RUNES SANGUINIS: La Ciencia Ficción en los Países No Angloparlantes y Occidentales / Por Aliette De Bodard

La Pasada primavera, el ensayo «Los Mundos del Tercer Mundo» de Norman Spinrad (publicado en la columna «Sobre Libros» del número abril/mayo), suscitó una gran controversia en internet, tanto en blogs como en twitter. Ya que Asimov’s es vasta y asimila una multiplicidad de opiniones, le pedimos a Aliette De Bodard que le dé voz a algunos de las opiniones levantadas por la reseña del libro.  Aliette es una escritora mitad francesa y mitad vietnamita, y vive en París en un piso con más computadoras de lo que ella realmente necesita. En su tiempo libre, ella escribe ficción especulativa. Sus publicaciones incluyen historias en Realms of Fantasy e Interzone; y su fantasía azteca, «Sirvientes del Bajo mundo» fue publicada en el 2010 por Robot/HarperCollins. La más reciente historia de Aliette para Asimov’s «La Casa del Jaguar, en Sombras», apareció en nuestro número de julio. Ella responde al ensayo de Norman con un pensamiento experimental que puede contener algunas opiniones controversiales en sí mismo.


 

Una crítica común, es la que etiqueta la Ciencia Ficción como un género dominado por el mundo occidental, dejando poco espacio para otros países. ¿Cuánto de esto es verdadero? ¿Se está escribiendo ciencia ficción fuera del mundo occidental, y cómo lucen estos mercados? En este artículo, rastrearé los vínculos entre la ciencia ficción y los países occidentales. Mostraré que, si bien el campo parece abrumadoramente dominado por el occidente anglosajón, se está produciendo ciencia ficción en muchos países alrededor del mundo, con diferentes tradiciones e idiosincrasias.

Como su nombre lo indica, la ciencia ficción está ligada a la ciencia; e igualmente, el comienzo de la historia del género puede ser hallado en el comienzo de las disciplinas científicas, otorgándole al género en sí, un distinguible sabor occidental. Es un acuerdo general que la ciencia como una disciplina, comenzó en alguna parte del siglo XVII, cuando nos movimos desde una aproximación puramente empírica (si haces esto, resultará esto) a una analítica (si haces esto, resultará esto todo el tiempo, por tal y tal razón). Si bien muchos descubrimientos científicos fueron hechos fuera del mundo occidental (la pólvora, el compás y la imprenta en China, para citar sólo tres), el verdadero florecimiento de la ciencia se inició en Europa, y permaneció allá por los siguientes siglos.

Un punto crucial en la historia de la ciencia lo fue el siglo XIX, cuando el científico se convirtió en un ingeniero; ya no más un sirviente, sino un hombre que aplicaba la ciencia para resolver los problemas que se le presentaran. Esta fue La Segunda Revolución Industrial, en la cual la manufactura masiva del acero transformó el rostro del mundo; también fue el tiempo de los grandes imperios coloniales, en el cual Europa y los Estados Unidos se alzaron para dominar el mundo, dejando su marca sobre regiones que iban desde Latinoamérica hasta Asia. Es valioso notar que el siglo XIX marcó un cambio de paradigmas: es el siglo en el cual la noción de «progreso» se vuelve importante, donde las personas en general devienen más conscientes de la ciencia en cuanto a una herramienta al servicio del desarrollo de la humanidad.

Dado todo esto, no es ninguna sorpresa que la ciencia ficción (en el sentido en que usualmente la entendemos; regresaré a este punto luego), un género saturado de progreso y lo que éste significaría para el futuro, sea tan profundamente occidental en sus comienzos. Trabajos del género en ese tiempo incluyen, «La Máquina del Tiempo» de H. G. Wells (el relato de un inglés que se adelanta en el futuro) y las novelas de Julio Verne (siendo al mismo tiempo emocionantes aventuras y libros didácticos, donde es común encontrar todo un capítulo inundado de información científica).

De todos los países que pudieron haber desafiado la dominación occidental, los más grandes –China y Rusia– estaban atascados en varias dificultades políticas y económicas que le imposibilitaron ascender como potencias mundiales. Existe, sin embargo, una notable excepción a la dominación occidental de la ciencia. Japón alcanzó un punto crítico en la segunda mitad del siglo XIX. Acosada por extranjeros y en peligro de ser tragada políticamente, el país se encontró para sí mismo un nuevo líder en la persona del Emperador Meiji, y un nuevo gobierno que creía que la clave para el futuro de Japón, se hallaba en la comprensión de la ciencia y el método occidental. Con ese fin, la Misión Iwakura viajó por dos años a través de Europa y los Estados Unidos, estudiando el sistema occidental. Luego de esto, fueron establecidas comisiones para decidir cuáles aspecto de la modernización occidental, guardaban afinidad con el espíritu japonés, y cuáles necesitaban ser modificados. Por consiguiente, no es ninguna sorpresa que Japón tenga una historia de la ciencia ficción casi tan vieja como la de occidente. Las novelas científicas de Wells y Verne tuvieron su contraparte en esas de Shun y Oshikawa, y otros escritores de la era.

Así, desde el principio, la ciencia ficción estuvo ligada a las naciones científicas, y ya que las naciones científicas son también las más ricas, la ciencia ficción ha permanecido como derecho exclusivo de los países desarrollados. Pero las cosas están cambiando.

La dominación del mundo occidental pudo haber parecido indiscutible al final de la Segunda Guerra Mundial, pero la segunda parte del siglo XX vio la erradicación de tal posibilidad. Los antiguos imperios coloniales se derrumbaron, mientras los países de Latinoamérica, África y Asia, afirmaban su independencia de sus amos occidentales. Muchas de esas naciones recién nacidas se reagruparon bajo la definición de «El Tercer Mundo», al margen de cualquier alineación ya sea con los Estados Unidos o la Unión Soviética y negándose a tomar parte en la Guerra Fría. Durante el último cuarto del siglo XX, algunas de esas naciones en desarrollo, se propusieron estrechar la brecha entre ellas y el mundo desarrollado, y algunas lo hicieron con gran éxito (por ejemplo, los Tigres de Asia: Singapur, Taiwán, Corea del Sur, y el antiguo territorio de Hong Kong).

Y con el salto tecnológico vino la ciencia ficción. En países de todas partes del mundo, la ciencia ficción ha emergido. El punto de este artículo no es la catalogación sistemática de cada uno de esos países, sino que me enfocaré en algunos ejemplos significativos. El mercado chino es posiblemente el más grande del mundo (ayudado, por supuesto, por el hecho de que la población china es también la más grande del mundo) y la ciencia ficción es un género muy estimulado por el gobierno para introducir ciencia en los lectores. «Science Fiction World», la mayor revista de ciencia ficción, tiene una circulación de 130, 000 (en su punto álgido de 300, 000), impresionante, cuando lo comparamos a los 30 000, más o menos, de las revistas americanas más vendidas. A diferencia de occidente, donde el Fandom de ciencia ficción es adulto, la mayoría de los lectores del género son jóvenes: esto le brinda al género dinamismo, pero también significa que la muchedumbre de lectores de ciencia ficción tiene poco poder adquisitivo. (La situación es un poco diferente para la Fantasía, la cual es más popular). Famosos autores de ciencia ficción incluyen: Ye Yonglie, reconocido por escribir la primera novela de ciencia ficción luego de «La Revolución Cultural», «Little Smart Traveling in the Future» (1978), y Liu Cixin, quien ganó ocho veces el Premio Galaxy de China.

Brasil ha estado produciendo ciencia ficción desde los sesentas. La producción es pequeña comparada con el estándar americano: alrededor de cuarenta libros por año, más las historias y los artículos relacionados que aparecen en los fanzines. Sin embargo, hay una fuerte tradición del género, el cual ha comenzado a echar un vistazo a los asuntos brasileños tales como la dictadura y la identidad nacional. Autores como Ana Cristina Rodrigues, Gerson Lodi-Ribeiro (conocido por sus historias alternas como la reciente «Xochiquetzal») y Jorge Luis Calife (quien escribe ciencia ficción dura), están promocionando una visión más amplia de la ciencia ficción. La primera antología steampunk brasileña, «Steampunk», incluye historias de escritores como Flávio Medeiros, Fábio Fernandes y Jacques Barcia (los dos últimos siendo también publicados en espacios de la lengua inglesa como la antología Shine de Jetse de Vris).

De manera similar, después de finalizado el apartheid, Sudáfrica está siendo anfitriona para un mercado burgués de ciencia ficción. Revistas como Something Wicked (lamentablemente desaparecida al momento de escribir este artículo, si bien hay planes de publicarla nuevamente en edición digital) y fanzines como Probe (publicado por el Science Fiction Club de Sudáfrica) han revelado notables historias cortas. Mientras tanto, algunos escritores sudafricanos (hasta ahora mayormente blancos de habla inglesa) están siendo publicados internacionalmente: los ejemplos incluyen a Dave Freer (quien ha escrito tanto en solitario como en colaboración con Eric Flint y Mercedes Lackey) y Lauren Beukes (cuya novela «Moxyland», ubicada en el futuro del país, fue primero publicada en Sudáfrica y posteriormente reimprimida en la colección Angry Robot de HarperCollins). Mientras miramos a esos otros mercados, debemos estar conscientes de que en muchos países los libros son aún un lujo. Aparte de un problema básico de alfabetización (muchos países de Asia y África tienen un porcentaje de alfabetización por debajo de un 70 por ciento, a diferencia del 97 por ciento, o más, de los países occidentales, está también el problema de los precios de las novelas y su disponibilidad. Por ejemplo, en la India, el precio de un paperback es de cien o trescientas rupias (de dos a siete dólares, aproximadamente), lo cual puede representar la ganancia diaria de un granjero en cualquier villa. Libros pirateados y baratas copias de segunda mano, pueden ser encontrados fácilmente, pero mayormente para las exitosas novelas en lengua inglesa.  Para las demás lenguas de la India y trabajos menos conocidos, ese no es el caso. Compárese esta situación con los Estados Unidos, donde en el masivo mercado un paperback cuesta 7 u 8 dólares, de un salario medio de alrededor de 170 dólares por día para un trabajador de tiempo completo, y será obvio que la población en posición de leer libros no será la misma en ambos países. En uno, todos tendrán acceso a libros, si bien no todos desearán comprarlos; en el otro, comprar libros ocupará el lugar de una necesidad, y de esa manera la literatura permanecerá siendo la provincia de una élite. En Brasil, a finales de los ochentas, si bien la mayoría de las personas estaban alfabetizadas, sólo el 20 por ciento de la población consumía libros de una manera regular. (La carencia de un mercado masivo de paperbacks, no ayuda a Brasil en esta situación).

Un efecto secundario es que el mercado literario será a menudo pequeño, y la noción de género en sí misma un lujo. La clasificación de libros sólo tiene sentido cuando se tienen suficientes para distribuirlos en categorías. Así, podría no haber un género de ciencia ficción per se, pero eso no significa que elementos de la ciencia ficción, estén del todo ausentes de la escena literaria.

Hasta ahora, todo bien. Pero, si todos esos países tienen ciencia ficción, ¿por qué sabemos tan poco de ella? Podríamos argumentar que ellos son un pequeño mercado dirigido a una élite, y que esta pequeña porción le imposibilita exportar su ciencia ficción al extranjero. Y este podría ser el caso, excepto que países más desarrollados como Francia y Japón, tampoco parecen tener mucho éxito exportando su ciencia ficción. La mayoría de los lectores de ciencia ficción ingleses les sería difícil nombrar las luminarias francesas; la mayoría de los lectores de ciencia ficción franceses, japoneses o chinos conocerán quienes son Isaac Asimov o Arthur C. Clarke, e incluso Robert J. Sawyer, y los que ellos han escrito.

Partiendo de esta observación, es fácil llegar a conclusiones que podrían ser incorrectas. En el internet, ha habido varias discusiones, debatiendo el porqué fue que el inglés devino en el lenguaje de la ciencia ficción, de alguna manera más apto para esto que el francés, el chino o el japonés. Las explicaciones van desde la historia del género –la ciencia ficción actual desciende de la Edad de Oro americana- hasta consideraciones de orden lingüístico, y así como el inglés es de alguna manera la lengua natural de la ciencia, lo es por lo mismo de la ciencia ficción.

A la luz de lo que he expuesto más arriba, esta afinidad natural no parece ser el caso. Existen prosperas comunidades de ciencia ficción en países en los cuales el inglés ahora, es que está cerca de ser la lengua oficial; y esos que declaran que el vocabulario científico se ajusta más al inglés, olvidan que dicha nomenclatura provino mayormente del griego y el latín, y puede ser traducida a la mayoría de las lenguas occidentales, y adaptada a cualquiera de las altamente flexibles y creativas lenguas asiáticas.

El problema no lo constituye el material disponible, sino la visibilidad. Si un occidental angloparlante estuviera caminando a través de la sección de ficción especulativa de una librería francesa, él vería muchos nombres familiares, y la mayoría de ellos de habla inglesa. Y aún así, Francia es ligeramente menos inclinada a traducir que otros países: sólo el 14.6 por ciento de nuestra literatura es traducida. Acerca del 60 por ciento de esos trabajos son traducciones del inglés. A nivel mundial, la situación es aún más acentuada: el 50 por ciento de los libros que se traducen en el mundo, son traducciones del inglés a varios idiomas; pero sólo un 3 por ciento de las traducciones se hacen al inglés, y de ese 3 por ciento, muy pocos alcanzan el mercado americano. El porcentaje de traducciones para la publicación americana, es usualmente alrededor de 0.2 por ciento. Esto es abismal bajo cualquier estándar.

El problema, planteado así, es asimétrico: hay mucha ciencia ficción que se traduce del inglés a otras lenguas, pero muy poca de éstas se abre camino hasta los países occidentales de habla inglesa. (Las posibilidades británicas lucen algo mejor que las americanas, con los esfuerzos recientes de Gollancz para la publicación en inglés de ficción especulativa rusa y francesa).

¿Por qué esto es así? Una explicación tomando paralelismos históricos puede ayudar. En el periodo de la Dinastía Tang (del siglo VII al X d.c), China exportó su cultura a través de Japón y Corea: aparte del evidente impacto del Budismo, la influencia china puede ser vista claramente en el arte japonés del periodo, el cual emulaba el chino; y por supuesto, en el Kanji japonés, los cuales son ideogramas chinos. Nuevamente en el siglo XV y XVI, China exportó de manera similar su ideología y sistema administrativo, centralizando el estado alrededor de la filosofía de Confucio y los mandarines. Pero China tomó muy poco para sí misma, ya sea de Japón o Vietnam.

Y en el siglo XIX, el francés era el idioma diplomático en la mayor parte de las cortes europeas, y el estilo francés era en general el epítome del refinamiento. El punto común entre esas dos situaciones era que todos los países que exportaron su cultura eran económica o políticamente poderosos en el momento. Asociado con esto existe un aura más sutil que la invasión militar: la de la influencia cultural. No sólo es la cultura dominante exportada, sino que las personas de las culturas no dominantes se esforzaran por imitarla, con varios grados de éxito, algunas veces denigrando su propia cultura en el proceso. Por la mayor parte del siglo XX (el cual comprende la mayor parte de la historia de la ficción especulativa), Estados Unidos ha sido el poder mundial dominante, y por consiguiente, la ficción especulativa americana –y por extensión la del occidente angloparlante- es la que ha determinado el mercado; aquella de la que se habla; la que es imitada; la que es traducida y exportada.

Un efecto secundario frecuente de la dominación cultural es el aislamiento, especialmente después de que el periodo de crecimiento finaliza: el paradigma no es confesado con muchas palabras, pero la implicación es que si una cultura puede ser tan ampliamente adoptada, es porque de alguna manera es superior. De esa manera, la cultura dominante tiende a hacer mucho menos esfuerzo para importar cualquier cosa desde el extranjero (el tardío Imperio Chino es prácticamente un ejemplo didáctico de esto).

A una escala mayor, esto significa que lo que consideramos ciencia ficción internacional hoy en día, lo que entendemos como buenas historias, como narraciones inolvidables, están de hecho modeladas por la cultura del occidente anglosajón, y sobre todo por la cultura estadounidense, al igual que nuestra industria cinematográfica está permeada por Hollywood, y nuestra televisión está fuertemente influenciada por los programas americanos.

¿Significa esto que la ciencia ficción de otros países es secundaria? Podríamos argumentar de entrada que así es. Muchas de las características de la ciencia ficción son occidentales, e incluso americanas: la más grande, sin dudas, es la aproximación científica en sí misma, la cual como hemos visto, se originó en occidente, y que a menudo ha sido importada a gran escala (siendo Japón una asombrosa excepción). Pero hay otras, como la exploración del espacio y las historias de contactos del primer tipo, las cuales, en la ciencia ficción clásica, son sutiles alegorías, ya sean del proceso de colonización o de la conquista americana de occidente.

Pero hay un efecto más perjudicial aún. La gramática de la narrativa en sí misma, la novela de ciencia ficción, ya sea esta de aventuras o de historias literarias, es con mucho el producto de su tiempo y lugar. La novela, y especialmente la novela comercial como la entendemos hoy en día, es una construcción occidental. Para tomar solo un ejemplo, aun la tardía literatura en prosa china, era radicalmente diferente de lo que se fue desarrollando en el mundo occidental en el mismo periodo de tiempo. Las grandes novelas de las dinastías Ming y Qing (del siglo XIV al XX), no estaban centradas en la trama y los personajes, y no poseían una diestra y ordenada resolución o un clímax. Más bien, ellas tendían a presentar una variedad de imágenes, temas y personalidades, lo que Richard J. Smith llama «una infinidad de coincidencias y alternaciones», un sentido de infinitud, que no estaba enraizado en algún significado subyacente del mundo. Esta es una estética muy diferente de las novelas occidentales, donde un crescendo de la trama tiene un clímax, que conduce a un final emocionalmente cargado.

En cierto sentido, pedirles a otros países que escriban ciencia ficción podría interpretarse como un retroceso al colonialismo, imponiéndoles valores que les son ajenos.

Y aún así… la literatura es un dialogo. Un dialogo en el sentido de que los escritores están escuchando aquello que dijeron los que los precedieron; de esa manera, ningún escritor de ciencia ficción existe en el vacío, sino que obtiene inspiración de sus mayores. Pero es también un dialogo porque cada escritor hablará con su propia voz –una voz que será influenciada por su crianza, la sociedad en la cual vive, y los valores que los identifiquen. Incluso cuando esos otros países no hayan leído más ciencia ficción que aquella que ha sido importada de Estados Unidos –lo cual, como he mostrado más arriba, no es cierto- ellos aún crearán formas de ciencia ficción que será única a su manera. La ciencia ficción japonesa, como Nick Mamatas señala en el blog Haikasoru, encuentra su inspiración tanto en Van Vogt y Fredic Brown, como en otros escritores japoneses, conceptos religiosos, Manga, ciencia…

Porque así como les damos a dos escritores la misma trama y le pedimos que escriban, finalizaríamos con dos historias muy diferentes, no hay dos personas que lean el mismo libro de la misma manera, y no hay dos personas que elaboren las mismas respuestas para un mismo libro o autor, con la misma voz. Y esto es aún más verdadero cuando existe una gran distancia entre esos dos escritores. Lo que yo, como una francesa, viviendo en Francia, obtengo leyendo a Charles Stross, será sin duda muy diferente de lo que una mujer negra de Kenia pueda interpretar de él. Y lo que yo escriba será diferente a lo que una escritora africana o asiática pueda escribir.

Para tomar sólo un ejemplo: hay un énfasis más profundo en la comunidad en los países asiático que en los países occidentales. Como resultado, muchas de las historias asiáticas para los adolescentes, son acerca de la adaptación y ser aceptado, más que de forjar su propia independencia. Una historia en la cual un personaje se separa de su comunidad y su familia, sería vista como una tragedia, más que como el triunfo de pasar a un nuevo capítulo en el cual se ha de iniciar una vida propia, como sería el caso en occidente. Igualmente, los asiáticos tienden a tener un concepto más flexible de la realidad que los occidentales. (La idea de que la ciencia puede explicarlo todo es típicamente occidental). Piezas como «From Ball Lightning» de Liu Cixin o «The Wheel of Samsara» de Han Song, poseen un concepto muy fluido de la realidad y la memoria.

La ciencia ficción, entonces, está forjada por las influencias y el dialogo, y la voz de la ciencia ficción en diferentes países necesariamente será diferente. Cuando mezclamos los escritores de esos países –los escritores brasileños, los chinos- entonces tendremos voces que son muy diferentes de esas que provienen de América, y en verdad del mundo occidental en general, y los mercados continuarán desarrollándose y prosperando, haciendo sus propios caminos con sus propias voces.

Traducido por Odilius Vlak


 

 

  • NOTA: La versión original de este artículo titulada:«Science Fiction and Non-Western/Non-Anglophone Countries», se encuentra aquí:http://www.asimovs.com.

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3 comentarios en “RUNES SANGUINIS: La Ciencia Ficción en los Países No Angloparlantes y Occidentales / Por Aliette De Bodard

  1. Estimados Señores,

    He intendado encontrar email de contacto en su sitio web, pero no lo he conseguido–entonces dejo ese comentario aquí. Soy la autora original de este artículo–estoy muy agradecida de ser traducida en castellano, pero este artículo tiene copyright en mi nombre, y no me gustó mucho descubrir a su traducción por un amigo.
    Por esta vez no hay problema, pero la próxima vez que deciden traducir algo mío, ¿es posible preguntar a mi o a Asimov’s antes?

    Cordialmente,

    Aliette de Bodard

    1. Los miembros del Blogzine «Zothique the Last Continent» agradecen la salvedad que la autora Aliette De Bodard nos ha hecho con respecto al Copyright de su artículo. Al mismo tiempo nos sentimos honrados que una escritora que atesore en su mente tal nivel de pensamiento, como ensayista y creadora de ficción especulativa, haya arrojado un poco de luz, con su presencia, sobre la oscuridad de nuestro Templo Virtual. Y claro, su luz es bienvenida… y su advertencia también; hasta el punto de que no estamos del todo arrepentidos por la libertad que nos tomamos al traducir su artículo. Esto así, porque un punto de vista tan esclarecedor como el que ella expresó en su artículo, acerca del estatus actual de la ciencia ficción mundial, fue uno que consideramos debió ser compartido, en acuerdo a su misma naturaleza global, con los consumidores del género en otras regiones, fuera del mundo angloparlante, como lo es nuestro mundo de habla castellana.

  2. Excelente artículo, muy actualizado y bien traducido. En cuanto a la reacción de la autora, creo que se explica justamente en base a lo que ha escrito, que cada uno vive inmerso en su propia tradición cultural (o sea, defender el copyright así no haya perjuicio económico). Ni modo, respetemos la idiosincracia de cada quien.
    Estoy buscando el artículo de Norman Spinrad, pero no lo consigo. ¿Tienen el enlace?

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