RUNES SANGUINIS: Sobre la Alegada Influencia de Lord Dunsany en Clark Ashton Smith / Por Donald Sidney-Fryer

Fritz Leiber recientemente ha llamado mi atención hacia el artículo «El Bisabuelo de Conan» de L. Sprague de Camp, publicado en Amra V 2 N 17. En este artículo el señor de Camp declara de paso, que Lord Dunsany influenció los escritos de Clark Ashton Smith. Ya que el señor de Camp ha mencionado esto a través de los medios impresos, al menos en otras tres ocasiones (Manual de Ciencia Ficción, Hermitage House, New York, 1953, pag. 79; Continentes Perdidos, Gnome Press, New York, 1954, pag. 260; Amra V Z N 13, en la reseña de la colección «Las Abominaciones de Yondo» de Smith, bajo el título «Manuscritos y semejantes»), yo supongo que es una opinión cuidadosamente considerada, y de esa manera digna de una atención seria. Me gustaría, sin embargo, presentar un punto de vista divergente.

En la cita de Continentes Perdidos el señor de Camp declara que el estilo de Smith «está basado en última instancia en el de Poe y Dunsany». Si bien admito, hasta cierto punto, la similitud superficial entre las respectivas temáticas entre Dunsany y Smith, no puedo admitir que el estilo de Smith esté basado en el de Dunsany. No obstante, el señor de Camp está en lo correcto al vociferar a Poe como una de las auténticas influencias estilísticas de Smith, ya que el mismo Smith reconoció la influencia de Poe, así como la de Baudelaire.

Smith me dijo en una ocasión que su primera lectura de los trabajos de Dunsany fue alrededor de 1920. Pero una simple lectura no es suficiente para actuar como una influencia sobre un escritor –especialmente un escritor como Clark Ashton Smith, quien eligió sus modelos literarios cuidadosamente- y Dunsany simplemente no estaba entre ellos. Mucho antes de 1920, Smith había estado creando poemas, en los cuales ya se encontraban muchos de los temas y contextos similares a los de sus historias posteriores.

Hay una lógica e inequívoca evolución en la literatura de Smith, desde sus primeros esfuerzos juveniles en prosa (a la edad de 11 años Smith escribió imitaciones de cuentos de hadas y Las Mil y Una Noches, y luego «extensas aventuras que trataban la vida oriental»); a través de sus primeras historias cortas profesionales («El Malay Krise», «El fantasma de Mohammed Din», «El Mahout (cuidador/conductor de elefantes)», «El Rajá y el Tigre», publicados en las revistas The Overland Monthly y The Black Cat, entre 1910-12); a través de sus poemarios publicados; a través de sus poemas en prosa; y finalmente a través de sus relatos posteriores, muchos de los cuales son poemas en prosas ampliados. Para el momento en el cual Smith leyó a Lord Dunsany, ya él estaba gravitando hacia la creación de historias ubicadas en sus propios mundos imaginarios. Él pudo haber notado la manera en la cual Dunsany manejaba su material, y cómo el estilo de Dunsany podía ayudarlo a presentar sus mundos imaginarios, pero Smith ya tenía formado su estilo de prosa mucho antes de 1920 –al menos en fecha tan temprana como 1914-, y para 1920, él ya había percibido, si bien de manera vaga, la temática de sus futuros relatos (a juzgar por su Ebony and Crystal).

La similitud superficial entre Dunsany y Smith constituye un ejemplo de una evolución independiente y casi paralela. Semejantes ejemplos no son excepciones en el campo de la literatura. Por ejemplo, Alexander Montgomery y Edmund Spenser, desarrollaron una forma similar de soneto, en el cual las rimas se interconectaban independientes unas de otra. Mucho de los temas y contextos que aparecen en las tres mayores colecciones de poemas de Smith (The Star-Treader and other Poems, 1912; Ebony and Crystal, 1922; y Sandalwood, 1924) reaparecen en sus cuentos posteriores, y este desarrollo lógico de la evolución creativa de Smith, no tiene nada que ver con las influencias de Dunsany. El espacio no permitiría citar todos los posibles ejemplos de las tres colecciones mencionadas arriba, y la comparación de éstas con ejemplos de los relatos más tardíos de Smith, y así, unas pocas generalizaciones serán suficientes, y uno o dos ejemplos.

A través de las tres colecciones se desliza el tema de lo que podríamos llamar cósmico/astronómico –este tema sin lugar a dudas le fue sugerido a Smith por los poemas de George Sterling que eran de una naturaleza similar- o lo interplanetario e interestelar. Pero el tema es tratado de manera más amplia por Smith en The Star Treader. También están presentes muchos poemas que tratan poderosamente con los temas de la muerte, la destrucción, la noche, especialmente en The Star Treader y Ebony and Crystal. Éste último y especialmente Sandalwood contienen muchos poemas que abordan el amor con un extraño patetismo. Y en todos se encuentran poemas que tratan los personajes de la mitología clásica (es decir: greco/romana), así como unos cuantos poemas que tratan sobre «los continentes perdidos» de la Atlántida y Lemuria (en The Star Treader: el soneto «Atlantis»; en Ebony and Crystal: el soneto «En Lemuria»; y en Sandalwood: el cuarteto «Lemurienne», este último agregado posteriormente al volumen impreso; y en pequeños poemas de todos los volúmenes.

De esa manera, la preocupación de Smith con la muerte e imágenes de muerte comenzó muy temprano en su carrera literaria, y continuó no de manera ilógica en la mayoría de sus cuentos. Cuando Smith vino a escribir en la década de 1930, lo que podemos nominalmente calificar como ciencia ficción, fue una de temática y fondo interestelar e interplanetaria. Él simplemente estaba manejando temas que había utilizado quince o veinte años antes. De manejar personajes y dioses de la mitología clásica en sus poemas, no fue más que un corto paso, para que sean utilizados por Smith en sus relatos. Claro, siempre y cuando la necesidad o la inspiración se presentaban, dioses de su propia inspiración aparecían. Y casi no hay necesidad de mencionar que Smith utilizó el tema de los continentes perdidos en casi tres cuartas partes de sus cuentos.

Citaré un ejemplo de una continuidad de tema, y es el de la Gorgona Medusa. En The Star Treader están el poema «Medusa» y el soneto «La Medusa de los Cielos»; y en Ebomy and Crystal está el soneto «La Medusa de la Desesperación». Y entre los cuentos posteriores de Smith encontramos «La Gorgona».

Citaré también un ejemplo de continuidad de contexto, ése en la creación de Smith en el que aparecen múltiples soles. En el poema que da título a The Star- Treader, Smith menciona un mundo «Donde los cielos coloreados de un sistema triple/conferían sobre extraños planetas, inefable, / una luz verdosa que los orbitaba como si fuera un océano exterior, /y largas auroras de mediodías que se alternaban con cielos que aparentaban un crepúsculo sin cesar». Y en Ebony and Crystal tenemos «Triple Aspecto» (refiriéndose obviamente a tres soles, cada uno con diferentes tonalidades); y en el soneto «Deseo de Vastedad» Smith menciona un «Mediodía trino» (indicando uno con tres soles). Para una continuación del contexto con múltiples soles entre sus cuentos posteriores, vean «La Ciudad de la Llama Cantora» y la esfera interna donde el cielo está «lleno de soles de muchos colores, como esos que podrían brillar en un mundo de múltiples sistemas solares»; vean «La Maldición de Aforgomon» y el planeta Hestan con sus «cuatro pequeños soles»; vean «El Laberinto del Hechicero» y «Las Mujeres Flores» y los tres soles de ámbar, esmeralda y carmín; vean «El Demonio de la Flor» y el planeta Lophai con los soles dobles de «verde jade y rubí anaranjado.»

Finalmente, como un ejemplo de continuidad de personajes, citaré de Ebony and Crystal, el poema «La Nereida», quien «habita por siempre, cautivada en el océano, / alma del vasto océano de esmeralda». Consultar el relato «Sadastor», y comparar la nereida mencionada arriba con la sirena Lyspial, quien, nacida de las aguas del planeta Sadastor, debe morir con esas mismas aguas.

Generalmente es pasado por alto el hecho que, muchos de los llamados «cuentos de horror» de Smith, lo son también de amor. El tema del amor, presente de manera tan poderosa en Ebony and Crystal y Sandalwood, continua con igual fuerza en sus historias posteriores, especialmente en extensos poemas en prosa, tales como «Una Noche en Malneant», «El Planeta de los Muertos», y otros.

En cuanto al poema que corona Ebony and Crystal –un poema que solo se puede describir como una épica telescópica- «El Fumador de Hashish-o El Apocalipsis del Mal»: Es un verdadero catálogo de cosas que aparecerían en los cuentos posteriores de Smith. La tremenda floración imaginativa de Smith en sus cuentos posteriores, especialmente esos de entre 1930-34, está prefigurada de una manera impactante e inequívoca, en la aparentemente, incesante marea de maravillas inventadas que están contenidas en este, el más largo de sus poemas. Desde el punto de vista de la temática y los episodios contenidos en él (muchos de los cuales son cuentos comprimidos en sí mismos) sería para el lector como leer el tipo de libros propios de un autor determinado; tan preñado está de temas y contextos usados en sus cuentos posteriores. El elemento cósmico/astronómico visto aquí, está combinado con el desfile de monstruos de la mitología clásica, así como de todo un repertorio de objetos del mal usados por Poe, Baudelaire y los simbolistas franceses. Estando todo el poema unificado por la figura del Fumador de Hashish, es decir, «El Emperador de los Sueños» (el cual es una figura que tiene analogías con «El Hombre Dios» de Baudelaire; en verdad un concepto muy antiguo). Este extraordinario poema pudo haber sido compuesto después de 1920, pero sus prefiguraciones de elementos creativos, que luego aparecieron en los cuentos, no le deben nada a Dunsany. Algo de su imaginería y estructura le fue sugerido a Smith por «Un Vino de Hechicería» de George Sterling, que fue leído por Smith en 1907, cuando él tenía casi 15 años. Dos años más tarde descubre la poesía de Poe.

Quizás más significativo para el estudio de los cuentos posteriores de Smith es la inclusión en Ebony and Crystal de veintinueve poemas en prosa, que Smith había compuesto antes de 1920, como «Ennui (Tedio)», publicado por primera vez en 1918 en «El Juego Inteligente». Ya muchas de las temáticas propias de los relatos posteriores de Smith están prefiguradas en uno pocos títulos como: «El Viajero»; «La Flor Demonio»; «La Princesa Almeena»;«En Cocaigne» (esta tierra imaginaria de la Francia medieval de lujo y decadencia, guarda una obvia analogía con Atlantis), y con «Desde las Criptas de la Memoria». Que luego sirvió de núcleo para el cuento y el largo poema en prosa, «El Demonio de la Flor» y «El Planeta de los Muertos», respectivamente.

Sólo un corto paso separa estos poemas en prosa de la creación de aquellos más extendidos, como, «Las Abominaciones de Yondo» y «Sadastor», ambos compuestos en 1925, y de éstos a sus cuentos. El primero de estos tiene un ligero sabor dunsaniano en su primer párrafo, especialmente en la frase «Yondo se encuentra más cercano que todas las cosas al borde del mundo» y en la oración que concluye el primer párrafo: «cosas se han arrastrado hasta ahí desde el espacio exterior, cuya incursión está prohibida por los dioses de todas las apropiadas y bien ordenadas tierras (lo cual parece especialmente dunsaniano);pero no existen tales dioses en Yondo, donde habitan el viejo genio de abolidas estrellas, y decrépitos demonios dejados desamparados por la destrucción de antiguos infiernos (pero esta frase tiene más del ingenio de Voltaire o William Beckford que de Dunsany).»

Esto nos trae a la discusión de ciertas diferencias esenciales entre los cuentos de Dunsany y los de Smith, diferencias en estilo y temática. Primero, notar la disimilitud entre los mundos imaginarios creados por Dunsany como fondo para sus cuentos y esos creados por Smith para los suyos. Los mundos y tierras de Dunsany están situados «más allá del este» y «al borde del mundo»; ellos son deliberadamente vagos, y sin ninguna pretensión de una existencia geográfica, en nuestro mundo o en cualquier otro. A pesar de sus eventos y criaturas fabulosas, los mundos de Smith pudieron haber existido o, podrían existir, como lugares reales, en nuestro planeta (dando por verdadera la existencia de la Atlántida, y otros continentes perdidos). En cuanto a los cuentos de Smith que no están ubicados en continentes perdidos, ellos se encuentran ubicados ya sea en lugares reales o en tierras interplanetarias, interestelares o interdimensionales que, aún siendo imaginarias, pretenden existir como espacios definidos.

Para puntualizar una diferencia más profunda entre Dunsany y Smith, consideremos un pasaje del artículo del señor de Camp «El Bisabuelo de Conan»: «Dunsany fue un maestro del final sorpresivo y truculento. Muchas de sus historias son simples anécdotas construidas alrededor de un final semejante». El final truculento y sorpresivo en sí mismo es raro en los cuentos de Smith. Mientras un final podría resultar sorpresivo para un lector, el efecto de la sorpresa está subordinado a la atmósfera general del cuento. Smith usualmente buscó contar una historia con el más rígido control. Y el efecto de inevitabilidad, el resultado de semejante control, es lo que le da a muchos cuentos de Smith esa característica de poder e impacto, lo cual podría apenas haber sido logrado a golpes de finales truculentos y sorpresivos.

La definición de los cuentos de Dunsany por el señor de Camp como «cuentos de hadas para niños pero en un nivel adulto y sofisticado», es una muy apropiada. Lo que exime a los cuentos de Smith de tal resultado, a pesar de su parafernalia externa, es la extraordinaria e intensa convicción de creencia y profundidad de sentimiento que ellos contienen. Tal convicción de creencia y profundidad de sentimiento están ausente en Dunsany, quien parece tener el aire de un mundano e ingenioso cronista relatando agradables pasatiempos para una audiencia sofisticada. Esto es aplicable no sólo para los cuentos posteriores de Dunsany del personaje Jorkens, sino para mucha de su más temprana y más sinceramente intencionada prosa, por lo que la creación de Dunsany de una elaborada mitología, a menudo aparenta ser un ingenioso juego; un juego que no evoca profundas emociones en el lector. Por otro lado, si bien uno no podría considerar sistemáticamente los cuentos de Smith en su totalidad como alegorías (si bien ellos lo podrían ser en parte), aún muchos de sus cuentos son sombrías parábolas de muerte, destrucción y oscuridad; de amor, belleza y maravilla; de pena y nostalgia; de horror, terror y temor; de odio y venganza; de destino y divinidad. Y con muchos de sus temas, especialmente los de amor y muerte, combinados en una decadente y barroca síntesis, y aderezados ocasionalmente con un extraño humor y una ironía inmisericorde.

El estilo de Dunsany, particularmente el de su obra temprana y probablemente la mejor, fue modelado directamente de la versión de la biblia del Rey James. El estilo de Smith, si bien puede poseer algunas ligeras afinidades con un estilo «bíblico», no fue manifiestamente modelado del de Dunsany, sino por el de Poe (ver especialmente «La Sombra; una parábola», «Silencio; una fabula» y sobre todo «La Máscara de la Muerte Roja», la cual es la cosa más cercana en el canon creativo de Poe a un cuento de Smith); y por el de Baudelaire (ver particularmente «Los Pequeños Poemas en Prosa»). El estilo prosístico de Dunsany, en su expresión mejor lograda alcanza una calidad frágil. En general el estilo prosístico de Smith es uno de una seriedad y una ostentación muy declarada. Muchos de sus cuentos, visto teóricamente como historias cortas, podrían en verdad parecer escritos en un lenguaje «ornamentado». Sin embargo, vistos como extensos poemas en prosa, las historias no parecen ya ser escritas en semejante estilo, sino en uno que se ajusta perfectamente a la temática del trabajo. Verdaderas ornamentaciones al estilo de «Euphues» de John Lyly, a menudo distorsionan deliberadamente la temática para ajustarse a las extravagancias retóricas. Smith manipula sus aparentemente «extravagancias retóricas» para ajustarlas a la temática. En Smith la forma existe para el fondo, no lo contrario. (A propósito del estilo de Smith, es interesante observar que el último capítulo de «Hydrioraphia» de Sir Thomas Brown, a menudo ha sido citado como el pináculo de un estilo esplendoroso. No obstante, en muchos, muchísimos ejemplos, Smith supera a Brown en este respecto). El estilo de Smith, por toda su profundidad de sentimiento y afinidades «románticas», puede mejor ser descrito como -en vista de su rígido control y elaborada retórica- «Barroco».

No es mi intención desdeñar los logros literarios de Dunsany. Su innovación más importante, desde mi punto de vista, fue la creación de un mundo narrativo con sus propias deidades sustituyendo a los dioses clásicos o de otras mitologías, y todo con un sistema de nombres propios, más elaborados y más científicos que la nomenclatura de sus predecesores. Sin embargo Dunsany, al contrario de muchos de sus predecesores, no se conformó con usar un dios ocasional en sus historias; sus primeros volúmenes, tienen como propósito manifiesto, la creación de toda una mitología. Los cuentos de Smith, si bien ellos pueden ocasionalmente presentar algunas deidades imaginarias, no tienen como intención la creación de una mitología. Seguramente la similitud superficial de Reyes, Reinas, Reinos, Palacios, Templos, etc., en los trabajos de ambos, no es suficiente para justificar la definición de los cuentos de Smith como «dunsanianos», simplemente porque Dunsany precedió a Smith por una o dos décadas.

Y como ejemplo final de las diferencias esenciales entre Smith y Dunsany, consideremos las diferencias en su aptitud hacia la muerte. Smith incansablemente enfatiza las cualidades carnales de la muerte y la agonía. Dunsany jamás lo hace. En Dunsany la transición de la vida a la muerte no parece más que el quitarse una vestimenta. Mientras Dunsany puede hacer uso de brujas, él nunca incorpora nigromantes y nigromancia en sus cuentos como Smith lo hace en los suyos. En verdad la importancia de la nigromancia en Smith no puede ser sobrevalorada. No es más que otra manifestación «Del Hombre Dios», uno de los principales temas unificadores en la producción de Smith desde «The Star Treader and Other Poems» hasta su último volumen de poesía publicado, «Spells and Philtres». Ya que los nigromantes tienen el poder de levantar a los muertos y traerlos de regreso a una seudo-vida, una vida que no es vida (una ambigüedad barroca); y puesto que tal capacidad es presumiblemente una de las prerrogativas de las deidades; los nigromantes pueden ser considerados, al menos en parte, extravagantes versiones «Del Hombre Dios».

El señor de Camp no ha sido el único comentarista que ha alegado la supuesta influencia de Dunsany sobre Smith. Edward Wagenknecht, un bien conocido intelectual, en una ocasión llamó a Smith «el discípulo americano de Dunsany (a su modo)». Para Anthony Boucher, «los ecos de Lovecraft y Dunsany ahogan la voz propia de Smith». En vista de la propia evolución creativa de Smith, de donde él partió para la creación de sus posteriores y más característicos cuentos, como un desarrollo lógico el cual no tiene nada que ver con Dunsany, yo me encuentro incapaz de compartir la opinión del señor de Camp, Wagenknecht y Boucher. Y me veo forzado a concluir que si ellos adoptaron ese punto de vista, es porque carecen de un conocimiento suficiente de la temprana evolución creativa de Smith. Los cuentos de Smith no son más «dunsaniano» de lo que ellos son «arturianos» o «spenserianos»; y describirlos como tal, es confundir al lector no informado.

Traducido por Odilius Vlak


  • NOTA: Este ensayo fue publicado por primera vez en: Klarklash-Ton: The Journal of Smith Studies, #1, 1988, Cryptic Publications.
  • Para la presente traducción de su versión original: «On the Alleged Influence of Lord Dunsany on Clark Ashton Smith», fue extraído de aquí:http://www.eldritchdark.com.

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