TETRAMENTIS / Damned Angel: Genesis – Capítulo IV

Capitulo IV: Erian contra Azazel

«El Fin de Los Tiempos, sucederá el Final de los Primeros Eventos»

Los demonios que presenciaron lo ocurrido en la batalla hasta el momento, no podían creer lo que estaba ocurriendo. Jamás habían presenciado tal demostración de poder en todas sus vidas. 

—Lo… mataste…! ¿En un sólo ataque?!— dijo Erian aún sin poder escapar de su sorpresa.
—Él no era nada más que un estorbo en nuestra pelea… sólo quise deshacerme de él—respondió Azazel.
—¿Qué estás diciendo?— preguntó Erian.
—Vamos… tú y yo sabemos en verdad que él no era nada poderoso… su aura demoníaca era muy débil. Pero en cambio la tuya… puedo sentirla, es mucho más poderosa. Tú, Erian, eres un oponente digno.

Azazel y Erian se podían apreciar erguidos ante la sombra de la noche, inmóviles, como si lucharan sólo con su esencia. La noche ya había caído fría sobre todos los presentes. Entre las sombras, apenas podían apreciarse las figuras de los demonios que allí se encontraban. Todos estaban atentos al combate que estaría por iniciar.

—Hemos perdido suficiente tiempo— dijo Azazel.

Azazel desenvainó su espada infernal, dejando envainadas sus otras dos espadas. De un movimiento salvaje, pero con destreza, lanzó con gran fuerza aquel metal que brillaba con llamas infernales, hacia Erian. Rápidamente, Erian logró poner su guadaña en posición de defensa para bloquear el ataque de Azazel. Un golpe sordo se escuchó por todo el valle, con una gran resonancia. El choque de ambas armas produjeron una vibración que hizo que las piedras cercanas crujieran. La pelea había comenzado. Erian y Azazel luchaban intensamente. Erian lanzó su guadaña con gran velocidad hacia Azazel, la cual rompía la tierra por donde iba pasando al ser lanzada. Azazel esquivó el ataque justo a tiempo, cuando dio de lleno con una piedra, partiéndola en dos. La guadaña con un efecto boomerang, regresó a las manos de Erian. Azazel rápidamente contraatacó, lanzando ondas de fuego cortantes al agitar su espada. Erian empezó a girar en círculos su guadaña, al sostenerla con sus brazos extendidos, creando una onda de viento. Esto bloqueó los ataques de Azazel enviándolos en diferentes direcciones. Algunos cortaron piedras y árboles, los otros desmembraron y decapitaron a los demonios más cercanos, que estaban inconscientes de que esto ocurriría. Los cadáveres despedazados se desplomaron en el suelo. Azazel y Erian tomaron unos segundos para cruzar miradas, y luego volvieron al combate. Azazel extendió su mano, y aumentando su aura demoníaca lanzó una onda mental que golpeó a Erian, el cual rodó por el suelo como un animal lapidado. Cuando éste intentó ponerse de pie, Azazel nuevamente utilizó sus poderes mentales, haciendo que Erian se hundiera en el mismo suelo donde yacía. El suelo se quebró tanto como algunos de los huesos de Erian. Los ojos de Azazel se veían rojos como la sangre en las sombras. 

—Ustedes dos, debiluchos, planeaban destruirme, que patético— dijo Azazel, enrojeciendo aún más sus ojos. Al decir esto, aumentó la intensidad de la onda mental, causando que Erian se enterrara aún más en el suelo. Azazel continuó diciendo: —Me das asco, te destruiré ahora mismo.
—¡Jamás!— gritó Erian. Entonces se liberó del control mental de Azazel y se puso en pie rápidamente— te enseñaré mi poder.

Incrementando de manera asombrosa su aura demoníaca, Erian invocó gran cantidad de espíritus; almas errantes que parecían una lluvia de tormentos. Con un movimiento de sus brazos, Erian lanzó la legión de almas hacia Azazel. Los espíritus se introdujeron en su cuerpo y empezaron a corromper su carne, pudriéndose esta rápidamente. Los pedazos de Azazel empezaron a llover.

—Sufre la ira de las almas— gritó a toda voz Erian—. Ellas tomarán más que tu cuerpo, tomarán tu alma, y la destruirán.
Azazel parecía no moverse en absoluto. Más bien, lo único que parecía moverse eran las almas que lo despedazaban. Erian se alzaba imponente ante su presencia, con su aura demoníaca más fuerte que nunca.
—¿Está derrotado?— Se escuchó una voz de uno de los demonios de las legiones.
—No lo sé, parece que está en problemas— respondió otra voz.
—Quizás no pueda librarse de ésta— afirmó otro.

Ya aquellos murmullos eran gritos de discusión. Los demonios maldecían y se maldecían entre ellos. Pero de repente los gritos cesaron. Un sonido se escuchaba por encima de todos… Era la risa maniática de Azazel.

¡HAHAHAHAHAHAHAHAHAHA! rió histéricamente. Sus ojos reflejaban el fuego mismo del infierno, su presencia contaminaba el aire alrededor. De él emanaba un aura demoníaca tan poderosa, que toda la vegetación a su alrededor se marchitó y luego se incineró.
—¿Cómo… cómo es posible?— preguntó Erian asustado.
—Haz olvidado un detalle. Tus almas vinieron a destruir la mía, pero yo no poseo ninguna— dijo Azazel mientras continuó riendo. Con sus poderes telequinéticos, Azazel desenvainó sus otras dos espadas, y colocó las tres espadas, flotando a causa de sus poderes justo en frente de él.
—Ahora yo te enseñaré mi poder— gritó mientras reía.
Azazel concentró gran parte de su poder, y con sus manos juntó las tres espadas; transformándolas en una sola hoja, la cual traía consigo su propia aura demoníaca.
—¿Qué has hecho?— preguntó Erian.
—Cuando me expulsaron del cielo, jamás me despojaron de mi Espada de Luz. Aunque como demonio jamás pude tocarla, la mantuve conmigo— respondió Azazel.
—¿Acaso esas tres espadas…
—Así es— interrumpió Azazel—. He tomado mi espada de demonio, mi espada como ángel y la espada de un humano, y las he transformado todas en una sola: La Espada Trinitaria.

Todos los presentes temblaron al escuchar a Azazel pronunciar estas palabras. Azazel parecía incluso más terrorífico que el mismo Lucifer. Con la espada en mano, poseía los poderes de las tres razas.

—¡Ahora, arde!— dijo Azazel.

Antes de que Erian pudiese empezar a preguntarse por qué Azazel le había dicho esto, Azazel encendió su espada en fuego infernal y alzando su espada con dirección a Erian, el fuego fue disparado de ella cual arma demoníaca sacada de los abismos. El cuerpo de Erian ardió en llamas. Pero no era cualquier fuego, era fuego infernal… Fuego que quema el cuerpo y alma.

Azazel parecía no inmutarse ni mostrar remordimiento alguno por nada de lo que había hecho. Empezó a alejarse de Erian, que se restregaba en el suelo gritando y agonizando en lo que el fuego lo consumía. Al acercarse a las cuchillas de su ya vencido oponente, Zeroth, Azazel extendió sus brazos y telequineticamente introdujo las cuchillas dentro de su carne, en sus antebrazos.

—Tal vez las necesite más adelante— se dijo a sí mismo.

Enfrentando a la gran multitud de demonios, Azazel exclamó a toda voz:

—¡Eso es lo que sucede cuando desafían a su señor de guerra! ¿Alguien más desea rebelarse en mí contra? ¡Hable Ahora!

Naturalmente, no hubo respuesta.

—Recojan a Erian, y llévenlo al mejor médico que tengamos disponible— dijo Azazel.
—Disculpe general —dijo uno de los demonios acercándose a Azazel—. ¿Está usted seguro de lo que hace? ¡El demonio intentó asesinarlo! Y después de todo esto… ¿Aún planea ayudarlo?
—¿Estás cuestionando mis órdenes?— preguntó Azazel en un tono amenazante y aterrador.

—¡N-no señor! ¡C-como usted O-ordene General!— respondió el demonio nervioso.

Edwin Peter Barbes


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