INTROVISION / El Cadáver Célibe

Permítanme hablarles un poco del Cadáver Célibe, antes de que su memoria se pudra en el olfato de nuestra imaginación. ¿Cómo empezar? Pues claro:

Érase una vez un cadáver que ascendió al cielo de su podredumbre a través de las perfumadas escaleras en espiral de su castidad. Firme en los principios de su descomposición inmaculada, rechazó las insinuaciones lascivas de Los Últimos Sacramentos. Experimentó el éxtasis místico de una exquisita putrefacción de tejidos contemplativos, aderezados con una libido intacta. Silencioso ermitaño en la tumba más aislada del cementerio, percibió como gusanos de todas partes, peregrinaron al templo frío de su cuerpo sin vida, buscando el alivio de su sabia putridez. No, no se levantó de su sepulcro, pues a los tres días sorprendió a todos sus demonios rechazando la petición de mano de parte de la Resurrección. Así que no hubo ni amoríos ni boda.

Su último aliento se sonrojó de timidez mientras se deslizaba por las entrepiernas de las monjas que velaron su misógina agonía. No quiso ver la luz al final del túnel, pues a ambos lados de éste habían burdeles. Nunca olvidó que el último silbido de los pesados latidos de su corazón, esquivó todas las miradas lujuriosas de su próxima reencarnación.

Anheló ser sólo huesos lo más pronto posible. Pues sabía que en ese estado, aunque lo aguijoneara la tentación, sus manos nunca encontrarían el músculo que le facilitaría una masturbación. Sus antiguas fantasías sexuales devinieron en el telón que se alzaba para mostrar las interpretaciones de esplendidas sinfonías, dirigidas por su naturaleza monástica.

Bueno, eso era todo lo que había que recordar del Cadáver Célibe. Pero: «¿Acaso tenía alguna importancia detenerse en ésta… remembranza pletórica de energía sexual?». ¿Umm…? La pregunta es para mí mismo, y confieso que no se qué contestar. A menos que el susodicho cadáver célibe haya sido yo mismo en una remota vida pasada; o alguno de los demás miembros de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser; o quizás, uno de nuestros Hermanos Fanáticos… ¡Quién sabe! En todo caso, el aséptico hedor, que desde su remota leyenda nos envía su putrescencia; y que se expande cual incienso sobre todo Zothique The Last continent… ha inspirado las tinieblas de esta edición.

Así que sigamos el primer destello de luz que nos conduzca a ellas, es decir, la sección Tetramentis. A partir de esta edición dicha sección reservará un poco más la energía sexual de sus fétidas tinieblas, saliendo al escaparate de la luz sólo en la página del jueves. Esperemos que esa temporada de celibato se pudra lo más pronto posible junto al cadáver que la sustenta. Mientras tanto, nuestro archidemonio, Morgan Vicconius Zariah, compartirá con sus iguales un beso que sólo es dado en los mundos internos; sobre los labios de las almas conscientes de los peldaños que tienen que escalar. Iniciación imbuida con el poder de la fantasía, en la cual una que otra criatura fabulosa se presta para ofrecer: El Beso del Dragón.

Pero hay un cadáver más cercano que quiero que conozcan, pudriéndose en esta página del lunes. Se trata de nuestra sección mensual Neosapiens, cuya séptima entrega estará dedicada al dibujante francés de historietas fantásticas Jean Giraud (Moebius). Les recordamos que esta galería es parte de la temporada que en homenaje le dedicaremos a cada uno de los geniales «Humanoides Asociados». Aquéllos que levantaron de una tumba fantástica, el cadáver de una creatividad divina: La revista Metal Hurlant. No sé, pero… ¿Cuántos de ustedes han dibujado con Un Lápiz con Forma de Infinito?

He aquí el cadáver célibe por excelencia, y eso desde la vida que cree vivir, el monje negro de la medieval Averoigne, Odilius Vlak. Este continuará en la entrega de esta semana de la sección Alterecos4.D, alumbrando el lado oscuro de su alma con los destellos de otras de sus esmeraldas luciferinas, extraída de la infernal mina de su libro Plexus Lunaris. La página del martes será la tumba de alguien que no descansará en paz, y es que hay: Fuego en los Recuerdos de un Cadáver.

Que bueno que de vez en cuando algún cadáver célibe decida compartir su energía sexual, no importa si es a través de su hedor. Así que, todos unidos respiremos profundo dicha fetidez, que emana desde el cadáver de nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Sí, él es el incienso que transporta el perfume de nuestros oscuros pensamientos hasta las almas de los pocos privilegiados que merezcan llamarse, nuestros Hermanos Fanáticos. Y sin más podredumbre que experimentar… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

Odilius Vlak.

Jefe de Redaccion.


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