TETRAMENTIS / Vomitando un Onírico Universo

Morgan Vicconius Zariah

Otra náusea espiritual recorre las entrañas de mi cuerpo físico. En una profunda ensoñación empiezo a sentir el vértigo de un recuerdo velado por unos empañados círculos de misterio, que daban vueltas en los laberintos de mi inconsciente. Entre éste sueño y la vigilia que me eleva en unos portales de vapor, los sueños empiezan a escapar por mi boca, mientras el  humo los eleva a una sutil materialización.

 

El estómago ya no aguanta el sortilegio que lo debilita, y pronto, un gástrico recorrido comienza a hacer erupción. Burbujas de fuego y sangre brotan de mi tormentosa garganta. Ya el manantial de fuego no se hace esperar, dándole vida a toda una gama de formas soñadas. Con desenfreno y sin poder contener las formas, sigo vomitando sueños que nacen de un mundo interior, donde habita este universo. Unos planetas luminosos son escupidos de las entrañas, y una playa espiritual es extendida mucho más allá de los límites de esta pequeña habitación; donde ya no existe forma física alguna y lo único cierto son los sueños que se expanden con el humo que inhala mi boca. Empiezan a crearse cielos e infiernos nuevos, que obedecen a mis solos deseos. Unos acantilados se izan sobre unas extrañas y purpúreas olas, que chocan con estas fantasmales rocas; donde con mi astral mirada veo las gotas chispeantes volverse oscuras nebulosas de las cuales llueven futuras profecías.

 

El océano que observo sobre el acantilado, es mi propio abismo que ahora me invita  a saltar para tragarme, después de haberle vomitado desde mi interior. Me promete visiones nuevas. Aquella tormenta relampagueante que bordea este océano con sus tronadas terribles; me hace saber de una fuerza desconocida, guardada en antiguos archivos que mis encarnaciones habían escondido en esta abismal morada. Ahora, tiemblan los Dioses ante mis sueños; ¡envidian mi opiácea creación!: ésta playa, bajo este acantilado, y este cielo sin fin que ahora habita al alcance de mis manos.

Pájaros hechos de incandescente polvo de estrellas, circundan todo mi cuerpo, dejando en  mí, luminosas estelas de llameante prisma. Se hacen parte de mi cuerpo y me elevan  por encima de la plateada luna que ilumina con sus hechiceros rayos, la profunda estadía de mi alma. Ahora remonto el vuelo, para recorrer mi fantasmagórico universo en busca de cada uno de los sellos impresos en cada vida. Para buscar caricias que tuve con mi interior en uno y otro despertar. ¡Pero hay también visiones que me aterran! Son fantasmas que crujen con dolor, creados por el temor que producía el miedo a morir en cada existencia. Aún persiguen mis memorias estas sombras, y me hacen revivir conjuntamente todas las agonías que esperan por otra física envoltura.

 

Pero, ignorando estas efigies de los panteones del recuerdo, seguí volando por encima de los mares de mi abismo, allí, donde un extraño remolino hacía aparición atrayéndome hacia él. Entrando, queriendo conocer cada densidad de este Ser que en sí solo es una entidad de donde yo mismo he emanado, para aprender de memoria cada pensamiento que en él ha quedado absorbido. Incluso toda maquinación de otros seres hacia mí, aquí había llegado. Todo abismo personal se conecta con el otro. Pues nuestro abismo es el de todos, donde habitan los sueños. Si alguien nos ha mirado de alguna ventana sin percatarnos, ya nuestro pozo interior lo tendrá registrado.

 

Cuando me iba acercando aquel torbellino de aguas púrpuras, fui engullido por estos torrentes donde también aquel paisaje era llevado. De pronto, cada estrella fue absorbida, todo color y luz; los acantilados fueron arrastrados hasta estas tormentosas lejanías y luego.

 

Fui tragado por el vacío. Al hacerlo, supe que toda aquella ensoñación había vuelto a mi interior, y había despertado en esta habitación cubierta de humo y vapor. Cuando casi alcanzo el secreto, desperté con unas fuertes sudoraciones y un raro sopor. Durmiendo sobre un océano de vómitos, al que aún en mi trance me acerqué, para ver si podía capturar algunas señales de los sueños que había vomitado antes de ser engullidos por la material existencia.

Fin.

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