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Archivo de la etiqueta: Morgan Vicconius Zariah

Bajo la sombra de Cthulhu - Edgar Valerio

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I

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  Hacía ya muchos días que yacía desprovisto de cuerpo físico, lo sabía, todo a mi alrededor estaba compuesto de una extraña materia espectral que ejercía en mí un hipnótico magnetismo. Una sincronía de luces y de sombras me había guiado hasta la habitación donde me encontraba. Había viajado tumbado sobre mis espaldas como cayendo en un negro abismo sobre el cual no tenía ningún control, llegando a la deriva hasta el último escondrijo. Y allí estaba, en esa habitación astral, donde había recorrido hasta el aburrimiento de un lado a otro sus angostas facciones. Las cuatro paredes estaban adornadas por estanterías de libros. Durante días había estado buscando, hasta que la encontré, la obra que había anhelado. Después me sumí por largos días en un pequeño y sombrío escritorio a interpretar los hechizos que me aguardaban. Para entonces, sabía que sin mi cuerpo tridimensional ya  el hambre, el sueño y el cansancio no serían obstáculos que detendrían mi empresa. Pero ese largo encierro en el devenir de los días empezó a angustiarme. Empecé a creerme encerrado en la eternidad de un tiempo pasado. En la vetusta habitación de un melancólico escritor de historias fantásticas que allí no estaba; más bien lo que allí habitaba era la soledad de sus libros, la desolación de su erudición. Eso era lo que verdaderamente me angustiaba: el no encontrar un vestigio cómplice de su humana voz. Pues la complicidad interior, la que estaba impresa en sus libros, esa ya la conocía, y era ella la que me había transportado a través del tiempo y el espacio hasta este encierro.

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El lejano amanecer extendió su aliento de luz sobre una estructura intrusa en el laberinto arquitectónico de la ciudad de New York, allá lejos, en un futuro engendrado por sueños ancestrales. Los neoyorquinos enfriaron el café de esa mañana con el aliento helado que el sobrecogimiento soplaba desde los temores registrados en sus genes; temores que han parasitado la humanidad desde la noche de los tiempos. Contrariamente a lo que sucedió hace varios siglos, con la desaparición de la Torres Gemelas, el pavor en esta ocasión fue despertarse para descubrir que ese día no iba a ser uno más por el hecho de que una estructura arquitectónica icónica ya no existiría, sino por la presencia de una gigantesca estructura ubicada en el lugar donde la noche anterior se encontraba el viejo edificio de la Organización de las Naciones Unidas [ONU]: una construcción que por su antigüedad ya había sido declarada patrimonio de la humanidad.

  Millones se reunieron a los pies de la gigantesca estructura que parecía haber sido concebida por la pesadilla de un gigante, dado su tamaño y apariencia.  Su altura se perdía en el banco de nubes que se extendía sobre toda la ciudad, y de la negritud del material con el que estaba construida parecía emanar una sombra que no era la proyectada por el sol, sino que se derramaba desde algún vacío estelar encerrado cual infierno en las entrañas de sus muros. «¿But… what the hell is this dark shit?», exclamaban los anglos; mientras que a su lado algún latino expresaba lo mismo en español: «¿Qué diablos es esta mierda oscura?»; y la misma pregunta fue proferida en cada una de las innumerables lenguas por cada uno de los representantes de las etnias que burbujeaban en el Melting Pot.

  Pero también, dispersados en medio de la multitud no iniciada, se encontraban los hijos de la imaginación, los adoradores de los mitos heredados de las grandes culturas y sobre todo aquellos que fueron concebidos por la energía creativa de algún genio solitario, de algún visionario o profeta, cuyas exploraciones imaginativas más allá de nuestro espacio-tiempo, le extirparon algún secreto al Gran Misterio. Para ellos —miembros de un Fandom que en sí mismo ya tenía su propio esquema genético de transmisión hereditaria del culto a todo lo que lleve por impronta «más allá de lo evidente»—, dicha estructura era familiar, pues ya la habían visto más de una vez en los sueños que tuvieron luego de leer sobre ella en los textos canónicos de la mitología en la cual estaba integrada. Su presencia aquí no era debida al asombro y pavor por la aparición de lo inesperado, sino al asombro y pavor de lo que se había estado esperando con ansias desde la noche de los tiempos. Pero de los tiempos contenidos en los mitos que le han dado significado a sus vidas.

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  ¡Qué hermoso es el amanecer de un nuevo día, de un nuevo año… en el crepúsculo de la vida en el futuro lejano! Celebramos en este presente la mágica agonía de la luz sobre el lecho de nuestro amado continente: Zothique The Last Continent. Celebramos con los logros en la realidad de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser durante el pasado año, 2011, los esplendores de la fantasía oscura imaginada por nuestro patriarca, Clark Ashton Smith, en ese lejano futuro. Cada uno de los miembros de este Templo Virtual, así como cada uno de los afortunados Hermanos Fanáticos cuya fantástica fatalidad los ha hecho abrevar en el oasis de brebajes mágicos a mitad de un infinito espectral… Celebramos los pálidos rayos que en este presente nos envía una aurora muerta hace tiempo en ese lejano futuro.

  El 2011 —nuestro segundo año desafiando la ilusión de la luz y toda la realidad ordinaria que ilumina— fue un año que, entre otras cosas, nos enseñó el valor de una perseverancia obstinada, de la voluntad de poder, la dedicación, el amor, el fanatismo, la veneración y el desprecio necesario por las voces antagónicas a la hora de sostener un proyecto como el de una publicación regular, en este caso una revista virtual, como lo es nuestro Blogzine. Las caídas y los heroicos ascensos de los sepulcros que el día a día abrió a nuestros pies en forma de obstáculos de todo tipo fueron, en el peor de los casos, divertidas excursiones a nuestros infiernos interiores; de los cuales emergimos más fortalecidos y decididos a trazar con nuestra devoción el sendero que nos lleve hasta el mismo final imaginado por Klarkash-Ton; y esto junto con las diferentes expresiones de la creatividad imaginativa a las cuales les hemos hecho un voto de fidelidad: un voto que se extiende hacia el pasado y se inclina ante los maestros que nos precedieron en esta procelosa parcela de la creatividad; se alza orgulloso en este presente en el cual lo hemos jurado; y se lanza hacia el futuro con la seguridad de hacerlo hacia sus propios dominios. De manera que, pese a dos o tres tropezones y decepciones, por lo demás necesarios… nuestro Darwinismo Espiritual y nuestro principio de la Ley del Pensamiento Más Fuerte… continúan su marcha para morir junto a los habitantes de Zothique en ese lejano futuro.

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Dios preguntó a Caín: -¿Dónde está tu hermano Abel?  Caín respondió: -¡no lo sé! ¿Soy yo el guardián de mi hermano? Entonces le dijo Dios: -¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano grita desde el suelo.

   (Gn, 4, 1-15)

 

  ¡He aquí el nombre  de otro hechizo! Sin cuyo rastro ninguna visión mayor se ha de materializar. En su color escarlata se encuentra tímido el vivo aliento que ahora acaba de entrar en la muerte, creando un misterioso túnel entre dos mundos que antaño estaban divorciados. Son estos anillos de sangre los que han comprometido lo divinal y lo humano, y digo lo divinal y lo humano, porque ya el infierno y el cielo están unidos desde los eones de la creación por el mismo cordón umbilical; este antiguo noviazgo precede a las pléyades estelares y sus gobernantes dioses, estos mismos antiguos que de barro levantaron al hombre y le insuflaron su aliento.  Pero, ¿dónde correría este divino aliento? ¿Acaso podría recorrer una vida sublime sólo por la tierra? Esta energía anímica sólo el líquido la mueve. Aquellas mismas aguas donde se mecía el soplo de la eternidad antes de toda creación, fueron escupidas dentro del barro, y nacieron en el  interior todos los canales por donde ahora circula el torrente de la vida. El barro se emocionó cuando el fluido había llenado cada rincón. De este recorrido nació el palpitar; el latir que  desde entonces los acompaña a todos hasta el final de los días. El gesto tieso tomó expresión y los ojos pertenecientes a las aguas, cobraron vida. Las emociones navegaron por los fluidos, y en cada naufragio de interrogantes se destrozaban en los acantilados de la extrañeza, tiñendo asimismo el agua interior del barro, de color carmesí.  Después, un sinnúmero de criaturas también compartieron éste lazo, y aullaron, gruñeron, croaron. Unas, desde su estado animal reclamaron su divinidad y surcaron los cielos; otras, se negaron a romper el pacto con las aguas, y pululan en sus profundidades; algunas juguetean en su superficie o entre sus orillas; muchas otras son de viento y agua; y muchas de tierra y agua. Sangre fría o caliente será siempre sangre. A los habitantes de la tierra los recorre el agua, que es por donde fluye el espíritu, esta infinitesimal  parte que nos hace tanto humanos como divinos. Te hago éste preámbulo para que no teman tus ojos los misterios que te aguardan.

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 Me alegra saber que otras almas se han arrojado al abismo de nuestro particular universo de fantasía oscura desde la última vez que nos vimos. Sí, veo caras nuevas cuyo fanatismo convierte sus facciones en lúgubres máscaras que se han unido a nuestra comunidad élite para otorgarle más horror a nuestra sempiterna mascarada cósmica. Que oscura emoción experimenta mi espectro al encontrarse nuevamente ante ustedes, mi fantasmagórica Hermandad Fanática: «Los Espectros del Ciclo de Zothique». Nos nos habíamos vistos desde la última parada de nuestro «viaje condena» a través de nuestro amado último continente; cuando en la isla de Sotar, nos unimos a la expedición del Rey Euvoran, que desde su reino de Ustaim había emprendido la absurda búsqueda del pájaro Gazolba, símbolo de su derecho al trono. Como saben, este pájaro se consideraba ser el último de su especie, y como tal fue dignificado luego que, una vez disecado, se alzó como la máxima diadema en la corona de los reyes de la dinastía de Ustaim. Pero en un día aciago, el pájaro fue revivido por un Nigromante y dirigió su vuelo hacia el lejano oriente. Tras él marchó el Rey Euvoran por consejo de la divinidad telúrica, Geol. Pero bueno, hoy no estamos aquí para recordar —aunque nos veamos tentados— esa alucinante experiencia, cuyo recuerdo aún tiene el poder de empujarnos más hacia el fondo del abismo imaginario que se abre al pie de la imaginación de Klarkash-Ton. Aunque no lo crean mis queridos miembros de la Hermandad Fanática, «Los Espectros del Ciclo de Zothique»… Hoy nos hemos reunido aquí para pescar. Pero no será en el mar. ¿Entonces dónde si todo el continente de Zothique es un gran desierto?… ¡Já! Síganme y los haré pescadores de…

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Otra vez mi visión ha sido invocada a esta región interior, subiendo rápidos peldaños por esa elevada escalera en espiral que llega hacía el supra-consciente. Aunque no se me permite todavía alcanzar  la cúpula de mi propia alma, me son otorgadas visiones que soplan de vientos más elevados, en esta parte media de mi ascensión. Soy reclamado en cada meditación a estos sombríos aposentos que contienen la conciencia tras esas marañosas puertas.  Se dice que a cada uno se le ha dado las llaves de éstas puertas, pero  la mayoría  las ha extraviado, ¡perder las llaves de su propia casa! ¡Andar a tientas sin poder refugiarse del frío exterior! O peor aún, quedarse encerrado dentro sin poder salir. En esa interioridad ningún grito será oído, ninguna carta leída, ninguna canción escuchada, auque sé que el frío exterior no les matará; es cálido siempre el fuego en la chimenea, ese fuego que es el perpetuo resplandor del Yo que ilumina.  Esta llave de plata la llevo colgada en el cuello de mi preciada inocencia, esa parte de mí que ha demostrado ser más diestra que yo, pues ninguna vicisitud la ha mancillado jamás. Cuando la voz interior invoca, es mi espíritu guiado por un sonambulismo mágico que resuena desde la llave de plata, y al llegar a cada puerta, las penetra y las abre, con la plateada virilidad de sus sueños.

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   Y al fin llegó el momento en que se hicieron conscientes de que no eran más que microorganismos de un Ser invisible perteneciente a un orden dimensional superior. Las edades pasaban sin que ellos lo pudieran ver, habitando como estaban en la oscuridad invisible de sus órganos, cuyo recorrido ellos usualmente llamaban vida. Ahora poseen esa pequeña parte de poder; otorgado por un nivel de conocimiento tan diminuto que en comparación a la totalidad de su realidad es como el microorganismo que ellos son en comparación con la totalidad dimensional del cuerpo invisible que parasitan. Pero si ellos hubiesen escuchado al Profeta, en la lejana invisibilidad que antes ocupaba su pasado, ellos ahora estuviesen ostentando una mayor porción de conocimiento… Una mayor porción de poder.

  El Profeta apareció un día como salido de la nada invisible que sus visiones trataban de hacer una realidad para los sentidos de los hombres; y con la misma celeridad desapareció en la misma nada invisible que para sus visiones proféticas era el absoluto. Su verbo era ardiente y su persona la encarnación viva de una posesión demoniaca. Hablaba de que el universo conocido, o más bien, todo aquello que podemos aprehender con nuestros sentidos no es más que una ilusión, un velo que oculta la verdadera realidad: «No dices nada nuevo profeta —le decían algunos de los pocos oyentes que se aventuraba al ridículo por prestarle atención—. Esa idea está tan podrida que las palabras que la transmiten se desintegran apenas son tocadas por el aire que debería conducirlas. Los milenios han reverdecido y se han marchitado, y una y otra vez, nos viene alguien a decir, un supuesto iluminado, escogido, mesías, maestro trascendido que ha sacrificado su supuesta comodidad nirvánica… en fin… aparece un loco como tú con la misma palabrería, la misma cháchara de la ilusión del mundo físico y la veracidad del mundo intangible… ¿Y aún pretendes que no nos burlemos?».

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  ¡Oh divino ardor! Más viejo eres que las edades, todas las formas y los sueños concebidos fueron por tu mano de brasa.  En los cielos giran tus hijos alrededor de tu aliento, danzando matemáticamente entre el regazo cálido de tu amor; un amor de llamas que se devora para dar vida.  Nació de tus caudales primigenios el cósmico regalo de tus formaciones, la imaginación; creada a tu imagen y semejanza, más sutil aun que los pensamientos. Con ella a tu viva imagen se modeló el mundo, volcando este fuego imaginativo sobre los elementos de la tierra. Ayudada es por otra mutación de tus anímicas formas, la voluntad; espada flameante que va consumiendo todo con sus abrasadores pasos. La naturaleza que moldeó el fuego bruto, será sublimada por el delicado fuego de la imaginación.

  ¡Oh siniestro fuego! Que iluminas las hondas cavernas del alma. Sostienes en tus llamas las conciencias de los caídos, arde con nuestros ideales tu espectral luz donde la luz no existe. Camino por los fríos abismos empuñando la antorcha de tu misterioso candor, mis ojos, al igual que el de los felinos, son lumbreras de fuego sin luz que se abren paso a los oscuros misterios de la noche. En las tinieblas te haces lúgubre y mortecino para no mancillar la virginidad sacratísima de la oscuridad, más bien adornas sus misterios con la meditativa luz con que la contemplas. Sé que te complaces en penetrarla, también los que amamos la oscuridad damos gracias a tu llama; a ella debemos nuestra existencia, y tú, a través de nuestro amor a las sombras diriges tu antorcha hacía los abismos para poder abrazarte a sus misterios, y éstos, con sus fríos besos, trasforman tu fuego en arte y ciencia, en chispas especulatorias que hacen nacer filosofías en cálidos retoños de dogmas y axiomas, en milenarias religiones y en grandes legados; muchos, hace tiempo olvidados; y otros, conservados en secreto como joyas de tus logros.

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Entonces, todas las pompas de jabón fueron explotando una a una, disolviendo con su extinción todo el infinito que reflejaban; extrayéndolo de las pupilas dilatadas que también flotaban sobre la bañera. Luego, sólo un silbido débil sobre el archipiélago de gotas escarlatas. El sonido se escapó de la madriguera de una garganta que ya se desvanecía en el extraño sueño en que la mente había convertido el cuerpo físico. Un sueño hermoso que ya empezaba a apreciarse desde una perspectiva tetradimensional. Se encontraba al fondo de un olvido familiar; un olvido grato hasta el momento en que la decisión final lo convirtió en algo extraño, ajeno a la ilusiones del futuro elegido. El sonido serpenteó entre las esculturas abstractas de las gotas escarlatas, evolucionando desde un silbido mantralizado por una indiferencia Zen hasta el poderoso estertor de un guerrero berseker. El estertor desaparece en los gases que dejaron atrás las pompas de jabón al explotar; condensándolos con su humedad escarlata y tiñéndolos con el espectro de un arcoíris que en algún momento del devenir del tiempo se extenderá sobre las cenizas de una tierra condenada luego de una lluvia de fuego.

  Los gases condensados por la humedad del estertor escarlata recuperan su capacidad reflectora, mostrando ahora unas pupilas que se han dilatado hasta entrar en la fase de gigantes rojas. La consciencia de la muerte cercana las han imbuido más de infinito; un infinito curioso, que contempla los últimos momentos de la manifestación temporal con expresión asombrada. Admirando la estética surrealista de los esbozos que los gases dibujan en el vacío, impulsados por los diferentes tonos de dolor y éxtasis de un estertor que ya se ha escabullido en las notas de la nana que canta el tiempo. Las pupilas continúan dilatándose ad infinitum, disfrutando de la intensa vivencia del momento final.

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Soy el que busco refugio en los recuerdos más suaves, la dureza del hoy me ha hecho fugitivo de la realidad. Todavía me mezo en los sueños y me arrullo con palabras, imagino blandos brazos que me envuelven y me mueven de un punto a otro en el negro caos del cosmos, como un misterioso péndulo, y me duermo en lo más profundo de mi alma, esperando despertar andando sobre cualquier nebulosa. ¡Qué dulce la madre que me arrulla! La canción que su melancólica voz pronuncia desencadena en mí más de un estado de conciencia. Cada armónica palabra es un antiguo conjuro, que va abriendo escaleras desde el cordón umbilical hacía la  patria de todos los sueños. ¡Sí!, es lo anterior una visión que todavía recuerdo, ¡esa canción! Y esa madre que me mecía en unos brazos más fríos. Mi cuerpo era muy pequeño y frágil y al dormir, comenzaba esa canción, cuando los cálidos brazos acababan una canción tan material, empezaba la segunda mientras caía al vacío. ¡Otra cuna remplazaba mi llanto! Recuerdo que se mecía; a un extremo vivían los sueños y del otro las pesadillas. Mi Ser entre ambos mares procuraba dormir; el infantil insomnio era provocado por el bramido de las olas que se levantaban de ambos lados, y luego, llegaba el llanto…

  En la familiaridad de un universo raro, sentía las frías manos que secaban mis lágrimas y esa dulce voz que apresuraba una nana, ¡sí! ¡La recuerdo! Esa profunda canción de cuna, toda su letra poseía un oscuro bienestar. Cuando un segundo  sueño poseía mi pequeño cuerpo, podía caminar precozmente y ver y andar. Un sinnúmero de cristalinas escaleras nacían desde mi cordón de plata y se extendían por  la grisácea luz del infinito. La infantil maravilla se ponía de pie y andaba, ¡subía y bajaba escaleras! Pero siempre la canción acompañaba mis pasos, mejor aún, me guiaba. Vi otros niños subir por las escaleras, y atravesar universos, cada cual con su mágica canción, ¡qué nanas tan maravillosas! Hacían de nuestro limitado universo físico un teatro de lo ridículo, otorgándole el don de caminar a lo que no gateaba todavía.

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