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Mientras se ha escrito mucho acerca de la cultura de la Guerra Fría, muy poco ha sido escrito acerca de la cultura de la Post-Guerra Fría, incluyendo la ciencia ficción. Parte de esto se debe a la falta de movimientos e innovaciones realmente significativas y definitivas, al menos desde el Ciberpunk de la década del 1980. Parte de esto puede ser también la falta de un distanciamiento histórico, si bien ahora el final de la Guerra Fría tiene casi dos décadas. Difícil como puede ser esto de creer, la cohorte de niños nacidos después de la caída del Muro de Berlín, se están ahora graduando de secundaria, ingresando a la universidad y votando, y partiendo de mi -definitivamente encuesta no-científica-, no poseen ninguna memoria personal de ningún evento anterior a la saga de Bill y Mónica. Suficiente tiempo ha transcurrido, suficientes trabajos han sido creados, con la Guerra Fría claramente visible en nuestro espejo retrovisor como para que pensemos en la historia inmediata a su fin.
Capitalismo, Socialismo y Utopía. El colapso del bloque soviético, y la unificación del mundo en un único mercado (más o menos) al final de la Guerra Fría no estaban del todo carentes de anticipación en la ciencia ficción. El clásico Los Mercaderes Espaciales (1953), de C. M. Kornbluthy Frederik Pohl, planteó exactamente ese futuro. Sin embargo, a diferencia de la novela de Kornbluth y Pohl, donde los «idealistas» parecían representar una alternativa política creíble al caos hecho por el poder corporativo, fuera de sí por su visión, el final de la Guerra Fría, pareció marcar para muchos observadores el fin de las ideologías, los experimentos sociales, y las aspiraciones utópicas.
Como Francis Fukuyama lo expresó, fue «el fin de la historia», con lo cual él no quiso decir que «no pasarán más cosas malas», como algunos lo malinterpretaron. Más bien, significaba que no más alternativas se presentarían al liberalismo del Siglo XVIII, mezcla de capitalismo y democracia, (representado por Estados Unidos y sus aliados occidentales), al estilo de los desafíos que el fascismo y el socialismo presentaron durante el Siglo XIX y el Siglo XX. No habrían más grandiosos experimentos sociales, no más argumentos sustanciales acerca de las clases, la propiedad y la economía (o por lo mismo acerca de los derechos civiles), no más utopías, en un mundo establecido dentro del orden que ha primado más o menos desde el final los años 80.
Aún así, la gran época que ésta proclama ser, no debemos sobreestimar el impacto del colapso soviético sobre el balance ideológico en la ciencia ficción de la lengua inglesa. Los utopistas, y particularmente utopistas socialistas, habían estado agonizando mucho tiempo antes del colapso. El interés en tales ideas, las cuales habían disfrutado de una revitalización durante la Gran Depresión de los años 30, fue aplastado a finales de los años 40y durante los años 50–por el McCarthynismo en los Estados Unidos, por la desilusión con el gobierno laboral en Inglaterra, por los temores a la Guerra fría y una sospecha post-moderna hacia la «grandilocuente definición» de la historia humana como un registro de progreso, una sospecha a la cual los horrores de la Segunda Guerra Mundial y las atrocidades de Stalin contribuyeron. Neoliberalismo, Globalización, Información Tecnológica y la mitología del Liberalismo Conservador asociada con todos ellos, arribaron definitivamente en los años 70, cuando la Unión Soviética era aún un asunto de gran preocupación, y con una amplia expectativa de permanecer indefinidamente.
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