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Archivos Mensuales: agosto 2010

Lord Dunsany

Caronte

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Lord Dunsany hizo de todas las cosas las partes independientes del todo que constituía el cansancio de Caronte. Éste, puso en marcha su barca en respuesta a una extraña llamada, pero el símbolo eterno de una fantástica mitología, ya no se asombraba ante el decorado que la imaginación ostentaba. Y es que se sentía cansado, muy cansado. Dunsany nos dice que:

«Para él no era una cosa de años o de siglos, sino de ilimitados flujos de tiempo, y una antigua pesadez y un dolor en los brazos que se había convertido en parte de un esquema creado por los dioses y en un pedazo de Eternidad.»

Los dioses en vez de mandarle un viento contrario; que hubiese dividido el tiempo de su memoria en dos fragmentos iguales, como en verdad deseaba Lord Dunsany, pues la magnánima sensibilidad poética de su imaginación se fundió, durante un destello de eternidad, con la pena de Caronte. Estos dioses, que no suelen drogarse con emociones humanas, le enviaban los vientos pestíferos de las almas condenadas. Y éstos, en vez de dividir uniformemente su memoria, la comprimían en un peligroso punto de densidad atómica… Uno que por poco detona el explosivo dolor de Caronte, gracias a la empatía de Lord Dunsany. Y esto es algo que debemos agradecer.

Pero Caronte en cierta forma se extrañaba de esta llamada, o más bien le parecía que estaba viviendo una experiencia atesorada en los anales de su lobreguez. Esta llamada, sin duda de una nueva alma llegada a su reino no debía ser, pues en el poema de Lord Dunsany, él había sido redimido al mismo tiempo, de su cansancio, que hacia jadear la eternidad, y de su significación mitológica… Había sido liberado en el paraíso de la nada. Aún recuerda estremeciéndose las palabras de la sombra que había sido un hombre:

«Soy el último»

En ese momento, lloró por primera vez; y también en ese momento, rió por primera vez. Algo en lo que no había pensado hasta ahora, sumergido como estaba en el olvido de sí mismo, vagando como un viento famélico a través de la memoria en blanco de un mundo carente de almas que se puedan transportar sobre su barca.

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Philippe Druillet

Philippe Druillet - Portada para la Metal Hurlant - Salammbo

Philippe Druillet -  L'ombre Venue de L'espace

Philippe Druillet - Dagon

Philippe Druillet - Portada para La Revista Metal Hurlant #27

Philippe Druillet - Sin Titulo

Philippe Druillet - Petite Femme dans la Nuit

Philippe Druillet - Yragael 001

Philippe Druillet - Yragael 002

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Si ser Humano Demasiado Humano nos lanza hacia la frontera última de las posibilidades imaginativas y emocionales de una estructura del Ser no sometida a los caprichos de la mutación por exceso de imaginación… ¿Cuál será el asombro que tiene bajo la manga un Humanoide Demasiado Humanoide? ¡Un ser mutado por la radiación fruto de una explosión visionaria! ¡Un engendro transformado por su propia fantasía! Para que el intento de comprensión no nos deje sin aliento, por no ser ni muy humanos ni demasiado humanoide, vayamos al grano echándole un vistazo a la obra de un representante de esa extraña especie: Philippe Druillet.

Para ser un Humanoide Demasiado Humanoide se necesita que broten del monstruo de la imaginación asombrosos freaks que se hagan adorar por los estremecidos adoradores de lo espantoso atractivo, bajo nombres como: Lone Sloane; Yragaёl; La Nuit; Salambo; Nosferatu, etc., como éstos fueron arrojados fuera de la imaginación de Philippe Druillet, que no se imaginó (por adelantado) en 1944, año de su nacimiento en Tolouse, Francia, que había nacido para ser algo más que un simple Humano demasiado humano.

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No hay nada como padecer la condena irreal de estar Desvelado en el País del Sueño. Contemplar impotente el fantasmagórico ejército de las imágenes resurrectas, que cada noche son expulsadas del sepulcro de la conciencia colectiva de los que fingen morir, sólo para avanzar sobre la vigilia que arde implacable en el País del Sueño. Si bien me encuentro a orillas del Yann, esta tortura no se asemeja en nada a sus Días de Ocio. Ese es el motivo por el cual no puedo ver los desolados paisajes con los hádicos ojos, desde cuyos mágicos colores lo disfruta Lord Dunsany. No es el pintoresco barco Pájaro del Río el que acaba de soltar amarras, más bien, es La Barca de Caronte, pues Dunsany es soñado por el sueño, porque él es un digno ciudadano del País del Sueño. Su despertar, es el despertar del sueño; su soñar es el sueño del despertar. No es mi caso, que soy una mancha de energía espectral, infiltrada de manera ilegal en el País del Sueño: aquí mi sueño vive, y mi muerte sueña. Dunsany no se pregunta qué es el sueño, sino que peregrina al País del Sueño para buscar la respuesta sobre qué somos nosotros, los que soñamos sin soñar fuera del sueño, y es que… El sueño lo es todo.

Mientras avanzamos corriente abajo a través del Yann, no me molesto en hacer los signos rituales para agradar a los Dioses de Pegana, Mung, Sish y Kib, pues aquí cada soñador eleva una plegaria al dios desconocido; pero los dioses conocidos no reciben las plegarias de espectros como yo, invisibles a causa de nuestros desvelo en el País del Sueño. El capitán viene de la lejana Belzoond, tierra de dioses pequeños y fáciles de aplacar; Dunsany abandonó su vigilia en Cuppar-Nombo, acunada en una hermosa ciudad llamada Golthoth la Maldita; yo vengo del sueño que delira mi sombra mientras agoniza de luz sobre La Barca de Caronte… que en estos momentos se acerca temeraria al puerto de Mandaroon, la ciudad donde es un pecado despertar. Por ese motivo todos sus habitantes duermen; de atreverse a cometer la blasfemia de despertar, todos los dioses morirán, y si estos mueren, entonces nadie podrá soñar jamás. Y ahora escucho el canto de sirena de mi demonio interno aconsejarme: «Tú, que padeces desvelos en el País del Sueño, condenado a no vivir el sueño desde el trance del olvido total de la vigilia; ve y penetra sigilosamente al apagado espacio de Mandaroon, donde sus habitantes resguardan tras sus párpados el sueño más profundo… Aquél que se sueña en el País del Sueño. Ve ahora… y no pienses en las consecuencias.»

Entre la embriaguez de una oscura esperanza y el deseo de continuar avanzando río abajo a través del Yann, viendo desde el gris de mi desvelo las visiones de ensueños de Dunsany: en la gran corte de Astahan, en donde una paciencia antigua a encadenado al tiempo para que no mate a los dioses; en Perdóndaris, en la que quizás Singanee, su futuro vengador, comparte sus sueños con los demás niños; y así, entre una visión onírica y otra, hasta arribar a Bar-wul-Yann, la Puerta del Yann hacia el azul del mar… sí… Entre ambos impulsos abordo como un sonámbulo La Barca de Caronte… Y avanzo con la visión de un siniestro triunfo al final de mi desvelo. Penetro en Mandaroon… Único ser despierto en la ciudad, sólo uno, pero una sola vigilia puede ser una estocada mortal para los dioses del País del Sueño. Y de esa manera… sólo un sueño intranquilo, cegado por la luz ruidosa de miles de ojos que no pueden soñar. Un solo sueño en un punto del tiempo, vencido por miríadas de vigilias desde la eternidad. Los dioses del País del Sueño han muerto; los hombres no pueden soñar. En todo el País del Sueño, sólo se sueña Mandaroon… ¡Ah!, y quien la sueña es una maldición despierta… en mi sueño.

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THE TRUSH IS OUT THERE

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Los Expedientes X (1993-2002) fue una serie televisiva de ciencia ficción que echó mano de todos nuestros temores familiares –en quién podemos o no podemos confiar- y los prolongó por nueve valiosos años de paranoicas fantasías. Creada por el productor ejecutivo Chris Carter, cuya singular visión hizo del show tanto un éxito de culto como una representación icónica de los años 90: Los Expedientes X, cuyo lanzamiento en la Cadena Fox, reflejó las ansiedades de una América en un universo Post-Guerra Fría.

Los Expedientes X giraban alrededor de conspiraciones extraterrestres y gubernamentales y exploraron la idea de que el enemigo en el cual no podemos confiar acecha en las mismas instituciones a las cuales le hemos confiado nuestra protección. El show se centraba sobre sus dos protagonistas, Fox Mulder y Dana Scully (David Duchovny y Gillian Anderson), agentes del FBI comprometidos a encontrar la verdad. Los Expedientes X era en verdad dos shows en uno –los protocolares y aislados episodios en el cual ambos héroes perseguían al monstruo de la semana, y el entramado mitológico, el cual trataba con alienígenas y el secretismo del gobierno para ocultar su existencia- si bien en algunas ocasiones ambas partes se mezclaban. Pero la verdadera intención del show era mostrar los temores paranoicos hacia unas omniscientes y todas poderosas instituciones gubernamentales. Como Carter lo declaró en una entrevista a CNN: «La conspiración fue lo que originalmente incentivó el show, y fue una especie de idea central que condujo la serie: la conspiración del gobierno para mantener la verdad de la existencia de los extraterrestres oculta al público.»

La inspiración para la serie vino de varias fuentes, tales como The Twilight Zone, Alfred Hitchcock Presents, y Kolchak: The Night Stalker, una serie de los años 70, protagonizada por Darren McGavin. De hecho, Kolchak: The Night Stalker, con su énfasis en historias paranormales, está mucho más cerca como predecesora de Los Expedientes X que cualquier otro programa televisivo. Carter específicamente se refiere a esto cuando a él le fue dada la opción de crear su propia serie: «[Peter Roth, vicepresidente de Twentieth Century] me preguntó lo que yo quería hacer. Yo le dije que quería hacer algo tan espantoso como un show que transmitían cuando yo era un chico llamado Kolchak: The Night Stalker. Yo amaba ese show. Y siempre había estado esperando hacer algo parecido.» (Una Discusión con Chris Carter, 15). Kolchak: The Night Stalker se enfocaba en un reportero de periódico, Carl Kolchak, quien siempre se tropezaba con actividad paranormal, usualmente bajo formas imposibles y extravagantes como la de zombis conduciendo motocicletas (Lowry, 12), vampiros, hombres lobos, y cosas por el estilo. Al igual que Fox Mulder, Kolchak tenía dificultades en convencer a los demás, desde sus jefes hasta los oficiales de policía, para que crean sus desquiciadas historias. Sin embargo, aparte de ese linaje, Los Expedientes X se desvió radicalmente de sus predecesores en muchas formas. Carter pronto comprendió las limitaciones que un show como Kolchak: The Night Stalker pudo haber tenido en su proyecto, y en cambio tomó una página de la película ganadora del Oscar, El Silencio de los Corderos (1991). Lanzada dos años antes del estreno en televisión de Los Expedientes X, El Silencio de los Corderos, protagonizada por Jodie Foster y Anthony Hopkins, facturó un agente del FBI tras la pista de un asesino en serie. Mientras que la película no trataba con una maldad de naturaleza paranormal, si le mostró una manera a Carter de presentar el fenómeno OVNI de una forma más realista, incorporando agentes federales rastreando e investigando casos que le eran asignados. Esto evitó la trampa en la que había caído The Night Stalker, poniendo a su principal héroe simplemente tropezándose con casos (Lowry, 11). El silencio de los Corderos también proveyó otra influencia en la forma del personaje de Foster, la agente Clarice Starling, quien fue una inspiración para la agente Dana Scully.

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Algernon Blackwood

Jonh Silence, Physician Extraordinary

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«La misma idea de una cuarta dimensión debe surgir de la mano con las matemáticas, o, para plantearlo más simple, de la mano con la idea de la medición del mundo. Debe surgir de la suposición de que, aparte de las tres dimensiones del espacio conocidas —largura, anchura y altura— debe también existir una cuarta dimensión, inaccesible a nuestra percepción.»

P.D.Ouspensky, (Un Nuevo Modelo del Universo).

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Sí, estamos de acuerdo, pero… Uno debe tener cuidado con lo que desea. Pues algo parecido, maestro Ouspensky, pasaba por la mente de un personaje singular llamado Racine Mudge, antes de ver sus sueños tridimensionales devenir en realidades de cuatro dimensiones. Y para él, esa nueva dimensión del espacio resultó ser un infierno monstruoso, poblado de figuras desnudas de sus máscaras tridimensionales. Y es que ver abrirse los sellos perceptuales de las especulaciones de las matemáticas superiores, es algo parecido a ver abrirse aquellos de los preceptos espirituales. Algo como… Si el ojo humano pudiera ver todos los demonios que habitan el universo, la vida sería imposible, sí, excepto con la salvaguarda de la locura… que también es un demonio. En el universo de la cuarta dimensión del espacio, el señor Mudge, vio no sólo los demonios que habitan el mundo invisible que nos rodea, sino que comprendió que esos demonios son en realidad los mismos habitantes de la tercera dimensión del espacio, pero en un aspecto más real de sí mismos, y por lo tanto más espantosos por estar más ataviados de su propia divinidad. La manifestación de lo superior hiela la sangre: es el horror de la revelación.

Una Víctima del Espacio Superior (1914), es el único relato de los pertenecientes al ciclo de John Silence, «Psicoanalista de lo paranormal»,, que no fue publicado en la colección original de 1908. Es una pequeña pieza maestra concebida por uno de los grandes artífices del género de ficción corta, Algernon Blackwood (1869-1951), aquel vidente que nos brindó joyas como «Los Sauces (1907)», «El Wendigo (1910)» y «Antiguas Brujerías (1908, también perteneciente al ciclo de John Silence)». Historias que en verdad la percibimos más desde un nivel fisiológico que por la pura fuerza de la imaginación. Leer cualquiera de estos trabajos de Blackwood, es sentir como nuevas glándulas surgen en nuestro organismo, sólo para secretar hormonas especializadas en recrear las atmósferas sobrenaturales de sus relatos. Quien lea Antiguas Brujerías y al final no se sienta poseído por la naturaleza esquiva y silente de los gatos en cada uno de sus movimientos, fue que sólo la leyó.

En una carta dirigida a Peter Penzoldt, Blackwood deja muy claro cuál es el norte hacia el que se dirige su destino creativo:

«Mi interés fundamental, supongo, son las señales y pruebas de los otros poderes que yacen ocultos en todos nosotros; la extensión en otras palabras, de las facultades humanas. Muchas de mis historias, por consiguiente, tratan de la ampliación de la conciencia; tratamientos especulativos e imaginativos de las posibilidades fuera del alcance normal de la conciencia. (…) También, todo lo que sucede en nuestro universo es natural; sometido a las leyes; pero una extensión de nuestra limitada conciencia normal puede revelar nuevos, y extraordinarios poderes, etc., y la palabra “sobrenatural” parece la más adecuada para definir estos en la ficción. Creo posible para nuestra conciencia el cambio y el crecimiento, y que con este cambio podemos volvernos conscientes de un nuevo universo. Un “cambio” en la conciencia de este tipo, es decir, es algo más que una mera amplitud de lo que nosotros poseemos y conocemos.»

Blackwood, a través de su amor por los escenarios naturales, que le brindaban por un lado una amplitud en su perspectiva espiritual y por el otro un atisbo de las intensas fuerzas agazapadas tras su manifestaciones —en especial los bosques y las altas montañas (de hecho sus cenizas fueron dispersadas sobre las montañas de Saanenmoser)—; y también a través de una búsqueda consciente en las Ciencias Ocultas (era miembro de una de las facciones de la Orden Cabalística, y al igual que Arthur Machen, de la Orden Hermética de la Golden Dawn); a través de ese multifacético contexto, pudo pulir ese interés fundamental, hasta hacerlo un espejo en el cual se reflejó una obra portadora de una de la más fina e intensa sensibilidad espiritual de todos los tiempos.

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Nadie en la aldea sabe con certeza cuando la escuchó por primera vez; nadie sabe cuando la escuchó por última vez. Todos vagan de un lado a otro dentro de un siniestro y eterno presente sonoro, que sepulta la paz del anhelado  silencio en la tumba de un pasado remoto, que prefiere saltar directamente al futuro más lejano por miedo al terrible presente, dentro del cual están condenados los habitantes de esta aldea, en la  medieval provincia francesa de  Averoigne.

Se cuenta que en año del señor de 1138, mientras Vyones no tenía mucho de haber sido coronada con la pétrea diadema de su catedral (cripta esplendorosa del arzobispado de la provincia); y quizás, en el mismo demoniaco momento en que Blaise Reynard, El Fabricante de Gárgolas, animaba sus dos obras maestras con los fuegos combinados de su lujuria y su odio, una extraña barca surgió desde la neblinas que acariciaban las aguas tranquilas del rio Isoile. Caía el crepúsculo en los pantanos del sur, y los habitantes de esta aldea escondida entre las aguas cenagosas del inmenso pantanal, se maravillaron de ver el primer visitante en siglos. Pues esta aldea sin nombre ni cualquier otro registro, era sólo una leyenda oscura entre la tradición oral de Averoigne. Se dice que sus habitantes son descendientes de los hijos de antiguos nigromantes, que para ser protegidos de la matanza generacional, puesta en marcha por un antiguo patriarca de la iglesia, fueron trasladados a esa oscura zona, protegida por la magia negra de la intrusión del mundo exterior.

Pero las cosas cambiaron una vez que aquello que descendió de la barca, decidió pastorear las energías demoniacas de los habitantes de la aldea. Ese infernal Ser de aspecto femenino, se presentó a sí misma como una poderosa bruja, descendiente de una antigua hechicera que fue reducida a cenizas en la legendaria cacería de nigromantes, y cuya hija, por ser mujer, no la consideraron digna de ser salvada. Pero esta última sobrevivió. Y ella, la bruja por cuyas venas corre espeso un deseo de venganza centenario, ha venido a cobrar una vieja deuda que los aldeanos le deben a sus antepasados. Es de esperarse que los aldeanos, como descendientes de antiguos hechiceros, hayan recibido de generación en generación, la lúgubre gracia de las artes oscuras. Y así, sin molestarse en pedir excusas en nombre de sus antepasados, o, indagar algo más sobre el pasado de su presente amenaza, rodearon a ésta con múltiples círculos mágicos, compuestos de forma concéntrica por cada uno de los habitantes de la aldea. El ritual no se hizo esperar.

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En su clásico cuento de horror, El Gran Dios Pan (1894), Arthur Machen sugiere fuertemente que la identidad del dios es en verdad la del antiguo dios británico Nodens. En el capítulo final un informante de las fronteras del país de Gales habla del hallazgo de una inscripción sobre un pilar situado en una antigua ruina romana cercana de donde Helen Vaughan vivía.

En un lado del pilar estaba la inscripción, de la cual tomé nota. Algunas de las letras han sido desfiguradas, pero no creo que pueda haber alguna duda acerca de las que he suplido. La inscripción se deletrea como sigue:

DEMOMNODENi

PLAvIVSSENILISPOSSVit

PROPTERNVPtias

quasVIDITSVBVMBra

 

«Al gran y bondadoso Nodens (el dios de la gran profundidad o el abismo) Flavius Senilis ha erigido este pilar en ocasión del matrimonio que  presenció bajo la sombra.»

 

Si bien está claro que el modelo mental fueron las ruinas en Caermaen, las cuales estaban cerca del hogar en donde Machen creció en el sureste de Gales, él, probablemente también se inspiró por los descubrimientos en Lidney Park, justo al otro lado de la frontera en Glouschestershire. La inscripción ficticia de Machen, parece ser una siniestra parodia de la clase de inscripciones que usualmente eran encontradas durante las excavaciones en el extenso complejo de templos localizados allí; y que estaban dedicados al Dios Nodens. He aquí un ejemplo de una inscripción del Templo de Nodens en Lidney Park, la cual se lee como sigue:

«Al Dios Nodens, Silvanus ha perdido un anillo: él por lo tanto ofrece la mitad de él (es decir la mitad de su valor) a Nodens, y que entre esos que son llamados Senecianius, no le sea permitida la salud hasta que el anillo sea devuelto al templo de Nodens». (Mortimer Wheeler, y T. V. Wheeler: Reporte sobre las Excavaciones del Emplazamiento Prehistórico Romano y Post-Romano en Lidney Park, Glouschestershire, (1932).»

Machen, seguramente se familiarizó con Nodens y su culto a través del libro: Antigüedades Romanas en Lidney Park, de William Hiley Bathurst y C. W. King, publicado en 1879, el cual incluía un número considerable de oscuras inscripciones al misterioso dios. Más significativo aún, él habría notado que Bathurst y King tradujeron Nodens como Noddyns el «Dios del abismo», una frase que aparece en la inscripción ficticia de Machen.

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Howard Phillip Lovecraft

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Amante de colinas y campos y antiguas ciudades,

¿Cómo tú has vagado desde aquí

Sobre caminos nunca antes descubiertos,

Más allá de los chapiteles de Providence que se dirigen al amanecer?

¿Te has marchado en busca de una luz más antigua que éstas;

alguna Arkham de

las primordiales y fundamentales hechicerías?

O, con instinto familiar,

¿Exploras ahora algún nuevo y secreto bosque?

¿Un poco más allá del muro más alejado de los sentidos; donde la

primavera y el

crepúsculo encantan la senda eterna

Desde la Tierra hasta el éter en dimensiones inmemorables?

O, por casualidad, ¿la Llave de Plata ha abierto para ti

Maravillas y sueños y mundos ocultos?

¿Has tú regresado a casa, a Ulthar o Pnath?

¿Te ha llamado de regreso a su corte el alto Rey, quien reina en la

penumbrosa

Kadath, sabio embajador?

¿O el oscuro Cthulhu envió el signo que te hace ahora consejero

Dentro de esa fortaleza fundada en las profundidades

Donde los Antiguos se agitan en el sueño

Hasta que poderosos temblores estremezcan su dormido

continente?

 

En este pequeño ínterin de días,

¡Cuán lejos tus pies han marchado

Sobre los fabulosos y enmohecidos caminos

Dónde camina la mítica muerte!

Para nosotros el dolor, para nosotros el misterio…

Y aún así, tu arte no ha desaparecido

Ni ha sido dado enteramente a los sueños y el polvo:

Porque, incluso sobre esta colina occidental de Averoigne,

Que tu carne nunca visitó,

Yo encontré algún sabio y sensitivo fantasma tuyo,

Alguna permanente presencia, elegante y augusta.

Son más luminosas para ti las hierbas primaverales,

Es más mágicamente oscura la piedra del Druida,

Y en la mente, tu arte siempre se ha de mostrar

Como en un espejo mágico;

Y de las páginas del espíritu tus runas nunca han de ser borradas.

 

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Arthur Machen

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El siguiente es un fragmento del capítulo 10 del segundo de los trabajos autobiográficos de Machen «Las Cosas Cercanas y Lejanas» (Alfred Knopf, 1923), pp. 208-218. El pasaje concierne a un extraño periodo de la vida de Machen en el año 1900, cuando él sintió como si estuviera viviendo episodios y conociendo personajes los cuales él había creado en su novela anterior «Los Tres Impostores» (1895). Es también el pasaje en el cual él describe su involucramiento con la «Orden del Amanecer Dorado» (La Orden de la Estrella del Crepúsculo), y sus propias opiniones acerca de sus orígenes.

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Fue en algún momento al inicio de este año cuando devine consciente de una extraña circunstancia. Quizás se notará que yo me he vuelto insensiblemente Stevensoniano en mí dicción, cuando he hablado del incidente del Bulldog, o de esto o aquello. Eso es debido a que la atmósfera en la cual yo viví se estaba volviendo evidentemente como la atmósfera de «Los Tres Impostores», el cual, como ya he declarado, se deriva del estilo «Neo-Árabe» de R. L Stevenson. No sólo se aparecían en cualquier esquina y mesa de café extrañas, desconocidas e inexplicables personas, que me involucraban en oscuras conversaciones laberínticas, muy parecido al estilo Árabe, sino que intuitivamente me volví consciente de que algo en verdad muy extraño estaba pasando: ciertos personajes en «Los Tres Impostores» mostraron signos de hacerse reales, una hazaña, que ellos posiblemente habrían fallado en ejecutarla antes. Yo estaba en una ocasión conversando con un joven de tez oscura, de aspecto tranquilo y apartado, y que usaba espejuelos –él y yo nos habíamos encontrado en un lugar en el que teníamos que ser vendados antes de que pudiéramos ver la luz- y él me contó un inusual relato de la manera en que su vida estaba en un peligro constante1.

Él me describió las acciones de un demonio en forma humana, un hombre que era bien conocido por ser un experto en Magia Negra, un hombre que colgaba a mujeres desnudas de las despensas, con ganchos que perforaban sus brazos. Este monstruo –estoy seguro de la existencia de tal persona, si bien no puedo por ningún medio dar testimonio de la veracidad de cualquiera de los hechos aberrantes que se le imputan- había, por alguna razón que no logré descifrar, tomado una animadversión en contra de mi joven amigo2. En consecuencia, así me fue asegurado, él contrató una banda en Lambeth, quienes tenían como propósito asesinar al oscuro joven; cada miembro de la banda recibiría un pago de ocho shillings y sixpence por día. Una suma, por cierto, que suena como si fuera el valor de alguna moneda medieval obsoleta desde hace tiempo.

Yo escuché maravillado, hay algunos absurdos tan enormes que parecen tener un efecto en el sentido común, paralizándolo por el momento e inhibiéndolo de su capacidad de acción. Fue sólo cuando llegué a casa que se me reveló el hecho de que yo había estado escuchando el Joven con Espejuelos, y que él había surgido de «Los Tres Impostores». Y muy pronto la Señorita Lally3, otro personaje del libro, apareció, y como su prototipo, relataba los cuentos más asombrosos, era la heroína de increíbles aventuras, aparecería y desaparecería de una forma bastante inexplicable, contando siempre historias jamás oídas, un personaje totalmente divertido, enigmático y encantador.

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Arthur Machen

The Great God Pan

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«Agradezco profundamente la revelación de esta obra bella y singular. Es, según creo, la primera vez que se ha intentado realizar la mezcla de lo fantástico tradicional o diabólico con lo fantástico nuevo o científico, de cuya mezcla ha nacido la obra más turbadora que conozco, pues afecta al mismo tiempo a nuestros recuerdos y a nuestras esperanzas.»

Maurice Maeterlinck, sobre «El Gran Dios Pan» (Citado en «El Retorno de los Brujos»)

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En un extraño espacio-tiempo, delimitado por la imaginación imbuida de magia pagana de un genio ataviado con una túnica tejida de sombras; un genio que al mismo tiempo que Nietzsche —e intuyendo la revelación de éste—, se atrevió a mirar al abismo… y sí… El abismo también miró dentro de él. En ese espacio-tiempo imaginario, de una era victoriana alternativa, un personaje llamado Clarke, se encontraba bajo el efecto de un letargo visionario, en un sórdido laboratorio atiborrado de extrañas retortas, con una distribución tan cabalística, que bien podría ser la guarida de un alquimista medieval. Pero no, nos encontramos, así lo creemos en 1865, y en el umbral de un peligroso desgarrón del velo que cubre el Gran Misterio. Y Clarke, con la guía de esa enfermiza beatitud, vislumbró —aun antes que la virginidad a ser sacrificada al Gran Dios Pan con los ritos de una ciencia fantástica—… El Todo y La Nada:

«Repentinamente, mientras reflexionaba sobre la extrañeza de todo esto, el murmullo del verano fue reemplazado por un silencio infinito que parecía cernirse sobre todas las cosas, el bosque estaba en silencio. Y por un momento se encontró cara a cara con una presencia, que no era hombre ni bestia, ni vivo ni muerto, sino todas las cosas a la vez, la forma de todas las cosas pero desprovisto de forma. Y en ese momento, el sacramento entre el cuerpo y el ama se disolvió y una voz pareció gritar: “déjennos salir”. Y entonces, vino la oscuridad más oscura, de más allá de las estrellas, la oscuridad de lo eterno.»

 

El espacio-tiempo del que hablamos se refiere a la novela El Gran Dios Pan (1894); y nuestro genio ataviado con una túnica tejida de sombras es Arthur Machen: Uno de los grandes dioses de la literatura imaginativa, y por lo tanto reveladora de aquello que yace más allá de todo lo que consideramos ser… y comprender. Desde la última década del siglo XIX hasta finales de la primera mitad del siglo XX (Machen murió en 1947) esta imaginación empapada de la magia y del misticismo de varias Eras, nos legó una obra de otro mundo, digna de un monumento que se desprenda sólido de la imaginación de Beksinski.

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