TETRAMENTIS / Eclipses de Vacío

Morgan Vicconius Zariah

El mundo pierde el equilibrio; se quiebran los patrones arquitectónicos del orden natural. Hoy de las nubes llueve sangre, que tragan los hombres sedientos de años mejores. Un frío apocalipsis respira nieve por la nariz para  drogar de miedo la mente cegada  de la histérica humanidad; la rápida y fría gente de hoy.  Entre edificios carcomidos por la indiferencia gentil, duermen  niños que crecen frente al televisor y les dan la mano a los ángeles que bajan por el internet. Aquí todo es posible, es el mundo de las visiones materialistas. Sueña el ateo con inventar a Dios, porque ya no soporta la crudeza de su realidad estúpida; ahora le huye al diablo de su conciencia,  quiere orar y no tiene quien lo escuche. La humanidad tiene disentería de sueños rotos, miedo a los metales inflamables que pueden caer de las estrellas: el soñado día del Juicio Final. Socialismo, Imperialismo, Capitalismo, se abrazan con brazos de miseria y lloran juntos la muerte de la capa de ozono, la que un día tuvo esperanza de vivir  y las manos  asesinas de la ambición la dejaron perecer por no tener tres monedas de conciencia y sentido común.

 

Hoy el Sol amenaza con una roja mirada desde el negruzco absoluto. El hielo glaciar se seca entre los huesos de los osos polares que abandonan la vida con una alabanza de terror. Agoniza la alegría entre humo de extraños cigarrillos. Hoy la gente busca perder conciencia, elevarse en éxtasis con alucinaciones mezquinas, que sólo hacen perder cordura y apresurar la muerte, siempre mejor a la esclavitud y a el horror. La tierra gira pesadamente por el caos. Ya no hay materiales para  la ciencia crear al dios que hizo morir cuando todos eran felices. Cuando creíamos fielmente que después de esta vida los ángeles sonreirán en un cielo que ya no es imaginado. Otras galaxias y otros planetas, falsas esperanzas y desolación, ¿acaso todo puede ser tan malo? Entre las horrorosas visiones de los espíritus con ojos agudos de infierno sí; el tormento continuamente persigue la mente más ágil. Hoy por indiferencia, la humanidad se ahoga en el fango de la muerte.

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