INTROVISION / Una Manta para las Piedras Condenadas

Hijo mío, este Valle estrellado de piedras que se extiende ante tus ojos, fue antaño el escenario de una batalla maniquea entre fuerzas opuestas, y las piedras en sí, han sido bautizadas por oscuras leyendas como Las Piedras Condenadas. En el éxtasis final del largo trance de la lucha, los férreos guerreros que fungían como armaduras de carne y hueso para las energías demoniacas del abismo, fueron vencidos por las ensangrentadas espadas blandidas por las energías celestes. Según los mitos, fue algo horrible de contemplar. Al final, las fuerzas victoriosas ascendieron a su regocijado Empíreo, dejando tras de sí una senda de etérea luminosidad; pavimentada con las espesa sangre de los guerreros que le dieron un rostro al abismo.

Esa senda de luz escarlata, que se extendía como el arco de una guadaña sobre los extremos del horizonte, fue conocida en las edades mitológicas como: El Arcoíris de los Dos Infiernos. Pues se creía que ese arcoíris del color de la sangre, era un puente entre dos infiernos situados en diferentes dimensiones. Y que a través de él, los demonios se deslizaban de un infierno a otro para intercambiar consejos, maquinar futuras condenas y retroalimentar su lúgubre voluntad de poder. «Al final, no hubo tal victoria, pues las fuerzas del abismo han construido un triunfo de su derrota con su maldita senda dimensional, y todo, irónicamente, con ayuda de los Ángeles». Así se lamentaban aquellos hombres y mujeres que por generaciones tuvieron que contemplar, arqueándose sobre su presente y su futuro, el siniestro Arcoíris de los Dos Infiernos.

Pero hijo mío, ¡lo peor no era eso! Pues sobre el campo de batalla, no sólo se esparcían los cadáveres de los guerreros de abismo, sino también aquellos de los que empuñaron la Luz. No mucho tiempo después de finalizada la contienda, un oscuro Nigromante apareció. Y poniendo en marcha el devastador poder de su magia negra convirtió en polvo los cuerpos de los Guerreros de la Luz. Invocando a continuación un viento pestífero, que reuniendo el polvo de cada uno de los cadáveres, los fue condensando –gracias a una fatal alquimia de mimetismo geológico- hasta comprimirlo en el sólido y compacto material de las piedras. Por último, profirió una maldición en la cual cada piedra estaría destinada a padecer el frío del abismo profundo, en un nivel de intensidad equivalente a su naturaleza geológica.

A partir de ese momento sólo un incesante tiritar se escuchó en todo el valle; tan angustiante y doloroso que provocó uno de los primeros éxodos de la antigüedad. Sí, todas las tierras contiguas al valle, tuvieron que ser abandonadas. Uno de los últimos en partir fue un andrajoso advino, quien profetizó que esa maldición al frío eterno del abismo; a la que estaban condenados los cuerpos hechos piedras de los antiguos guerreros de la luz, sólo terminaría cuando una encarnación de algunos de los antiguos Ángeles que batallaron en la gran guerra, ofreciera su sangre etérea en sacrificio. Esa sangre, una vez derramada como rocío sobre todas las piedras, se transmutaría -por medio de una alquimia parecida a la del nigromante– en una manta que protegería del frío abismal a los cuerpos y las almas petrificadas de los Guerreros de la Luz. Esa es la condición: sangre de una divinidad luminosa, como pago de la sangre de una divinidad demoniaca que se derramó sobre el este valle. Pero hijo mío, aún no se ha mostrado ese Ángel hecho carne, que con su sangre   brinde: Una Manta para las Piedras Condenadas. Escuchas el tiritar hijo mío… Aún el frío del abismo hace temblar a las piedras condenadas.

¡Ufff…! ¡Qué historia abuelo!… Tan adecuada para el espíritu abismal de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser. Y si de condenas se trata, este es el lugar perfecto. Y es que no sólo las piedras del valle las están padeciendo. Lo único es que aquí no necesitamos una manta, ni nada por el estilo que nos proteja de las maldiciones; ya que en Zothique the Last Continent, ellas son bienvenidas.

Y claro. Al hablar de condena, hubiésemos querido que en este caso su naturaleza sea metafórica. La sección Tetramentis, en la edición de esta semana, no se mostrará en la sagrada nave central de este Blogzine. Nuestro archidemonio, Morgan Vicconius Zariah, está muy ocupado tejiendo una manta con la cual poder cubrir el frío de su condena. Bueno, al parecer será hasta la próxima maldición.

¡A sí!, he aquí que amanece nuevamente en el lado oscuro del alma del monje negro de la medieval Averoigne, Odilius Vlak. Y lo que se alza no es un Sol, sino una esmeralda luciferina. Escribiendo en el oscuro espacio del cielo de esa estancia, la sección Alterecos4.D, el nombre de poder de su último destello: Ladridos Sepulcrales. Este rayo de pálida luz verdosa, se encuentra contenido en la oscuridad del libro Plexus Lunaris. Siempre hay una condena detrás de toda búsqueda y aspiración prometeica… ¡Y no hay nada más idóneo que el destino de un artista para darle cobijo a cualquier maldición!

¡Silencio!… Hablemos despacio. Pues nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, director y editor de este Templo Virtual, se encuentra como Cthulhu «muerto pero soñando», acurrucado entre las mantas que lo protegen del frío abismal de su condena. Está rígido como una piedra, ¡pero cuidado!, que puede maldecir al Hermano Fanático que por descuido tropiece con ella. Las últimas palabras proferidas por el Nigromante, en su ritual de maldición sobre los cuerpos petrificados de los Guerreros de la Luz, fueron éstas… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

Odilius Vlak.

Jefe de Redaccion.


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