ALTERECOS 4.D / Big Bang Magick

Helix Spitzer

Nebula

M1- the crab nebula

El universo es la crónica de una batalla entre magos. Genios de toda índole rebosan la eternidad con fabulosas visiones, estrepitosos conjuros siderales y terribles hechizos que devienen en una fábula, que es narrada por los poetas del abismo a través de símbolos que encarnan todo lo que puede ser concebido por la imaginación; la cual a su vez es el símbolo de una energía que al pasar deja como rastro una nueva dimensión.

Allá lejos, el pequeño punto que parasitaba el átomo no fue más que la chispa que iluminó el futuro universo por nacer, oculto en el lado oscuro del alma del mago. Luego sólo un interminable acto de presencia de las fuerzas que él invocaba más allá del círculo mágico asentado sobre el pentáculo de la gravedad, el espacio, el tiempo, la materia y la antimateria. Pero en el oscuro vacío otra voluntad pugnaba por imponerse sosteniendo en alto el báculo mágico de nebulosas que derramaban sangre gaseosa sobre el altar de los futuros compuestos químicos. El misterio observa, registrando el combate mortal de destrucción y creación.

Así, el nacimiento del cosmos, de cada universo paralelo, el impresionante desahogo de las supernovas, la fusión de galaxias, soles,  estrellas y mundos, el hoyo negro que bosteza en el centro de esa esfera cuya circunferencia está en todas partes y, al fondo del cual un nigromante entona cánticos de una fuerza de gravedad tan poderosa que hipnotizan incluso a la luz; los dioses, ángeles y demonios; el vacío, la plenitud, la nada y el absoluto; la vida, la muerte; las civilizaciones sobre millones de mundos; las historias planetarias, con el esplendor y decadencia de todas sus creaciones marchitas y aquellas que germinan en potencia… Sí, todo se desgarra de la eterna confrontación de los poderes mágicos de esos genios.

Hubble Eagle Nebula

Bug Nebula

Como símbolos elementales que somos, debemos despertarnos y concentrar todo lo que simbolizamos como seres en un símbolo arquetípico, poderoso e inmutable. Luego tenemos que proyectar ese arquetipo simbólico de nuestra energía espiritual hacia las esferas trascendentes, escenarios  de las batallas sin principio ni fin de los poderes mágicos que mantienen al universo expansionándose hacia sí mismo. Así, aferrado al símbolo que como símbolo somos consciente de ser, lo magnetizamos con  toda la energía de la imaginación, en una concentración continuada, que sólo sea interrumpida cuando el símbolo llamado muerte absorba al símbolo llamado vida. El símbolo de la muerte devorará al símbolo de nuestra vida, pero no al símbolo que decidimos ser más allá del símbolo que somos como seres que simbolizamos la vida.

El símbolo que imaginamos ser es la cuarta dimensión del símbolo que es nuestro Ser; pero ese símbolo imaginario que es una emanación simbólica de nuestro Ser, debe ser un símbolo más evolucionado y complejo adaptado a la geometría no-Euclidiana de una imaginación hiperdimensional. Una vez alcanzado este nivel superior, el símbolo que imaginamos ser estará capacitado para jugar un papel más protagónico dentro del símbolo que es el universo, que en sí mismo, no es más que la crónica de la eterna pugna de los poderes mágicos relatada por Los Poetas del Abismo. Como símbolos humanos que somos debemos proyectarnos en un símbolo superior, es decir: un Demonio, un Ángel, un Dios arquetípico, un Planeta, una Estrella, una Galaxia… un Universo. Una interminable ascensión escalonada hasta el universo arquetípico, que es el símbolo de nuestro Ser. Este universo se extiende paralelo al universo simbólico del cual también hemos sido un símbolo: El universo registrado en la crónica de los poetas del abismo, fruto de los terribles y poderosos conjuros de los magos en su eterna batalla.

De esta manera el símbolo de nuestro universo arquetípico será la crónica de nuestro periplo desde un inconsciente dormido, símbolo que encarnaba el nivel humano, pasando por el símbolo que proyectamos ser como emanación de nuestro despertar como símbolo humano estéril y sujeto a las leyes pesadas que trazan la línea, extienden la superficie y proyectan la profundidad de nuestro símbolo tridimensional, a la conquista de un símbolo destino personal y auténtico, hasta los sucesivos estadios simbólicos en otros símbolos del universo.

Sólo cuando simbolicemos un universo podremos emanciparnos de nuestra condición de símbolo autómata que forma parte de la crónica simbólica que narra una eterna batalla de magos siderales, y así, seremos dignos de encarnar en la primera entidad consciente que sólo se simboliza a sí mismo: uno de los poetas del abismo; que canta en símbolos las batallas. Aquél que escale hasta esa cumbre cósmica, ya seas tú o yo, lo sustituirá en las entonaciones de las metáforas que estremecen de emoción a billones de años luz. Pero él —el poeta— se elevará en su estatus simbólico para ser coronado con el símbolo de mago, y de esa manera iniciar su propio Big Bang Magick, desatando sus poderes mágicos en una nueva batalla que le dará inicio a otro universo. Pues otros han llegado a encarnar el símbolo de los otros poetas, que a su vez se alzarán en pie de guerra con aquél que se eleve junto a él en esa ascensión sagrada. Y todo esto, desde un conjuro tan diminuto que podría se la bacteria de un átomo.

FIN

Odilius Vlak.

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