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Archivos Mensuales: febrero 2010

VIA - La niña de las rocas pag 09

Arcadio Encarnacion – M.E. Goth / VIA – Pag 09

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VIA - La niña de las rocas pag 08

Arcadio Encarnacion – M.E. Goth / VIA – Pag 08

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Morgan Vicconius Zariah

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En el trayectoria de  los sueños, la eternidad ha sembrado huellas de ángeles dementes; los cuales hoy están errando por la tierra. Se han disipado los siglos de felicidad, y hoy, en la tierra, el dolor invade las almas de los humanos y ángeles caídos, seres divinos humanizados. Han perdido el control, el curso del sol. Y este empieza a tornarse de un color rojizo apagado y sombrío; indicando el declive de la existencia humana.

 

En esta etapa de la existencia según la extraña visión, los seres son delgados, de un color gris plateado y sin cabello alguno; los genitales se hicieron más pequeños y la inteligencia más grande; al igual que la infelicidad y la incertidumbre. Evolucionaron muchas especies de animales y mutaron otras más. Decayeron religiones y filosofías de siglos, y se descartaron los errores de la ciencia. El hombre casi conoció la verdad.

Estos avances humanos se realizaron con fusiones de ciencia y organizaciones secretas. Científicos y magos realmente, que  pudieron descifrar entonces, el sagrado libro que yacía oculto en la naturaleza. Los textos de la alquimia fueron decodificados. Paracelso y Agrippa reinaban revestidos de una magia tecnológica. Conocieron la doctrina que profesaba Giordano Bruno, Apolonio de Tiana y la ciencia eterna de sabios ocultistas, como Eliphas Levi y Aleister Crowley. Se desarrollaron organizaciones alquimistas, pero científicas, con las doctrinas de estos magos. Esto culminó en la cúspide de una evolución espíritu-tecnológica del alma humana

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Louis Pauwels - Jacques Bergier

Le matin des magiciens - 1960.

EL RETORNO DE LOS BRUJOS.


Retornar al lado fantástico de la realidad es simplemente penetrarla hasta sus fundamentos metafísicos que tejen una especie de tela de araña usando como fibra los pensamientos no-euclidianos de aquellos que aguijonean el avance de la evolución humana. Es tratar de percibirla junto con todas las acciones y cambios culturales, científicos, políticos y espirituales, que la componen como si estuviéramos viendo un grabado de M. C. Escher. No sé, pero me gustaría pensar que esa era la reflexión que estimuló las mentes de Louis Pauwels y Jacques Bergier, en la hora sagrada en que decidieron emprender una de las más grandes aventuras intelectuales del siglo XX que los condujo a la concepción de El Retorno de los Brujos. En él, ellos postulaban su visión bajo el nombre de guerra de «Realismo Fantástico», que a grandes rasgos es una propuesta para el despertar de una conciencia más alerta de la mano con las expresiones del pensamiento humano más adelantadas, que para los autores son las claves para tomarle el pulso del tiempo a la marcha de la humanidad hacia un nuevo nivel evolutivo.

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Morgan Vicconius Zariah

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Suenan los campanarios en el ruinoso templo lunar. Canciones desesperadas de un lamento erótico, tiñen de semen las murallas. El orgasmo infrasexual de  las mujeres, poseídas por hombres alados, hacen sonar las campanas; mientras su sonido espanta rápidamente todo espíritu de moralidad. Las pitonisas entonan cánticos de adivinación durante el coito. Cánticos tan vulgares como sus sexuales posiciones.

 

El miembro viril se eleva al cielo, y dispara al sol  pegajosas centellas de lujuria.

 

Duendes dragones despliegan sus alas gigantescas y se posan penitentes en las columnas de los templos; mientras ríos de sangre corren en los suelos, creando sellos de morbosidad.

 

En las dos columnas principales, arriba, dos mujeres se ven preñadas de inmundicia, sus vientres son tan enormes como el misterio que encierran. Sus vaginas derraman manantiales de una ennegrecida sangre, sobre enanos que tragan desde abajo sus fluidos infernales.

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No creo que sea una profanación del universo conceptual encerrado en la célebre frase del maestro William Shakespeare «Ser o no ser, esa es la cuestión», aquello de «Fantasear o no fantasear, esa es la cuestión», ya que en ambas lo que se pone en juego es la expresión más autentica del ser humano. Digamos que en la paráfrasis cuasi ontológica de la frase de Shakespeare, los Hermanos Fanáticos  que anhelan llegar a ser, lo harán, pero a través de un proceso evolutivo que se iniciará primero en su fantasía; o en otras palabras, no es cualquier ser lo que quiero ser, sino un ser fruto de mis fantasías más delirantes, pues ese será el ser más real al que puedo llegar a ser… Sí, así como suena.

Pero ese Ser de connotaciones fantásticas muchas veces hay que buscarlo en el núcleo ardiente de hierro y níquel de la tierra en que vivimos y la realidad que traza su circunferencia, no importa si la fantasía es nuestra herramienta principal en esa búsqueda, si accedemos con el TNT de nuestra fantasía al núcleo de la realidad, estaremos en capacidad de crear un nuevo núcleo junto a una nueva realidad circundante, que se adapte a nuestra fantasía… Pero antes hay que destruir el antiguo. Y la fórmula de esa dinamita especial fue definida hace tiempo con un nombre que no les sorprenderá: «Realismo Fantástico».

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Morgan Vicconius Zariah

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¿Quién sabe cuanto tiempo ha estado en pie esta estatua de piedra? ¡Un símbolo maravilloso de estoicismo! Abandonada en un desierto lúgubre; echada a la suerte del tiempo y el clima. Contemplativa de los fríos horrores de la noche y el terrible calor de la luz del día, que baja oscilante por el cálido cielo meridional. Muchos sabios se habían cobijado bajo sus maravillosos efluvios, en tiempos ya remotos de olvidadas leyendas. Donde horribles magos negros contaron historias de necrópolis perdidas bajo la sombras de las conciencias, y memorias que fueron borradas para un nuevo amanecer. Y ella ha estado allí todo aquel tiempo, sola, con el gran recuerdo cósmico, sin doblegarse a sol ni a luna alguna. Ningún clima fue capaz de borrar las facciones de su rostro, las que parecían hablar con una voz intuitiva a través de su mirada fija.

¿Qué espíritus estelares habitaban allí? ¿Qué sortilegios cantaron los escultores para dotarla del aliento sacro? En el silencio que recorre su rocoso cuerpo, en el mismo misterio de su arte escultórico, vive la memoria de los grabadores, que cincelaron cada detalle de su gigantesco cuerpo. En este cuerpo, habla el fuego y el cincel, y la sangre de un pueblo sin tierra que rebosó un pequeño poso donde fue bañada. El pueblo de los adoradores del Dios sin rostro, gentes seguidoras de una mística monoteísta, de un antiguo dios antropomorfo. Que decían había forjado el universo con el verbo santo, e hizo la luz para que la existencia no fuera una masa uniforme en la nada del caos. Todo esto no ha sido contado en historias, pero estas rocas guardan el secreto sagrado. Sus ofrendas fueron innumerables holocaustos, para impregnar con sangre su rocoso cuerpo, en el cual se adheriría el flujo y reflujo de un alma, con la que fue dotada. Un espíritu cósmico atrapado en toneladas de roca. Su Ser etéreo fue conectado a la piedra con los antiguos sortilegios de los magos, que cantaron hechizos e invocaron nombres más antiguo que la tierra misma. Adoraron el barro, en su frente escribieron una palabra sagrada que se ha perdido entre los libros cabalísticos, ocultándola para siempre bajo la custodia de los sabios temerosos; incapaces de pronunciar aquella palabra, por temor a la muerte, más aun a la locura, que perseguirá por los siglos de los siglos  las generaciones venideras. Pues dicho esta en su libro sacro: «Nadie ve al Dios sin rostro sin quedarse ciego después, y aquel que a él se asemeje en sus artes, le acometerá la locura. Pues nadie que haya visto a la perfección el orden misterioso de la naturaleza debería cambiarlo. Pues celoso es aquel sin rostro, que quiere que a él nos asemejemos, pero cuando su verdad encontramos nuestros ojos se hacen ciegos y nuestro juicio turbio. Una extraña conspiración se viene contra aquel que descubra sus secretos, los que solo tiene reservado a su pueblo para la eternidad.»

 

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Weird Tales june 1930

Weird tales july 1941

Infinity Science Fiction

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Un cielo que hasta hace poco estaba límpido e inmaculado de pronto se ve salpicado por un número delirante de manchas rojas; se mueven con ritmos precisos, que nos hacen cambiar la impresión que nuestros primitivos dispositivos terrícolas de visión de largo alcance nos habían sugerido al principio: la de una especie de medusas voladoras de color rojo, característica de esta fauna extraterrestre, cuyo color era debido a sus hábitos vampíricos de alimentación, con la sangre de alguna criatura terrestre de constitución fisiológica  muy próxima a de los mamíferos del planeta tierra. Pero no, esas alucinantes ondulaciones regidas por leyes matemáticas acordes con las extrañas leyes físicas que gobiernan este olvidado sistema planetario, son fruto de unas criaturas extrañas, que desafortunadamente para nosotros… la comprensión de su realidad nos llega a través de un escalofrío.

Desde nuestra nave, diseñada con una doble esfera, impulsadas por energía oscura condensada en un campo de energía electromagnética, podemos ver como en verdad esas criaturas están siendo expulsadas con una gracia extraña, parecidas a las pompas de jabón, desde una especie de volcanes coronados con una estructura simétrica de color ambarino. Esto nos ha tomado por sorpresa, pues no lo habíamos notado anteriormente, quizás porque el espectáculo mismo de las extrañas criaturas nos había hipnotizado. El número de los volcanes al parecer es infinito, pues están diseminados hasta donde nuestro campo visual nos permite ver, que es un horizonte bastante lejano. Simulan una especie de erupción de un vapor color de sangre desde cuya vorágine burbujeante brotan las criaturas como chispas infernales ansiosas de devenir en fuego… y esas chispas escarlatas se dirigen a nosotros.

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Morgan Vicconius Zariah

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La estrella aquella que regía silenciosa en el universo frío, es la estrella de lo raro. Todo ente de rareza y cosa deforme y momias y noche, dependen de ella.

 

Yo soy sólo un instrumento de su sortilegio. Compongo abismos y cuentos; poesía de cosas que hace mucho no existen. Invento vértigos, canto formas que no están aquí.

 

Ella me dio un gusto por la noche, y por los animales que son ciegos, y por los que ven en las tinieblas.

 

¡Tú que permites escuchar canciones prohibidas!  Sonatas de rock, baladas y óperas.

 

Cuento contigo para hablar de tus versos, y los monjes y los sabios ermitaños. Hablan de los deformes jorobados, de las arañas y pantanos perdidos en el fango de misterios misántropos. Se te implora entre polvo y libros; entre huesos y polilla. ¿Acaso hay un tesoro al final del arcoiris?  Enseñasteis cosas que muchos dicen son mentiras; hablasteis, pero a los hombres les da miedo tu aspecto frió; sin rostro, les ocultas tu mirada verdadera.

 

Gracias por guardarme siempre un sueño nuevo cuando estoy al borde del precipicio.

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La memoria es temeraria. Así luego de leer la máxima de Charles Fort de que «Podemos medir un círculo comenzando por cualquier parte», decidió emprender el trazado de una senda imaginaria por el papel real de su existencia, en el cual sólo hay  pasado y  futuro, pero ella está en el medio de esa senda circular, sin saber en que dirección está el pasado y en cual el futuro. Lo único objetivo es su presente, que se mantiene firme sobre la filosofía de la continuidad de Fort, en la cual todas las cosas, incluyéndola a ella misma, es un estado intermedio entre dos extremos. De esa manera se debate entre el recuerdo de un futuro por emprender y la aspiración por los hechos del pasado, los cuales ya no están ni enfrente ni detrás de ella, sino en su imaginación. Pero claro, si de eso se trata de imaginación, cuya hospitalidad le da la bienvenida incluso a los delirios de una memoria que recorre una y otra vez la senda circular de un tiempo irreal.

Afortunadamente para nosotros, Hermanos Fanáticos, esa es una senda que podemos recorrer sin ningún problema, pues desde hace más de un siglo  poseemos la máquina del tiempo de H. G. Wells, que siempre ha estado a la disposición de todos aquellos que deseen imaginarla, y con ella esa senda circular deviene en un divertido juego sin principio ni fin.

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