ejemplo, una paradoja difícil de resolver. Y es que no tenemos porque negar algo que no existe y mucho menos a través de un gran esfuerzo, ya que no es el carácter ilusorio o real del mundo lo que importa, sino los hechos que se escenifican en él. Es precisamente ahí donde los creadores reinan, lanzando desde su olimpo rayos de pensamientos fulgurantes que son los que al final establecen lo que es el Bien y lo que es el Mal, tal como lo percibió clarividentemente, Nietzsche.
En el universo de la literatura imaginativa, para usar un termino más global, es difícil construir una torre de babel que llame la atención y aún más que provoque la ira de un dios, sin importar cual pueda ser, ya que es un universo repleto de torres que se alzan más allá de cualquier cielo y descienden a los abismos subterráneos de todos los infiernos. Sobre todo en el siglo XX, que es la centuria donde la literatura imaginativa escala un nuevo nivel: desde las grandes sagas de la literatura maravillosa hasta el Big Bang de la ciencia ficción; pasando por el nuevo estatus de ciudadanía cósmica del horror. Son muchos los creadores, son muchas las obras, es infinito el camino recorrido por la imaginación creativa en el siglo XX.
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