RUNES SANGUINIS: Como Dennis Wheatley le Vendió Magia Negra a Gran Bretaña / Por Phil Baker

El veredicto de William Blake sobre Milton fue: «sin saberlo del bando del demonio», y lo mismo puede ser dicho de Dennis Wheatley. Él prácticamente inventó la imagen popular del «Satanismo» en la Gran Bretaña del siglo XX, y él lo hizo parecer extrañamente seductivo. Si el atractivo de la Magia Negra en la cultura popular es en última instancia de carácter erótico, esto es en gran parte debido a los escritos de Wheatley, con su acostumbrada cuota de vírgenes siendo virtualmente violadas en la cima de los altares.

Para el momento de su muerte 1977, Wheatley había movilizado cerca de 50 millones de libros, ayudado por una descomunal venta de paperbacks durante la «explosión ocultista» de finales de los sesentas y principios de los setentas. Para entonces, sus libros parecían estar en todas partes, en una gama uniforme de paperbacks, cada uno presentando en sus portadas una mujer desnuda, quien parecía estar bailando go-go detrás de un despliegue de llamas.

Ella era la misma en cada portada, pero los accesorios ocultos variaban: en diferentes libros uno podía observar un cráneo con un cirio negro, un tomo encuadernado en piel, la cabeza de una cabra, una bola de cristal, una máscara tribal, y así sucesivamente: toda la parafernalia del arte de la oscuridad. Dentro de los libros había Sabbats Secretos, rituales satánicos en mansiones, proyección astral, orgias en mascaradas, y todo lo demás. El público no podía pedir más.

Gracias a Wheatley, el público «conoció» lo que eran –históricamente y como un fenómeno casi inexistente- el Satanismo y la Magia Negra. La Profesora Jean La Fontaine hizo una astuta conexión entre la imaginería derivada de Wheatley –en su revelación del abuso patológico de los rituales satánicos- y Ronald Hutton, en su libro «El Triunfo de la Luna», recordando adolescentes tomando en préstamo la «iconografía exagerada» de los libros Wheatley para decorar las fiestas: «Para mi generación de adolescentes en Essex, ellas representaban la suprema esencia de lo diabólico.»


La excitante promesa de algo inminentemente estremecedor, convirtieron los libros de Wheatley, particularmente populares entre los adolescentes, si bien ellos poseían un atractivo aún mayor. Un confortable aire de lujo y conocimiento permea el mundo de Wheatley, sobre todo en la serie de libros sobre el Duque de Richleau, como «The Devil Rides Out», donde el apartamento del Duque en la calle curzon, tiene un Buda tibetano posado sobre un loto, bronces antiguos, joyas de íconos rusos y «marfiles de oriente curiosamente esculpidos». Junto a su conocimiento del arte místico, cual prototipo del Doctor Extraño, el Duque –siempre de chaqueta y fumando-, disfruta de su vino imperial y sus cigarros de Monterrey.

Con su predilección por la buena mesa y las bebidas exquisitas («el bécasse es un ave por la cual yo tengo una excepcional parcialidad»), sus viejos valores ingleses, y las pulcras maneras de sus personajes principales de la serie de libros sobre el Duque, emana prácticamente una calidez navideña. Pero no es una de naturaleza Dickensiana. Es una calidez aristocrática –o una idealizada fantasía suburbana de ella- creando un reino en donde los pentagramas son dibujados en los pisos de las bibliotecas de casas campestres, y el Príncipe de las Tinieblas de codea con extraños libros y los vinos más finos.

A pesar del hecho de que el Duque y sus amigos combaten el satanismo, Wheatley le infundió a toda la idea del ocultismo algo de su presuntuosidad, y la combinación funcionó. «¿Qué es lo que realmente sucede “después que la fiesta ha terminado” en las principales casas campestres?», se cuestiona la nota promocional en el libro «Black Magic Today» (1971), de June Johns. (Publicado por los impresores de paperbacks icónicos New English Library, quienes también publicaron los libros Skinhead de Richard Allen).

Otro título de la New English Library, la novela «The Degenerates» (1970), de Sandra Shulman («exponiendo la maldad del satanismo en la Gran Bretaña de hoy») muestra un maligno culto en un Londres inestable. La joven e ingenua Jenny, es introducida a un grupo extremadamente selecto («como esos clubes exclusivos para blancos o el Ateneo»), en donde ella queda impresionada ante las alfombras y tapices: «Incluso la pared de libros forrados en piel… sugería otro mundo totalmente desconocido. Esto, ella comprendió abatida, era clase en su sentido real».

El incienso emana de braseros dorados y hay un cirio ardiendo entre los cuernos de una efigie gigante de cabeza de cabra. Se sirve langosta y caviar, en espera del momento en el que se ha de ejecutar el ritual de violación de Yenny. («Ellos te retendrán hasta que tu iniciación esté completada»). Es un «extraño show marginal de depravación». Pero estas personas no son simples viejos degenerados: «Maxted y Mireille, discuten acerca del verdadero valor de una pequeña figura china de jade gris, que había sido recientemente subastada en Sotheby’s». El compañero de Yenny, David, reconoció el ambiente inmediatamente: «Él había permanecido fuera por horas… en compañía de tantos personajes tipo Wheatley, como para no reconocer el satanismo que estaba establecido.»

  • El Tío Ocultista de Gran Bretaña

Junto con el sexo y la extravagancia (dos de los elementos al igual que el sadismo, que para el crítico Cyril Connolly eran capitales para el éxito de la ficción popular; refiriéndose particularmente a los libros de James Bond) las personas también obtenían cierta cantidad de espiritualidad del trabajo de Wheatley, cualquiera que sea la materia –y lo oculto sólo era una parte de la producción de Wheatley, si bien es por la cual será recordado- sus libros estaban siempre sustentado sobre una profunda investigación, y esto juega un papel especial en los libros de ocultismo, en los cuales el incesante desfile de datos, por lo regular vence la incredulidad del lector.

The Devil Rides Out está tan insistentemente saturado de sabiduría esotérica, que los lectores rápidamente se familiarizan con el plano astral, espíritus elementales, el sentido oculto de la alquimia, espíritus familiares, grimorios, etc. El efecto es altamente atmosférico, con una inmersión en la jerga especializada de términos tales como «cruzando el abismo», la «dispersión de Chorozon», «La Víspera de San Walburga», la «Clavícula de Salomón», «Nuestra Señora de Babalon», y los niveles de la Golden Dawn de Magister Templi, Neophyte, Zelator e Ipsissimus.

Muchos de los modernos ocultistas comenzaron con los libros de Wheatley, a pesar de que ellos no siempre lo admiten. Partiendo únicamente de The Devil Rides Out, el punto principal de una visión ocultista global está claro: la mente gobierna la materia; el espíritu es trascendente; el alma es eterna; nos movemos a través de sucesivas encarnaciones «hacia la luz»; y existen «maestros ocultos» operando sobre y detrás de la escena. Heredero en gran medida del ampliamente conocido movimiento espiritual de la Teosofía, éste es un paquete con un innegable atractivo popular. Wheatley escribe particularmente en sus aguas acerca de la proyección astral, así como de las experiencias fuera del cuerpo, que fue también un poderoso atributo en los bestsellers de Lonsang Rampa y del antropólogo Carlos Castaneda.

Wheatley tenía una inmensa valija de correspondencia, y él respondía las cartas de sus fanáticos diligentemente, pero él notó que sus libros de ocultismo, generaban un correo de diferente naturaleza; un gran número de escritores estaban claramente perturbados. Contemplando su pasado, él prefiere recordar las cartas que recibió de las personas enfermas físicamente de los hospitales, quienes decían que sus libros los habían ayudado a olvidar su dolor. En tal contexto, sus libros serían doblemente reconfortantes, no sólo por la distracción que aguardaba en cada página, sino por el trascendente mensaje oculto para la mente y el cuerpo.

Para cuando él publicó su compendio religioso «The Devil And All His Works» (1971), Wheatley había devenido en el tío oculto de Gran Bretaña, y sus editores se lucraron de esto hacia el final de su vida, con una serie de paperback titulada «The Dennis Wheatley Library of the Occult». Originalmente planeada para incluir cientos de libros, terminó con 45 –Bram Stoker, Blavatsky, Sax Rohmer, William Hope Hodgson, Lord Dunsany, y muchos más- con sobrias introducciones por el mismo Wheatley.

La identificación de Wheatley con lo oculto –junto a su famosa prosa de mal gusto- inspiró el surgimiento de cierta aura cómica alrededor de su nombre, si bien afectuosa, que se ha mantenido desde entonces. Es un trabajo difícil ser una figura pública: contestando cartas de adolescentes; conferenciando con los clérigos de la Iglesia de Inglaterra acerca de posesiones demoniacas; e incluso dando su opinión especializada sobre crímenes que pudieron haber tenido un sentido oculto, como los asesinatos de la familia de Charles Manson.

De hecho Wheatley estaba obteniendo un provecho notable de fuentes que más bien eran conocimientos superficiales de lo oculto. Estaba basado particularmente en los trabajos del reverendo Montague Summers, junto con el libro «Wichtcraft, Magic and Alchemy» de Grillot de Givry. En la década de 1930 él se relacionó con gran número de ocultistas en orden de sus investigaciones, sobre todo con Summers y Rollo Ahmed, y él invitó a Aleister Crowley para un almuerzo amistoso en un restauran húngaro en la calle regent. En una etapa posterior de su vida, él estuvo feliz de dar la impresión de querer una relación más prolongada, pero en realidad él no estaba muy entusiasmado de ver a Crowley nuevamente.

Wheatley creía en la reencarnación, pero él estaba menos absorbido en lo oculto de lo que su popular imagen sugería; él le hubiese gustado ser recordado igualmente como un escritor de thrillers y romances históricos, pero estaba claro lo que su público quería, y para el final de su vida, él tuvo que convivir con ello. Sus intereses más profundos eran la historia y la política, y éstas estaban extrañamente entretejidas con su más clandestina misión personal como escritor, la cual podemos ahora ver desvelada en su totalidad.

  • Satanismo y Suásticas

Como muchos escritores de thrillers, Wheatley era un hombre de francas y reaccionarias opiniones. En su thriller de la Guerra Fría, «Curtain of Fear», un ingenuo profesor de la extrema izquierda, recuerda mientras lee un libro de nada más y nada menos que de Dennis Wheatley mismo, un «revoltoso» escritor, cuyos personajes «glorificaban la clase de sentimientos reaccionarios que eran usuales en los días de Disraeli. Ellos eran absurdos e irreales, y perversamente calculados para inspirar ideas anti-sociales en la juventud…»

Wheatley, a menudo se introducía a sí mismo en sus libros. Unos de sus primeros thrillers, «Such Power Is Dangerous», se desarrolla en la industria fílmica de Hollywood, donde un personaje planea filmar una novela titulada «The Forbbiden Territory». Se promete que tiene «escenas de trineos en la nieve; aeroplanos; un combate de artillería con los rojos en un chalet en ruinas; y una carrera hacia la frontera en un auto de alta velocidad… lleno de intereses amorosos… gran espectáculo… y valores educativos». Y «está escrita por un compañero de nombre Wheatley -¿quién es él?- sólo Dios sabe». En otro escritor, esta afinidad entre arte y vida, podría ser casi vanguardista… si no fuera por la nota al pie de página anunciando que el libro estaba disponible en Hutchinson por solo 7/6d.

El peligroso poder sugerido en el título, es el poder de los medios masivos de comunicación, y muestra una aguda comprensión para los años 30, de lo que el crítico de la época I. A. Richards, denominó «las más siniestras potencialidades del cine y la radio». En el capítulo de apertura, «A Plot to Dominate the World», el criminal enano Lord Gavin Fortescue, explica que por medio de un monopolio cinematográfico, él y sus aliados pueden no sólo adquirir una riqueza ilimitada, sino que «… nuestra esfera de influencia no estaría restringida. Con la clase de películas que elegimos producir podríamos influenciar la psicología de las masas de todas las naciones.»

A través de toda su vida, Wheatley tuvo una intensa conciencia del poder de los medios y la propaganda. La propaganda fue un concepto particularmente bien conocido en los años de la formación intelectual de Wheatley entre las dos guerras, cuando el impresor Lord Bearverbook describió a Cristo como «El Divino Propagandista», y las personas se despertaron ante la realidad de que había tanto –si no más- poder en poseer un periódico que en alcanzar una cargo político.

Wheatley tuvo una confirmación más frívola acerca de la influencia de los medios, cuando trabajaba como columnista de chismes de celebridades durante los años 30. En el reportaje de un baile, él conspiró con algunos otros periodistas de sociedad, en la invención de una belleza ficticia llamada Ermintrude Wraxwell. Al día siguiente, las ofertas comenzaron a llover de parte de agencias y compañías fílmicas: «De haber nosotros elegido una muchacha real, hubiéramos hecho una fortuna de ella.»

Luego de ser un oficial de la armada y luego de un comerciante de vinos en Mayfair, Wheatley comenzó a escribir thrillers luego de que su negocio fuera erradicado por el colapso de Wall Street. Él ya había escrito cinco libros, para cuando vino a descubrir su verdadero campo en 1934 con The Devil Rides Out, un libro con un mensaje especial para lectores contemporáneos.

Hitler había ascendido al poder en 1933, y desde ya las personas temían otra guerra. Se esperaba que fuera como la última, o aún peor. Junto con el desuso de las trincheras del frente occidental, habrían nuevas armas como los «rayos de la muerte», y el bombardeo de las ciudades con gas venenoso. Era conocida la evolución de la tecnología del bombardeo, y era una creencia general que Londres podría ser completamente destruida en los primeros eventos de la guerra.

Existía una razón más profunda para evitar la guerra en ciertos círculos, y era el pensamiento de que Hitler era preferible a los bolcheviques, e incluso un antídoto útil en contra de ellos. Wheatley estaba en este bando, y simpatizaba con Olwald Mosley y los Blackshirts. Los barones de la prensa Bearverbrook y Rothermere, también estaban opuesto a la guerra, y en el caso de Rothermere porque él era otro simpatizador fascista, con la creencia de que «La robusta juventud Nazi, eran los guardianes de Europa contra el peligro comunista». El periódico estandarte de Rothemere, «The Daily Mail», era también pro-Mosley, tanto así, que en enero de 1934, publicó una pieza del mismo Rothemere, con el título de «Hurrah for the Blackshirts.»

Y así resultó que en Halloween de 1934, el Mail lanzó una nueva serie de novelas thrillers, acerca de los esfuerzos por evitar otra guerra con Alemania. Ésta fue «The Devil Rides Out» por el «maestro de la sensación», Dennis Wheatley. El significado implícito de los años treinta, perdido en la celebrada película Hammer de 1968, y hoy en día totalmente olvidado, era que los satanistas estaban tratando de iniciar una nueva guerra, y que el Duque de Richleau y sus amigos tenían que detenerlos. Rescatando a su amigo judío Simón Aron de los satánicos con un calcetín en la mandíbula, el Duque coloca un brazalete sobrenatural alrededor de su cuello para mantenerlo a salvo; en uno de los más extraños momento de la ficción de los años treinta, dicho brazalete es una Suástica de oro, que según la explicación del Duque, «Es el símbolo de sabiduría más antiguo, y del pensamiento justo en el mundo…»

La Suástica no estaba asociada con el nazismo como lo ha estado desde la guerra: como un talismán oriental aparece en las cubiertas de los libros de Kipling (y, quizás menos inocentemente, fue regalada como un reloj de la suerte por Coca-Cola, quien posteriormente patrocinó, las Olimpiadas de Berlín). Los comentarios del Duque no son pro-Nazi, y puede ser incluso que Wheatley estaba tratando de debilitar la poderosa «marca de identidad» del nazismo, desligándola de él.

Al mismo tiempo, Alemania es específicamente exonerada por haber causado la Primera Guerra Mundial. «Yo pienso que los alemanes fueron más allá de sus posibilidades», comenta el amigo del Duque, Rex van Ryn, a lo cual éste contesta «¡estúpido! Alemania no provocó la guerra. Ésta surgió de Rusia». Fue causada por Rasputín, supuestamente un mago negro. Esta descarga de culpa, es parte del mensaje interno del libro, el cual es (tomando una línea prestada de Noel Coward) «no seamos bestias con los Hunos.»

Dada la fuerte conexión entre lo esotérico y la sensibilidad de extrema derecha –notada por Orwell, entre otros, quien menciona en su ensayo sobre W. B. Yeats, que el periódico fascista francés «Gringoire» estaba repleto de anuncios de astrólogos- es extremadamente normal que la más grande novela de ocultismo popular del siglo XX contenga un mensaje soterrado de paz con la Alemania Nazi.

  • La Guerra de Wheatley

Wheatley cambió de parecer acerca de Mosley y Hitler, y él tuvo una guerra extraordinaria. El comenzó escribiendo periódicos para el Rey y el Joint Planning Staff sobre temas tales como resistencia a la invasión, donde él abogó por una última lucha de trincheras de parte de la población civil, de una clase jamás vista antes en Gran Bretaña, con cada villa aportando su granito de arena para detener el avance alemán, cavándola para morir como una unidad aislada.

Sin embargo, su obra maestra de la época, fue «Total War», que tenía algunas ideas bastantes sofisticadas acerca de la guerra en general: Wheatley argumentaba que mientras la Primera Guerra Mundial fue una guerra tribal, la Segunda debía ser entendida como una guerra civil (una idea que debió haber tenido un sentido muy especial, luego de que él mismo fuera un compañero de viaje del otro lado, sólo algunos años antes).

En su extremo, «La Guerra Total», era una guerra de ideas «… la esfera decisiva de la Guerra Total es la Esfera Mental», y «el principal instrumento de la Guerra Total no son las Fuerzas Armadas, sino la propaganda». Las Fuerzas Armadas ocupaban el tercer lugar en la estimación de Wheatley, detrás de la propaganda y la inteligencia militar. De hecho, «Las Fuerzas Armadas deben ser consideradas como un apoyo del Poder de la Propaganda». En cuanto a la propaganda en sí misma «es la ciencia de influenciar las ideas», y que ésta «pierde su valor si es reconocida como propaganda.»

Wheatley pasó de escribir estos periódicos a trabajar en planificación de engaños, con personajes extraordinarios como Dudley Clarke y Johnny Bevan. El teniente coronel Clarke, fue el genio fundador del departamento de engaño británico en la Segunda Guerra Mundial, y devino en una figura legendaria para sus colegas, si bien su salud mental fue cuestionada luego de que provocara un incidente diplomático en la España neutral, donde él fue arrestado vestido de mujer.

Cuando los aliados estaban por invadir Sicilia, Johnny Bevan tuvo que convencer a los alemanes de que la invasión de Francia era la inminente. Él imprimió billetes de bancos que decían «La Armada Británica de Ocupación del Norte de Francia». Y Wheatley y otros los entregarían soterradamente en restaurantes y tiendas, arrebatándolos nuevamente en caso de que fueran descubiertos. Luego, incluso con el desembarco del Día-D en proceso en Normandía, Bevan y sus colegas habían hecho creer a los alemanes que era sólo un ardid, de esa manera ellos mantuvieron el grueso de sus divisiones armadas inútiles en Pas de Calais, donde esperaban el ataque real.

El engaño británico fue una de las grandes historias de éxitos en la guerra, y por la hábil estrategia de llegar en cantidades decisivas donde ellos no eran esperados, los aliados salvaron miles de vidas en ambos lados. Fue también uno de los grandes triunfos en la vida de Wheatley, proporcionándole un nuevo círculo de amigos, y una relación perdurable con las esferas militares y de inteligencia.

Wheatley continuó escribiendo ficción durante las primeras fases de la guerra, particularmente thrillers acerca del agente secreto británico Gregory Sallust, pero en 1941, él publicó su segunda novela ocultista, «Strange Conflict». Ésta mostraba a los Nazis confabulados con un haitiano practicante del vudú, y su principal característica sobrenatural presentaba la proyección astral usada como medio de espiar. (Esto podría sonar como la clase de tontería que pertenece sólo al mundo de Wheatley, pero posteriormente el gobierno americano, invirtió millones en experimentos de clarividencia militar, bajo el concepto de «visión remota», particularmente en el destacado programa de la CIA «Stargate programme.»

La idea de volar a través del plano astral fue también calculada para disminuir el temor a la muerte –el Duque discute exactamente este aspecto, mientras se encuentra con espíritus de los muertos levantándose de los edificios destruidos- y para preparar a los lectores de tiempos de guerra a soportar un gran dolor luctuoso.

Como un hombre Ministro de Información, Wheatley pensó que esto sería bueno para la moral pública, y se transmitió un mensaje más profundo en «Strange Conflict» concerniente a los Blitz (ataque relámpago). No sólo habían los Blitz caído más pesado sobre las áreas de las clases trabajadoras industriales, sino que muchas personas de clase media se vieron obligadas a abandonar Londres para refugiarse en el campo, una libertad que molestaba a los que quedaban atrapados en la capital. El Rey y la Reina fueron abucheados en East End, y los Blizt estaban probando ser causas de división social, como los alemanes esperaban que lo hicieran. Es justo con esto en mente que el Duque de Richleau da un ejemplo positivo al permanecer en Londres: «Yo detesto la incomodidad y el aburrimiento», él dice, «pero ninguna cantidad de ambos me inducirán a dejar Londres, cuando hay miles de personas sin recursos que no pueden darse el lujo de hacerlo.»

  • Demonios Rojos

Con la guerra finalizada, y la Guerra Fría desarrollándose por lo bajo, Wheatley publicó «The Haunting of Toby Jugg» en 1948. Ésta se centra en una escuela satánica. Esto fue inspirado por el conocimiento íntimo de Wheatley de la investigación del M15 de Dartington Hall, una escuela de artes liberales con base en Devon. Fue en Jugg que Wheatley sacó a colación su gran tema de Guerra Fría, sugiriendo que el Comunismo era en verdad una cobertura para el Satanismo y viceversa.

Como un satanista lo explica, Satanás «Se burla de aquellos que ya no creen en su existencia haciéndoles que se identifiquen a favor del gobierno por el proletariado en fecha de primero de mayo. ¿No te has dado cuenta todavía que es su aniversario, y que fue nacido en la víspera del Día de Mayo –la noche de Walpurgis- en la cual celebramos su festival?». La Noche de Walpurgis y la Víspera de San Walburga, son ciertamente familiares para los lectores de Wheatley a través de «The Devil Rides Out», mientras que el Día de Mayo, el antiguo festival pagano, y más recientemente El Día Internacional de los Trabajadores, era la ocasión del masivo desfile de tropas militares, tanques y misiles por todo Moscú, que en una época fue un espectáculo familiar todos los años en la televisión británica.

La línea anti-comunista continuó casi de manera rutinaria a través del siguiente thriller ocultista de Wheatley, «To the Devil-A Daughter» (uno de sus mejores libros, presentando un chica con una personalidad dividida, y un villano –al estilo Canon Copely– derivado de Montague Summers). Pero aún quedaba un mensaje más específico que transmitir en 1956 con «The Ka of Glifford Hillary». Ésta nos muestra a un hombre quien viene de regreso de la muerte –en su Ka, una especie de personalidad astral heredada de la religión egipcia- luego de ser asesinado, y se las arregla para reanimar su cuerpo, sólo para encontrarse bajo la acusación de un crimen que no cometió. Junto a su pródiga cuota de estremecimientos y derramamientos de sangre, la novela contiene un nuevo y distintivo mensaje acerca del armamento nuclear, haciéndola muy actual: DND (Campaign for Nuclear Disarmament [Campaña para el Desarme Nuclear]) fue fundada en 1957, al año siguiente de la publicación del libro. El punto central de la novela es que Gran Bretaña debe reducir sus armamentos convencionales, en orden de incentivar la producción de armas nucleares, y el pueblo, a pesar de su sentimiento de apego al ejército y fuerza naval al estilo antiguo, debe ser ignorado. Como un buen amigo le dice a Sir Gifford, que la carga más pesada para una democracia «es persuadir las masas mayormente ignorantes de que acepten un programa que a todas luces muestra ser el más provechoso para ellos.»

El amigo le pide a Sir Gifford si él estaría dispuesto a levantar la conciencia pública sobre el tema negándose a aceptar una orden del Ministerio de Defensa para la producción de armas de guerras convencionales, a pesar del golpe que representaría para las ganancias de su empresa, y escribiendo una carta a The Times explicando su motivaciones para tomar esa decisión. «The Ka of the Gifford Hillary», fue un libro extraordinariamente bien documentado, ligeramente adelantado a los White Paper on Defence de 1957. Con un millón de unidades vendidas, gracias a este argumento pro-nuclear, Wheatley logró exactamente la misma publicidad para su misión, que le es pedida a Sir Glifford que gestiones en la ficción.

Habiendo revelado en Toby Jugg que el Comunismo en general era un nuevo vehículo para el Satanismo, en «The Satanist» (1960), Wheatley concentra su atención en el movimiento Trade Union. Nuevamente, esto convierte al libro en una pieza maestra de documentación para la época, publicado al año siguiente de la comedia de los Boulting Brothers «I’m All Right, Jack», con Peter Sellers como el estalinista Fred Kite.

La influencia Comunista estaba muy extendida en algunos sindicatos, promovida en gran medida por elecciones amañadas, y «The Satanist» abre en la oficina del coronel «Conky Bill» Verney, un personaje ligeramente inspirado en Maxwell Knight, un amigo de Wheatley del M15. Uno de sus agentes ha sido crucificado cabeza abajo con su garganta cortada, y sus investigaciones sobre este horrible evento conducen al mundo de las votaciones amañadas y el Satanismo de los Sindicatos de Comercios.

La sociedad parecía estar cayéndose a pedazos a finales de los sesentas y principios de los setentas, con inestabilidad industrial, rebeliones estudiantiles y terrorismo. Gran Bretaña también se estaba ajustando a la realidad multi-cultural. Enoch Powell hablaba acerca de «ríos de sangre», y el movimiento «Black power» era prominente en América. En la última de sus más importantes novelas de ocultismo, «Gateway to Hell» (1970), la nueva preocupación de Wheatley era el «Poder Negro», y él trató de aminorar las perspectivas de una guerra racial a nivel mundial.

Las ansiedades de Wheatley sobre que todo estaba yendo a parar a los perros, eran igualmente visibles en su obra maestra no-ficticia, «The Devil And All his Works» (1971). Wheatley estaba lejos de estar solo en esto –mientras en los setentas la crisis continuaba habían conversaciones acerca de «ejércitos privados», y planes en Gran Bretaña para una contra-revolución-, pero el particular giro que él le dio era indiscutiblemente de su sello propio. «¿Es posible que las revueltas, las huelgas salvajes, las demostraciones anti-apartheid y el asombroso incremento en el crimen, tengan alguna conexión con la magia y el Satanismo?», él les pregunta a sus lectores.

Toda la carrera de Wheatley es notable por su calculado ángulo propagandístico. Sus libros eran una mezcla de temática comercial y servicio público –al menos de acuerdo a sus propios valores- escritos para manipular la conciencia pública. Y es fascinante que esto pueda ser particularmente cierto en sus libros de ocultismo.

Hay varias razones para esto, la más simple era que ellos tendían a ser contemporáneos (y obviamente más idóneos para jugar con los temores contemporáneos, que su serie de la era napoleónica, «Roger Brook», por ejemplo). Ellos constituían una especie de espejo mágico de su época. Pero sobre todo, eran particularmente apropiados para evidenciar la conexión entre la propaganda y la magia, como medios de influenciar la conciencia a través de una idea-guía, de un pensamiento conductor de una visión del mundo, jugueteando con la realidad por medio de las palabras y las imágenes. Fue en este contexto que el Capitán JFC Fuller –ocultista, historiador, experto en tanques, y asociado tanto con Crowley como con Hitler– le dijo a los lectores de «Occult Review», que la magia continua siendo un arma formidable bajo el nombre de «propaganda». Y hablando del jefe del PR alemán, hombre y «ministro de educación pública», él agregó: «¿No fue el doctor Goebbels un mago?»


Traducido por Odilius Vlak


  • La versión original de este artículo, titulada: «How Dennis Wheatley Sold Black Magic to Britain» (enero 2010), se encuentra aquí: http://www.forteantimes.com
  • Acerca del Autor: Phil Baker es el autor de «The Devil is a Gentleman: The Life and Times of Dennis Wheatley» (Dedalus, 2009), entre otros trabajos. Su biografía Critical Eye de William S. Burroughs, será publicada el próximo año.

 

 

 

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