RUNES SANGUINIS: La Fantasía y la Experiencia Humana / Por Clark Ashton Smith

Me siento obligado a puntualizar ciertas consideraciones, las cuales, aparentemente, han sido pasadas por alto por el señor Julian Gray en su bien escrito y meditado análisis sobre la Ciencia Ficción, publicado en la columna de cartas del número de junio de Amazing Stories.

Para comenzar, me parece que su definición de la literatura como algo dedicado exclusivamente al estudio del desarrollo de la personalidad y las reacciones humanas, es más bien estrecha y limitada. La literatura puede ser, y es, cualquier cosa; y una de su más gloriosas prerrogativas es el ejercicio de la imaginación sobre cosas que yacen más allá de la experiencia humana… La aventura de la fantasía dentro del asombroso, sublime e infinito cosmos fuera del acuario humano. En este género, del cual la Ciencia Ficción es una rama, el principal interés está en otras cosas que el simple desarrollo del carácter y las reacciones, como debería apropiadamente ser enfatizado en una historia sobre condiciones y eventos ordinarios.

Por supuesto, la Ciencia Ficción es, ha sido, y será escrita con una cuidadosa atención en la verosimilitud en tales temas. Pero para el principiante en este tipo de ficción, y en general a toda ficción altamente imaginativa y fantástica, la verdadera emoción viene dada en la descripción de eventos, poderes y escenarios ultrahumanos, los cuales empequeñecen la presencia humana a un nivel  insignificante. Para muchas personas –probablemente más de lo que el señor Gray puede concebir- las historias imaginativas le brindan una bienvenida y  saludable liberación de la opresiva tiranía de lo homocéntrico, y contribuye a corregir los valores profundamente retorcidos y degenerados, que son promocionados por el «humanismo» actual, y la literatura realista con su enfermizo materialismo y su tendencia a anclarse en todo lo terreno. La Ciencia Ficción, en lo mejor de sí, deviene en sublime y exaltada poesía, por su evocación de increíbles y no-antropomórficas imágenes. Exigirle a historias de esta naturaleza una intensa observación terrenal, es algo innecesario y que no viene al caso; y quienquiera que se aproxime a ellas desde este punto de vista le mutilará su verdadero valor y belleza.

Me parece también, que el señor Gray emite opiniones muy ligeras y superficiales acerca de los autores de Ciencia Ficción. Indudablemente existen mediocres en esta rama, como en otras; pero, por otro lado, existen verdaderos artistas imaginativos. Uno solo tiene que tomar a Willie A. Merrit (al menos en sus primeros trabajos, tal como la versión original de su novela corta «El Estanque de la Luna»); Stanton Coblentz, quién ha escrito algunas hermosas sátiras fantásticas; John Tame, un maestro de la ciencia autentica, y H. P. Lovecraft, cuyo «El Color que Cayó del Espacio» va infinitamente más allá que cualquiera de los trabajos de H. G Wells en su intenso alcance imaginativo y la creación de la atmósfera. Decir que los escritores de Ciencia Ficción son «hombres de dudosa educación y aún más dudosa inteligencia», por su preferencia de hechos imaginativos, de poderes y atmósfera cósmicas, etc., al análisis psicológico es una declaración totalmente sin sentido. Pero, ya que existe un abismo establecido, más amplio y más profundo que el Erebo, entre las personas imaginativas y aquellas que carecen de imaginación, es sin duda igualmente sin sentido toda argumentación sobre el tema.

Ciertamente, debemos admitir que hay un amplio espacio por desarrollar en el cuerpo general de la Ciencia Ficción. Este desarrollo, me parece, debe provenir de escritos más trabajados y con mejor técnica; de la exclusión de la pomposidad, y la eliminación de muchas historias las cuales, tras un análisis detallado, se revelan como meras historias de gánster, o simples historias de aventura con un marco extraterrestre. Unas pocas editoriales adaptadas a este clase de historias, tendrían que ir lejos para remover los reproches que justamente pueden se hechos en contra de este tipo de revistas de Ciencia Ficción. Como un bien intencionado lector –y también como escritor de este género- yo sinceramente espero que semejante desarrollo se hará realidad con el tiempo.

Hay otro punto que me gustaría tocar sobre las observaciones preliminares del señor Gray acerca del desarrollo general de la literatura. A juzgar por éstas, uno pensaría que el mundo de la literatura está dividido con estratos geológicos perfectamente distinguibles. Y que las capas más antiguas y primitivas se encuentran ahora herméticamente selladas bajo un profundo y sólido estrato de realismo. Este, sin embargo, no es el caso. El Romanticismo, tanto en novelas como en historias cortas para revistas, es aún el género más amplio y popular de lectura; y en cuanto al género sobrenatural, el cual el señor Gray lo colocó en el fondo Arcaico… Bien, aún esa despreciada rama del quehacer literario está teniendo su repunte, ya sea con los escritores como con los lectores del género. En cualquier caso, aparte del folklore, la literatura de lo sobrenatural, es prácticamente una invención moderna; y algunos de los mejores trabajos de ese género han sido escrito en esta época. El realismo, si bien es el único renglón literario favorecido por las llamadas «revistas de calidad» y los autoproclamados pontífices de la crítica, ciertamente no tiene un campo para sí mismo. Y creo que se puede predecir con seguridad que nunca lo tendrá. Las condiciones intolerables de la vida moderna y la civilización mecanizada, contribuirán más y más al desarrollo de la literatura imaginativa.

Aún hay otro punto de reflexión, el cual se me ha ocurrido a propósito de la carta del señor Gray. Después de todo, ¿por qué no debe la literatura, o al menos uno de sus géneros, enfocarse en lo que él llama lo «inhumano», lo cual, más apropiadamente es lo «no-humano», o «extra-humano»? No es esta sólo una condenable, pretensiosa y perniciosa egomanía de la especie, la cual se rehúsa a admitir nada que no sea los propios sentimientos humanos, deseos, metas y acciones, como las únicas cosas dignas de consideración?

Esta egomanía, ¡ay! Es manifestada de otras maneras aparte de la literatura, y yace en el fondo de esa degradación y maltrato sobre formas de vida más débiles; en ese presuntuoso trato con el delicado balance de las fuerzas planetarias, el cual puede arrojar nuestra actual civilización al limbo de los dinosaurios. Temo que muchas de las historias súper-científicas, las cuales describen una catástrofe mundial, como resultado del trato del hombre con la naturaleza, pueden resultar ser demasiado proféticas. Cualquier tipo de escritura que sirva, aún en el grado más pequeño, como freno a la alocada rueda de esta carrera egomaníaca, es, me parece, digna de alabanzas, no importa si éstas vienen sólo desde un punto de vista moral, y no de cualquier otro.

Traducido por Odilius Vlak

 

NOTA: Esta texto fue publicado en octubre de 1932 en la columna «Discusión» de Amazing Stories. Su versión original, al igual que los dos textos anteriores publicados en la sección Runes Sanguinis, se encuentra  aquí: http://www.eldritchdark.com/.

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