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Archivo de la etiqueta: Arthur Machen

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  Los «Grandes Antiguos» sobre  los cuales Lovecraft escribió como aquellos Nombres Muertos para ser Aullados —contenidos dentro de su  arcano libro de sombras llamado el Necronomicon, inspirado por sus sueños— pueden ser equiparados con los procesos e inteligencia del universo onírico consciente. El Chamán de muchas culturas ve la creación como algo interconectado a través de sus muchas partes separadas; un organismo único, una entidad autoconsciente por derecho propio. El Chamán comprendió que nuestros sueños son mucho más que las serpenteantes memorias regurgitadas y tamizadas por nuestro cerebro, pues ellos son la energía misma e información destilados en una expresión simbólica en la cual están tejidas nuestras experiencias materiales.

  Podemos conscientemente tener acceso a la realidad onírica generalmente definida como «Sueño Lúcido», el cual en cuanto a un estado de conciencia particular fue simbolizado en tiempos antiguos como el que le es propio a un «Elevado Adepto» o Ser anfibio. El símbolo aplicado a un estado de conciencia onírica era el de una forma reptiliana como la de una serpiente, sapo, pescado o dragón, con los cuales el Chamán se conecta, convirtiéndolos en símbolos que representen el estado de alerta consciente del operador dentro del sueño. Podemos encontrar ese simbolismo por todo el mundo, de una cultura a otra, lo cual indica una comprensión muy antigua y extendida.

  Uno también descubrirá un motivo común en todas las culturas de perspectiva chamánica, y es que no elegimos o aprendemos a ser un Chamán sino que somos elegidos por los espíritus. Cuando somos elegidos, muy a menudo podemos volvernos locos en el proceso sino reconocemos nuestras habilidades psíquicas inherentes. El neófito del Chamán a menudo transita a través de los estragos de una enfermedad. Esta enfermedad lo asalta hasta el punto de destruir los fundamentos de su mente y arruinar su estructura física así como desgarrar su alma misma hasta que abandone su antigua vida y abrace su nuevo estado como Chamán. Algunos no descienden este sendero ya que los separará por siempre del resto de la sociedad, deviniendo en seres solitarios y temidos, y sintiéndose ellos mismo como extraños. El Chamán a menudo vive en un autotormento mientras es acosado por otra forma de inteligencia sin tiempo, la cual le habla a través de sus raros sueños; sueños que la mayoría son afortunados de no tener. Leer más »

The Necronomicon or The Book of dead names

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Los Antiguos


«No está muerto lo que puede yacer eternamente, y con extraños eones incluso la muerte puede morir»

-Abdul Alhazred, El Necronomicon

[Citado de «La Llamada de Cthulhu» por H. P. Lovecraft]

 

El Necronomicon habla sobre Los Antiguos, quienes arribaron en los principios del planeta desde «las estrellas oscuras». Cuando el elemento tierra apareció, ellos emigraron desde los océanos para construir ciudades en los polos y levantar templos para Esos maldecidos por los Dioses. Su espantosa progenie gobernó la tierra hasta que los Antiguos Señores, aterrorizados por sus abominaciones, actuaron:

«… arrojándolos desde la Tierra al Vacío más allá de los planetas donde reina el caos y no habita ninguna forma. Y los Antiguos Señores colocaron su sello sobre el Portal y el poder de Los Antiguos no prevaleció en contra del suyo.

Entonces, el repugnante Cthulhu se alzó desde las profundidades y bramó con inmensa furia contra los Guardianes de la Tierra. Y ellos ataron sus venenosas garras con poderosos conjuros y lo confinaron en la ciudad de R’lyeh en donde bajo las aguas él habrá de dormir, soñando en la muerte hasta el final del Eón»

- Liber Logaeth [traducido por Dr. John Dee]

 

«Con toda probabilidad Cthulhu está basado sobre el mito noruego del Kraken, un monstruo legendario que se cree vive bajo las aguas de los mares del norte.»

-Philip A. Shreffer, «The H.P. Lovecraft Companion»

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Aubrey Beardsley

Aubrey Beardsley - How Queen Guenever Made Her a Nun (1893)

Aubrey Beardsley - Satyr [design for chapter heading] 1893-94

Aubrey Beardsley - Edgar Allan Poe 01, Black Cat (1894)

 Aubrey Beardsley - Edgar Allan Poe 02, Los Crimenes de la Calle Morgue

Aubrey Beardsley - The Dancer's Reward (1894)

Aubrey Beardsley - The Climax (1894)

Aubrey Beardsley - Of A Neophyte And How The Black Art Was Revealed Unto Him By The Fiend Asamuel (1894)

Aubrey Beardsley - The Mysterious Rose Garden (1895)

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«Tengo sólo una meta: lo grotesco. Si no soy grotesco entonces no soy nada»

Aubrey Beardsley

 

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Un breve destello de verdadera imaginación, es más que suficiente para cegar con el asombro nuestros sentidos. Y sólo para ser guiados a través de la nueva y maravillosa oscuridad, por la luz de la creatividad del genio que proyectó tan alucinante resplandor. Y si el ejemplo de tal explosión de energía creativa está combinado con la brevedad de la vida misma del creador que la detona, entonces estamos hablando de: Aubrey Beardsley, ilustrador y escritor de origen inglés.

La presencia física de Beardsley fue un verdadero jeroglífico de su mundo interior. Oscar Wilde dijo de él que tenía «el rostro como una hacha plateada, y el pelo como hierba verde». En verdad su alma no podría haber elegido un mejor arquetipo físico para simbolizar en este plano todos los demás que componen su Ser. El simple hecho de que inmediatamente nos evoque a H. P. Lovecraft, con el alargado y huesudo corte de su cuerpo, es quizás la mejor información para comprender el constante estado de fragilidad de su salud, que finalmente lo bendijo con una muerte temprana, pues sólo vivió 25 años [21 de agosto 1872/16 de marzo 1898].

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En el tercer capítulo de «The London Adventure», Arthur Machen describe su revisión de una vieja nota de apuntes que él usó entre 1895-98, el periodo cuando él estaba escribiendo «The White People» así como «The Hill of Dreams» y «Ornaments in Jade»:

«… Y nuevamente la abrí: y me maravillé ante la infinita laboriosidad de los años anteriores; ante los esfuerzos renovados una y otra vez los cuales han dado a la luz tan poco. Aquí, acumuladas en cada página, están las notas de historias las cuales jamás han sido iniciadas. Así:

«Maze Story»

Una muchacha que danza en el laberinto fue posteriormente perseguida por las influencias que ella había invocado de esa manera. En alguna manera, en el estilo de Hawthorne: el laberinto fue construido sobre la cima yerma y salvaje de una colina, con innumerables bloques de piedra caliza. Era llamado: «El Sendero Hacia la Ciudad.»

Entonces, siguen varios esbozos, uno o dos reconocibles, por ejemplo ése que más tarde devino en la historia «The Ceremony» en «Ornaments in Jade»:

«… Había una vieja piedra en el bosque, sobre la cual ella a menudo encontraba esparcidas las flores propias de una casita de campo, durante el verano…»

Y un poco más adelante, otro esbozo:

«Él se volvió nuevamente hacia la monografía sobre laberintos: él observó las láminas: los diferentes diseños de laberintos [pasaje citado como danzar con referencias a los laberintos]

¿Cómo todo esto es manejado por la «psicología»?: ¿cuál es la referencia para el éxtasis: el drama: la lírica o el conjuro?

Era un libro que lo atraía, a pesar de su aire seco y antiguo: él había percibido que había «algo allí.»

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El Misterio es infinito. ¿La Revelación?… Sólo es un término, un concepto, un estado sustentado por la petrificación autocomplaciente del alma en un nivel de conocimiento dado. No existe la Revelación, sólo el Misterio. Él flota más allá del fin último de todo mito y concepción sagrada elaborados por las distintas civilizaciones de la humanidad a lo largo de su gigantesca historia, así como también todo lo que puedan captar los poetas, profetas y visionarios a través de su experiencia artística y espiritual. El Misterio es el alma del universo y se accede a él por medio de una imaginación emanada de un alma embriagada: una comunión de almas microcósmicas y macrocósmicas. Es insondable. Desde esta esfera llamada tierra, un grano de arena en el mar del universo; desde estas tres dimensiones del espacio que ocupa todo nuestro universo familiar, una línea entre millones de otras que representan universos paralelos… aprendemos sólo una pequeña porción del Misterio. Es válida, pero no definitiva, y aún menos absoluta. Pues, precisamente, el Misterio es complejo e infinito porque son esas revelaciones de su naturaleza lo que lo ramifican y extienden, en otras palabras… Cada revelación le añade misterio al Misterio. Y eso sólo aquí.

Pero, ¿y en otros planetas, sistemas solares, galaxias, universos y las inteligencias que lo puedan poblar? En cada punto del cosmos se intenta también comprender al Misterio. Posiblemente con un mayor despertar y una concepción más evolucionada. Y es que mientras más evolucionado sea el espíritu y la imaginación, más profunda y esclarecedora es la comprensión del Misterio, y por consiguiente más divinidad le concede a los seres que se aproximan más a él. Aquí, en nuestro planeta, en su vasta existencia, se han sucedido edades, civilizaciones, diferentes cultos y concepciones sagradas, el reinado de millones de dioses olvidados y por supuesto las manifestaciones creativas. Entonces, ¿debemos estancarnos con una única tradición y esquema sensorial apelando sólo a la herramienta paralizadora e involucionada llamada, «ésa es la única verdad», y cerrarnos a las demás concepciones? Y más aún, ¿no sumergirnos con voluntad ciega en aquellas que intuyamos sean más trascendentales? Cosmogonías sumeria, egipcia, hindú, ¿acaso debamos mencionar la cábala judía? Las filosofías budista y taoísta; los mitos griegos y nórdicos; lo que pudieron arrancarle los chinos; las visiones mágicas de todas las sociedades tribales desde el principio de los tiempos; lo que alguna vez pudo pensar el eslabón perdido y que más adelante fue repensado por el hombre de las cavernas; y todas las chispas del fuego sagrado que los grandes maestros han hurtado del Olimpo del Misterio: desde Hermes Trimegisto hasta Einstein… todas no son más que efímeras soluciones de un Misterio que siempre será necesario resolver.

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Hanns Heinz Ewers

ALRAUNE - Edicion Limitada - Traduccion por Joe E Bandel - Side Real Press

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Si la creencia no era cierta debió serlo. Los Oscuros Tiempos Medievales, que tanta luz arrojaron al mundo, y en los cuales la imaginación se hizo adulta. En esa edad del Ser, era creencia tanto del hechicero, al cual el pueblo común le construía un bosque alrededor de la soledad de su oscuro arte, como del metódico alquimista, cuya simbología hermética podía ser decodificada en las etapas que recorría la materia vulgar hacia el Pneuma: que el semen que el ahorcado expulsaba, en el éxtasis de la muerte, como última ofrenda al plano físico… engendraba la Mandrágora en el seno de una tierra sin consagrar. Ésta, absorbía la energía póstuma, que el criminar, en su orgullo satánico, dejaba tras de sí, como una forma de perpetuar su particular moralidad y arquetipo espiritual. La Tierra, quizás ajustándose más a las leyes del universo que a las efímeras nociones del Bien y del Mal de los humanos, recibía el elíxir que daba como fruto la extraña planta. Y ésta, a través del imaginario popular y erudito, se prestó a la creación de toda una mitología asociada con sus extrañas virtudes, que en cierta forma, eran tan prohibidas como las acciones de su ejecutado progenitor… Pero la Naturaleza es sabia.

La Mandrágora, con sus caprichosas raíces de forma humanoide, fue usada ampliamente en aquellos tiempos: en filtros de amor y pociones para todo tipo de propósitos. También su fruto, era creencia, facilitaba la fertilidad femenina. Por otro lado, las brujas que «fornicaban» con la Mandrágora, supuestamente concebían una descendencia carente de todo tipo de sentimientos, así como de alma. En verdad un método no nietzscheano de fabricar superhombres.

Sin embargo, la novela «Alraune» (1911) (término alemán para «Mandrágora»), del narrador, poeta, filósofo y actor alemán, Hanns Heinz Ewers (1871-1943), se aparta del mito para enfocarse en la inseminación artificial y la individualidad; y con una pizca de «Germanidad» de parte de Ewers, anteponiendo las leyes imperecederas de los valores genéticos, por encima de la influencia del medio ambiente, e incluso, de la educación. La piedra angular de la trama es que el profesor Jakob ten Brinken, investigador de las leyes de la herencia, insemina el semen de un asesino ahorcado en una prostituta. El resultado es que la prostituta concibe una niña ajena totalmente a concepto de amor, la cual es adoptada por el profesor. Dicho Ser sufre de una sexualidad obsesiva y de una extrema perversidad durante toda su vida.

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En su clásico cuento de horror, El Gran Dios Pan (1894), Arthur Machen sugiere fuertemente que la identidad del dios es en verdad la del antiguo dios británico Nodens. En el capítulo final un informante de las fronteras del país de Gales habla del hallazgo de una inscripción sobre un pilar situado en una antigua ruina romana cercana de donde Helen Vaughan vivía.

En un lado del pilar estaba la inscripción, de la cual tomé nota. Algunas de las letras han sido desfiguradas, pero no creo que pueda haber alguna duda acerca de las que he suplido. La inscripción se deletrea como sigue:

DEMOMNODENi

PLAvIVSSENILISPOSSVit

PROPTERNVPtias

quasVIDITSVBVMBra

 

«Al gran y bondadoso Nodens (el dios de la gran profundidad o el abismo) Flavius Senilis ha erigido este pilar en ocasión del matrimonio que  presenció bajo la sombra.»

 

Si bien está claro que el modelo mental fueron las ruinas en Caermaen, las cuales estaban cerca del hogar en donde Machen creció en el sureste de Gales, él, probablemente también se inspiró por los descubrimientos en Lidney Park, justo al otro lado de la frontera en Glouschestershire. La inscripción ficticia de Machen, parece ser una siniestra parodia de la clase de inscripciones que usualmente eran encontradas durante las excavaciones en el extenso complejo de templos localizados allí; y que estaban dedicados al Dios Nodens. He aquí un ejemplo de una inscripción del Templo de Nodens en Lidney Park, la cual se lee como sigue:

«Al Dios Nodens, Silvanus ha perdido un anillo: él por lo tanto ofrece la mitad de él (es decir la mitad de su valor) a Nodens, y que entre esos que son llamados Senecianius, no le sea permitida la salud hasta que el anillo sea devuelto al templo de Nodens». (Mortimer Wheeler, y T. V. Wheeler: Reporte sobre las Excavaciones del Emplazamiento Prehistórico Romano y Post-Romano en Lidney Park, Glouschestershire, (1932).»

Machen, seguramente se familiarizó con Nodens y su culto a través del libro: Antigüedades Romanas en Lidney Park, de William Hiley Bathurst y C. W. King, publicado en 1879, el cual incluía un número considerable de oscuras inscripciones al misterioso dios. Más significativo aún, él habría notado que Bathurst y King tradujeron Nodens como Noddyns el «Dios del abismo», una frase que aparece en la inscripción ficticia de Machen.

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Arthur Machen

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El siguiente es un fragmento del capítulo 10 del segundo de los trabajos autobiográficos de Machen «Las Cosas Cercanas y Lejanas» (Alfred Knopf, 1923), pp. 208-218. El pasaje concierne a un extraño periodo de la vida de Machen en el año 1900, cuando él sintió como si estuviera viviendo episodios y conociendo personajes los cuales él había creado en su novela anterior «Los Tres Impostores» (1895). Es también el pasaje en el cual él describe su involucramiento con la «Orden del Amanecer Dorado» (La Orden de la Estrella del Crepúsculo), y sus propias opiniones acerca de sus orígenes.

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Fue en algún momento al inicio de este año cuando devine consciente de una extraña circunstancia. Quizás se notará que yo me he vuelto insensiblemente Stevensoniano en mí dicción, cuando he hablado del incidente del Bulldog, o de esto o aquello. Eso es debido a que la atmósfera en la cual yo viví se estaba volviendo evidentemente como la atmósfera de «Los Tres Impostores», el cual, como ya he declarado, se deriva del estilo «Neo-Árabe» de R. L Stevenson. No sólo se aparecían en cualquier esquina y mesa de café extrañas, desconocidas e inexplicables personas, que me involucraban en oscuras conversaciones laberínticas, muy parecido al estilo Árabe, sino que intuitivamente me volví consciente de que algo en verdad muy extraño estaba pasando: ciertos personajes en «Los Tres Impostores» mostraron signos de hacerse reales, una hazaña, que ellos posiblemente habrían fallado en ejecutarla antes. Yo estaba en una ocasión conversando con un joven de tez oscura, de aspecto tranquilo y apartado, y que usaba espejuelos –él y yo nos habíamos encontrado en un lugar en el que teníamos que ser vendados antes de que pudiéramos ver la luz- y él me contó un inusual relato de la manera en que su vida estaba en un peligro constante1.

Él me describió las acciones de un demonio en forma humana, un hombre que era bien conocido por ser un experto en Magia Negra, un hombre que colgaba a mujeres desnudas de las despensas, con ganchos que perforaban sus brazos. Este monstruo –estoy seguro de la existencia de tal persona, si bien no puedo por ningún medio dar testimonio de la veracidad de cualquiera de los hechos aberrantes que se le imputan- había, por alguna razón que no logré descifrar, tomado una animadversión en contra de mi joven amigo2. En consecuencia, así me fue asegurado, él contrató una banda en Lambeth, quienes tenían como propósito asesinar al oscuro joven; cada miembro de la banda recibiría un pago de ocho shillings y sixpence por día. Una suma, por cierto, que suena como si fuera el valor de alguna moneda medieval obsoleta desde hace tiempo.

Yo escuché maravillado, hay algunos absurdos tan enormes que parecen tener un efecto en el sentido común, paralizándolo por el momento e inhibiéndolo de su capacidad de acción. Fue sólo cuando llegué a casa que se me reveló el hecho de que yo había estado escuchando el Joven con Espejuelos, y que él había surgido de «Los Tres Impostores». Y muy pronto la Señorita Lally3, otro personaje del libro, apareció, y como su prototipo, relataba los cuentos más asombrosos, era la heroína de increíbles aventuras, aparecería y desaparecería de una forma bastante inexplicable, contando siempre historias jamás oídas, un personaje totalmente divertido, enigmático y encantador.

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Arthur Machen

The Great God Pan

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«Agradezco profundamente la revelación de esta obra bella y singular. Es, según creo, la primera vez que se ha intentado realizar la mezcla de lo fantástico tradicional o diabólico con lo fantástico nuevo o científico, de cuya mezcla ha nacido la obra más turbadora que conozco, pues afecta al mismo tiempo a nuestros recuerdos y a nuestras esperanzas.»

Maurice Maeterlinck, sobre «El Gran Dios Pan» (Citado en «El Retorno de los Brujos»)

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En un extraño espacio-tiempo, delimitado por la imaginación imbuida de magia pagana de un genio ataviado con una túnica tejida de sombras; un genio que al mismo tiempo que Nietzsche —e intuyendo la revelación de éste—, se atrevió a mirar al abismo… y sí… El abismo también miró dentro de él. En ese espacio-tiempo imaginario, de una era victoriana alternativa, un personaje llamado Clarke, se encontraba bajo el efecto de un letargo visionario, en un sórdido laboratorio atiborrado de extrañas retortas, con una distribución tan cabalística, que bien podría ser la guarida de un alquimista medieval. Pero no, nos encontramos, así lo creemos en 1865, y en el umbral de un peligroso desgarrón del velo que cubre el Gran Misterio. Y Clarke, con la guía de esa enfermiza beatitud, vislumbró —aun antes que la virginidad a ser sacrificada al Gran Dios Pan con los ritos de una ciencia fantástica—… El Todo y La Nada:

«Repentinamente, mientras reflexionaba sobre la extrañeza de todo esto, el murmullo del verano fue reemplazado por un silencio infinito que parecía cernirse sobre todas las cosas, el bosque estaba en silencio. Y por un momento se encontró cara a cara con una presencia, que no era hombre ni bestia, ni vivo ni muerto, sino todas las cosas a la vez, la forma de todas las cosas pero desprovisto de forma. Y en ese momento, el sacramento entre el cuerpo y el ama se disolvió y una voz pareció gritar: “déjennos salir”. Y entonces, vino la oscuridad más oscura, de más allá de las estrellas, la oscuridad de lo eterno.»

 

El espacio-tiempo del que hablamos se refiere a la novela El Gran Dios Pan (1894); y nuestro genio ataviado con una túnica tejida de sombras es Arthur Machen: Uno de los grandes dioses de la literatura imaginativa, y por lo tanto reveladora de aquello que yace más allá de todo lo que consideramos ser… y comprender. Desde la última década del siglo XIX hasta finales de la primera mitad del siglo XX (Machen murió en 1947) esta imaginación empapada de la magia y del misticismo de varias Eras, nos legó una obra de otro mundo, digna de un monumento que se desprenda sólido de la imaginación de Beksinski.

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Un extraño Dios ha llegado a las decadentes tierras de Zothique el Último Continente. Y lo ha hecho desde una remota mitología que ahora no es más que la raíz cuadrada del futuro ciberbiológico que lo ha transformado. Su demoniaca presencia fue vista por primera vez en los bosques del reino negro del norte, Ilcar, donde unos monjes quedaron cautivados por una antigua lascivia, que hizo estremecerse de placer la diosa virgen Ojhal, en los posteriores sueños inspirados por las célibes plegarias de éstos. La descripción que los monjes ofrecieron de la extraña divinidad -calificada por ellos como, «Un Engendro Diabólicamente Bello»-, y que tomó sus bosques por asalto, fue esta:

«Todo él no es más que una esplendida estructura de huesos nudosos. Las piernas largas y fascinantemente famélicas, se unían en el inicio de una espina dorsal que a su vez constituía el torso. De éste, brotaban cual ramas de un siniestro árbol pantanoso, un conjunto de gruesos huesos nudosos que formaban la base de unos brazos que terminaban desde lo que se supone es la articulación del codo hasta la parte donde se espera ver los dedos, en una espigada vara ósea… Fina pero mortal, y resistente como el acero. La columna ósea continuaba ascendiendo hasta formal el cuello. ¡Ah, y que inmaculada arquitectura infernal era su cuello! Pues se desplomaba hacia abajo, hasta el inicio de su torso columnado, para luego ascender recto, curvándose más arriba, ya como otra espina ósea, sólo para terminar triunfante en la forma de una cabeza simétrica. Este último prodigio corporal, era ancha en la base, y avanzaba perfilando un triángulo perfecto, cuya punta era la nariz. Las fosas de sus ojos estaban diseñadas con una geometría definida en los manuscritos de las antiguas ciencias de la tierra como, «aerodinámica». Pero para la sensibilidad espiritual, no eran más que dos fosos negros en cuyo fondo se atisbaba un fuego ardiendo, suspendido sobre un vacío helado y silencioso… Un vacío que no se abría en esta dimensión. Este fuego sólo iluminaba lo que le interesaba a la divinidad, sin importar si era algo ubicado en la punta de su nariz o en ocultos universos paralelos. A modo de cresta, sobre su cabeza se alzaba un cuerno que se extendía hacia atrás. Éste, al igual que todo el cuerpo, formaba una sola pieza unida; una gran estructura de huesos, esmaltada con un negro bello y maldito. Sus dientes, que se asomaban desde su espantosa boca triangular, eran afiladas dagas plateadas, cuyos destellos metálicos alumbraban la figura, insinuando de esa manera su presencia en la oscuridad.»

Lo que los monjes devotos a la diosa virgen Ojhal acaban de describir no es más que la infiltración en Zothique de una antigua divinidad greco/latina que ha regresado, bajo una máscara más siniestra y evolucionada, a tomar su parte correspondiente de vicios, decadencia, malignas hechicerías y abismal conocimiento, que forman en sí mismos la identidad del continente condenado… Por la cercana oscuridad que se asoma tras su sol moribundo. En un bosque del final de los tiempos ellos se toparon con una entidad que recorrió los bosques del principio de los tiempos. Que se sientan afortunados de haber conocido al Gran Dios Pan, y mejor aún en su versión ajustada a la nigromancia de Zothique.

La antigua divinidad que ya no porta pezuñas de cabra ha sido vista en todo el continente de Zothique: desde Dooza Thom, en el extremo norte hasta Yoros, en el sur; desde Cincor hasta Ustraim; desde Xylac hasta Calyz. Sin obviar el reino de Tasuun y las islas de Naat, Cyntrom y Sotar. Thasaidon, el «oscuro archienemigo y señor de los setenta infiernos» le ha dado la bienvenida, y si bien con recelo al principio, se alegra de tener cerca otro representante de las tinieblas. Vergama, la misteriosa y abstracta divinidad del destino, no se inmuta, pues sabe que el dios Pan, es uno de los jeroglíficos primordiales, de los estampados sobre su Libro del Destino. Yuckla, el pequeño y grotesco dios de la risa demencial, se ha unido a Pan en su peregrinación a través de todo Zothique, cual diminuto sátiro del final de los tiempos. Mordiggian, la oscura nube de vapor carroñero, se presta a devorar la luz que intenta cegarle el camino a Pan. Y Thamogorgos, sabe muy bien que Pan, al igual que él, reinan y simbolizan el mismo abismo. Magnífica y conmovedora bienvenida a un antiguo rostro del abismo en el pasado, por aquellos del lejano y último futuro.

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