ALTERECOS 4.D / Zothique: La Visión de un Mágico Final – Quinta Parte: El Último Viaje. Tercera Etapa –

Clark Ashton Smith

Aquel que haya amado las salvajes muchachas de Zothique no volverá a buscar un amor más tierno, ni distinguirá el beso de una amante del beso de un vampiro; el espíritu escarlata de Lilith se levanta para él, amoroso y maligno, de la última necrópolis del tiempo.

Fragmento del poema de Zothique

De el Castillo Oscuro y Otros Poemas, 1951.

Pero que fragmento más hermoso. En verdad, ¿Quién será aquel cuya alma esté tan debilitada por la luz que osaría amar una muchacha ordinaria, después de  haberse entregado a los infernales cuidados de los brazos de una lamia? ¡Ah Ilalotha!, muchos de los miembros de la Hermandad Fanática «Los Espectros del Ciclo de Zothique», se rehúsan a abandonar los limites dimensionales que la imaginación del divino Klarkash-Ton, en acuerdo con el edicto infernal promulgado por Thasaidon, que le otorgó a la historia que acabamos de vivir «La Muerte de Ilalotha». El poder de su lúgubre belleza nos tiene atados a esta región de Zothique sobre la que se extienden las condenadas tierras del reino de Tasuun. Pero Thasaidon siempre sabe disimularle el abismo a los suyos, para que así la caída a través de él nos guarde una sorpresa más profunda y conmovedora que el abrazo de una madre justo antes de morir…digamos de repente.

Es así que nuestra novena parada en este último viaje a través del último continente se encuentra justo en el reino de Tasuun y en esta misma ciudad de Miraab, ostentando el encantador nombre de «El Tejedor de la Tumba». Estamos obviamente en otra época dentro de la eterna oscuridad que se esparce sobre la historia de este reino. Ya no es la reina Xantlicha la que teje la tela de araña de unos asuntos de estados cubiertos por un pegamento ácido, sobre el que quedan atrapados los destinos tanto de los vivos como de los muertos. Es el rey Famorgh, cincuenta y nueve soberano de Tasuun, cuyos oídos han servido como portar dimensional a través del cual se deslizaron las palabras de perdición de su nueva reina Lunalia, que lo ha estimulado ha profanar la antigua sede del reino, Chaon Gacca. Esta mujer ejemplar —desde el punto de vista del canon infernal de Zothique—, ha convencido al rey Famorgh de Profanar las catacumbas milenarias de la antigua capital en busca de cualquier cosa que quedase de la momia del rey Tnepreez, fundador de la dinastía a la que pertenece  Famorgh. Esta mujer repito —que por cierto es oriunda de Xilac—, fue doblemente bendita por Thasaidon, portando en un solo cuerpo la demoniacas virtudes de la prostitución y la hechicería. Lo cierto es que justo a las afueras de Miraab nos encontramos; enlazados por un círculo espectral y en espera de que nuestros héroes abandonen la ciudad en pos de la misión que se les ha impuesto. ¿Quiénes son ellos?: Yanur, Grotara y Thirlain Ludoch, tres de los más valientes servidores del rey, que muy temprano empiezan a maldecir su destino de tener que profanar el silencio ya podrido también que se descompone ad infinitum sobre las ruinas de Chaon Gacca. Saben muy bien que esos despojos reales le serán muy útiles a Lunalia en sus oscuras artes. Por esa razón juran hasta por Yululún, el guardián de las tumbas, en búsqueda de cualquier expiación posible, que puedan necesitar en lo futuro por la blasfemia de interrumpir luego de siglos, la mortal tranquilidad de Chaon Gacca. Pero ¡ay!…. aquello que los aguarda en las antiguas cámaras sepulcrales es algo hermosamente brillante, aunque muy hambriento.

Y aquí van ellos, ¿osamos seguirlos?, ¿por qué no? Somos espectros y aún invocando con el poder de nuestro fanatismo la intensidad de un escalofrió para afectarlos, ellos no notarán nuestra presencia, pues tienen cosas más infernales sobre las que preocuparse. Así que no hay temor de que nos descubran. Sus conversaciones son entretenidas pero cada vez más espantosas. Desde la crónica de dos siglos atrás, cuando el rey Mandis envió una misión parecida. Aquella vez el objeto era el espejo de oro de la reina Avaina, obviamente sin éxito ya que los miembros de la misión no regresaron; hasta las especulaciones de lo que exactamente provoco el abandono de Chaon Gacca como sede del reino. Causa que generalmente se atribuye a unos demonios que, llegando del desierto de Dloth ubicado al norte de Chaon Gacca, tomaron en formas de sombras posesión del palacio real… aquél que las tocaba o pisaba, se podría en instantes. Una de ellas se sintió cansada y se sentó en el trono del rey, ¿y qué creen que hizo el rey? Pues abandonó el reino… ¡Escalofriante! Pero esa es la belleza de Zothique.

Con toda esta información ya la mayoría de los espectros se debaten entre el temor de unas sombras tales y la fascinación que como fanáticos del ciclo de Zothique sentimos por la experiencia de la historia. Obviamente conocemos su desenlace, pero ya saben, una cosa es leer la historia y otra vivirla. Así que, que este segundo atardecer del viaje, cuyo declive se une a la vista de las desmoronadas murallas de Chaon Gacca, sea la despedida de nuestros tres héroes. No los volveremos a ver, excepto en la memoria de nuestra imaginación. Bueno, que pasen su último momento en el altar del dios Yuckla, pequeño y grotesco dios de la risa… si bien al final, será algo horrendo lo que reirá.

Por nuestra parte no iremos muy lejos en el espacio pero si un poquito en el tiempo. Saltaremos unos años adelante para ubicarnos en la misma corte del rey Famorgh —ya hecho trizas por la vejez—, donde se ubica la décima parada de nuestro viaje-condena. Ahora ya no es la reina Lunalia la que condimenta el caldero de la magia negra con las especias de sus oscuros deseos, sino su hija cuyo nombre destella lúgubre en el título de la historia: «La Magia de Ulua». Esta pequeña diosa de la maldad y la lujuria es la energía dominante en toda la corte de su padre Famorgh, heredando tanto de éste como de su madre Lunalia las nobles virtudes que Thasaidon les concede a sus elegidos, entre ellas las artes oscuras de la seducción y la hechicería. Famorgh está viejo y agotado por décadas de placeres y malos consejos. No le niega nada a Ulua, de la misma manera que antes no lo hacia con la hechicera madre Lunalia. Así, Ulua toma y deja del reino de su padre lo que a su malvada mente le venga en gana, incluyendo obviamente los hombre que quiere por amantes. De éstos, muy pocos se atreven a negarse, ya que la opción es sencilla: ¡fornica… o mueres!

Esto es algo que sabe muy bien Sabmón, el anacoreta, archireconocido en gran parte de Zothique tanto por su piedad; su don de la profecía; y también, era de esperarse…, por el manejo del oscuro arte de la magia. Este personaje fascinante ha vivido solo por dos generaciones en el retiro de su casa al borde del desierto septentrional de Tasuun. Su casa es el epítome de un retiro veraniego para todo aquel que se atreva a llamarse a sí mismo un habitante de Zothique. Está hecha de grandes huesos de hienas, perros salvajes y humanos. Cada día Sabmón deja la superficie de su monumento óseo hermosamente lustrada por la meticulosa limpieza que le hace con una escoba de cabellos de momia. Nosotros, losEspectros del Ciclo de Zothique lo observamos fascinados ya que todos estamos de acuerdo de que la casa del anacoreta es uno de los puntos que toco más nuestra oscura sensibilidad, cuando leímos la historia en el plano físico. Posiblemente fue muy intensa la atención prestada a los quehaceres higiénicos de Sabmón, eso así, porque no nos dimos cuenta de la llegada de su sobrino nieto Amalzaín. Éste, luego de veintiún años en el hogar de sus padres, se sintió un poco aburrido, así que decidió ir a ejercer el empleo de copero de Famorgh en Miraab,  posición por lo demás influyente y bastante cómoda… le dejaría mucho tiempo libre para dedicarse a sus estudios del álgebra y la lectura de viejos poemas y romances, que eran su verdadera pasión. Algo lógico para una persona de naturaleza inclinada a la castidad… este fue su cálculo, pero Sabmón le dijo, no tan rápido… ya que…

Allá, en la corte de Miraab, te encontrarás con las costumbres propias de aquellos que hacen del vicio y la hechicería su senda hacia la divinidad. Así que cuídate, hijo mío. También agregó… he aquí este amuleto de plata, el cual debes llevar siempre contigo; tiene grabado del esqueleto de una muchacha y contiene una pizca de las cenizas de la pira de Yos Ebni: sabio y archimago que en la antigüedad conquistó la supremacía sobre hombres y demonios desafiando toda tentación mortal. Esto último obviamente fue pensando en Ulua, que tal como Sabmón lo profetizó en su fuero interno, muy pronto intentará alimentar la energía de su súcubo interior con la inmaculada y bien conservada energía sexual de Almazaín. Pero bueno, será una aventura interesante pero no intentaremos seguir a Almazaín hasta la corte de Famorgh y experimentar con él la mascarada de demonios con la cual Ulua intentará cazarlo. Y otra cosa, no queremos estar allá en el momento en que se cumpla aquello que está escrito en las estrellas, y que el viejo anacoreta supo leer muy bien. Eso quiere decir que nos prestaremos a abandonar esta parada de nuestro viaje… ya que la maldición debe continuar.

Pero, ¿por qué el cuidado?… es evidente que no es a causa de una posible salvación de nuestras almas. En un continente como Zothique las estaciones del viaje-condena a través de su superficie imaginaria son expresiones maravillosas de la madre oscuridad. Así que, no hay de qué preocuparse por lo que dejamos atrás ni de lo que hallaremos más adelante… siempre es como estar acunado en una garra demoniaca. Y hablando de garras, la historia de nuestra onceava parada tiene como protagonista a un personaje que las posee muy largas, si no lo creen, ardan sobre nuestras huellas hasta el retiro demoniaco de: «El Abad Negro de Puthuum».

Hemos descendido en picada con dirección al sur del continente. Dejando atrás el reino de Tasuun, escenario de varias de las historias que experimentamos, hemos arribado a los dominios del reino de Yoros, que se extiende hasta el sur del continente, mordiendo con avidez vampiresca las costas del mar Indaskiano. No pasa mucho tiempo para que nos encontremos con nuestros héroes cuyos nombres responden a : Zobal, el arquero, Cushara, el lancero, y, ¿por qué no?… Simbam: eunuco y principal proveedor del harén del Rey Hoaraph. Éste, desde su palacio de Faraad, la capital de Yoros, había mandado a llamar a los guerreros estimulado por el historial de sus hazañas. Los quería cerca de él para que sirvieran como lanceros de su palacio real. Muy pronto encontró una encomienda más en armonía con la naturaleza de estos dos amigos del combate; una que combinaba muy bien con todos sus gustos, incluyendo la aventura de un viaje impulsado por el ardiente combustible de los sanguíneos licores de Yoros. Según algunos cuentos de viajeros, entre los pueblos de pastores que se esparcían en la franja occidental de Izdrel —desierta desolación amarillenta al oeste de Yoros—, se encontraba una joven de belleza celestial. Así, que sin más preámbulos Hoaraph envió a los que él consideró los más aptos para ejecutar la misión de hallar esa doncella, es decir: Zobal y Cushara. Como extraño apéndice incluyó a Simbam, quien iba a ser el encargado de ejecutar la compra de la joven.

Y aquí van ellos —y nosotros los espectros también—, en pos de esa maravilla para los sentidos, cuya ilusión coloca un esmalte de ternura sobre la imaginación de los viajeros, que provoca que la desolación del desierto de Izdrel se sonroje con los impulsos del amor adolescente. Bajo este benévolo hechizo, los tres viajeros atraviesan el desierto sin molestarse siquiera en pensar en los demonios y lamias que las leyendas establecen como los únicos habitantes del Izdrel; por eso el temor de nuestros héroes no era de naturaleza humana sino de una infernal sobrenaturalidad. Por esa razón, Amdok, el hechicero de la corte había preparado a golpes de conjuros y baños de extraños fluidos tanto las flechas de Zobal como la lanza de Cushara. Pero el poder de la belleza por un lado y la temeridad del espíritu guerrero por el otro, hicieron inútiles estos preparativos, pues nuestros héroes llegaron si ningún inconveniente a los verdes pastos que se extienden al otro lado del funesto desierto. Pronto encontraron a la muchacha, que vivía con su abuela en un pueblo al lado del rio Vos. Su nombre era Rubalsa. Su presencia cautivó al instante a Zobal y Cushara, y si el apuro del eunuco Simbam por regresar a Faraad no hubiera roto el encanto, ellos habrían regresado a un estado pétreo gracias al letargo de su contemplación; y nosotros, los Espectros del Ciclo de Zothique, hubiéramos — gracias al mismo hechizo—, regresado a la condición física. En verdad nuestra imaginación tridimensional no fue suficientemente soñadora para darnos una idea aproximada de la real belleza de Rubalsa, tal como ahora la vemos en la imaginación del divino Klarkash-Ton. Ahora bien, el viaje de regreso es otra cosa, Y, ¡la verdad sea dicha! Es uno en el cual… no queremos participar.

Sí, porque ya estaba bueno de tantas ensoñaciones color de rosas. Para nosotros los espectros el viaje de regreso acabará con el absurdo que representa una visión pastoril e idílica aquí, por favor… ¡En Zothique! Es poco menos que una blasfemia a Thasaidon, esas ensoñaciones del amor a primera vista. Pero no se preocupen, ya que pronto hará su entrada el abad del monasterio de Puthuum:  Ujuk. Hijo de un demonio hembra y de Uldor, un miembro de un antiguo clan monástico perteneciente a los negros del reino del norte, Ilcar. Éstos, fueron expulsado de allí por su adoración de la diosa virgen, Ojhal, que iba de la mano con un estricto celibato. Pero las tretas del demonio no toman en cuenta la voluntad de pureza de los seres de la luz. Y esto lo comprendió Uldor hace más de mil años, y lo comprenderán nuestros héroes muy pronto, cuando en el viaje de regreso, el desierto de Izdrel, le muestre su verdadera cara. Buen viaje, en cuanto a nosotros nos trasladaremos hacia la doceava y última parada de esta tercera etapa de nuestro viaje-condena, a través del último continente… una que en verdad será una especie de oasis por su naturaleza poética, hablamos de: «Morthylla».

Morthylla - Edicion Francesa NEO.

Morthylla - J.K. POTTER

Seguimos en la jurisdicción del reino de Yoros, pero en una zona más templada por los vientos del mar. Es la ciudad de Umbri, hermana gemela de la ciudad de Psiom, ambas ubicada en el saliente costero más extremo del reino de Yoros. Otra fiesta, otra bacanal y otros excesos. Esta vez en la casa del famoso poeta Anacreóntico Famurza, anfitrión rico, gracias a los versos que cantaban al placer de los sentidos y a todo lo que pueda experimentar el cuerpo sin ningún interés por las bondades del más allá. Paseándonos entre las expresiones del placer y las alabanzas al reino del plano físico, nosotros los espectros, nos sentimos exiliados, ya que ni un solo de estos comensales tiene sensibilidad para las manifestaciones incorpóreas. Sólo hay una excepción… Valzaín, discípulo de Famurza y reconocido como un grande entre los voluptuosos… si bien últimamente sus lúgubres versos sugieren que su alma está más para la atmósfera una necrópolis, que para los salones donde reinan las fiestas y los amores extremadamente carnales.

Esto lo nota Famurza que después de un vano intento por hacerlo sentar en el trono desde donde gobierna la soberanía de los sentidos, le aconseja visitar un lugar que estará más de acuerdo a su humor bilioso y melancólico. El lugar es la antigua necrópolis ubicada a medio camino entre Umbri y Psiom. Allí, le dice, todas las noches se posa sobre su tumba la lamia, Morthylla, antigua princesa perteneciente a una familia que gobernó en Umbri hace siglos. La melancolía de Valzaín nos magnetiza como un imán al emprender su viaje. Su búsqueda de aquello que está más allá de los efímeros besos de los labios físicos, lo conducirá a una experiencia que se extiende desde la amargura física hasta el triunfo surreal de su voluntad por el más allá. Pero, ¿lo soñó desde la muerte?… ¿o simplemente el sueño de su vida lo hizo realidad en la muerte?… bueno, ya sabemos como terminará todo en esta lúgubremente hermosa historia, que representa la última parada de esta tercera etapa de nuestro último viaje a través del último continente. Hasta la próxima entrega, Hermandad de Fanáticos.

Odilius Vlak.

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