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Archivos Mensuales: febrero 2012

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Capítulo XVII: Intenciones Ocultas ( Vol 02 )

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«El Fin de Los Tiempos, Sucederá al Final de los Primeros Eventos»

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    —Así es. Mi nombre es Henderson Hendrick. Su hijo. Mi hermano no sabe nada de esto; inmigramos a Italia desde Alemania hace muchos años. Fuimos criados católicos por una familia adoptiva aquí en Roma. Una familia con varios miembros en el sacerdocio. Empecé muy joven en el sacerdocio. Hice todo lo que estaba en mi poder para llegar a la cima. Sobornar, intimidar, matar, y aquí estoy. Tienes una última oportunidad. Puedo hacerte perfecto. Déjame hacerte perfecto. Sólo necesito esa sangre.

  —Todas esas personas… ¿no tenían derecho a vivir? ¿Acaso crees que algo tan insignificante como un ideal es una excusa para el sufrimiento de otras personas?

  —Te conozco más de lo que crees, Angel. He investigado mucho sobre ti. Venciste a mi padre. Eso solamente fue una gran hazaña. No estoy en posición ni poseo la facultad de vencerte. Eso lo sé. Sin embargo, nada de eso importa. Yo tengo la ventaja. Estuve jugando mis cartas por años antes de que siquiera te dieras cuenta que también eras parte del juego.

  —¿Qué quieres decir?

  —Te ordeno que mates a Ahriz y me traigas su sangre, por el poder que me concede Dios y la Santa Sede como su Arzobispo.

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Capítulo XVII: Intenciones Ocultas ( Vol 01 )

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«El Fin de Los Tiempos, Sucederá al Final de los Primeros Eventos»

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  —Adelante Angel —dijo el Arzobispo invitando al cazador a entrar a su despacho—. Te estuve esperando. Toma asiento, por favor.

   —¿Qué necesita? Es decir, ¿por qué me ha llamado? Usted por lo general es una persona muy ocupada.

  —Pareces nervioso. ¿Estás incómodo? Podemos reunirnos en otro momento, si es que tienes algún problema.

  —No, por favor; no se moleste. No es necesario, estoy bien —dijo Angel mientras se acomodaba en su asiento.

  —Recuerdo la primera vez que nos vimos —continuó el Arzobispo distraído—. En ese entonces eras un mocoso hijo de sacerdote sin nada de sentido común. Tú… no has cambiado en nada desde ese día. En cambio yo he cambiado demasiado. ¡En fin!, la razón por la que te he pedido que estés aquí hoy… es porque quiero que continúes con la misión que he estado llevando a cabo en secreto.

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Portrait of Galileo Galilei (1636) - Justus Sustermans

El juicio contra Galileo Galilei

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  El juicio al que fue sometido Galileo por la Iglesia por promocionar la teoría heliocéntrica —la de que el Sol se asienta en el centro del Sistema Solar rodeado por la tierra y los demás planetas— es usualmente considerado un punto culminante en la batalla entre la religión y la ciencia, el momento en el que Galileo se convirtió en el primer mártir de la ciencia.

  No obstante, cuando revisamos la historia durante las investigaciones para nuestro libro «The For­bidden Universe», nos dimos cuenta de que las explicaciones tradicionales de la Iglesia sobre su determinación de capturar a Galileo no explican nada. Aplicando la imparcial mirada hacia el pasado, los historiadores de la ciencia lo convierten en un moderno racionalista-materialista nacido fuera de época, perseguido por hombres supersticiosos —en otras palabras cretinos—, cuyo intelecto, si se pudiera dignificarlos con el término, estaba estancado en la Edad Media. Esa es la clase de versión holgazana de la historia. La realidad, como los forteanos podrían sospechar, es que hay mucho más, mucho más que todo esto.

  De hecho, si bien el escenario «ciencia versus religión» satisface aún a una audiencia popular, los académicos han reconocido desde hace mucho tiempo que es una explicación demasiado moderna. Ellos ahora contemplan el asunto más bien como una colisión entre dos egos obstinados, dos patológicamente «hombres correctos»: Galileo, quien se negó a que le digan lo que tenía que hacer o decir; y el Papa Urbano VIII, resentido con el tratado de Galileo «Dialogue on the Two World Systems», en el cual este último puso sus puntos de vistas en la boca de un personaje llamado Simplicio. Pero todavía falta algo; algo que ninguno de los dos bandos quería que fuera visto bajo la dura luz del día.

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John William Waterhouse

Magic Circle (1886)  - John William Waterhouse

Circe Invidiosa (1892) - Jonh William Waterhouse

Hamadryad (1893) - Jonh William Waterhouse

The Lady of Shalott (1888) - Jonh William Waterhouse

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   El Ser sobrevivió al intento de ejecución por parte de los Eternos con el antiquísimo método de amarrar sus extremidades a la cola de dos cometas que se desbocaban en dirección opuesta a través del vasto infinito cósmico. Esos caballos siderales no fueron lo suficientemente poderoso como para desmembrar su energía ni su arquetipo… ni siquiera  hicieron doblarse a su evolución personal. Así que los Eternos decidieron condenarlo al destierro fuera de la estructura cósmica establecida; para que deambulara por el sendero que divide al Orden y al Caos y que no conduce en sí mismo a ninguna parte, pues es la nada, el Arcano del Loco del tarot estelar en el que cada carta es un universo paralelo. De esa manera, el Ser inició la peregrinación sin objetivo de su exilio sometido a los encantamientos melódicos del Orden y el Caos, que pugnaban por atraerlo hacia sus respectivos esquemas. Muy pronto se dio cuenta de que danzaba simultáneamente al ritmo de la Música de las Esferas y el Canto de la Sirena.

  Varios eones habían pasado desde que el Ser inició su caminata calzado con las sandalias de la luz a través del sendero de neutrones. Muchos fueron los temas que se le insinuaron paralelamente en las melodías de la música de las esferas y el canto de la sirena. El orden de un universo diseñado y construido hasta en los más nimios detalles, en el cual él podía ingresar y asimilarse al devenir de unas cosas que marchaban al ritmo de una partitura celeste en cuerdo con las leyes eternas de las matemáticas. Por otro lado, escuchaba la furiosa y poderosa melodía de un caos que le prometía la virginidad de las cosas que no han sido, y sobre las cuales él podía proyectar sus propios pensamientos, las podía moldear, iniciando de esa manera su propio esquema para un futuro universo. Esta melodía era lúgubre y escalofriante, y cuando desviaba su mirada hacia el punto de su origen, podía ver la imagen de una gigantesca sirena formada de polvo y gases estelares, con sus fauces abiertas en espera de que él mismo se sumergiera en ellas. Y así lo hizo. Pues al final, las ambiciones divinas del Ser triunfaron, estimulada por el fuego creativo que ardía en su interior y las visiones que su imaginación generaba para lo que iba a ser el futuro universo al cual le daría inicio desde ese caos. Y no lo disuadió el hecho, de que corría el riesgo de desintegrarse atómicamente y convertirse en parte de los elementos caóticos que constituyen el caos, a la espera de que un Ser de verdadero poder que los modelara. No importa que mi imaginación y mi energía no sean lo suficientemente poderosas para imponerse en el caos —se dijo—… Esas cosas pasan. En todo caso, siempre habrá otro Lucifer en espera para sustituirme, como yo lo he hecho con el anterior. Pues las células de esa energía inician automáticamente el proceso de clonación, les guste o no a los Eternos.

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Capítulo XVI: Posesión ( Vol 02 )

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«El Fin de Los Tiempos, Sucederá al Final de los Primeros Eventos»

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    La puerta se abrió de par en par y detrás de ella se encontraba un mayordomo anciano. En la sala, sentado en un gran sillón, se encontraba el dueño del lugar, quién bebía una botella de whisky  sin parar.

  —¡Heraldo! —llamó al mayordomo  grotescamente mientras dejó caer la botella al suelo—. ¿Quién es este hombre que acabas de dejar entrar? ¡Otro más no logrará nada, es sólo un perro faldero que busca refugio entre las sotanas de los altos sacerdotes! No le interesa mi hija… a nadie le interesa; sólo a mí. ¡Largo de aquí!

  —Señor, necesitamos toda la ayuda posible para…

  —¡He dicho que largo! —exclamó mientras le lanzó la botella que había dejado caer. La botella se detuvo en pleno aire antes de alcanzar al mayordomo de lleno en el rostro. Flotaba en el aire frente a él. Angel se acercó y la tomó con su mano. Dejándola caer al suelo se rompió en mil pedazos.

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