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Archivo de la etiqueta: Edgar Allan Poe

13inches cover (August 2009) - Nekro

13 inches cover ( first proposal ) - (August 2010) - Nekro

13inches (April 2007) - Nekro

Key Master Concept ( January 2008) - Nekro

Unnamed (October 2007) - Nekro

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  Todavía queda por descubrirse las revelaciones de los estratos más profundos de nuestro inconsciente cuando la luz de nuestro estado consciente es hipnotizada por las formas de las manifestaciones creativas, la música, la poesía… el arte. Y esto estando aún despiertos pero bajo el hechizo de la admiración y el trance que nos provoca una obra cualquiera. En ese momento nuestro Ser se encuentra en dos estado de conciencia, en dos planos, uno de los cuales es imperceptible incluso para el que lo padece. Para percibirlo se necesitaría una especie de clarividente que pueda ver los sueños, pesadillas y fantasías que nuestro ser profundo está experimentando mientras conscientemente estamos fascinado con la obra en el estado despierto. Ni qué decir de lo que se puso en marcha en los estratos más profundos del Ser del creador al momento de hacer realidad aquello que nos fascina.

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  La puerta de la habitación cerrada no siempre se abre al argumento de una novela de misterio, ni cierra tras de sí un crimen inexplicable excepto por la obvia evidencia de la muerte. Su interior no siempre es testigo de un cadáver en espera de que aparezca un genio de la racionalización para averiguar lo que el ya sabe: la causa de su muerte. Pero esto último no siempre es así. Existe una extraña habitación cerrada a mitad de un desierto aún más extraño en la que, según la leyenda, existe un cadáver que no sabe cuál fue la causa de su muerte, y en la que el detective ya ha intentado averiguarla incluso a través del método no tan lógico del espiritismo; herramienta esta última que tendrá que utilizarse nuevamente en orden de comunicarle al espíritu del cadáver la causa de su muerte. Esto es un poco complicado, pues la muerte de la cual hablamos sucedió hace 162 años, por lo que en verdad ya el cadáver físico y sus huesos han regresado al polvo, pero no así el misterio de su deceso. El cadáver forjado por la imaginación colectiva sigue allí, encerrado en esa simbólica habitación cerrada ubicada en la dimensión metafórica de un desierto aún más extraño; y junto a él, el detective que ha jurado desvelar el misterio de su muerte. El detective es Auguste Dupin; el cadáver… es Edgar Allan Poe.

  Dupin contempla con una paciencia intemporal —y de hecho el tiempo ordinario no deja su huella en esa dimensión alternativa— el cadáver imputrescible del hombre que lo creó, y que elevó la capacidad del raciocinio para resolver los problemas de la vida a una altura insospechada en la literatura universal gracias a las pruebas que superó el mismo Dupin: «Los Crímenes de la Calle Morgue»; «El Misterio de Marie Rogêt»; y «La Carta Robada». Pero ahora, una muerte aún más misteriosa clama por un milagro más de su capacidad deductiva: la muerte del propio Edgar Allan Poe. Una y otra vez ha acompañado a Poe con su imaginación en el neblinoso viaje que comenzó en Richmond, Virginia, el 27 de septiembre de 1949, y finalizó en Baltimore, el 7 de octubre del mismo año. Recogiendo pistas aquí y allá en los diferentes escenarios en los cuales la leyenda registra la presencia de Poe: la casa del Dr. John Carter; el bastón que supuestamente era de este; el restaurante Saddler’s, al cual Poe se dirigió desde la casa del Dr. Carter ya anocheciendo y en el cual se encontró con unos amigos con los cuales abandonó el restaurante a media noche para tomar un bote hacia Baltimore que salía a las 4 de la mañana. Según el mismo Saddler, él estaba «sobrio y de buen humor». Dupin también escudriñó la habitación que su creador tenía alquilada en la Taberna Swan, y en la cual dejó su equipaje, en señal de que tenía intención de regresar pronto tanto para devolverle el bastón al Dr. Carter, como para recoger su equipaje. Según los compañeros del Saddler’s, cuando Poe se despidió aseguró que estaría de vuelta en Richmond muy pronto. Dupin también se entrevistó con Joseph W. Walker, la persona que encontró a Poe delirando en las calles de Baltimore el miércoles 3 de octubre de 1849 y con el personal del Washington College Hospital, donde finalmente murió el domingo 7 de octubre del mismo año. Por último, Dupin se entrevistó como Snodgrass y Moran, otros dos testigos del estado de Poe cuando fue encontrado en las calles de Baltimore, pero con la ventaja de que fueron los escritores de las únicas descripciones de tal estado que han pasado a la historia.

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  Desde hace tiempo ha sido una paradoja de la crítica el que Edgar Allan Poe sea considerado estar fuera del canon oficial de la literatura americana, mientras él es conocido internacionalmente por ser el autor de la historia corta más famosa de la tradición: «La Caída de la Casa Usher». La acusación más dañina en contra de Poe es seguramente la de que él no posee metafísica, mientras sus contemporáneos —Hawthorne, Melville y Emerson— se consideran poseer alguna estructura en su trabajo que es a la vez intelectual así como puramente estética en su naturaleza. T. S. Eliot le puso la nota más pesada a esta acusación en su bien conocido ensayo «De Poe a Valery», en el cual él declara:

  «Poe es en verdad una piedra de tropiezo para el juicio crítico. Si examinamos su trabajo en detalle, parece que sólo encontramos una escritura chapucera, un pensamiento pueril carente del soporte de un buen cúmulo de lectura y erudición, experimentos al azar con varios tipos de escrituras, sin perfección en ningún detalle. Esto no sería exacto. Pero, si en vez de considerar su trabajo analíticamente, tomamos un punto de vista distante del mismo como un todo, contemplamos una masa de un diseño único y tamaño impresionante a la cual el ojo retorna constantemente.»

  No podemos negar que el trabajo de Poe es «experimentar». Pero esto no lo condena a lo pueril, a lo circunstancial y a lo superficial. En verdad, cuando su trabajo es examinado de cerca, descubrimos en Poe una increíblemente detalla y, debo afirmar, profunda metafísica. El juicio de Eliot es el de un cristiano creyente y bastante ortodoxo. Pero la metafísica de Poe deriva precisamente de esas doctrinas muy heterodoxas e incluso heréticas que eran comunes en el comienzo del mismo cristianismo, y posteriormente erradicadas o condenadas a la clandestinidad por las acciones de concilios de la iglesia tan dogmáticos como el de Nicea. Fue desde el árbol filosófico de imágenes peculiares y especulaciones místicas que floreció en Alejandría en el Egipto del primer y segundo siglo D. C., que Poe extrajo mucha de su propia imaginería. En particular, él bebió de esa escuela de pensamiento heterogénea conocida hoy como «Hermética».

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Carl Gustav Jung explica en su revelador libro «Psicología y Alquimia» que el proceso mismo de la alquimia posee dos naturaleza, una física y la otra psíquica, una «profana» y la otra «sacra». La dimensión alquímica más familiar para nosotros es por lo regular la puramente física: el intento de transmutar un metal innoble en oro a través de ciertos experimentos de laboratorios absorbentes y aparentemente ridículos. Pero la parafernalia material que asociamos a los alquimistas [hornos, retortas, alambiques, recipientes elaborados, fórmulas mágicas, etc.], enmascara una filosofía increíble, compleja y profunda, básicamente platónica en sus fundamentos, en la cual la búsqueda de la «Piedra Filosofal», no sólo fue la búsqueda de un agente catalizador que pudiera convertir los metales base en oro, sino un largo ritual de iniciación que conducía al neófito a través de varios tipos de experiencias disciplinarias hasta un ideal estado del alma.

  Pocos autores románticos estaban versados de una manera profunda en los aspectos más oscuros de la alquimia y la filosofía alquímica, ya fuera en su aspecto profano o sacro, no obstante, «los numerosos y extraños volúmenes de sabiduría olvidada», de los cuales se alimentaba el temperamento romántico, le suministraban a menudo tales conceptos de una forma novedosa. De esta manera los románticos desarrollaron un respeto profundo por estas ideas arcanas, las cuales fueron relegadas a un polvoriento ático metafísico, con el surgimiento de las ciencias positivas y el racionalismo del siglo XVIII. En verdad, ellos a menudo se interesaban lo suficiente como para ascender por el camino estrecho y difícil hasta la eminencia secreta y descubrir por ellos mismos, de primera mano, el mismísimo corpus hermeticum que ellos estaban manifestando a través de la poesía y la prosa.

  Cuando echamos una mirada al trabajo de un escritor romántico como Poe, descubrimos una utilización de materiales alquímicos, pero sólo en un nivel aparentemente «profano» y «mundano». A primera vista, Poe simplemente parece haber jugado con la tradición alquímica como un medio de ejecutar un hábil engaño en un breve esbozo como en «Von Kempelen y su Descubrimiento». Aquí, él utiliza todos los artilugios de la larga tradición de alquimia profana para engatusar a sus lectores en la creencia de su aseveración de que Von Kempelen «en verdad ha realizado, en espíritu y en efecto, aunque no sea al pie de la letra, la vieja quimera de la piedra filosofal…». De esa manera, la descripción de Poe del arresto del Von Kempelen por las autoridades posee toda la grandilocuencia de un melodrama representado del siglo XIX:

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La línea que separa el instinto del reino de los animales de la elevada razón del hombre es, más allá de toda duda, del carácter más borroso e insatisfactorio; una línea fronteriza mucho más difícil de establecer que la de Oregón o el noreste. La cuestión de si los animales inferiores razonan o no, posiblemente nunca será resuelta, al menos no en nuestro presente estado de conocimiento. Mientras la arrogancia y amor propio del hombre se resista a concederles a las bestias el poder de reflexión, puesto que reconocerlo significaría destituirlo de su propia alardeada supremacía, él todavía se encuentra a sí mismo perpetuamente involucrado en la paradoja de considerar al instinto como una facultad inferior, mientras es forzado al mismo tiempo a admitir su infinita superioridad, en miles de casos, sobre la misma razón que él reclama como de su exclusiva propiedad. El instinto, muy lejos de ser una facultad inferior a la razón, es quizás el intelecto más exacto de todos. Al verdadero filósofo le parecería como la mente divina en sí misma actuando inmediatamente sobre sus criaturas.

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Edgar Allan Poe

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  Cuenta una leyenda que la Casa Usher aún continúa existiendo en su antiguo reflejo sobre el estanque ante el cual alguna vez se alzó; pero que éste, sólo puede ser visto durante las noches de luna llena. Algunos adeptos del oscuro romanticismo del maestro Edgar Allan Poe, suelen peregrinar a través de los planos oníricos hasta ese lúgubre y sagrado lugar de poder que la imaginación del maestro nos legó y que está ubicado en una expresión dimensional de su propiedad. Muchas son las historias que se han tejido acerca de estas aventuras dentro de la peligrosa y fascinante imaginación de Poe, y en particular, sobre la expresión correspondiente a la historia de la Casa Usher. Pues según las leyes que rigen la conjugación de ese plano dimensional paralelo con los ciclos celestes del plano dimensional del universo físico, el portal dimensional sólo permanecerá abierto mientras el ciclo de la luna llena permanezca en este plano; pues una vez ésta inicie su fase menguante la misma mecánica astral se encargará de cerrarlo.

  Así, son muchos los adeptos que han tenido que pagar caro el hechizo que los ha cautivado en el plano dimensional de la Casa Usher durante un lapso de tiempo que excede el ciclo de la luna llena en el plano físico. Si no hay luna llena en éste, no habrá luna llena en el universo paralelo de la imaginación de Poe; y una vez que la fase menguante inicia, el reflejo de la Casa Usher desaparece, atrapando en su interior, oculto por la negritud de las aguas del estanque, los cuerpos astrales de los adeptos. Usualmente, el cuerpo físico de éstos aparece muerto con todos los signos del ahogamiento.

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Amazing Stories 01 - April 1926 - F.R.Paul Cover

Amazing Stories 01 - April 1926 - Pag02 Title Page

Amazing Stories 01 - April 1926 - Pag03 Gernsback Editorial

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Ficción Extravagante Hoy———————-Hecho Comprobado Mañana

UNA NUEVA CLASE DE REVISTA

Por Hugo Gernsback, F. R. S.

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  ¡Otra revista de ficción!

  El primer pensamiento que viene a la mente es que parecería imposible que haya espacio para otra revista de ficción en este país. El lector bien podría preguntarse, «¿no es ya suficiente con los varios cientos que en la actualidad se publican?», es verdad. Pero esta no es «otra revista de ficción», ¡AMAZING STORIES es una nueva clase de revista de ficción! Es totalmente nueva —totalmente diferente—, algo que nunca antes ha sido hecho en este país. Por consiguiente, AMAZING STORIES merece su atención e interés.

  Están las usuales revistas de ficción, las revistas sobre historias de amor y atracción sexual, las de aventura, y así sucesivamente. Pero una revista de «Ciencia Ficción» es pionera en este campo en América.

  Por «Ciencia Ficción» quiero significar el tipo de historia al estilo de Julio Verne, H. G. Wells y Edgar Allan Poe: una historia encantadora mezclada con un hecho científico y una visión profética. Por muchos años las historias de esta naturaleza han sido publicadas en las revistas hermanas de AMAZING STORIES: «SCIENCE & INVENTION» y «RADIO NEWS».

  Pero con una demanda siempre creciente de nuestra parte por esta clase de historia, y más de esto, sólo quedaba una cosa por hacer: publicar una revista en la cual aparecerían exclusivamente historias del tipo de ciencia ficción. Así que elaboramos planes enfocados en esta meta, no escatimando ni tiempo ni dinero.

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The Door to Saturn - The Collected Fantasies of Clark Ashton Smith V2  [Night Shade Books, 2007]

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     Un sobreviviente de los continentes perdidos de Mu y La Atlántida, que aparezca en nuestras calles modernas, no habría parecido más extraño, no tan diferente de los demás, que el hombre que se hacía llamar a sí mismo, Conrad Elkins. Y no obstante, yo siempre he hallado difícil de distinguir, incluso en mis propios pensamientos, los múltiples elementos que servían para constituir su extrañeza.

  Parecería [pues como pensamos mayormente con palabras y a menudo somos dependientes de ellas para clasificar nuestras ideas] que los adjetivos que definirían exactamente a Elkins aún no existían en nuestro vocabulario; que ellos sólo podrían ser hallados en algún inimaginable, sutil, complejo y refinado lenguaje, como el que podría ser desarrollado a través de largos ciclos de elaborada cultura y civilización en un planeta más viejo y maduro que el nuestro.

  Incluso a primera vista, yo quedé impactado –y ni que decir asombrado– por la personalidad del hombre en cuestión. Quizás la característica que me cautivaba más que todas las otras, era la imposibilidad de clasificarlo en cualquiera de las etnias conocidas. Mi teoría es que ningún ser humano es tan individual que no posea rasgos obvios que lo ubiquen inmediatamente en una de las tribus de la humanidad, y soy propenso a enorgullecerme de un meticuloso y cultivado don para analizar de vista la nacionalidad y las afiliaciones raciales de cualquier persona dada.

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H.P. Lovecraft

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Entre las muchas y complejas tendencias observadas en la moderna poesía, o lo que responde por poesía en esta época, es un decidido pero injusto menosprecio por la vieja pastoral, inmortalizada por Teócrito y Virgilio, y revivida en nuestra propia literatura por Spencer.

Tampoco está esta desfavorable aptitud confinada sólo a la égloga formal, cuyos elementos clásicos están tan bien descritos y ejemplificados por el Sr. Pope. Siempre y cuando un versificador adorna su canción con las placenteras e inocentes imágenes de este tipo de composición, o toma prestada su suave y dulce atmósfera, él es inmediatamente condenado como un pedante irresponsable y como un fósil por cada crítico de ingenio insignificante de Grub Street.

Los bardos modernos, en sus esfuerzos de mostrar con seriedad y minuciosa verosimilitud las operaciones internas de la mente y emociones humanas, han terminado desdeñando la simple descripción de la belleza ideal, o la sincera presentación de imágenes placenteras sin ningún otro propósito que el de complacer la fantasía. Tales temas son considerados triviales y artificiales por ellos, y del todo indigno de un arte cuyo diseño debe ser, según ellos, el análisis y reproducción de la naturaleza en todos sus aspectos y estados de ánimos.

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Me pregunto qué tan doloroso fue el parto de la diosa del amor, Venus, al momento de dar a luz a Cupido, «el deseo», cuyas voces que lo atormentan lo hacen llamarse a sí mismo Eros, la parte no manifestada de sí mismo, la idea platónica del Amor, del cual Cupido, no es más que la representación tridimensional: un oscuro y demoniaco demiurgo, que como todos los de su clase, esclavizan su arquetipo abstracto a su reflejo físico. Marte, su padre, dios de la guerra, ciertamente habrá pensado que la combinación de su fuego con el delicado aire del amor de Venus, no fue una buena idea después de todo. Ah, «el Amor no puede crecer sin Pasión», le respondió el oráculo de Temis a Venus, pasmada ante la maligna infancia estampada como en bajorrelieve de acero sobre el cuerpo de su hijo. Pero la pasión es un fuego infernal, un fuego que Hades le pidió prestado a Satanás, en una reunión fuera del tiempo, donde el futuro abismo del Cristianismo, aún esperaba su turno para engullir almas.

Aún en el delicado equilibrio de fuerzas de la mitología greco-latina, en la cual cada dios representaba una porción de la totalidad del alma humana, el pequeño travieso llamado Cupido, era un oscuro poder digno de temer. La siniestra fuerza de las profundidades se aparecía siempre con su eterna imagen de niño ataviado con unas níveas alas de paloma y cegado por una venda, indicando con ello la misma ceguera que caería cual velo de maya, sobre el discernimiento de todos aquellos que caían víctimas de sus doradas flechas del amor. La ceguera del amor, es la ilusión de un infierno que se presenta como nirvana. El amoroso Cupido, experimentó la transición existencial del universo de los mitos greco-latinos, a la uniformidad divina del Cristianismo, no sin antes poner tras las rejas a su más preciada víctima, Psique: El alma. El muy travieso le proporcionó dos guardianes para que la acompañaran en su ausencia: la soledad y la tristeza, si bien el diablillo culpó a su madre de hacerlo. Y así, inició Cupido su reinado de devastación en las almas humanas, y más aún, con el honor del que fue objeto por el mismísimo Satanás, quien lo elevó a la categoría de demonio: El demonio del amor. Gracias al segundo velo de maya que el amor pone alrededor de la visión interna de sus víctimas, estas siempre ven al niño Cupido, ataviado con sus inmaculadas alas de palomas, pero en verdad, una vez investido como demonio, éstas devinieron en alas de murciélagos.

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