-
Morgan Vicconius Zariah
-
Otra náusea espiritual recorre las entrañas de mi cuerpo físico. En una profunda ensoñación empiezo a sentir el vértigo de un recuerdo velado por unos empañados círculos de misterio, que daban vueltas en los laberintos de mi inconsciente. Entre éste sueño y la vigilia que me eleva en unos portales de vapor, los sueños empiezan a escapar por mi boca, mientras el humo los eleva a una sutil materialización.
El estómago ya no aguanta el sortilegio que lo debilita, y pronto, un gástrico recorrido comienza a hacer erupción. Burbujas de fuego y sangre brotan de mi tormentosa garganta. Ya el manantial de fuego no se hace esperar, dándole vida a toda una gama de formas soñadas. Con desenfreno y sin poder contener las formas, sigo vomitando sueños que nacen de un mundo interior, donde habita este universo. Unos planetas luminosos son escupidos de las entrañas, y una playa espiritual es extendida mucho más allá de los límites de esta pequeña habitación; donde ya no existe forma física alguna y lo único cierto son los sueños que se expanden con el humo que inhala mi boca. Empiezan a crearse cielos e infiernos nuevos, que obedecen a mis solos deseos. Unos acantilados se izan sobre unas extrañas y purpúreas olas, que chocan con estas fantasmales rocas; donde con mi astral mirada veo las gotas chispeantes volverse oscuras nebulosas de las cuales llueven futuras profecías.
El océano que observo sobre el acantilado, es mi propio abismo que ahora me invita a saltar para tragarme, después de haberle vomitado desde mi interior. Me promete visiones nuevas. Aquella tormenta relampagueante que bordea este océano con sus tronadas terribles; me hace saber de una fuerza desconocida, guardada en antiguos archivos que mis encarnaciones habían escondido en esta abismal morada. Ahora, tiemblan los Dioses ante mis sueños; ¡envidian mi opiácea creación!: ésta playa, bajo este acantilado, y este cielo sin fin que ahora habita al alcance de mis manos.


