RUNES SANGUINIS: Eugenesia: Una Ciencia Condenada

La Eugenesia es una ciencia «condenada», en el sentido forteano de la palabra, eso si alguna vez existió uno. Francis Galton, un primo de Charles Darwin, acuñó la palabra para describir el mejoramiento de la raza humana por medio de la reproducción controlada. El movimiento eugenésico inició su evangelio con muy buenas intenciones, pero en un momento dado, alguna fruta prohibida comió, que todo terminó en un horrible desastre. Hoy en día ningún científico respetable (o que así quiera mostrarse) se atrevería a penetrar en su oscuro reino… Pero al igual que un monstruo sumergido, la Eugenesia aún sale en ocasiones a la superficie.

En los días de Galton los científicos tenían ya un gran entendimiento de cómo operaba en proceso de la herencia, y la reproducción selectiva ya había dado buenos resultados con el ganado. Se había descubierto que muchas condiciones eran hereditarias, y que se podían evitar gracias a la reproducción controlada. Pero La Teoría de la Evolución de Darwin tuvo serias consecuencias, en el momento en que se comenzó a considerar las característica de los procesos mentales humanos desde su punto de vista. Sin ninguna clase de control, parecía inevitable que el perezoso por naturaleza, el criminal incorregible, los débiles mentales, las razas mezcladas y los promiscuos, se multiplicarían (como tal ha sucedido) y abrumarían el mundo con su mayoría. Las personas y los pueblos que por naturaleza y capacidad probada tienden al trabajo duro, serían muy pronto superados en número y erradicados.

A principios del Siglo XX las sociedades eugenésicas intentaron estimular las personas «aptas» para que tengan hijos, mientras se aseguraban que lo peor de la casta de los «incapaces» sea recluida en asilos y esterilizada. Inevitablemente esto fue tomado por la política de extrema derecha  con sus obsesiones acerca de la reproducción y la sangre pura, en particular por los Nazis en Alemania. En adición a lo que para muchos no fue más que un grotesco plan de reproducción masiva de los Arios de sangre pura, ellos eliminaron los indeseables con los métodos más extremos imaginables. Esto comenzó con «las muertes misericordiosas» de los enfermos mentales y homosexuales, o de esos que sufrían de enfermedades hereditarias, y posteriormente se extendió a razas enteras consideradas inferiores, como los Gitanos y obviamente los Judíos.

A decir verdad, la verdadera Eugenesia no tiene nada que ver con el asesinato de personas, si bien el movimiento jamás se recuperó de la asociación con las cámaras de gas Nazis. El acto de definir pueblos superiores implica que hay otros inferiores, e implícitamente menos merecedores de la vida; el camino de ahí a los campos de exterminio es corto. Con todo esto, la Eugenesia se tomó su tiempo para desaparecer: todavía en la década de 1980, algunos estados en USA tenían leyes eugenésicas establecidas (incluyendo la esterilización obligatoria).

Sin embargo, la Eugenesia jamás se desvaneció completamente. Esta reapareció en los años 90 con el bestseller The Bell Curve («Intelligence and Class Structure in American Life»): La Curva de la Campana («La inteligencia y la Estructura de Clase en la Vida Americana»), del psicólogo Richard Herrnstain y el politólogo Charles Murray. Su tesis era que la inteligencia es hereditaria y determinaba cómo las personas capaces progresaban. Como resultado, ellos declararon que «una élite cognitiva» estaba evolucionando apartada del resto de la población. Más controversial aún, los autores aseveraron que existe una diferencia racial en la inteligencia, con los Afro-Americanos ocupando la base de la pirámide.

La Curva de la Campana sugirió que lo mejor era reconocer la existencia de una subclase mentalmente inferior. Las leyes deben se simplificadas, y los beneficios deben ser proveídos en servicios más que en dinero, ya que la subclase no se le debe confiar dinero en efectivo. El libro fue ampliamente condenado por una gran variedad de científicos de diversas disciplinas por la falta  de rigor en su tesis, metodología y conclusiones.

Si bien La Curva de la Campana no predicaba abiertamente la eugenesia, éste implicaba que el dinero y el poder eran el resultado de una selectiva reproducción de la inteligencia. El libro estaba dirigido a una audiencia educada, pues los profesionales destacados eran vistos como genéticamente superiores. La subclase no era víctima de desigualdad social o prejuicio racial, sino de malos genes.

Más recientemente, el economista Steven Levitt sugirió en su bestseller del 2005 Freakonomics (algo así como Mutaeconomía o más bien Economía Mutante), que la legalización del aborto en los Estados Unidos produjo una caída en los niveles del crimen. La idea era que los niños quienes no nacieron como resultado de la puesta en marcha de esta ley de 1973 en adelante, tenían más posibilidad de haber sido pobres dentro de un hogar bajo la responsabilidad de un solo padre. Ambas realidades están fuertemente relacionadas con el crimen, así el aborto actuó como una «medida preventiva» de la alta tasa de criminalidad en la subclase, exactamente como los eugenesistas de hace un siglo habían vaticinado. La teoría vendió muchos libros y atrajo fuertes critica de otros estadísticos por su selectivo uso de las cifras. Como el escritor Steve Sailer puntualizó:

«¿En verdad la nueva y mejorada generación exenta del aborto legalizado creció para devenir en jóvenes más respetuosos de las leyes que la última generación nacida antes de la legalización? Apenas. Al contrario la primera camada en sobrevivir el aborto legalizado se alzó como la peor ola de jóvenes homicida en la historia americana.»

Lo que las cifras parecen mostrar es que si bien la tasa de criminalidad decayó en la época que Levitt consideró, la disminución fue debida a perpetradores pertenecientes a una edad mayor a la del grupo bajo estudio.

Mientras tanto algún bien puede venir de la aplicación de la Eugenesia. Un programa llamado Dor Yeshorim establecido en New York, está buscando reducir la incidencia de una variedad de enfermedades hereditarias en ciertas comunidades, especialmente los Judíos Ashkenazy. Dor Yeshorim estudia las parejas y les informa si hay «incompatibilidad», en términos de acarrear un alto riesgo de enfermedades genéticas. La decisión última de tener o no descendencia depende de la pareja.

Cualquiera que sea la visión de lo que es un humano superior, lo seguro es que otro no estará de acuerdo. Los científicos –y cualquier otra persona- sólo pueden acercarse a esta área a costo de un gran peligro, y la Eugenesia está sentenciada a permanecer condenada más allá del futuro previsible.

Autor desconocido

COMENTARIO

Pero ese futuro previsible nos es el de la Ciencia Ficción cuyos autores parecen tener una inclinación hacia las políticas eugenésicas. Tal vez porque lo vean como algo necesario, como una herramienta más de la ciencia en su búsqueda del mejoramiento de la especie humana. Tanto en obras ubicadas en un futuro lejano como la saga de DUNE de Frank Herbert o una distopía prácticamente a la vuelta de la esquina como Un Mundo Feliz de Aldous Huxley,  la utilización de la eugenesia con fines evolutivos es una realidad que no enfrenta ningún tipo de contradicción con la moral existente. Por lo que podríamos decir que en cierta forma todo radica en cómo vemos a los humanos en un momento determinado de la historia. Hoy en día obviamente muy pocas personas verían la Eugenesia como lo que es: Una Aliada del ser Humano, un sucedáneo científico de las rígidas leyes de selección natural, con las cuales la evolución moldeó la especie. No, no la ven bajo esa óptica, porque para la gran mayoría la eugenesia, no es más que un instrumento y excusa de los grupos de poder, o de una raza que quiere imponerse sobre las demás. Nada más lejos de la verdad. Cosa que tampoco importa mucho, pues los profetas han hablado.

Traducción y comentario: Odilius Vlak.

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