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El Ser sobrevivió al intento de ejecución por parte de los Eternos con el antiquísimo método de amarrar sus extremidades a la cola de dos cometas que se desbocaban en dirección opuesta a través del vasto infinito cósmico. Esos caballos siderales no fueron lo suficientemente poderoso como para desmembrar su energía ni su arquetipo… ni siquiera hicieron doblarse a su evolución personal. Así que los Eternos decidieron condenarlo al destierro fuera de la estructura cósmica establecida; para que deambulara por el sendero que divide al Orden y al Caos y que no conduce en sí mismo a ninguna parte, pues es la nada, el Arcano del Loco del tarot estelar en el que cada carta es un universo paralelo. De esa manera, el Ser inició la peregrinación sin objetivo de su exilio sometido a los encantamientos melódicos del Orden y el Caos, que pugnaban por atraerlo hacia sus respectivos esquemas. Muy pronto se dio cuenta de que danzaba simultáneamente al ritmo de la Música de las Esferas y el Canto de la Sirena.
Varios eones habían pasado desde que el Ser inició su caminata calzado con las sandalias de la luz a través del sendero de neutrones. Muchos fueron los temas que se le insinuaron paralelamente en las melodías de la música de las esferas y el canto de la sirena. El orden de un universo diseñado y construido hasta en los más nimios detalles, en el cual él podía ingresar y asimilarse al devenir de unas cosas que marchaban al ritmo de una partitura celeste en cuerdo con las leyes eternas de las matemáticas. Por otro lado, escuchaba la furiosa y poderosa melodía de un caos que le prometía la virginidad de las cosas que no han sido, y sobre las cuales él podía proyectar sus propios pensamientos, las podía moldear, iniciando de esa manera su propio esquema para un futuro universo. Esta melodía era lúgubre y escalofriante, y cuando desviaba su mirada hacia el punto de su origen, podía ver la imagen de una gigantesca sirena formada de polvo y gases estelares, con sus fauces abiertas en espera de que él mismo se sumergiera en ellas. Y así lo hizo. Pues al final, las ambiciones divinas del Ser triunfaron, estimulada por el fuego creativo que ardía en su interior y las visiones que su imaginación generaba para lo que iba a ser el futuro universo al cual le daría inicio desde ese caos. Y no lo disuadió el hecho, de que corría el riesgo de desintegrarse atómicamente y convertirse en parte de los elementos caóticos que constituyen el caos, a la espera de que un Ser de verdadero poder que los modelara. No importa que mi imaginación y mi energía no sean lo suficientemente poderosas para imponerse en el caos —se dijo—… Esas cosas pasan. En todo caso, siempre habrá otro Lucifer en espera para sustituirme, como yo lo he hecho con el anterior. Pues las células de esa energía inician automáticamente el proceso de clonación, les guste o no a los Eternos.
