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A través de las derruidas catacumbas modeladas por la Energía Oscura, pululan extrañas formas compuestas por una poética energía electromagnética, que sólo ejerce su influencia en la luz de la Luna. La alquimia del magnetismo ha transmutado la luz lunar en una materia semisólida, tierna y de una densidad que es la metáfora de un estado gelatinoso. En ocasiones, y debido a ciertas conjunciones astrales que adoptan la estructura de antiguas constelaciones que precedieron los apocalipsis de los continentes míticos, brotan de la invisibilidad de la materia oscura, hasta la rabiosa negritud del vacío estelar que sostiene. Se desplazan por él con movimientos sutiles, que semejan una pluma recién nacida acunada por el lento fluir de una espesa niebla.
Cuando esto ocurre, los arquetipos de las mitologías nórdicas que fungen como centinelas en las altas atalayas de hidrogeno frio en las nebulosas distantes; así como los demonios de infiernos olvidados, que ahora espían los mundos condenados ocultos tras las llamas gaseosas de los cometas… sólo perciben extraños seres de forma indefinida. Si bien en consonancia con la extraña inspiración poética de su alma electromagnética, adoptan diseños humanoides, con la parte inferior de su cuerpo compuesta por una especie de cola, que más bien parece el manto raído con el que antaño se cubrió un fantasma harapiento. Pero mientras van viajando a través del vacío estelar, vampirizan la luz femenina de las lunas, gracias a la magnética atracción de su alma embriagada.


