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He aquí que continuamos hibernando en el sepulcro medieval de Averoigne, cavado en el tiempo fantasma de la imaginación de Klarkash-Ton. A punto de ver nuestros sueños devorados por los seis gusanos carroñeros, encarnados en las historias restantes. Así que dejemos el insecto que alguna vez encarnó nuestra alma, ser aplastado por el pie putrefacto de un gigante resurrecto.
Publicada por primera vez en Weird Tales, en junio 1933.
Esta novela corta está entre los trabajos más largos que Smith haya publicado alguna vez, sobrepasando las 14, 000 palabras, y en la que el autor cinceló una obra épica de la fantasía oscura. Las escalofriantes atmósferas de la nigromancia, los horrores emanados del sepulcro, y una extensa devastación física desfilan a lo largo de ella. Pero su horror no se deja regir por las leyes del horror, en vez de eso el final le otorga la personalidad de una verdadera aventura de fantasía heroica, muy cercana al concepto de «Espada y Brujería» en el sentido moderno. Si el héroe Gaspard du Nord, hubiese empuñado una espada en algún punto, la historia hubiese calificado automáticamente dentro del genero popularizado por Robert E. Howard. No obstante, Smith plantó sin quererlo una semilla extraña, que por no haber sido alimentada con los nutrientes de otras mentes creativas no se desarrolló. Pues la solución del conflicto no se resuelve con un guerrero cortándole la cabeza a un hechicero, sino que la magia negra se enfrenta a la magia negra, declarando de esta manera que las artes oscuras están más allá del impulso decidido de un montón de músculos. La mezcla de magia negra con aventura heroica hacen de esta historia una de las obras maestra de su prosa, y la joya en la corona del ciclo de Averoigne.
Es el año de nuestro señor 1281, fecha nefasta en la que el nigromante Nathaire huye de Vyones y pone en marcha una espectral venganza desde las ruinas del castillo de Ylourgne antes de morir; pues él se encuentra a las puertas del reino que tanto evocó. Gaspard du Nord, antiguo discípulo de Nathaire se entera tras una incursión en las siniestras ruinas, que su antiguo maestro, ha estado convocando desde sus sepulcros los cadáveres frescos de todo Averoigne. El propósito: utilizarlos como materia prima en la construcción de un cadáver gigante de cien pies de altura, dentro del cual transferirá su espíritu, y así poner en marcha gracias al combustible demoniaco de su energía espiritual, este coloso sobre toda la provincia. Depende de Gaspard detenerlo. Pues sólo con las artes oscuras que aprendió puede detenerse la amenaza, ya que la iglesia es impotente una vez que el desastre sobreviene sobre la región, incluyendo sobre su monasterios. La escena final, con Gaspard parado en lo alto de la catedral de Vyones, sosteniendo un bolso de polvo mágico y en espera del Coloso —que luego de aplastar los alrededores se dirige en pos de la sede católica—, constituye un póster genial de oscuridad medieval, elevada a alturas apoteósicas por la presencia misma de la catedral, la oscura voluntad de poder que en sí misma simboliza, el Coloso ante ella y el Héroe sobre ella. Y para hacer aún más heroica las artes oscuras que al final salvan la ciudad, Gaspard al escalar hasta el techo de la catedral se coloca delante de una gárgola de cabeza de pantera semejante (sino la misma) a la construida con inspiración infernal por Blaise Reynard, 143 años antes.
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