TETRAMENTIS / Las Sombras Guerreras

Morgan Vicconius Zariah

Fue atravesando un estrecho callejón, en una oscura noche de luna creciente, huyendo de mis sufrimientos, queriendo morir de dolor. Fue cuando pude ver la luz que hay en las sombras; el color y la brillantez de la oscuridad.

Caí tendido en el piso abatido de dolor. Y fue entonces cuando vi dos guardianes con botas de metal acercarse a mí, por un momento tuve miedo, pero intuí que serían amigables. Me tomaron los guardianes por las manos y me levantaron del suelo, al levantarme, pude ver una gran neblina de oscuridad que ocultaba la poca luna que había. Del suelo salía un vapor rojizo como si fuera fluido del infierno. Me sentí como si hubiera pasado a otra dimensión, y dichosamente tenía razón. Los guardianes me guiaron por los senderos solitarios y sombríos de aquellos desiertos de sombras cadavéricas y de un frío terrible y desolador. Todo en aquel lugar era la desolación, pero no me atrevo a decir que era el infierno; porque resultó ser mi paraíso.

Vi allí montañas hechas de huesos afilados y puentes de esqueletos. Atravesamos todas las misteriosas ruinas de aquella desolada ciudad de sombras, y sentí que mi débil y abatido cuerpo se hacía más fuerte, frió y cruel. De mi mente se borraba todo dolor y tristeza. Sólo quedaba en mí un poder que me hacía sentir superior; el cual perdura hasta el día de hoy. Los guardianes me tomaron de mis hombros y me empujaron después hacia un lago de tinieblas que me cubría hasta un poco más encima del cuello. De aquel estanque pude apreciar como se levantaban fantasmas de oscuridad, no sólo del lago aquel, sino de todo el suelo. Los fantasmas que se despertaron estaban cubiertos con armaduras de metal y espadas afiladas; sus escudos eran los más fuertes que guerreros algunos hayan tenido y sus fuerzas no la superaban ni los volcanes más ardientes de la tierra. Aquellos guerreros cadavéricos, me entregaron de rodillas sus armas y sus fuerzas, me consagraron a Las Sombras Guerreras.

Después de consumado el ritual, los dos misteriosos guardianes me mostraron el camino de regreso al mundo de los vivos. Al pasar el portal me despedí de mis amigos y desperté tendido en aquel callejón. Me levanté y partí hacia casa, ya sin dolor, ni sufrimiento, tampoco sentía alegría, pero mucho menos tristeza. Mis sentimientos estaban congelados. Sólo sentía inteligencia y poder. Y recuerdo que desde aquel día no hay en el mundo ser humano que me gane en batalla. No existe un solo ser en la tierra que pueda ver las ráfagas de mis puños antes de morir. Se me ha acusado de tener pacto con las sombras, pero se que mi don fue un regalo del cielo, por andar en la senda de los pocos. Desde hace años me oculto en las sombras, no me hace falta nada, todo lo consigo con mi habilidad, sin necesidad de esforzarme. Además, todo en este mundo es para los soberanos, hoy yo tengo el poder y el mundo es mi servidor. Soy Leviatán Garden… El guardián de las tinieblas.

 

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