RUNES SANGUINIS: Robin Hood y los Templarios de la Maldición – La Historia Olvidada del Más Famoso Bandido de Inglaterra / Por John Paul Davis

En el corazón de Yorkshire yace un sepulcro diferente a cualquier otro en Inglaterra. Guardado por pesadas barras de hierro, en el suelo de una residencia privada en la vieja parroquia de Dewsbury, y escondida bajo las sombras de un antiguo bosque, permanece desamparada y dilapidada luego de siglos de exposición a los elementos.

De acuerdo al folklore del siglo XVIII, la losa que cubre el sepulcro, ya severamente dañada por el tiempo, poseía poderes mágicos; los caminantes tenían por costumbre tomar fragmentos de la piedra como cura para las enfermedades, degastando de esa manera lo que quedaba de la capa exterior. Mientras que el lugar en sí mismo podría ser de interés para los arqueólogos, para los historiadores sin embargo, el sepulcro presenta un desafío diferente. La aplanada losa de piedra está decorada con una larga cruz, que finaliza con un soporte para pies, como los usados en la Edad Media para representar la muerte de Cristo en el Calvario, y flanqueada por una larga inscripción que ha dejado de existir desde hace mucho tiempo. En su lugar ahora se encuentra una lápida del siglo XVIII, marcada con un curioso epitafio conmemorando la vida de un hombre cuyos restos se dice están sepultados debajo. Si bien la inscripción está escrita en una irreconocible forma de inglés arcaico, el mensaje es claro. En inglés moderno se lee como sigue:

«Aquí, bajo esta pequeña piedra

Yace Robert, Conde de Huntingdon

Ningún arquero fue tan bueno como él

Y las personas lo llamaban Robin Hood

Bandidos tales como él y sus hombres

Inglaterra no los verá jamás.»

Muerto el 24 de Diciembre de 1247.


Tradicionalmente, el legendario bandido Robin Hood, encontró su final en la casa del guarda del Priorato de Kirklees, después de ser dejado que se desangrara hasta la muerte por una malvada priora y su prohibido amante, Roger de Doncaster, mientras recibía atención médica en dicho Priorato. Algunas versiones de la leyenda cuentan que en su último aliento Robin disparó una flecha a través de la ventana de la casa del guarda, y que su último deseo fue ser enterrado en el lugar donde cayó la flecha. La escena de la muerte es de las más antigua de las leyendas de Robin Hood, y está registrada en dos de las historias más viejas sobre el bandido de las que sobreviven, a saber, las baladas «Robin Hood’s Death» y «A Gest of Robyn Hode». Su credibilidad está avalada por la locación misma del sepulcro, a solo unos 600 metros de la antigua casa del guarda, si bien más allá del alcance de un arquero moribundo, y su existencia fue incluso notada por una serie de anticuarios durante los siglos XVI y XVII. Sin embargo, a pesar de que el lugar es famoso como el último lugar de descanso de Robin Hood, cuestionamientos acerca de si el bandido alguna vez existió persisten hoy en día. Y con cada siglo que pasa, el golfo entre la historia y la leyenda continúa creciendo.

  • La Leyenda de Robin Hood

Todos nosotros sabemos la historia. Durante el reinado de Ricardo I, Robin Hood es un famoso bandido, mayormente por cazar ciervos furtivamente, o por oponerse a la ley del Príncipe Juan, mientras el verdadero rey, Ricardo «Corazón de León», está fuera combatiendo en las cruzadas. En Inglaterra, el Príncipe Juan, el hermano menor del rey, trata de sacar partido de la ausencia de Ricardo y comienza a aumentar su poder, resultando en un inmisericorde tratamiento sobre los súbditos de Ricardo, especialmente los sajones. Así las cosas, Robin Hood, a menudo descrito como el Conde de Huntingdon o Sir Robert de Locksley, se ve involucrado en una hostil enemistad con el príncipe y sus seguidores, particularmente el tiránico Sheriff de Nottingham. Ahora un hombre buscado, Robin es forzado a buscar refugio en el Bosque Sherwood en donde él encuentra un grupo de bandidos, con quienes tiene que pelear antes de ser admitido en su grupo. Aquí los bandidos viven alegremente de los ciervos del rey, mientras roban las riquezas de los nobles normandos que viajan en las cercanías, distribuyendo el dinero en los bolsillos de los pobres. Unidos en su odio por el príncipe y el Sheriff, Robin transforma el grupo en una banda de formidables combatientes, bautizándolos como sus Merry Men, y los guía en rebelión en contra del príncipe. En algunas versiones de la historia, los bandidos asisten al Rey Ricardo en el reclamo del trono, mientras en otras, ellos sólo juegan un papel activo en reunir el rescate de 150, 000 marcos para su liberación, mientras él es mantenido cautivo en Austria, antes de su retorno triunfal a Inglaterra. Con el Príncipe Juan derrotado, Ricardo restaura los derechos y libertades del hombre común, y, por supuesto, Robin gana la mano de la doncella Marian.

A pesar de que la historia es bien conocida, la manera en la cual el bandido es descrito continúa variando considerablemente, usualmente de acuerdo al tipo de actores que lo interpretan. Errol Flynn, en su famosa interpretación como un noble sajón injuriado en oposición al Príncipe Juan; Richard Todd, lo interpretó como un Conde de Huntingdon desheredado por su padre; en Robin Hood: Prince of Thieves, Kevin Costner siguió la versión del Robin de Locksley, solo que ahora con un acento americano, y comenzó la nueva tendencia de Robin como combatiente de las cruzadas. La reciente serie de televisión protagonizada por Jonas Armstrong, continúa el tema de las cruzadas, pero en esta ocasión Robin siendo un miembro de la guardia del rey.

Aun así, algunas cosas nunca cambian. En cada versión moderna de la historia, Robin representa el epítome del coraje. Él es el arquero más fino; él le roba a los ricos, pero a diferencia del típico bandido, distribuye su dinero ampliamente; él es violento, pero sólo con aquellos que se oponen a sus valores; él es un gran líder, un formidable guerrero, y un instigador de la revuelta de los campesinos, a pesar de que su lealtad al verdadero rey permanece intacta hasta el final.

Mientras que el Robin Hood familiar para la audiencia de hoy en día, es representado en películas y otros medios como un galante sajón de la nobleza, vestido en un verde Lincoln, robándole a los ricos para auxiliar a los pobres, y capaz de hacer colapsar la autoridad normanda con poco más que una sacudida de su muñeca y una sonrisa en sus mejillas, los historiadores han fracasado continuamente en encontrar cualquier prueba razonable de que este heroico bandido alguna vez existió. Para ser escéptico, esto apenas causa sorpresa. Si las payasadas de los Fairbanks, los Flynn y compañía han de ser creídas, Robin fue un extravagante superman medieval, capaz de ganar competencias de arquería partiendo en dos la flecha del oponente con su último disparo, balanceándose sin esfuerzo a través de los arboles como Tarzan, y ganando peleas a espadas en contra de normandos altamente calificados mientras zapatea bajando una escalera en espiral. Sin embargo esto no ha disuadido a algunos optimistas en continuar desafiando a los historiadores en su intento de autentificar la leyenda. Y muchos de ellos han estado involuntariamente dejando pocas cosas como una carencia de evidencia en el camino.

Entonces, ¿cuál es la verdad acerca del legendario bandido? ¿Debemos creer las palabras de los historiadores quienes han estudiado la evidencia por varios años, o a los optimistas? ¿Es verdaderamente posible que un bandido llamado Robin Hood, realmente existió durante el reinado de Ricardo Corazón de León, evadiendo los grilletes del Sheriff de Nottinghan, mientras aterroriza a la rica nobleza con su banda de Merry Men, dando las ganancias de su robos a los pobres, y eligiendo voluntariamente soportar el húmedo frío de las noches del Bosque Sherwood? ¿Pudo este hombre realmente haber existido? La respuesta más definitiva, es no. Pero hay otras posibilidades…

  • El Robin de las Baladas

La moderna cultura popular podría interpretar a Robin como un noble prófugo, usualmente un Conde de Huntingdon o un caballero sajón desheredado, pero este no fue siempre el caso. En las versiones más tempranas de la historia de Robin Hood, el bandido es descrito específicamente como un «Yeoman (asistente)», un término con varias connotaciones, todas denotando una persona de estatus ordinario, de rango más bajo que un escudero, pero más alto que un mensajero. Tampoco es Robin Hood descrito como un sajón. De hecho, si nos atenemos sólo a los antiguos relatos, él no era enemigo del Príncipe Juan, o aliado de Ricardo I, y ni siquiera es registrado como viviendo en ese periodo de tiempo.

Cuando consideramos el origen de la leyenda de Robin Hood, ninguna fuente es más importante que las baladas. En total, 38 de ellas existen, generalmente fechadas entre el siglo XV y el XVIII, cada una proveyendo un entretenido discernimiento sobre las actividades del bandido.

Mientras las baladas posteriores son productos de la cultura popular, Los eventos narrados en las primeras cinco, pueden contener pistas importantes para cualquier posible identidad de Robin Hood. La balada «A Gest of Robyn Hode», particularmente provee razonables perspectivas sobre su vida como un bandido. La Gest, es posiblemente la más antigua de las baladas de las que han sobrevivido, fechada en algún momento entre 1400 y 1520, más o menos el mismo periodo de tiempo de las baladas «Robin Hood and the Monk», «Robin Hood and the Potter», «Robin Hood and Guy of Gisborne» y «Robin Hood’s Death.»

Cada una de estas tempranas baladas pinta un cuadro similar. Robin Hood es un bandido de rango social «yeoman», quien está activo tanto en el Bosque Sherwood como en el Bosque Barnsdale en Yorkeshire. Él ya estaba en compañía de sus Merry Men, incluyendo al Pequeño Juan, Will Scarlock y Much el hijo de Miller, pero no hay rastro del Fraile Tuck o de la doncella Marian. Una rivalidad con el Sheriff de Nottingham es evidente desde el principio, pero sin ninguna indicación del porqué Robin está prófugo. Por otro lado, Robin Hood es ya celebrado como un formidable oponente, el más sobresaliente de los arqueros, un líder justo, y si bien él no específicamente «le roba a los ricos para darle a los pobres», la Gest en particular ilustra su tendencia a separar el corrupto del honesto, cuando se trata de robar su dinero y en su generosidad para ayudar a los que están necesitados.

Similitudes entre el Robin Hood de la leyenda y el bandido «yeoman» sin dudas existen, pero desafortunadamente no es dado un periodo de tiempo para el bandido original. En la balada «Robin Hood and the Monk», el Pequeño Juan, claramente engaña al rey con papeles falsos cuando intenta liberal a Robin de la cárcel, a pesar de que el rey en esta ocasión no es nombrado. Un rey, sin embargo, es nombrado en la Gest: no Ricardo Corazón de León, sino Eduardo.

Aceptar que el rey de la saga de Robin Hood era Eduardo tiene dos efectos notables sobre la leyenda. Primero, esto elimina la idea absurda de que Robin Hood era un aliado de Ricardo I. En total Ricardo pasó menos de ocho meses de los diez años de su reinado (1189-1199) en Inglaterra, en cambio eligiendo embarcarse en la fracasada Tercera Cruzada en los 1190, y en la defensa del Ducado de Normandía. Igualmente, es dudoso el compromiso de Ricardo en los tempranos años de su vida para con Inglaterra. Cuando era aún un príncipe, es recordado por haberse rebelado contra su padre, Henry II, e incluso se unió a Felipe II de Francia en hacer la guerra contra Inglaterra.

Segundo, esto significa que si existió un Robin Hood histórico, entonces vivió durante el reinado de Eduardo. Hay tres posibles candidatos aquí. El reinado de Eduardo I duro de 1272 hasta su muerte en 1307. Su hijo Eduardo II, lo sucedió y gobernó por 20 años, antes de ser asesinado por su esposa Isabela y su amante Roger Mortiner, y posteriormente reemplazado por su hijo, Eduardo III, quien gobernó hasta 1377. Si bien cada uno de ellos es posible, la identidad del rey en cuestión puede ser reducida a un espacio más identificable. Las baladas más antiguas no se verían impresas hasta principios del siglo XV, pero para 1354 hay una clara indicación de que la leyenda era ya bien conocida: cuando un hombre es arrestado en el Bosque de Rockingham, por cazar furtivamente y entrar sin autorización, él respondió con rápido ingenio que era Robin Hood. Si bien haciendo poco en términos de la identificación de la figura legendaria, al menos demuestra que la leyenda estaba ya establecida para el reinado de Eduardo III.

En la Gest, el rey viaja personalmente a Nottingham en un intento de capturar a Robin Hood. Potencialmente, cualquiera de los Eduardos pudo haber hecho esto. De Eduardo I se supo que pasó por Nottingham en 1300; se sabe que Eduardo II estuvo allá dos veces, primero en 1323, y luego en 1324; mientras que Eduardo III estuvo Nottingham en 1330, cuando se preparaba para arrestar a su madre y a Mortiner. La personalidad del rey, como está registrada en la Gest, podría también proporcional una pista: aquí, disfrazado como un Abad, banquetea con los Merry Men y es entretenido por sus habilidades en la arquería. Disfrutar la compañía de una banda de bandidos «yeomen» podría parecer un extraño rasgo de personalidad real, sin embargo, está curiosamente de acuerdo con el carácter de un Rey de Inglaterra, quien fue conocido por favorecer las clases más bajas durante todo su reinado. Este mismo rey, tiene las conexiones más probables con Nottingham. Todas las señales apuntan a Eduardo II.

Mientras la personalidad del rey puede proporcional más comprensión sobre la identidad del Eduardo en cuestión, las personalidades de los bandidos también hacen lo mismo. Mientras que el Robin Hood representado en las películas es un abnegado combatiente por la libertad, dispuesto siempre a derrocar una autoridad injusta, el Robin Hood de las baladas está menos dispuesto a desenvainar la espada. A pesar de una clara compresión del procedimiento militar, en acuerdo con lo que se espera de un soldado, y siendo un poderoso y temerario espadachín, la devoción de Robin no se enfoca en la libertad de la clase campesina o hacia la monarquía, sino en su propia fe. El bandido «yeoman» es un cristiano comprometido con una particular reverencia por la Virgen María. Más aún, el honra su religión con una estricta dedicación a la castidad, la pobreza y la obediencia.

Esta es una extraña conducta para un bandido; una devoción de esta clase parece estar más en acuerdo con la piedad de un monje. Igualmente sorpresivo es el conocimiento de Robin Hood sobre transacciones bancarias, ilustrado en la Gest cuando, de sus propios fondos, él le hace a un caballero pobre un préstamo para que salde sus deudas. Lo que estos monjes-guerreros habían hecho para terminar viviendo al margen de la sociedad no es explicado en las baladas. Pero una posible respuesta puede ser encontrada en el legado de otra famosa banda de prófugos.

  • Templarios en el Bosque

Cuando el reinado de Eduardo II aún no tenía cinco meses en Inglaterra, el Papa Clemente V, emitió una bula papal a todos los monarcas de Europa, anunciando la excomunión de los Caballeros Templarios. Con un cargo de 104 artículos relacionados con crímenes tales como la adoración del diablo y herejía, varios templarios de importancia fueron arrestados en Francia, la mañana del viernes 13 de octubre de 1307, torturados, y eventualmente ejecutados por Felipe IV, a causa de sus alegados crímenes. El proceso continuo por toda Europa, a pesar de que la orden tuvo una aplicación más justa fuera de Francia. En Inglaterra, la bula papal, enviada en noviembre, no fue llevada a cabo hasta finales de diciembre, ejecutando finalmente los arrestos los días 9 y 10 de enero de 1308.  A grandes rasgos, el número de arrestos no excedió los 153, y muchos de los que lo fueron estaban viejos y achacosos.

Cuando se trata de la excomunión de los templarios, los historiadores usualmente se dividen en dos campos. Por un lado, están aquellos que ven la escasez de arrestos como una prueba innegable de que la orden permanecía para este tiempo, pero ya no poseía mucho significado. En verdad, el número de arrestos en toda Europa dista mucho del estimado de 20 000 miembros de la orden en su punto álgido. Sin embargo, para aquellos ubicados en la otra orilla, la carencia de arrestos proporciona una clara indicación de que muchos templarios habían ya escapado, para el momento en que el sheriff del condado vino en su búsqueda.

Consideremos las posibilidades. Una orden de la magnitud de la de los templarios no desaparece de manera tan simple. Tampoco soldados bien entrenados han de rendirse ante la amenaza de la tortura y la ejecución, esperándolas sentados de brazos cruzados. Hay un significativo lapso de tiempo entre los arrestos de los templarios en Francia y los llevados a cabo en Inglaterra. Y los templarios ingleses debieron saber lo que se les venía encima.  Es aquí, donde las teorías conspirativas usualmente comienzan. Quizás todos ellos escaparon a algún lugar lejano, con el Santo Grial o el Arca de la Alianza entre sus posesiones. Más probablemente, ellos simplemente se dispersaron desde sus respectivos templos en pequeños grupos, para evadir las autoridades.

Que algunos miembros escaparon, ya sea debido a su propia astucia o a la negligencia del sheriff, es evidente. En York, el rey en verdad le ordeno al sheriff que cercara a los templarios en su jurisdicción, pues ellos estaban vagando en los alrededores violando la ley. Una historia similar es contada en una carta al sheriff de Kent. Sólo con esto, ya tenemos una firme indicación de que los sheriffs de los condados estaban fallando en atrapar a los templarios prófugos, y que estos nuevos bandidos monjes-guerreros, estaban recorriendo los campos.

De acuerdo a las quejas proferidas por el Papa al Arzobispo de Canterbury, algunos templarios se estaban integrando a la sociedad civil. Mientras esto, ciertamente pudo ser logrado con la ayuda de familiares y amigos, en las ciudades cercanas, la mayoría de los miembros de la orden habrían tenido simplemente que arreglárselas, buscando refugio en los bosques, para así evitar a los inquisidores. Algo que por otra parte no habría sido difícil. Muchos miembros de la orden eran expertos en espionaje y contra-espionaje, y para el ciudadano común, ellos se les aparecerían como simples hombres religiosos encapuchados, al estilo de los monjes y los frailes, o, como está descrito en la Gest, al estilo de Robin Hood y sus hombres.

Para el momento en que los templarios fueron excomulgados, los bosques de Inglaterra eran famosos por ser los paraísos de los bandidos. Si bien, con la excepción de un pequeño número, la historia de estos hombres se ha perdido para siempre. ¿Pudieron los piadosos monjes-guerreros, quienes vivían su vida en devoción a su fe –famosos por ser los más bravos y fieros soldados de su tiempo, y poseyendo un sofisticado conocimiento de transacción bancaria,  y aún así aceptaban una vida en pobreza- estar entre ellos? Posiblemente.  Y con la comprensión de que prófugos templarios inocentes estaban recorriendo los bosques de Inglaterra, y evadiendo los sheriffs de los condados durante el reinado del Rey Eduardo, la historia puede al menos reconocer que, mientras la legendaria orden había desaparecido, las historias de algunos de estos individuos continuaban circulando. Y quizás de esta manera, ellos mismos se hicieron leyenda, como los Merry Men y el Robin Hood de las baladas.

Cuando de lo que se trata es de encontrar evidencias que validen la existencia de estos bandidos, las pistas usualmente se enfrían. Sus muertes y lugares de enterramientos no consagrados quedaron sin registrar en los archivos civiles, nada sorpresivo, tomando en cuenta que ellos fueron forzados a vivir su vida evitando las autoridades. En cuanto a los templarios prófugos, hay muy poco con lo que contar. Sin embargo, algunos escritores antiguos han argumentado que la evidencia de su sobrevivencia, puede ser encontrada en los sepulcros en los que supuestamente fueron enterrados. La presencia de símbolos cruzados sobre los sepulcros de varios cementerios, desde las tierras altas de Escocia hasta las lejanas fronteras de Nueva Escocia, han convencido a muchos investigadores de que los bandidos monjes-guerreros, en verdad evadieron la red. Mientras sugerencias semejantes no deben ser aceptadas sin una investigación más profunda, tampoco deben ser rechazadas como conjeturas sin fundamentos, sobre todo cuando los investigadores que obvian tales ideas no han investigado realmente lo que ellos están negando.

Evidencia de que un sepulcro ubicado en los terrenos del Priorato de Kirkless estaba una vez decorado con algo que recordaba la cruz de los templarios, finalizada en la base para pies del Calvario, como está representada en miles de sepulcros de templarios a través de toda la Edad Media, está bien documentada. La losa original puede haber desaparecido desde hace largo tiempo, pero registros de su existencia sobreviven en los diagramas dibujados por dedicados anticuarios y en las crónicas de aquellos que vieron el sepulcro en su esplendor. Ciertamente no hay ningún Robert, Conde de Huntingdon, yaciendo bajo él, pero quizás los huesos de algún templario prófugo, o un pobre «yeoman», forzado a huir de una injusta persecución, aún descansa en paz debajo de donde la losa alguna vez estuvo.

Y quizás en la comprensión de la historia de Robin Hood una importante lección puede ser aprendida. Muchas famosas leyendas provienen de historias que demuestran que los historiadores del pasado estaban errados. Y aceptando eso, es en ocasiones necesario ignorar la historia y regresar a las fuentes originales, y de esa manera encontrar que los rompecabezas de los eventos del pasado se ajustan más ordenadamente. Especialmente cuando miramos en el lugar apropiado.

  • El Mito del Corazón de León

La idea de que Robin Hood vivió durante el reinado de Ricardo Corazón de León fue afirmada por primera vez en 1521 por el filósofo y cronista escocés John Major, en su trabajo épico «Historia Majoris Britanniae». Major estimó el periodo de tiempo entre 1193-94, a pesar de que no intentó presentar a Robin Hood como un aliado de Ricardo Corazón de León, o en oposición al Príncipe Juan.

En 1569, otro cronista, Richard Grafton, apoyó la fecha estimada de Major, y también definió a Robin Hood como un Conde prófugo, a causa de su incapacidad para pagar sus deudas. El trabajo de Grafton fue extendido hacia el final del siglo por el dramaturgo Anthony Munday, quien describió a Robin como Robert, Conde de Huntingdon (escrito Huntington en la época), quien fue desheredado de su posición por el Príncipe Juan. Una firme aceptación de Robin Hood como el Conde de Huntingdon, es proporcionada en la balada titulada «A True Tale of Robin Hood», escrita por Martin Parker en 1632, luego de leer la vida de Robin Hood como estaba registrada en un documento anónimo titulado, «Sloane Life», que comienza con el nacimiento de Robin Hood en 1160, en una ciudad llamada Locksley.

  • Breve Historia de los Caballeros Templarios

Los Caballeros Templarios fue una sociedad cristiana de carácter militar-religioso, establecida en 1118 por nueves caballeros inspirados por la vocación de proteger a los peregrinos cristianos que viajaban a través de los peligrosos caminos que conducían a Tierra Santa. Liderados por el noble francés, Hugues de Payens. Este humilde grupo de cristianos comprometidos, fue bienvenido en Jerusalén por el Rey Balduino II, hospedándose en el palacio del rey, situado adyacente al supuesto Templo de Salomón. En los primeros años, la orden vivió una existencia relativamente tranquila. Sin embargo, esto comenzó a cambiar luego de que su misión recibió una aprobación oficial en el Concilio de Troyes en 1129. Si bien los miembros eran individualmente pobres, la nueva orden sobrevivió de las contribuciones y generosidad de Balduino, pero en las décadas siguientes su influencia se expandió luego de un apoyo oficial del Papa Inocencio II. Entre sus privilegios la iglesia los eximia de pagar impuestos, al mismo tiempo que les permitía recibir sus propios diezmos sobre las propiedades que ellos poseían y mantenían, y los despojos de guerras de las batallas en contra de los Sarracenos (musulmanes). A pesar del humilde comienzo de la orden, éstos privilegios, complementados con las donaciones regulares de agradecidos peregrinos y ricos nobles cristianos, quienes apoyaban la orden por su dedicación a proteger Tierra Santa, tuvieron como resultado el enriquecimiento de los Templarios.

Si bien las Reglas del Templo les prohibían a sus miembros usar las riquezas para beneficio personal, La orden fortaleció su posición usando su fortuna para construir varias fortificaciones a través de Europa y Tierra Santa, en beneficio de la causa cristiana. En los años siguientes, los Templarios usaron sus riquezas para construir sus propias iglesias, castillos, viñedos y granjas por toda Europa, y eventualmente comenzaron a prestarles dinero a monarcas europeos, ganando dinero extra por el cobro de intereses.

A medida que su influencia se incrementaba, los Templarios crecían también en número. Siendo la admisión sólo para cristianos dedicados, de cuna noble y solteros, dispuestos a jurar votos de obediencia, castidad y pobreza, al mismo tiempo que se consagraban por entero a la causa cristiana. Con el tiempo, cristianos de un estatus social más bajo, les fue permitido también unirse a la orden. En consonancia con sus votos de pobreza, a los nuevos reclutados les era requerido que sometieran sus tierras y posesiones a la orden, dándoles más adelante a los Templarios derecho absoluto para su comercialización.

La influencia Templaria en Tierra Santa alcanzó su punto máximo en la década de 1170, pero declinó significativamente luego de la derrota a manos de Saladino (Salah-ad-Din) en la batalla de Horns of Hattin en 1187, desapareciendo con esto la mayor parte de la orden. A pesar de la posterior perdida de Jerusalén, la orden mantuvo su presencia en Tierra Santa hasta que la ciudad de Acre fue tomada en 1291, el último evento de importancia en las Cruzadas.

En el pináculo de su poder los Templarios poseían grandes cantidades de propiedad por toda Europa, y eran colectivamente más ricos que cualquier monarca europeo. Su fuerza militar en su punto álgido, era estimada en 20 000 miembros en toda Europa, y no era igualada por ningún ejército contemporáneo. Todos estaban ardientemente consagrados a la causa cristiana y altamente entrenados en el arte de la guerra. Su contribución al desarrollo de la banca y el carácter único de su arquitectura han tenido un efecto duradero en la cultura europea y, a pesar de su controversial desaparición, los Templarios aún son famosos por la piedad y disciplina que ellos manifestaron en los 200 años de su existencia.

Traducido por Odilius Vlak


  • NOTA: La versión original de este artículo, titulada: «Robin Hood and the Templars of Doom» (marzo 2010), se encuentra aquí: http://www.forteantimes.com.
  • Acerca del Autor: John Paul Davis es el autor de «Robin Hood. The Unknown Templar» (2009), y su «Pity the Guy», una biografía de Guy Fawkes, está lista para publicarse en octubre 2010, por Peter Owen editores.
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