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Archivo de la etiqueta: Runes Sanguinis

Wonder Stories V4 #10

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  Expandiéndose y elevándose rápidamente, como un genio liberado de las botellas de Salomón, la nube apareció sobre el horizonte del planeta. Una columna rústica y colosal que avanzó a grandes pasos sobre la muerta planicie, a través de un cielo oscuro como la salmuera de desiertos de océanos que han menguado hasta desiertos de charcas.

  —Luce como una alegre tormenta de arena—comentó Maspic.

  —Bien podría ser cualquier otra cosa —secundó Bellman más bien secamente—. Cualquier otra clase de tormenta es desconocida en estas regiones. Es la clase de infierno retorcido que los Aihais llaman el Zoorth; y viene en nuestra dirección. Sugiero que empecemos a buscar refugio. Me he quedado atrapado por una Zoorth anteriormente, y no recomiendo una bocanada de ese polvo ferruginoso.

  —Hay una cueva en el banco del viejo río, hacia la derecha —dijo Chivers el tercer miembro del grupo, quien había estado escudriñando el desierto con inquietos ojos de halcón.

  El trio de terrícolas, endurecidos aventureros quienes rechazaron los servicios de los guías marcianos, había partido cinco días antes desde un puesto de Ahoom hacia la región inhabitada conocida como Chaur. Aquí, en los bancos de grandes ríos que no han fluido en edades, se rumoraba que el pálido oro semejante al platino de Marte podría ser hallado amontonado, al igual que la sal. Si la fortuna les sonríe, los años de involuntario exilio en el planeta rojo pronto llegarían a su fin. Ellos habían sido advertidos en contra del Chaur; y habían escuchados algunas historias extrañas en Ahoom en relación a los motivos del porqué antiguos exploradores nunca habían regresado. Pero el peligro, sin importar cuan exótico o amenazante, era simplemente parte de su rutina diaria. Con una buena provisión del invaluable oro al final del viaje, ellos podrían atravesar el Hinnom.

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  El viaje al futuro es en cierta forma una visita de nuestra vida presente a nuestra muerte pasada. He viajado hacia el futuro a la misma ciudad en la que nací, pero sólo una existencia espectral me esperaba. Al principio no me daba cuenta de mi nueva naturaleza insustancial, hasta que fue obvio que yo podía traspasar toda forma material, orgánica e inorgánica, sin que ellas lo percibieran. ¿Por qué me veía envuelto en esta realidad, o más bien irrealidad? ¿Qué provocaba mi transición de un presente tangible a un futuro intangible?

  Sólo había una explicación: la realidad de mi muerte. Mi viaje al futuro fue lineal no sólo en el tiempo sino en el espacio; pues nunca me moví de este mientras estiraba los pliegues de aquel, como el Viajero del Tiempo de H. G. Wells, cuyo salto temporal fue de la ciudad de Londres del siglo XIX a la misma ciudad en un futuro lejano. Pero mi experiencia tomó en cuenta algo que Wells ni siquiera insinuó en las experiencias de su héroe: su muerte. Yo también arribé a la misma ciudad en la que nací y en la que seguramente morí en un futuro más cercano que este en el que me encuentro ahora. Eso significa que si viajamos a un futuro más allá del punto futuro de nuestra muerte, entonces, no desembarcaremos vivo, pues rebasar sobrenaturalmente el curso del tiempo y la presencia de nuestro Ser dentro de él, no altera los hechos registrados en su dimensión por el paso a través de ella de nuestra vida. En otras palabras, viajar al futuro no borra la realidad de nuestra muerte, al menos, no de nuestra muerte física, pues como me lo demuestran estas sensaciones presentes, ciertamente algún plano de la totalidad de mi Ser ha sobrevivido.

  Eso también constituye una nueva paradoja, diferente a la del viaje en el tiempo hacia el pasado, y en la cual si matamos a nuestro abuelo, se elimina la posibilidad del nacimiento de nuestro padre y por extensión del nuestro. De esa forma, extirpamos desde el pasado la causa de la inclusión en la dimensión del tiempo de nuestro Ser, de nuestra Mónada. Pero en la paradoja del pasado no es necesario matar a nuestro abuelo, incluso si viajamos a un punto temporal anterior a su nacimiento, ya con ello estamos eliminando dicha posibilidad. Pero contrario a la paradoja del futuro, en la del pasado realmente tendríamos que viajar más allá del origen genético de la estirpe física en la cual hemos nacido para eliminar con seguridad toda posibilidad de nuestro ingreso en la dimensión del tiempo, al menos dentro de la susodicha línea genética. Pues siempre habrá una oportunidad —mientras dicha línea genética exista— de que seamos una realidad en el tiempo, ya sea por mediación de nuestro abuelo o de uno de los otros familiares que constituyen los frutos de nuestro árbol genealógico.

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Wonder Stories - April 1933

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  Será dicho, por todos aquellos que lean con cuidado esta narración, que yo debí de estar loco desde el comienzo; que incluso el primero de los fenómenos relatados en ella debe ser tomado como una alucinación sensorial relacionada con algún grave desorden. Y es posible que ahora esté loco, en esos momentos cuando la marea de la memoria que se desliza hacia el abismo me arrastra con ella; esos momentos en que nuevamente me siento perdido en los dominios de una espantosa luz y entidad desconocida que me fueron revelados en la última fase de mi experiencia. Pero al principio estaba en mis cabales, y aún estoy lo suficientemente cuerdo como para poner por escrito un sobrio y lúcido reporte de todo lo que ocurrió. Mi solitario estilo de vida, así como mi reputación de excéntrico y extravagante, sin dudas será usado en mi contra por muchos para soportar su teoría de mi mal funcionamiento mental. Aquellos que son lo suficientemente distintos como para concederme la racionalidad, sonreirán ante mi historia considerando que abandoné el reino del arte pictórico bizarro —en el cual he logrado cierta eminencia— por el de la ficción súpercientífica.

  Sin embargo, si así lo deseara, pudiera mostrar mucha evidencia corroborativa de las extrañas visitas. Algunos fenómenos fueron observados por otras personas en la localidad; a pesar de que no me di cuenta en el momento, debido a mi total aislamiento. Una o dos noticias breves y oscuras ofreciendo una ordinaria explicación sobre un meteorito aparecieron poco después en periódicos metropolitanos; reimpresos de una manera aún más fugaz y anónima en las revistas científicas. No las citaré aquí, ya que hacerlo así involucraría una repetición de detalles los cuales, en sí mismos, son más o menos dudosos e incompletos.

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«Hay un país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol. Oriundo de la noche. Colocado en un inverosímil archipiélago de azúcar y de alcohol.»

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[Del poema «Hay un país en el mundo», del poeta nacional de República Dominicana, Don Pedro Mir: 1913-2000]

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  En su ensoñación poética, que ha explorado eones, Varzai, el poeta de la ciudad del delta, Umbri, evocó estas metáforas mientras descansaba la embriaguez sobre las piernas de la lamia Morthylla, tan frías como la tumba que le servía de lecho. «Sí —reflexionaba Varzai mientras la visión de esa antigua metáfora se mezclaba con las de sus poemas inspirados por la energía nigromántica de Zothiqueciertamente, siempre ha habido algo en el mismo trayecto del sol. Pero sólo nuestro continente de Zothique y sus habitantes, nos encontramos en el mismo trayecto de su muerte. Al igual que ese antiguo país, somos oriundo de la noche, pero nos deslizamos sobre las ondulaciones de un archipiélago de polvos mágicos y pociones de hechicerías».

«Sencillamente liviano como un ala de murciélago apoyado en la brisa. Sencillamente claro, como el rastro del beso en las solteronas antiguas o el día en los tejados.»

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  Varzai continuó apurando la copa de esa visión sin preguntarse el origen de la procesión de palabras. Las veía emanar desde un abismo espacio-temporal al cual le daba acceso su intuición: que perforaba los pliegues de la dimensión imaginaria de todo lo creado por la humanidad como si fuera un túnel cuántico. Y de esa manera vio como «esa ala de murciélago» se apoyó en la brisa que invocaban con su cántico los nigromantes de la isla de Naat: Vacharn, Vokal y Uldulla. Y vio también como el rastro de ese beso continuó imprimiéndose sobre las ardientes arenas de los desiertos zothiqueanos; oscureciéndose como si fuera la huella de la sangre coagulada, pues ahora, el rastro era dejado por los besos malditos que su lamia Morthylla ha sembrado sobre su cuerpo; los que Dalili ya siendo una muerta viviente hizo llover sobre el aterido cuerpo del Príncipe Yadar; los que Ilalotha esparció cual rocío de fuego sobre el cuerpo de Thulos en las catacumbas de la ciudad de Miraab, capital del viejo reino de Tasuun; o aquellos que la Princesa Ulua, también de Miraab, en vano intentó claval cual dagas sobre la carne virgen de Amalzain, sobrino-nieto del profeta Sabmon. Definitivamente, en Zothique, ninguno de ellos era «sencillamente claro»; y «en los tejados» sólo se posaban los rayos de un sol agonizante; que contrastaba con los rayos ardientes del sol en su plenitud que descendían como ángeles caídos sobre aquel mítico «país en el mundo colocado en su mismo trayecto».

«Sencillamente tórrido y pateado como una adolescente en las caderas. Sencillamente triste y oprimido. Sencillamente agreste y despoblado.»

 

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H.P Lovecraft

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  H. P. Lovecraft pudo haber tenido acceso a niveles oníricos supra mundanos que lo capacitaron para profetizar la destrucción nuclear de nuestro mundo. La cuestión de si él previó la venida de una edad de terror cósmico y caos ha sido tema de controversia desde su muerte en 1937. Dos importantes escuelas de filosofía «lovecraftiana» se han desarrollado desde entonces: la primera, un numeroso cuerpo de seguidores que prefieren ver a Lovecraft como un talentoso creador de literatura fantasmagórica y de historias de horror sobrenatural [sobre todo para el entretenimiento]; la segunda, un pequeño cuerpo de seguidores quienes prefieren ver a Lovecraft como un canalizador de verdades cósmicas ocultas, perturbado y confundido en cuanto a su verdadero papel de receptor e interpretador.

  Extrañamente, hay buenas razones para sustentar ambas visiones. Lovecraft declaró claramente y a menudo que los sueños extramundanos y perturbadores eran la base para su producción de ficción. El especialista en Lovecraft, Dirk W. Morsig, ha comparado los perturbadores estados de sueños sobrenaturales de Lovecraft a un tipo de condición jungiana que el psicólogo Leon Festinger denomina «disonancia cognitiva», citando a Morsig:

  «Una ficción sobrenatural, tal como la escrita por Lovecraft, depende para su efecto de una disonancia resultante de la contravención de expectativas puramente universales en lo que respecta a la ley natural. Lovecraft intentó reducir la disonancia transformando sus sueños en arte y al mismo tiempo negándoles cualquier significado objetivo.»

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El lejano amanecer extendió su aliento de luz sobre una estructura intrusa en el laberinto arquitectónico de la ciudad de New York, allá lejos, en un futuro engendrado por sueños ancestrales. Los neoyorquinos enfriaron el café de esa mañana con el aliento helado que el sobrecogimiento soplaba desde los temores registrados en sus genes; temores que han parasitado la humanidad desde la noche de los tiempos. Contrariamente a lo que sucedió hace varios siglos, con la desaparición de la Torres Gemelas, el pavor en esta ocasión fue despertarse para descubrir que ese día no iba a ser uno más por el hecho de que una estructura arquitectónica icónica ya no existiría, sino por la presencia de una gigantesca estructura ubicada en el lugar donde la noche anterior se encontraba el viejo edificio de la Organización de las Naciones Unidas [ONU]: una construcción que por su antigüedad ya había sido declarada patrimonio de la humanidad.

  Millones se reunieron a los pies de la gigantesca estructura que parecía haber sido concebida por la pesadilla de un gigante, dado su tamaño y apariencia.  Su altura se perdía en el banco de nubes que se extendía sobre toda la ciudad, y de la negritud del material con el que estaba construida parecía emanar una sombra que no era la proyectada por el sol, sino que se derramaba desde algún vacío estelar encerrado cual infierno en las entrañas de sus muros. «¿But… what the hell is this dark shit?», exclamaban los anglos; mientras que a su lado algún latino expresaba lo mismo en español: «¿Qué diablos es esta mierda oscura?»; y la misma pregunta fue proferida en cada una de las innumerables lenguas por cada uno de los representantes de las etnias que burbujeaban en el Melting Pot.

  Pero también, dispersados en medio de la multitud no iniciada, se encontraban los hijos de la imaginación, los adoradores de los mitos heredados de las grandes culturas y sobre todo aquellos que fueron concebidos por la energía creativa de algún genio solitario, de algún visionario o profeta, cuyas exploraciones imaginativas más allá de nuestro espacio-tiempo, le extirparon algún secreto al Gran Misterio. Para ellos —miembros de un Fandom que en sí mismo ya tenía su propio esquema genético de transmisión hereditaria del culto a todo lo que lleve por impronta «más allá de lo evidente»—, dicha estructura era familiar, pues ya la habían visto más de una vez en los sueños que tuvieron luego de leer sobre ella en los textos canónicos de la mitología en la cual estaba integrada. Su presencia aquí no era debida al asombro y pavor por la aparición de lo inesperado, sino al asombro y pavor de lo que se había estado esperando con ansias desde la noche de los tiempos. Pero de los tiempos contenidos en los mitos que le han dado significado a sus vidas.

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Portrait of Galileo Galilei (1636) - Justus Sustermans

El juicio contra Galileo Galilei

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  El juicio al que fue sometido Galileo por la Iglesia por promocionar la teoría heliocéntrica —la de que el Sol se asienta en el centro del Sistema Solar rodeado por la tierra y los demás planetas— es usualmente considerado un punto culminante en la batalla entre la religión y la ciencia, el momento en el que Galileo se convirtió en el primer mártir de la ciencia.

  No obstante, cuando revisamos la historia durante las investigaciones para nuestro libro «The For­bidden Universe», nos dimos cuenta de que las explicaciones tradicionales de la Iglesia sobre su determinación de capturar a Galileo no explican nada. Aplicando la imparcial mirada hacia el pasado, los historiadores de la ciencia lo convierten en un moderno racionalista-materialista nacido fuera de época, perseguido por hombres supersticiosos —en otras palabras cretinos—, cuyo intelecto, si se pudiera dignificarlos con el término, estaba estancado en la Edad Media. Esa es la clase de versión holgazana de la historia. La realidad, como los forteanos podrían sospechar, es que hay mucho más, mucho más que todo esto.

  De hecho, si bien el escenario «ciencia versus religión» satisface aún a una audiencia popular, los académicos han reconocido desde hace mucho tiempo que es una explicación demasiado moderna. Ellos ahora contemplan el asunto más bien como una colisión entre dos egos obstinados, dos patológicamente «hombres correctos»: Galileo, quien se negó a que le digan lo que tenía que hacer o decir; y el Papa Urbano VIII, resentido con el tratado de Galileo «Dialogue on the Two World Systems», en el cual este último puso sus puntos de vistas en la boca de un personaje llamado Simplicio. Pero todavía falta algo; algo que ninguno de los dos bandos quería que fuera visto bajo la dura luz del día.

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   El Ser sobrevivió al intento de ejecución por parte de los Eternos con el antiquísimo método de amarrar sus extremidades a la cola de dos cometas que se desbocaban en dirección opuesta a través del vasto infinito cósmico. Esos caballos siderales no fueron lo suficientemente poderoso como para desmembrar su energía ni su arquetipo… ni siquiera  hicieron doblarse a su evolución personal. Así que los Eternos decidieron condenarlo al destierro fuera de la estructura cósmica establecida; para que deambulara por el sendero que divide al Orden y al Caos y que no conduce en sí mismo a ninguna parte, pues es la nada, el Arcano del Loco del tarot estelar en el que cada carta es un universo paralelo. De esa manera, el Ser inició la peregrinación sin objetivo de su exilio sometido a los encantamientos melódicos del Orden y el Caos, que pugnaban por atraerlo hacia sus respectivos esquemas. Muy pronto se dio cuenta de que danzaba simultáneamente al ritmo de la Música de las Esferas y el Canto de la Sirena.

  Varios eones habían pasado desde que el Ser inició su caminata calzado con las sandalias de la luz a través del sendero de neutrones. Muchos fueron los temas que se le insinuaron paralelamente en las melodías de la música de las esferas y el canto de la sirena. El orden de un universo diseñado y construido hasta en los más nimios detalles, en el cual él podía ingresar y asimilarse al devenir de unas cosas que marchaban al ritmo de una partitura celeste en cuerdo con las leyes eternas de las matemáticas. Por otro lado, escuchaba la furiosa y poderosa melodía de un caos que le prometía la virginidad de las cosas que no han sido, y sobre las cuales él podía proyectar sus propios pensamientos, las podía moldear, iniciando de esa manera su propio esquema para un futuro universo. Esta melodía era lúgubre y escalofriante, y cuando desviaba su mirada hacia el punto de su origen, podía ver la imagen de una gigantesca sirena formada de polvo y gases estelares, con sus fauces abiertas en espera de que él mismo se sumergiera en ellas. Y así lo hizo. Pues al final, las ambiciones divinas del Ser triunfaron, estimulada por el fuego creativo que ardía en su interior y las visiones que su imaginación generaba para lo que iba a ser el futuro universo al cual le daría inicio desde ese caos. Y no lo disuadió el hecho, de que corría el riesgo de desintegrarse atómicamente y convertirse en parte de los elementos caóticos que constituyen el caos, a la espera de que un Ser de verdadero poder que los modelara. No importa que mi imaginación y mi energía no sean lo suficientemente poderosas para imponerse en el caos —se dijo—… Esas cosas pasan. En todo caso, siempre habrá otro Lucifer en espera para sustituirme, como yo lo he hecho con el anterior. Pues las células de esa energía inician automáticamente el proceso de clonación, les guste o no a los Eternos.

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William Blake - Autorretrato

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  Quizás mi literatura favorita de fantasía no lo sea en absoluto. Creo que la poesía épica y profética de William Blake ciertamente es leída como fantasía por muchas personas, considerando la fantasía como una forma extraña y definida. ¿Pero es la palabra apropiada? El mismo Blake era un visionario —literalmente veía visiones— y pudo haber creído que algunos de sus escritos eran literalmente verdaderos. ¿Reside la definición de fantasía en el escritor o en el lector? ¿Y cómo al mismo Blake le hubiese gustado que se definiera su literatura?

  Farah Mendlesohn, en su libro «Rhetorics of Fantasy», argumenta que el término «fantasía» no se puede aplicar a los escritores latinoamericanos del Realismo Mágico. Según la entendí, ella dice que las culturas de estos escritores son diferentes de la cultura que produce «ficción fantástica», y que por lo tanto los escritores permanecen en una relación de creencia diferente con la ficción. Los textos del Realismo Mágico «no están concebidos como literatura de género. En vez de eso, el mundo reflejado en el texto es el mundo principal. Sólo deviene en fantástico porque nosotros los lectores angloamericanos somos forasteros… El Realismo Mágico… es escrito con una sensación de falta de creencia. Si buscamos alguna forma de él, necesitamos la literatura de una cultura similar, una en la cual la presencia de otros poderes es una cosa real y vibrante, incluso si debe existir junto a un racionalismo científico».

  No estoy seguro si lo que Mendlesohn describe es una especie de visión cultural o si es una visión personal. Ella reconoce que puede ser aplicado a los escritores del sur americano. Pero tomemos la tetralogía «The Solitudes» por John Crowley, la cual parece como una pieza de realismo mágico norteamericano y en la cual se construyen cuidadosas explicaciones de sus elementos metafísicos; Crowley sugiere que el mundo se rehace a sí mismo en ocasiones, cada vez con reglas diferentes y una nueva historia; la magia pudo haber funcionado una vez, dicen los libros, pero cuando el mundo cambió por última vez, no sólo la magia dejo de funcionar, sino que la historia misma cambió y en su nueva versión la magia nunca ha funcionado. ¿Necesitamos preocuparnos de las propias posturas filosóficas de Crowley antes de que podamos concluir que su literatura es realmente fantasía? De hecho, es una situación más complicada que esa; brevemente, los personajes están medio conscientes de que son los personajes de un relato, y el texto mismo deviene en consciente de su naturaleza como texto. Ya sea que esto lo haga más o menos fantástico es un punto interesante, si bien no es de lo que quiero hablar aquí.

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  ¡Qué hermoso es el amanecer de un nuevo día, de un nuevo año… en el crepúsculo de la vida en el futuro lejano! Celebramos en este presente la mágica agonía de la luz sobre el lecho de nuestro amado continente: Zothique The Last Continent. Celebramos con los logros en la realidad de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser durante el pasado año, 2011, los esplendores de la fantasía oscura imaginada por nuestro patriarca, Clark Ashton Smith, en ese lejano futuro. Cada uno de los miembros de este Templo Virtual, así como cada uno de los afortunados Hermanos Fanáticos cuya fantástica fatalidad los ha hecho abrevar en el oasis de brebajes mágicos a mitad de un infinito espectral… Celebramos los pálidos rayos que en este presente nos envía una aurora muerta hace tiempo en ese lejano futuro.

  El 2011 —nuestro segundo año desafiando la ilusión de la luz y toda la realidad ordinaria que ilumina— fue un año que, entre otras cosas, nos enseñó el valor de una perseverancia obstinada, de la voluntad de poder, la dedicación, el amor, el fanatismo, la veneración y el desprecio necesario por las voces antagónicas a la hora de sostener un proyecto como el de una publicación regular, en este caso una revista virtual, como lo es nuestro Blogzine. Las caídas y los heroicos ascensos de los sepulcros que el día a día abrió a nuestros pies en forma de obstáculos de todo tipo fueron, en el peor de los casos, divertidas excursiones a nuestros infiernos interiores; de los cuales emergimos más fortalecidos y decididos a trazar con nuestra devoción el sendero que nos lleve hasta el mismo final imaginado por Klarkash-Ton; y esto junto con las diferentes expresiones de la creatividad imaginativa a las cuales les hemos hecho un voto de fidelidad: un voto que se extiende hacia el pasado y se inclina ante los maestros que nos precedieron en esta procelosa parcela de la creatividad; se alza orgulloso en este presente en el cual lo hemos jurado; y se lanza hacia el futuro con la seguridad de hacerlo hacia sus propios dominios. De manera que, pese a dos o tres tropezones y decepciones, por lo demás necesarios… nuestro Darwinismo Espiritual y nuestro principio de la Ley del Pensamiento Más Fuerte… continúan su marcha para morir junto a los habitantes de Zothique en ese lejano futuro.

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