INTROVISION / La Nieve Escarlata

Cuenta la leyenda que la nevada comenzó en tiempos inmemoriales, desprendiéndose de la sangre fría del antiguo cadáver de una divinidad caída en batalla. Los seres que habitaban aquellas tierras, desde los humanos a las criaturas más fabulosas vieron su mitología enmarcada en la escarcha sanguinolenta de un invierno no incluido en los conjuros del mago. La dura estación se impregno en el espíritu de las tribus guerreras, cuyo ardiente impulso en más de una ocasión derritió la nieve escarlata, proporcionando de esa manera la sangre fresca requerida en el sacrificio: la meditabunda sangre de un antiguo Dios sobre los altares de hielo, bañados por la luz plateada de una luna en lo alto de la silenciosa noche nórdica.

El tiempo avanzaba sobre los valles y picos montañosos envueltos en el sudario de la nieve escarlata. Avanzaba bajo la figura de un anciano de raídas vestimentas plateadas; su imagen sólo se reflejaba en las pupilas de aquellos guerreros cuyos ojos se cegaban con la sangre que imaginaban. El Anciano Tiempo recorrió durante edades las planicies ahogadas por la nieve escarlata, en cruenta batalla entre el tiempo mismo de su sabiduría y la eternidad de la sangre helada en las venas de un cadáver hiperdimensional. Pero El Anciano Tiempo continuaba recorriendo las congeladas aldeas sustentadas por la energía espiritual de poderosos guerreros, que generación tras generación se habían endurecido con la nieve escarlata… El don más preciado de su antigua divinidad guerrera, su sangre… Su alma líquida.

Su meta era el guerrero cuyo corazón era una campana tañida por el olvido de su pasado y su futuro, y la vivencia de un intenso presente. Ese guerrero era sólo un símbolo de una energía arquetípica, por lo tanto le podemos llamar con cualquier nombre. Así que le llamaremos Conan. El Anciano Tiempo conserva en todo su tiempo un puñado de la nieve escarlata; con ella rocía la imaginación en espera de ciertos elegidos al nacer. Su frialdad hace que sus futuras visiones sean salvajes y portadoras de un fuego extraño, que sólo arde en armonía sobre la nieve escarlata. Uno de esos elegidos fue Robert Ervin Howard.

El pasado 11 de junio nos recordó a todos un año más de la muerte de este genio de la literatura imaginativa, sin duda uno de los más grandes del Siglo XX. Robert se suicidó en su auto en vez de hacerlo sobre un dragón alado, y lo hizo con una Colt. 380 automática en vez de sumergirse en una espada. Pero, para fortuna de todos los que hemos habitado sus mundos, esos elementos están ahí para ser utilizados en una solitaria oscuridad cualquiera, en la cual el único espacio iluminado sea aquello que imaginamos.

Robert E. Howard nació el 22 de enero de 1906, ¡un verdadero genio!, que al momento de su muerte, con tan sólo 30 años había escrito lo que la mayoría de nosotros sólo soñaríamos en mil años. Es un hecho que no suele mencionarse, en nuestro mundo en el que sólo se encienden las estrellas con las luces más dóciles, pero en cualquier lista de genios precoces, que revolucionaron su rama de creatividad… Robert E. Howard debe estar en los primeros lugares. Más allá de cualquier explicación –absurda y estéril- venida del Toy Stories Kingdom del Psicoanálisis (Complejo de Edipo!… acaso Edipo tenía un complejo?), por favor, ¡que enfermo está este mundo! Lo cierto es que Howard al igual que Edipo simplemente se ajustó a las leyes que gobernaban su arquetipo… su destino. Así, en una carta a August Derleth, el manifestó en términos bien claros que cualquier futura decisión con relación a su muerte, estaría anclada en su mismo espíritu, y no en las desgracias personales que ciertamente las hubo: «Yo no quiero vivir para ser un anciano. Yo quiero morir cuando mi tiempo venga, rápida y repentinamente, en la plenitud de mis fuerzas y mi salud». Howard, al igual que los héroes de sus sagas fue un fuego que ardió intensamente sobre la vida.

Nuestro elegido, cuya imaginación fue rociada con la nieve escarlata, envió en septiembre de 1927 una historia a Weird Tales. Su nombre: El Reino de las Sombras, escrita sin duda con la sangre helada de la antigua divinidad guerrera. Esta historia mezcló elementos de la fantasía, horror y mitología, con el romance histórico, la acción y las batallas de espadas en una temática inédita, cuyo estilo se conocería definitivamente como «Espada y Brujería»Howard se considera el padre de este género, en la misma manera que J. R. R. Tolkien se considera el padre de la Fantasía Épica. El rey atlante Kull, protagonista de esta historia, fue precursor de Conan, guerrero elegido por nuestro Anciano Tiempo para mantener la presencia de Howard en su memoria. Desde el espacio virtual de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser, le manifestamos nuestra sincera veneración a su hermosa alma, reinando eternamente en el Valhalla coronado, por la nieve escarlata.

La sección Tetramentis se ha quedado varada en un fango de sangre coagulada, provocado por el deshielo a destiempo de la nieve escarlata en el alma de nuestro archidemonio, Morgan Vicconius Zariah. Pero la luz que reinará en las páginas del lunes y del jueves, sólo lo hará en la edición de esta semana. Mientras tanto siempre habrá una jeringa asfixiada de metano líquido para mantener vivo el invierno escarlata en nuestras venas. Una helada disculpa por la ausencia de esta columna sagrada tan esencial en el sostén de nuestro Blogzine.

La sección Alterecos4.D, de la página del martes, quedará aplastada bajo los hielos en marcha de la Era Hiboryana. El monje negro de la medieval Averoigne, Odilius Vlak, está enamorado de un cadáver y quiere dejar sobre su tumba un ramillete de flores cortadas de Un Jardín de Valores Nórdicos. En este artículo el oscuro monje explorará los principios de estirpe Aria que Robert E. Howard hace nevar sobre el suelo escarlata de uno de sus relatos más geniales: El Jardín del Miedo. De la mano de dos reencarnaciones de un mismo arquetipo, la historia es una reflexión pausada -como una caminata sobre la nieve escarlata– en la cual Howard expone claramente algunas de las ideas presentes en toda su obra.

En la sección Runes sanguinis, en la página del miércoles, nevará más nieve escarlata. En esta ocasión se trata de un ensayo escrito por el autor Dale Rippke, titulado, El Tao de Conan. Es un documento extraordinario que hemos traducido para todos aquellos de nuestros Hermanos Fanáticos que antes lo hayan sido de Conan. Entre los puntos más interesantes del autor se destaca la ubicación del personaje de Conan y por extensión de la visión de Howard en el contexto conflictivo de las nociones de Nomos y Physis. Estas son equivalentes al concepto Nietzscheano de Apolo y Dionisos, es decir, Nomos= Apolo= a Razón y orden; y Physis=Dionisos= naturaleza, embriaguez e intuición; estando Conan obviamente del bando de Dionisos. Debemos agradecerle a Dale Rippke la total exclusión del conejito de frustraciones alucinantes, que el prestidigitador llamado Psicoanálisis siempre intenta sacar del misterioso sombrero llamado genio creativo.

Siempre hay algo que lamentar en el frío eterno de la nieve escarlata. En esta ocasión se trata de una suspensión temporal de la sección Imagixmundi. Al parecer nuestra Via La Niña de las Rocas, fue víctima de la nieve escarlata en el ardiente Desierto del Cin, pues tanto ella como la sombras enviadas por la Muerte desde Imperia han quedado en estado de hibernación. En todo caso, siempre hay un verano oculto tras el horizonte de la media noche.

Como siempre nuestras más heladas libaciones al sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Es bajo la avalancha de su nieve escarlata que todos los miembros de este Blogzine quedamos sepultados cada semana. También aquellos de nuestros Hermanos Fanáticos que tiritan bajo un invierno fuera del tiempo. Aquí una taza de fuego líquido para calentarse… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

Odilius Vlak.

Jefe de Redaccion.

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