TETRAMENTIS / Lo Deforme y lo Reptante

Morgan Vicconius Zariah

Estoy dispuesto a descifrar el secreto de lo encorvado, beber del néctar de las estrellas que tienen las llaves de una puerta putrefacta. Detrás de la cual, todas las manos son arqueadas, y el lenguaje es silente y de una guiñada trasmisión astral. Todo lo que pertenece al influjo de este hechizo, se arrastra en lo pantanoso; se esconde en la deformidad natural de la noche; nos brinda asaltos de una deliciosa grima. Nos envuelve en los aullidos y en los mugidos, y en los croares de los sapos, que debajo de la luna llena nos colman de visiones de una paradisíaca magia negra.

El sello es invertido en esta universal creación. Es un espejo donde la Pentalfa se mira de revés, y empieza a sufrir el vértigo antes de la caída. ¿Qué mago y simbolista no se daría cuenta de la presencia de Saturno? ¡He aquí la mano decrepita del anciano! De un lado del estanque es el sensato, y en el otro, más oscuro, es el brujo. Colmado siempre de soledades y ciegos animales que se apoderan de la bóveda de los grises cielos; en un desafió por la conquista de lo estático. La melancolía trae consigo deformidad y conocimiento. Demonios que se arrastran en oscuras emociones, bullen en los espíritus de los hombres tristes, haciendo llenar sus noches con tormentos y horrores, que al final terminamos amando.  La corona está allí, bañada de toda la sangre de los seres del pantano. El camino que empieza a dilucidarse después de la vigilia, es el plateado camino que nos lleva a lo deforme y lo que se arrastra; es el que antes era espinado y ahora va alfombrado de burbujeantes y grises emociones. ¡Es el camino hasta la pesadilla! Están en este lugar todos los misterios del cielo que optaron por la tierra y la oscuridad.  Esta corona de huesos y sangre, espera por un rey insondable, que bajo estas estrellas decadentes, aguarda sentarse en un trono de deseos no logrados.

¡Ya lo veo llegar! ¡Es ese Rey primigenio, que negó las alturas para arrastrase!  Viene serpenteando en el suelo, para coronar a un nuevo deforme, que después reptará por encima de los secretos de la tierra. La Luna se paraliza en el cenit, escupiendo las buenas nuevas malditas, en la faz del ungido de este abismo pantanal. Los aullidos de los lobos y los croares; y aquellos ojos que surgían curiosos de las aguas oscuras de esta espiritual iniciación, infligían el terror y la templanza en el alma del nuevo Rey, que ahora era coronado por las manos de este Ser que antaño tenia lazos con la Luz, y la maldijo para así quedar maldito por voluntad propia y conocer sin fin, los misterios que ésta no conoce. Pues es tan grande la vanidad de la Luz, que no se daría el lujo de arrastrase en el fango para sondear lo desconocido. Pero si le gusta rescatar a aquellos que han caído al vacío de la oscuridad, cuando pueden alcanzar sus plegarias.

El hombre que la serpentina criatura corona, soy yo, que he renunciado a la vanidad para hacerme deformemente hermoso. La corona de huesos y sangre, es puesta en mi cabeza. Clavando mi frente con sus afilados huesos, para que llegue a penetrar en mi torrente sanguíneo toda la sangre de las criaturas del pantano; en mi ansioso afán de serpentear en lo misterios que me ha enseñado un Ángel antiguo: Que hizo espejear el pentáculo cósmico, en una posición invertida, para deleitarnos con las antítesis de cada figura de luz en sus formas más sabias y  horripilantes; bajo el manto con el cual corona la noche a todo exiliado de su forma divinal.

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