TETRAMENTIS / La Orilla Dionisiaca

Morgan Vicconius Zariah


Hoy se tocarán los tambores hasta que sangren nuestras manos.

 

Cortaremos las venas del abismo para tragar de sus fluidos dionisiacos.

 

¡Entonaremos el réquiem de los caídos!

 

Una vez engañé a la luna con una moneda mentirosa, portadora de un escudo de ficción.

Y hoy me mira con unos irónicos ojos y furia.

 

Olvidé una vez el nombre del honor haciéndome lacayo de la mentira. Vi los ojos de Dios y oculté la vergüenza entre mis piernas para abandonarme a un rayo de muerte… víctima de mi osadía.

 

¿Quién abrirá la puerta al traidor? ¡La puerta de marfil que delata con su rechinar la llegada del embustero!

 

Cien veces hemos mentidos de que somos felices y de nada nos vale.

Cien veces afirmaré que la tristeza me apuñaló el espíritu, para experimentar así el goce de los lamentos.

 

Hoy cruzaremos el río de los cadáveres, entre huesos y cenizas en la barca de Caronte.

 

Llegaremos así a la orilla, a la orilla de la locura. Que nos traiciona en sus mantos sombríos. Entre los espinosos caminos el peregrino se pierde. Comen los hambrientos sus venenosos frutos; y al fin, todos terminan en sus redes, en aquellas redes que como brazos amorosos nos acarician para hacernos acampar en sus fauces devoradoras

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