TETRAMENTIS / Masturbando la Sombra de un Oscuro Recuerdo – Por Morgan Vicconius Zariah

Otra vez me encuentro aquí, en esta fría noche. Donde la soledad se extiende como una gélida tumba en la inmensidad del musgoso gris oscuro del paisaje. Flota en la penumbra de la plateada luz creciente mi alma, y antiguos recuerdos orgiásticos de bacanales de licántropos. Segregan libidinosos olores los íncubos y súcubos, esperando los fríos dedos de esta apasionada alma mía   ¡Oh espíritu mío! Arde en nuestro pecho una emoción espectral en estas horas milenarias; cuando Saturno abre las puertas del fauno, y el lenguaje de Nuit es leído por nuestros labios. ¡Qué placer más grande  nos ha sido concedido!

En el aquelarre, danzan eufóricas, jóvenes brujas sobre las fantasmales luces de los fuegos fatuos; donde frías salamandras moran resguardando el secreto del fuego robado de algún edén prometido. Una alegría se sigue hinchando en mi pecho cuando voy llegando al centro del paisaje, guiado por el caballo de mi alma infantil. Sigue oscureciendo el gris y todos los recuerdos se hacen más vívidos, cuando al fin llega la sombra para ser masturbada por mis ávidos dedos. ¡Oh espíritu mío! No temas su grandeza, más bien regocíjate en su clímax y esperemos beber sus orgasmos dulces, portadores de misterios talismánicos.

¡Qué fetichistas son nuestros rituales alma mía!  ¡Ya viene el primer orgasmo! Y la emoción que había en mi pecho brota como una negra flor, en ésta, mi oscura primavera. ¡Oh Hécate!  ¿Qué ser en estas regiones ha saboreado el agua de tus manantiales? Esos sexuales fluidos que has derramado en mí, expandiendo mi alma hasta los límites de todos los cielos. ¡Oh Hécate! ¿Qué ser ha masturbado tu recuerdo en la penumbra de sus noches? Mi alma ha sido favorecida por los sortilegios de una diosa

Mi pálido rostro astral se humedece los labios y las mejillas, con los acuáticos arcanos de los orgasmos. Alegre en mí soledad que se expande como una fría tumba, para crear este paisaje gris, donde las ánimas de los muertos se unen, para en una sola forma, una sola sombra, ensamblarse a este sagrado coito.

Las brujas ambientan con sus cantos, y en sus pócimas la belladona extasía a la sombra del recuerdo para un clímax esotérico. Aúllan los secretos desde el vientre de Hécate y cuando acerco mi boca a su manantial profundo, un estrepitoso caudal me envuelve en sus aguas de libido; ahogándome y creando la sensación de haber nacido de nuevo, como en un amor edípico, ¡madre y amante!  ¡Cuántas revelaciones me han sido dadas en este lugar misterioso!  Sólo la santidad de mis manos puede tocar tu sexo, como un mago que prepara un ritual para extasiar por siempre tú delicado Ser en mis más lúgubres sueños.

Cuando el acto acaba, vuelvo a sepultar el recuerdo en una vieja tumba sin epitafio, donde los fuegos fatuos merodean por encima de sus íntimas pestilencias, sellando con el alba el recuerdo donde sólo el alma mía lo encuentre. Después, una por una de las imágenes se desvanecen como cansadas estrellas, heridas por las luces del amanecer. Los fuegos fantasmales se ocultan en su hechicera invisibilidad, y el sombrío paisaje regresa a mi interior, a su lapida original, donde estas visiones esperan ser desenterradas alguna noche de creciente luna, para masturbar el recuerdo de una diosa sepultada.

Fin


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