TETRAMENTIS / El Reloj de Arena – Morgan Vicconius Zariah

El reloj de arena

     Cuando cae el sol, se levanta pardo el manto celeste sobre la cabeza azul de la esfera. Se divisan luces eternas a nuestra humanidad y fuegos que hace milenios se extinguieron, siguen parpadeando valientes  entre la inmensidad eterna de Nuit. Allí donde están los majestuosos senos de una madre inmaterial, inmensa y profunda, llegan en estas horas misteriosas, el rumor antiguo de un profeta de las tierras lejanas, donde la arena cuenta historias inmemoriales. De sus labios sacros se escapan canciones y poemas ensalzando a Nuit, deidad oscura, con ese velo que nadie ha llegado a descorrer enteramente. ¡Entre el rocío de un oasis perenne se esconde el secreto de tus labios jugosos! Los signos sólo al profeta han sido dados; el culto verdadero con el cual se canta a su piel.  Por encima de nuestras cabezas se esparcen un mar de infinitos entrelazados, por la técnica de un artesano cósmico, que une los abismos en espirales galácticas y en fuegos parpadeantes nacidos de negros vacíos. Todo en su todo resuena una nota, creando una armonía que equilibra las esferas y los vacíos, sea de polvo o de gas de luz y calor. Pero entre las arenas va el profeta devoto de eternidades  y no sucumbe ante la soledad, y en éxtasis queriendo llegar sin miedo hasta el vasto océano de estrellas, sumido en su trance, le pregunta al vasto cielo, al alma y cuerpo de Nuit: ¿Acaso la belleza de tu infinito y las innumerables estrellas también se sumergen en el sueño de la muerte?

¡Envidio las luces que cuelgan en tu negrura! Éstas si han vivido siglos; conocen ya la historia verdadera del mundo y del principio del cosmos, y no desfallecen hasta que el hombre y el mundo se extingan. ¿Quién las dotó de larga vida? ¿Acaso se burlan de nuestra efímera razón y nuestras pasajeras luces? …

Una mística voz de viento y arena que se arremolinaba en el rostro del profeta, rompió el frío silencio de Nuit; sus labios se empaparon de brisa y rocío; sus ojos parecían brillar en cada estrella y una voz intuitiva habló en el trance misterioso del profeta. Parecía decir: Cada todo, es un todo, un grano de arena, un cosmos; cada uno va uniendo al otro hasta formar el desierto: tan grandiosa y duradera es su vida como cualquier astro que enciende en los ejes de los cielos una cadena de luz. Cada galaxia lleva dentro los mismos latidos que un insecto, una piedra tras otra va creando la pirámide, y la muerte alcanza tanto a la luz como a la carne, para hacer nacer nuevas formas en la danza sagrada que nunca acaba. Los intervalos existen en el reloj de arena, después de un descanso vuelve la actividad. La serpiente del tiempo siempre se muerde la cola. Después de la mitad de eternidad que dura el día, toda forma y todo espíritu, toda idea, cada concepto y la sabiduría descansan en mí: en la mitad de eternidad de mi noche. En mis dulces senos duermen todos los dioses, esperando el día para gestar formas y esferas y para hacer girar sistemas; como niños que se divierten girando en carruseles, amigos son de la actividad. El secreto es más sencillo que esto y más profundo que el océano, cada gota de agua hace saber de mí; pero me oculta en la complejidad de la sencillez…

La brisa y la voz parecían cesar, y el profeta adormecido se quedo sobre la arena. Sonriendo, empapado en sus lágrimas y rocío, como quien se llora y se canta ya poseedor eterno de una visión. El alba lo descubrió durmiendo sobre un reloj de arena inmenso que le había regalado la noche.

Fin.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s