RUNES SANGUINIS: Los Expedientes X: Fe y Paranoia en América / Por Cynthia C. Scott

THE TRUSH IS OUT THERE


Los Expedientes X (1993-2002) fue una serie televisiva de ciencia ficción que echó mano de todos nuestros temores familiares –en quién podemos o no podemos confiar- y los prolongó por nueve valiosos años de paranoicas fantasías. Creada por el productor ejecutivo Chris Carter, cuya singular visión hizo del show tanto un éxito de culto como una representación icónica de los años 90: Los Expedientes X, cuyo lanzamiento en la Cadena Fox, reflejó las ansiedades de una América en un universo Post-Guerra Fría.

Los Expedientes X giraban alrededor de conspiraciones extraterrestres y gubernamentales y exploraron la idea de que el enemigo en el cual no podemos confiar acecha en las mismas instituciones a las cuales le hemos confiado nuestra protección. El show se centraba sobre sus dos protagonistas, Fox Mulder y Dana Scully (David Duchovny y Gillian Anderson), agentes del FBI comprometidos a encontrar la verdad. Los Expedientes X era en verdad dos shows en uno –los protocolares y aislados episodios en el cual ambos héroes perseguían al monstruo de la semana, y el entramado mitológico, el cual trataba con alienígenas y el secretismo del gobierno para ocultar su existencia- si bien en algunas ocasiones ambas partes se mezclaban. Pero la verdadera intención del show era mostrar los temores paranoicos hacia unas omniscientes y todas poderosas instituciones gubernamentales. Como Carter lo declaró en una entrevista a CNN: «La conspiración fue lo que originalmente incentivó el show, y fue una especie de idea central que condujo la serie: la conspiración del gobierno para mantener la verdad de la existencia de los extraterrestres oculta al público.»

La inspiración para la serie vino de varias fuentes, tales como The Twilight Zone, Alfred Hitchcock Presents, y Kolchak: The Night Stalker, una serie de los años 70, protagonizada por Darren McGavin. De hecho, Kolchak: The Night Stalker, con su énfasis en historias paranormales, está mucho más cerca como predecesora de Los Expedientes X que cualquier otro programa televisivo. Carter específicamente se refiere a esto cuando a él le fue dada la opción de crear su propia serie: «[Peter Roth, vicepresidente de Twentieth Century] me preguntó lo que yo quería hacer. Yo le dije que quería hacer algo tan espantoso como un show que transmitían cuando yo era un chico llamado Kolchak: The Night Stalker. Yo amaba ese show. Y siempre había estado esperando hacer algo parecido.» (Una Discusión con Chris Carter, 15). Kolchak: The Night Stalker se enfocaba en un reportero de periódico, Carl Kolchak, quien siempre se tropezaba con actividad paranormal, usualmente bajo formas imposibles y extravagantes como la de zombis conduciendo motocicletas (Lowry, 12), vampiros, hombres lobos, y cosas por el estilo. Al igual que Fox Mulder, Kolchak tenía dificultades en convencer a los demás, desde sus jefes hasta los oficiales de policía, para que crean sus desquiciadas historias. Sin embargo, aparte de ese linaje, Los Expedientes X se desvió radicalmente de sus predecesores en muchas formas. Carter pronto comprendió las limitaciones que un show como Kolchak: The Night Stalker pudo haber tenido en su proyecto, y en cambio tomó una página de la película ganadora del Oscar, El Silencio de los Corderos (1991). Lanzada dos años antes del estreno en televisión de Los Expedientes X, El Silencio de los Corderos, protagonizada por Jodie Foster y Anthony Hopkins, facturó un agente del FBI tras la pista de un asesino en serie. Mientras que la película no trataba con una maldad de naturaleza paranormal, si le mostró una manera a Carter de presentar el fenómeno OVNI de una forma más realista, incorporando agentes federales rastreando e investigando casos que le eran asignados. Esto evitó la trampa en la que había caído The Night Stalker, poniendo a su principal héroe simplemente tropezándose con casos (Lowry, 11). El silencio de los Corderos también proveyó otra influencia en la forma del personaje de Foster, la agente Clarice Starling, quien fue una inspiración para la agente Dana Scully.

Los eventos históricos también sirvieron para presentar la serie con su inclinación hacia las conspiraciones gubernamentales. Carter declaró que las audiencias del caso Watergate tuvieron un tremendo impacto sobre él en su juventud (Lowry, 12). De hecho, Garganta profunda, (conocido años después como Mark Felt), quien fue una fuente secreta para los reporteros del Washington Post, Carl Bernstain y Bob Woodward, fue también un personaje durante la primera temporada de Los Expedientes X; una esquiva figura metida muy profundo en lo recóndito del gobierno, y que suplía a Mulder con valiosa información concerniente a las conspiraciones gubernamentales o las actividades paranormales que el gobierno elegía ocultar. El uso de tales símbolos ayudó a crear una atmósfera paranoica que era al mismo tiempo realista y familiar para los televidentes. Treinta años después de la muerte del presidente Kennedy y dos años después del lanzamiento de la popular película JFK de Oliver Stone, la cual trajo las teorías de las conspiraciones de asesinato a la atención del público americano, la audiencia estaba madura para una serie como Los Expedientes X. Carter tuvo conciencia del atractivo del show, siguiendo una prueba oculta del primer episodio piloto . Cuando el episodio tuvo como resultado un índice favorable de parte de la audiencia, Carter comentó que: «Todo el mundo en esa sala creyó que el gobierno le estaba mintiendo. Todo el mundo creía que el gobierno estaba conspirando para ocultarles la verdad, cualquiera que ésta sea. Y así, me di cuenta que esta era una idea muy rica y atractiva, de la que yo había hecho un montón de usos en varios episodios: “Niégalo Todo”» (Una Discusión con Chris Carter, 14).

Dos elementos temáticos en la serie –verdad y confianza- eran polos gemelos que representaban el estado mental americano sumergido en paranoia y conspiración: ¿Qué vamos a creer? ¿En quién vamos a confiar? Los dos embrollos del show -«No Confíes en Nadie» y «Yo Quiero Creer»– ejemplificaban esta paradoja. Mientras que el entorno que Carter estableció le daba rienda suelta a fantasías paranoicas, en el cual extraterrestres, monstruos y figuras gubernamentales acechaban en las sombras, y manipulaban agendas que controlaban las vidas de aquellos que vivían fuera de esas turbias profundidades, existía otro entorno que proporcionaba la posibilidad de la verdad, la fe y la fidelidad.

En el episodio piloto, la agente Scully, científica forense, es asignada para mantener vigilado el trabajo de Mulder en el departamento de Los Expedientes X, y reportarlo a sus superiores. El primer caso de Mulder y Scully ocurrió en el noroeste del pacífico, donde varios jóvenes fueron supuestamente secuestrados por alienígenas. Durante su investigación, Scully, descubre un momento capital en el pasado de Mulder, el cual explica su obsesión con lo paranormal. Años antes su hermana Samantha fue supuestamente secuestrada por alienígenas. En orden de descubrir la verdad de su secuestro, Mulder sacrifica su prometedora carrera como criminalista, para dirigir Los Expedientes X, definición de los llamados casos paranormales que eran marginados en el FBI (tan marginados que la oficina de Mulder se encontraba en el sótano del cuartel general del FBI). Si bien la relación de Mulder y Scully era manifiestamente antagónica, con Mulder interpretando el papel de agente renegado ante la arraigada ortodoxia de Scully, los dos rápidamente formaron una alianza, sin duda basada en el respeto de Scully por el trabajo de Mulder como criminalista, así como por la revelación de su traumática vivencia pasada. El escepticismo de Scully resultó en un factor favorable en las investigaciones paranormales de Mulder, mientras Scully se identificaba con la aventura de Mulder, y los desafíos a las creencias de éste, fortalecían las suyas. Ambos, en un sentido, devinieron en polos gemelos, sobre los cuales el show basaba sus fines temáticos. No obstante, mientras la serie evolucionaba con los años, fue obvio que Mulder y Scully llegaron cuestionar sus respectivas creencias y certezas, tanto como ellos cuestionaban las de cada uno.

Si bien el show usaba la ciencia forense como un antídoto para su fondo sobrenatural, Los Expedientes X se inclinaba declaradamente hacia la fe. La lógica científica de Scully y su razón eran sin embargo un necesario contrapeso para la muy a menudo simplicidad infantil de Mulder. Aún así, la principal premisa del show conducía hacia la fe, ya sea en la existencia de los extraterrestres y el secretismo del gobierno, en Dios, en la ciencia, en la humanidad y la amistad, o, como en el caso de Mulder y Scully, en uno al otro. Si bien el show algunas veces era cínico y saturado de paranoia, era en el fondo optimista. Asumía que a pesar de la conspiración global en la que Mulder y Scully se encontraron envueltos, aún quedaba algo en lo que creer: el cielo, oscuramente matizado de estrella, podría hacer llover alienígenas dedicados a la destrucción, pero también podría ser un lugar de maravillas y asombro. La fe era un faro de esperanza duramente ganado dentro de una oscuridad de paranoia y conspiración.

La obsesión de Mulder y Scully los empujó a través de un crisol de fuego, poniendo a prueba su voluntad y su fe en uno al otro y en sus creencias. La singular obsesión de Mulder con descubrir la verdad tuvo un impacto perjudicial sobre él y sus compañeros de vida así como sobre sus familiares. El padre de Mulder (cuyo pacto fáustico con los alienígenas para prevenir una invasión lo suficiente como para hallar un antídoto en contra de ellos, lo condujo a sacrificar su propia hija en dichos experimento) perdió su familia a causa de su traición. Él también perdió su vida al final de la segunda temporada («Anasazi»), presumiblemente porque sabía demasiado. Scully fue igualmente secuestrada durante el inicio de la segunda temporada (la dos partes: «Duane Barry» y «Ascensión»), y luego conoce que tiene cáncer en la cuarta temporada («Memento Mori») debido a los experimentos que habían ejecutado sobre ella durante su secuestro. Su hermana, Melissa, fue sacrificada, cuando el villano residente del show, Alex Krycek (Nicholas Lea), la asesinó, confundiéndola con su verdadero blanco, Scully («Piper Maru»). Mulder mismo fue secuestrado, disparado, infectado con con el Black Oil (una extraña y amorfa criatura extraterrestre), golpeado, y padeció otras varias formas de abusos. Estas pérdidas y sacrificios le mostraron a la audiencia que los riesgos eran altos, y que incluso Mulder y Scully podrían convertirse en víctimas.

Las perdidas y sacrificios que ambos personajes experimentaron fueron el precio que ellos pagaron en su mítica búsqueda por revelar la verdad. La obsesión de Mulder reflejaba la obsesión de los conspiracionistas de JFK, quienes continuaban en búsqueda de la verdad a pesar de las resistencias. De hecho el show alude a este enlace con los Lone Gunmen, un trío de intelectuales conspiranoicos que en ocasiones le prestaban ayuda a Mulder y Scully en sus investigaciones. Y, como todos los aficionados a las conspiraciones, quienes sólo vienen los suficientemente cerca de la verdad para obtener un vistazo de ésta, sin rasgarla de par en par, la búsqueda de Mulder estuvo llena de gatos por liebres, y pistas que terminaban en callejones sin salida. La naturaleza del sombrío gobierno quien siempre parecía estar un paso delante de los héroes del show, proveyó a Los Expedientes X de su siniestra y paranoica atmósfera.

Mientras Mulder y Scully estaban en constante desacuerdo dentro de sus fantasías conspiranoicas, combatiendo la burocracia (Mitch Pileggi, [el director Walter Skinner] y sus varios superiores, eran alternativamente descritos como aliados u obstaculizadores); una confederación de mentiras; «plausibles negaciones», y algunas veces ambas, ellos descubrieron una fe en el uno al otro que no era probable encontrarla en otra parte. Si bien su relación era de carácter platónico, basada en el respeto mutuo como amigos y colegas, su confianza se tornó romántica mientras el show se atascaba más en su visión paranoica.

Irónicamente, el productor ejecutivo, Chris Carter, quería evitar la trampa de involucrar sus protagonistas en un enredo romántico. Bob Greenblatt, entonces vicepresidente de desarrollo de series dramáticas de Fox, reveló que «Chris desde el mismo comienzo, siempre decía “esto no va a ser un Moonlighting”» (Lowry, 16). Pero mientras la serie progresaba, el conductor del show cambió su mente, sin duda porque él no pudo evitar la obvia química sexual entre las estrellas Duchovny y Anderson. Los fanáticos del show estaban divididos en cuanto al desarrollo de la relación de Mulder y Scully. Algunos preferían que los dos protagonistas permanecieran dentro de una relación platónica de colegas, cuya amistad y respeto sin embargo formaban la base del atractivo del show. Otros, conocidos como «embarcadores» en los foros especializados de internet, querían que los productores del show procedieran con la relación romántica. El hecho de que la relación de Mulder y Scully generara atención, era una clara indicación de lo absorbido que estaban los fanáticos por el show. Esto no es de ningún modo, un punto insignificante que resaltar, puesto que la relación entre Mulder y Scully formaba el eje de las ideas más esperanzadoras del show. Mientras que el mundo que ellos exploraban era siempre peligroso y lleno de incertidumbre, la relación entre Mulder y Scully, que tuvo su cuota de duda (siendo el episodio de la tercera temporada, «Wetwired», un ejemplo), se mantuvo incuestionable. A pesar de los aspectos más oscuros de las preocupaciones del show con paranoia y desconfianza, la serie mostró que la fe, la confianza y el amor, no importa cuán severamente sean puestos a prueba, al final ganan.

El nivel de confianza que ambos personajes comparten entre ellos es estimulado por el hecho de que ninguno puede confiar en nadie más. La lista de personajes que transitan a través de la vida y el trabajo de ambos, Mulder y Scully, era un registro de quien es quien en las sombrías figuras conspirativas. Principal entre ellos era El Fumador, alias CSM, alias El Hombre Cáncer, alias CSM Spender, interpretado por William B. Davis. CSM era una figura enigmática quien pulsaba todas las cuerdas conspirativas que afectaban tanto a Mulder como a Scully. Si bien primariamente no es un miembro del sindicato de conspiradores, CSM era un hombre que tenía un gran nivel de influencia dentro del mundo conspiranoico de Los Expedientes X, y quien, junto con Alex Krycek, se granjeó la mayor ira de los fanáticos del show. CSM fue presentado como alguien quien no sólo poseía todas las cartas, sino que también conocía el mecanismo interno de los secretos que Mulder anhelaba desvelar. Algunas de las confrontaciones más memorables del show ocurrieron entre Mulder y CSM, mientras Mulder trataba de obtener, de su archienemigo, las respuestas que él estaba buscando, sólo para frustrarse con más confusión.

Originalmente, CSM no estaba concebido para ser algo más que una figura en las sombras. En el episodio inaugural piloto, él ni siquiera pronuncia palabra. Él sólo está oculto al fondo, fumando los familiares cigarrillos Morley, mientras Scully presenta su reporte final a sus superiores. Como Carter declaró: «Yo nunca anticipé que él hablaría más de lo que su presencia denotaba» (Lowry, 20), pero claramente el personaje tomó por asalto no sólo al productor sino también a los fanáticos. Él devino en un villano memorable y en una herramienta útil para las resistencias que Mulder y Scully encontraban en su búsqueda para descubrir la verdad.

El show también contaba con una plétora de otros personajes, quienes empujaron a Mulder y Scully más lejos en su relación claustrofóbica. Aun las relaciones románticas de Mulder resultaron ser sospechosas. El show introdujo este tema en el episodio «Fire» de la primera temporada cuando la antigua amante de secundaria de Mulder, Phoebe Green (Amanda Pays), ahora una detective en Scotland Yard, viene a América para investigar una serie de asesinatos relacionados con el fuego, causados por un inglés altamente combustible. La relación de Mulder con Phoebe es tirante, y la razón se vuelve aparente más tarde, en el episodio en el cual las acciones cuestionables de Green como detective revelan su naturaleza sospechosa. Si bien el episodio no presenta la estructura mitológica que luego tomaría una forma más amplia en la segunda temporada, firmemente establece la insistencia de Mulder en la confianza de sus relaciones personales, y el porqué su trabajo y relación personal con Scully se vuelve tan importante. A través de toda la serie las relaciones de Mulder con otras mujeres (Marita Covarrubias [Laurie Holden] y la agente Diana Fowley [Mimi Rogers]) reciben el mismo tratamiento, mientras la serie gira en la revelación de la posibilidad de que estas mujeres sean verdaderas aliadas de Mulder, parte de la conspiración para destruirlo, o ambas cosas. Incluso la relación de Mulder con sus padres fue igualmente dudosa, ya sea debido a la complicidad de parte de su padre o, la indisposición de su madre en revelar la elección que resultó en el secuestro de su propia hija.

Personajes como Deep Throat (Garganta Profunda [Jerry Hardin]), Mr. X (Steven Williams), el director especial del FBI Alvin Kersh (James Pickens, Jr.), el agente especial del FBI Jeffrey Spender (Chris Owens), y otros son alternativamente vistos como aliados u obstaculizadores. Únicamente el Lone GunmenFrohike (Tom Briedwood), Byers (Bruce Harwood), y Langly (Dan Haglund)– alcanzan cierto estatus de confiabilidad en el mundo de Mulder y Scully. Los alienígenas mismos eran también de naturaleza ambigua. Más allá de una invasión sus verdaderas intenciones nunca fueron reveladas, pero el show raramente los presentó como el verdadero enemigo (los mejores villanos del show eran definitivamente humanos), si bien unos pocos personajes, como el amenazante Bounty Hunter (Brian Thompson), y el nebuloso Black Oil, eran actores agresivos dentro de la conspiración. Nuestra simpatía hacia Mulder y Scully pudo fácilmente ser transferida a los alienígenas y sus híbridos, quienes eran presentados la mayoría de las veces como víctimas del gobierno y sus crueles experimentos.

Más adelante en el show, después de que Duchovny abandonara la serie, el productor Chris Carter introdujo dos nuevos personajes en contra de los cueles la agente Scully pudo probar sus propias teorías conspirativas. El agente John Doggett (Robert Patrick) y la agente Mónica Reyes (Annabelle Gish), a diferencia de Mulder y Scully, estaban profundamente sumergidos en los detalles protocolares del FBI, y por consiguiente carecían del interés intrínseco por los casos de Los Expedientes X. Esto condujo a una desconexión de los temas conspiranoicos en el show. Mucha de la teorización conspiranoica fue puesta sobre los hombros de Scully, lo cual hubiese tenido sentido, de no ser por el hecho de que a través de toda la serie Scully era la escéptica residente del show. La ausencia de Duchovny creó un vacío que los productores tuvieron dificultad en llenar (felizmente Duchovny retornó durante la temporada final, pero el daño ya estaba hecho y el show, el cual había durado más tiempo que su fecha programada, salió del aire). Mientras Scully era un personaje importante, el show era principalmente Mulder. Sus conspiraciones y fijación en encontrar la verdad formaron el telón de fondo de toda la serie.

En su The Rough Guide to Sci-Fi Movies, el autor John Scalzi escribe que: «Las nuevas realidades del mundo post-9-11 le sacó el aire a Los Expedientes X y las series de su tipo -¿quién tenía tiempo para conspiraciones alienígenas cuando habían suficientes aquí abajo?» (286). Y sin embargo, el uso del show de conspiraciones alienígenas fue precisamente un mecanismo metafórico para nuestras preocupaciones con amenazas las cuales no podemos prever o prevenir. Más bien, el terrorismo ha sido una conjugación de todos nuestros temores desde el 9-11, si bien en muchos países es cosa del día a día. Y dada la manera en que el gobierno se ha conducido después del hecho, los conspiracionistas tenían mucho de qué preocuparse en los años siguientes al 9-11. En verdad, toda una pequeña industria se alzó alrededor de la idea conspiranoica de que los ataques del 9-11 fueron perpetrados por el gobierno americano. Sin lugar a dudas América es aún fructífera para los cuentos conspiranoicos. Más bien, junto con la partida de Duchovny, Los Expedientes X perdió su fuerza porque Carter había creado una narrativa tan complicada a través de la estructura mitológica que no existía ninguna manera eficiente de comprenderla. Para el final de la serie, los héroes del show, no sólo estaban batallando el gobierno y los extraterrestres, sino clones, Black Oil, alienígenas bounty hunters, y cosas por el estilo. Cada amenaza parecía más intrincada y desconectada que la anterior, y muchas de las respuestas que Carter proveyó para conectarlas, sólo generaron más preguntas. Aún así, la principal fuerza del show no estaba en lo conspiranoico en sí mismo, sino en la relación de Mulder y Scully y en la manera en que ellos avanzaron a través de la niebla de la ofuscación, las mentiras, y la ocultación. «La verdad está fuera», se convirtió en el mensaje esperanzador de la serie: que la verdad hallada en la fe y el amor nunca puede ser ocultada en tanto que los fieles sean genuinos en sus ideales.

Traducido por Odilius Vlak

FUENTES:

  • «A Dicussion with Chris Carter: Behind the scenes at the X-Files». Spectrum May 1996: 12-27.
  • «Chris Carter Making a Splash with the X-Files». CNN. July 8, 1998.
  • Lowry, Brian. The Truth Is Out There. The Official Guide to the X-Files. New York: HarperPrism, 1995.
  • Scalzi, John. The Rough Guide to Sci-Fi Movies. London: Rough Guide Ltd., 2005.

  • ACERCA DE LA AUTORA: Cynthia C. Scott, es una escritora independiente cuyo trabajo ha sido publicado ampliamente en la red. Ella ha completado recientemente una novela y está trabajando en una colección de historias cortas. Ella continua siendo una fanática de Los Expedientes X.
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