ALTERECOS 4.D / Lunambulos

Luna

Luna y Mar

Antaño, en edades remotas de la biografía cósmica, cuando los primeros cuerpos celestes se deslizaban por el disco somnoliento del firmamento, la Luna era un fascinante planeta rebosante de seres animados por una energía lívida. Se le conocía como el planeta de la alucinación perpetua, por la extraña combinación de sus elementos. Allí, las aguas eran plateadas; la tierra estaba formada por una especie de nieve cristalina cuyo interior reflejaba misteriosos sueños; el cielo era una extraña estela de vapores gelatinosos de color violeta crepuscular. Entre el cielo y la tierra, el aire transportaba extrañas visiones de colores acabados de nacer. Esa extraña civilización como todas las que existieron en aquella madre de todas las infancias, que fue la de nuestro universo, eran grupos experimentales que encarnaban facultades espirituales eternas. El mítico planeta lunar nos ha legado tres: la intuición, la imaginación y la locura. Hoy, cuando alzamos desde nuestra noche interior la mirada hasta ese antiguo cadáver, ¿se nos ocurre pensar qué en algún tiempo remoto, ese montón de roca inerte pudo haber sido un planeta tan lleno de vida como el nuestro? ¿Qué quizás no siempre ha estado reducida a ser un simple satélite reflector de los residuos de luz que babea el sol?

Posiblemente, no muchos se hagan estas preguntas. Pero hay algunos, unos seres desapercibidos, que incluso a la luz del día se ocultan tras su sombra; individuos para los que la noche representa un elemento tan vital como la sangre para la raza de los vampiros; que atraviesan con la libertad de los murciélagos la tranquilidad de su alma: ellos le rinden el culto que todo muerto merece a ese cadáver que flota sobre la fría tumba de la gravedad. Ellos saben que ese cadáver lo animó antaño una consciencia, y que sus cuerpos son ahora su nueva morada. Ellos perciben los arcanos que encierra la luz lunar, y se aferran a su sabiduría anterior a la solar, como todo médium que está consciente, que las almas de los muertos son más sabias que  aquellas que aún pululan con vestiduras físicas… Ellos son verdaderas encarnaciones de aquellas antiguas almas. Se les conoce como… Lunambulos.

Allí van, son ellos. Se mueven  con la adaptabilidad de la sombra entre los muros de la ciudad, lacerada por callejuelas oscuras y silenciosas. Van arrastrándose entre el borde de las pisadas de la noche y el azar calculado de las fachadas arquitectónicas, hacia los tugurios donde reinan entre libaciones, himnos, orgías, trances y ritos a los ídolos olvidados en la noche de sus almas. Su madre está en creciente y ellos sienten ascender la marea de su imaginación, en un caos de olas intuitivas.  Cada uno de sus gestos está impulsado por el frenesí que se revela violeta sobre sus pálidos rostros. ¡Profanación al tesoro de la eternidad!, les llaman ellos a esos instantes de repentina coloración. Evidentemente, extraen prendas preciosas cuyas resplandecientes visiones provocan desmayos, locuras y muertes.

Los contornos interiores del templo son mudables en consonancia con las fases lunares. Y todo lo demás, sus muebles, copas, símbolos, instrumentos litúrgicos, incensarios… poseen formas inspiradas en las diferentes etapas del ciclo lunar. Más aún, la etapa de invisibilidad de ésta, simboliza para los Lunambulos, la extinción de la memoria terrestre y el renacimiento a una nueva existencia; con las mismas facultades de aquellos remotos ancestros que en el principio se desarrollaron en la luna, cuando aún vivía. A partir de ese renacimiento es difícil encontrarse con unos de ellos. Es imposible resistir su mirada, mensajera de escalofríos petrificados en el tiempo, y del entumecimiento del pasado, presente y futuro, de aquellos desafortunados que en los linderos de un bosque sombrío, son traicionados por su destino, al abandonarlos en el altar de su dominante presencia… ¡Son vampiros que muerden con la mirada… chupando hasta la última imagen de nuestros sueños!

Somos Lunambulos. ¿Acaso no vemos los antiguos espíritus lunares precipitarse con anhelo hacía la dimensión triste y profunda del lamento del lobo? ¿No atisbamos la antigua grandeza de nuestra patria, en la felicidad de los murciélagos cuando no evitan estrellarse contra las oscuras almas de nuestras antiguas hechiceras? Esta noche la corona una luna llena. Es una noche como cualquier otra que vierte tranquilidad en las tensiones absurdas de los habitantes de las grandes ciudades. Pero a nosotros, un solemne ritual nos espera. Ya avanzan a mi encuentro mis hermanos demonios. Adelantándose a la cruel paciencia del destino. Este continúa arrastrándose lentamente hasta el punto de nuestra reunión, indiferente a los antiguos recuerdos en los que se forjó nuestra afinidad espiritual. Percibimos las miradas de asombro sobre nosotros. Nuestro contacto con seres humanos crea una atmósfera parecida a la que debió surgir antaño cuando los seres humanos de distintas razas se encontraban por vez primera, o más precisamente, el estado interior de profunda interrogación mística, que convulsionaba a esos tipos de los libros sagrados cuando se encontraban ante ángeles o demonios encarnados en cuerpos físicos… Sólo sabían que ante ellos se alzaban cuerpos físicos normales, pero con un simbolismo cósmico que sus primitivas almas no podían comprender. Nuestra palidez; el brillo de nuestros ojos; el estado famélico de nuestros cuerpos… ¡El magnetismo hipnótico que exudamos!… Les asombra y fascina simultáneamente. Pero continuamos nuestra senda, ligeros y silenciosos, escuchando lo que calla el viento, por las calles cada vez más solitarias y sombrías de los barrios antiguos de la ciudad. Por fin a poca distancia de nosotros, notamos las espesas sombras de los demás oficiantes.

 

 

La túnica de escarcha de la luna, se derrite al ardor de los llantos ahogados de las víctimas del sacrificio. Los antiguos altares adornan su imaginación, sumergiendo sus sentidos interiores en un pantano de sangre virgen… ¡las   danzas flotan sobre los ecos ancestrales que invocan al unísono todos los dioses lunares! Todos los oficiantes se dicen a sí mismos, desde el trance, los crímenes  que nunca se habían confesado. Entre el reflejo de los numerosos cuchillos, la sonrisa de un niño escala la espiral del autosacrificio. No muy lejos, los espíritus de las antiguas brujas guían hasta ellos los conjuros proscritos en lo profundo del bosque. Los Lunambulos, gracias a la diplomacia del éxtasis, corren las cortinas del tiempo para internarse en su patria primigenia… En donde los aguardan: refulgentes mares de plata;  negros precipicios entre los acantilados de nieves cristalinas; un cielo despejado de un violeta oscuro que se inclina en alargadas garras gelatinosas… ¡la bienvenida es apoteósica! Hasta el amanecer, las almas de los Lunambulos, vivirán sus antiguas vidas.

Sobre nosotros nuevamente las miradas asombradas. ¡El Sol nos evita!… y nosotros a él. Cada uno de sus rayos percibe nuestro rechazo al reflejarse en nuestra piel. «Miren allí, ¿qué son?»… Nosotros continuamos ignorantes al amanecer, con nuestra noche interior como reserva «Están muy delgados, son de esos drogadictos que viven errantes por las noches». «¡No, son criaturas demoníacas, cuerpos de almas condenadas que se alzan de sus tumbas primeros que los justos!». Nuestros pasos avanzan abriéndose camino entre los seres de la luz como el rayo en el vacío de la noche. Un grupo de niños que bajaba de un autobús escolar, penetran nuevamente, aterrados por nuestra presencia, los únicos que no voltean sus miradas son los ciegos… ¡Pero se estremecen!«Son de esos que escuchan música extraña, y leen libros de doctrinas enemigas de la sociedad». «No, no hacen nada con encerrarlos en la cárcel, su lugar es el manicomio… ¡no ven sus miradas perdidas; son verdaderos esqueletos, el cerebro es la única masa orgánica que poseen y no les funciona». «Es cierto lo que dijo el señor, son esqueletos con cerebro, ¡están pálidos, acaso están en la luna!»… ¡Sí, virgen para los hombres y prostituta para ángeles y serafines… adivinó… somos lunáticos, somos de la luna, somos Lunambulos!

 

FIN

Odilius Vlak.


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2 comentarios en “ALTERECOS 4.D / Lunambulos

  1. Hola. Me pareció muy interesante tu aportación, sobre todo el término “Lunambulos”. Felicidades. Otra cosa que me gustó fue la imagen de la Luna de arriba. ¿Sabes si tiene derechos de autor para poder utilizarla? Saludos y de nuevo felicidades.

  2. Hola Daves, gracias por tu comentario. En cuanto a tu pregunta sobre el derecho de autor de la imagen en verdad no lo sé. Pues son imágenes disponibles en la red que muchas veces no están firmadas con el nombre o seudónimo del artista que las creó. En todo caso, si conoces el nombre del que por derecho propio ostenta la propiedad intelectual de algunas de estas imágenes, por favor informanos; pues si bien el internet es un paraiso disponoble para todos, cada uno debe tener un nombre que lo identifique.

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