TETRAMENTIS / El Bosque y el Poeta

Morgan Vicconius Zariah

Desperté en un bosque. Pequeños granos de lluvia bañaron mi cara.

 

La brisa fría soplaba, y me susurró en el oído un Silfo una melodía de canto celestial.

 

Allí cantaba la brisa serena y el frío me arropó en un regazo de nueva leña.

 

Me dijo el Silfo: ¡Levanta los ojos al aire poeta! Mírame, soy el Silfo del canto triste.

Enciende la llama con tu mechero, para que canten a coro las salamandras. Tira monedas a la tierra para que los duendes bailen su danza mágica.

Ve al estanque, allí te esperan las ninfas y las ondinas para darle alegría a tu alma; te esperan con sus cuerpos desnudos. La naturaleza espera que veas su fiesta, porque la Luna crece y el espíritu se expande.

Escribe tu historia, déjala en el bosque; que lean los hombres lo que vieron tus ojos, aunque les parezca delirio.

En cuanto a ti, te has de disolver en la llama; para que pagues nuestra gracia con cenizas.

 

Se apagó la llama cuando terminó de arder su carne. El Silfo regaló una lágrima al cuerpo quemado, y los otros elementales lo bañaron con lágrimas y sonrisas. El bosque que cantó a la vida, hizo un ritual de muerte para redimir a al poeta.



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