ALTERECOS 4.D / El Fuego Bíblico Viaja en un Cometa

«Ya no podíamos aplicar a aquel extraño astro ninguna idea ordinaria. Sus atributos históricos habían desaparecido. Nos oprimía con una emoción espantosamente nueva. No lo veíamos como un fenómeno astronómico de los cielos, sino como un íncubo sobre nuestros corazones y una sombra sobre nuestros cerebros. Con inconcebible rapidez había tomado la apariencia de un gigantesco manto de llamas muy tenues extendido de un horizonte al otro.»

 

Conversación de Eiros y Charmion, Edgar Allan Poe


 

Ciencia Ficción apocalíptica a través de un dialogo de ultratumba, ¡eso es este relato!: «Conversación de Eiros y Charmion». Desde la armonía nirvánica de un más allá oculto tras el velo de la divinidad, dos almas recrean el acontecimiento que puso fin a la rueda de las reencarnaciones de todos los humanos al mismo tiempo: el impacto de un cometa. Ya me imagino al divino Edgar Allan Poe, en los momentos en los que el vacío le concedía la gracia de una meditación no comprometida a su imaginación, concibiendo esta fascinante idea; disfrutando por adelantado de su propia osadía y del posible impacto que generaría en las mentes impresionables de sus lectores; ya lo imagino, preguntándose, bajo quien sabe qué estado de embriaguez… «¿A qué legión de demonios pertenece la musa que me está inspirando este relato? En todo caso, no importa, porque su inspiración purifica mi imaginación, al igual que el fuego que promete purificará la tierra. Quién lo diría. Que semejante combinación de opuestos —las profecías bíblicas y las observaciones científicas— podrían hermanarse alguna vez. Pero aquí están, sepultadas hombro a hombro en la tumba de este momento de infinita lobreguez y de poderosa ambición creativa. Y es que… El Fuego Bíblico Viaja en un Cometa

Bueno, de esa manera espero que el maestro haya pensado y sentido en la víspera sagrada de la composición de esta historia. Lo cierto es que la ciencia —a su pesar— siempre comprueba científicamente las visiones poéticas. Al final la Razón y la Intuición, son como la Masa y la Energía, o como el Espacio y el Tiempo: dos expresiones de una misma cosa, en diferentes niveles evolutivo de su propia naturaleza dimensional claro está. Y así tenemos que: Intuición= a Energía y Tiempo. Razón= a Materia y Espacio. Poe tenía la facultad de explotar en el curso de su proceso creativo, su particular cuota de esta ley universal. Y en la Conversación de Eiros y Charmion, su razón-intuición, le crearon un espacio-tiempo a las profecías intemporales de la biblia y a los descubrimientos astronómicos de la ciencia.

Poe no se explaya en informarnos la naturaleza de la relación de Eiros y Charmion mientras aún vivían, o dónde vivían, o a qué se dedicaban, pues los detalles de la destrucción final de la tierra por esa especie de ave de mal agüero cósmica, que es un cometa, no dejaban tiempo —al menos para el lector, pues ellos están muertos— para tales detalles de escala tan mínimamente humana. Nos enteramos de entrada que Charmion, quien recibe a Eiros (Poe no se molesta en explicar el tipo de espacio dimensional en el que se encuentran y que denomina Aidenn [¿el Edén?], pero al parecer no es en el infierno, pues éste quedó atrás… en la tierra; se habla de felicidad y maravillas, etc.), murió 10 años antes que ésta. Y durante ese lapso de tiempo… ¡Buuummmm!

Eiros expresa lo que sucedió desde el principio del relato: «– Es verdad, el sopor ha pasado. El extraño vértigo y la terrible oscuridad me han abandonado, y ya no oigo ese sonido enloquecedor, turbulento, horrible, semejante a “la voz de muchas aguas”». Sí, la voz de las antiguas embriagueces proféticas proferidas por un extraño Ángel vengador.

Poe echó mano de unos cuantos conocimientos astronómicos y otros tantos químicos y los combinó para darle más verosimilitud a la peligrosa realidad que representa el advenimiento de un cometa, que no se molestará en tocar educadamente las puertas de nuestra atmósfera, para ver si le es permitido pasar, sino que penetrará como «perro por su casa» e impactará todo nuestro Ser. Pero lo más extraordinario de esta pieza maestra, es el ritmo de las emociones humanas, tal como Poe lo marca a través de una narración y un lenguaje ajustado a su mejor canon terrorífico. Que marcha indetenible en un crescendo inmisericorde, a medida que la presencia del cometa es una realidad que empieza a doler. Pero no sin sus destellos de esperanza, emanados de la lámpara de las especulaciones científicas:

«Pasó otro día, y los hombres respiraron con mayor libertad. No cabía duda de que nos hallábamos bajo la influencia del cometa, y sin embargo vivíamos. Hasta sentimos una insólita agilidad corporal y mental. La extraordinaria tenuidad del objeto de nuestro terror era ya aparente, pues todos los cuerpos celestes se percibían a través de él. Entretanto nuestra vegetación se había alterado sensiblemente y, como ello nos había sido pronosticado, cobramos aún más fe en la previsión de los sabios. Un follaje lujurioso, completamente desconocido hasta entonces, se desató en todos los vegetales.»

 

La evolución del pánico está tan matemáticamente registrada que nos imaginamos estar compartiendo ese destino —aún futuro en nuestro siglo XXI— en el extrañamente oscuro y extrañamente iluminado siglo XIX. Nos imaginamos mirando hacia el cielo… en espera de la ardiente profecía. Y para colmo de males, los predicadores de las diferentes congregaciones religiosas, hacen leña de antemano del mundo caído, recordándoles a todos, que el fuego bíblico viene sobre las angélicas alas del cometa. Poe nos da detalles como el de las mutaciones vegetales y la ligereza que un exceso de oxigeno causa en la naturaleza humana. Y su argumento definitivo para validar la destrucción final vino del reino de la ciencia, si bien su siniestro efecto sobre los seres humanos pertenece al dominio del espanto sagrado de las visiones proféticas:

«Se sabía desde hacía mucho que el aire que nos circundaba era un compuesto de oxígeno y nitrógeno, en proporción respectiva de veintiuno y setenta y nueve por ciento. El oxígeno, principio de la combustión y vehículo del calor, era absolutamente necesario para la vida animal, y constituía el agente más poderoso y enérgico en la naturaleza. El nitrógeno, por el contrario, era incapaz de mantener la vida animal y la combustión. Un exceso anómalo de oxígeno produciría, según estaba probado, una exaltación de los espíritus animales, tal como la habíamos sentido en esos días. Lo que provocaba el espanto era la extensión de esta idea hasta su límite. ¿Cuál sería el resultado de una extracción total del nitrógeno? Una combustión irresistible, devoradora, todopoderosa, inmediata: el cumplimiento total, en sus minuciosos y terribles detalles, de las llameantes y aterradoras anunciaciones de las profecías del Santo Libro.»

 

Definitivamente… todo está dicho. Pero dejemos a Eiros, el privilegio de las palabras finales:

«Déjame ser breve… breve como la destrucción que nos asoló. Durante un momento vimos una terrible cárdena luz que penetraba en todas las cosas. Entonces… ¡inclinémonos, Charmion, ante la sublime majestad de Dios el grande!, entonces se alzó un clamoroso y penetrante sonido, tal como si brotara de Su boca, y toda la masa de éter, dentro de la cual existíamos, reventó instantáneamente en algo como una intensa llama roja, cuya insuperable brillantez y abrasante calor no tienen nombre, ni siquiera entre los ángeles del alto cielo del conocimiento puro. Así acabó todo.»

 

AMEN

 

Odilius Vlak

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