TETRAMENTIS / Damned Angel: Genesis – Capítulo V

Capítulo V: Renacimiento


«El Fin de Los Tiempos, Sucederá al Final de los Primeros Eventos»

Erian se despertó gritando, dando vueltas en el lecho donde yacía. Despertaba de una horrible pesadilla donde se veía rodeado por grandes columnas de fuego, que se iban cerrando, atrapándolo en el centro, en lo que esperaba que su carne fuese incinerada por el fuego maldito, fuego que quemaba más su alma y mente que su cuerpo. No pudo soportarlo. Luego de despertar, Erian transpiraba, y se sentía muy agitado.

—Es… ¿Es esto miedo?… No puedo creerlo… Mi pesadilla se ha vuelto realidad.

Erian tomó un tiempo para observarse ambos brazos. Estaban vendados, como el resto de su cuerpo.  Luego, ante su sorpresa, notó que se encontraba en alguna clase de habitación, y se veía como si algún médico lo hubiese atendido por horas mientras estaba inconsciente. Erian sin notarlo, ya se encontraba explorando más allá de la habitación donde había despertado. Erian ahora se encontraba en un largo pasillo que parecía casi interminable. Mientras recorría el pasillo sentía como si su corazón se encogía y no podía respirar. Finalmente, llegó a una gran puerta al final del pasillo. Del lado superior izquierdo de la puerta había un adorno esculpido en mármol de un ángel en una gran nube blanca, mientras que del lado superior derecho, se podía apreciar un demonio envuelto en llamas, también esculpido en aquél mármol. Erian observó aquél contraste con admiración. Ya casi en un trance, sólo se vio interrumpido al darse cuenta de un espejo que colgaba en la pared de manera adyacente a la gran puerta. Cuando se miró en el espejo, notó que todo su cuerpo y su rostro también se encontraban vendados. Erian, llenándose de valor, empezó a remover todos los vendajes que le cubrían. Al revelar su rostro, Erian se sintió horrorizado. La carne de su cuerpo apenas aún se mantenía sobre sus huesos. Aquella batalla contra Azazel lo había marcado de por vida. Era ahora más una especie de esqueleto viviente, una aberración repugnante ante los ojos de inclusive los mismos demonios. En su sorpresa, Erian no podía mantenerse en pie. Al buscar algo para apoyarse y no caer, se aferró de la gran puerta, y ésta se abrió. Un gran destello de luz cegó a Erian por algunos segundos. Cuando al fin aclaró nuevamente su vista, pudo observar un gran salón-comedor. Erian entendió rápidamente donde se encontraba. Estaba en el gran castillo de Azazel, en las Tierras del Oeste, donde el reinado de éste se extendía a gran paso. Antes de que pudiera acercarse a la mesa, escuchó una voz que lo llamó por su nombre.

—Erian, acércate… Te estaba esperando… —se escuchó aquella voz al final de la larga mesa en aquel salón.

—Qué… ¡¿Qué demonios me has hecho?! —dijo Erian mientras se retorcía apoyado de la pared.
—¿Yo? No he hecho nada que no me hayas obligado a hacer —dijo Azazel mientras se alejaba de la oscuridad que lo envolvía al final del comedor.
—¡No te hagas el estúpido, maldición! ¡Sabes exactamente a que me refiero! ¿Qué le has hecho a mi rostro y a mi cuerpo? ¡No puedo regenerar mis heridas! —exclamó Erian muy agitado.
—Mi fuego infernal es diferente al de cualquier demonio ordinario, es más intenso, mucho más fuerte, y sus quemaduras son permanentes —declaró Azazel.
—¿Per… permanentes? —balbuceó Erian. No podía creerlo. ¡Estaría condenado a quedarse con esa apariencia repulsiva y desagradable!
—No me importa si me odias o no. Y si deseas enfrentarme nuevamente, podemos luchar una vez más, a costo de que sufras quemaduras aún más severas —Afirmó Azazel mientras observaba a Erian con ojos profundos. Ambos demonios se mantuvieron en silencio, observándose el uno al otro, como si cada uno tratara de leer los pensamientos del otro. Parecía como si de repente el aire alrededor se hubiera vuelto más pesado, casi como tóxico alrededor de ambos. El primero en romper aquél silencio fue Erian.

—No lo entiendo. Si me deseabas muerto, ¿por qué me has rescatado? Y además, se que un médico fue a curarme a la habitación. ¿Por qué te has molestado en hacer todo esto? ¡Responde! —exclamó Erian lleno de dudas y frustración.
—Tu compañero Zeroth… Él era escoria. Pura basura. Sus técnicas de combate eran básicas, sus poderes estaban descontrolados y desincronizados. No era más que una vergüenza para nosotros, las huestes del infierno. Por eso no duró en pie ni un minuto —dijo Azazel.
—Inclusive llegó a traicionarme… Sí, era escoria —dijo Erian.
—Pero sin embargo tú… Tú fuiste diferente. Desde  que empezamos a luchar pude notarlo. No eras nada parecido a Zeroth. Eres mucho más fuerte, más rápido, y tus poderes están más controlados. Pero lo que más me ha llamado la atención, es uno de tus poderes en particular. Se dice que de cada mil demonios, existe uno con un poder especial: Controlar Almas. Para serte franco, jamás había visto un demonio que tuviera este poder y tuviera tanto control sobre él. Es difícil utilizarlo, ya que para controlar un alma, requieres una voluntad más fuerte que el alma que deseas controlar. En cambio tú pudiste controlar más de 100 almas en nuestra batalla anterior. Jamás había visto un demonio con semejante poder de voluntad antes. Verdaderamente, eres único, Erian —dijo Azazel mientras tomaba una pausa.
—¿Acaso te burlas de mí? ¿No tuviste suficiente con vencerme y hacerle esto a mi maldito cuerpo? ¿Ahora también quieres restregarme en la cara que me venciste a pesar de esta habilidad que poseo? ¿Qué será lo siguiente? ¿Me escupirás y me obligarás a bailar desnudo sobre la mesa? —dijo Erian bastante molesto.
—No digas tonterías… jamás te escupiría en la cara —dijo Azazel mientras sonreía cínicamente.
—M… Maldito… —dijo Erian sin poder pronunciar más palabras.
—De todas maneras, mi intención no es matarte, Erian. No, todo lo contrario. Quiero que trabajemos juntos. Con tu poder y el mío combinados, verdaderamente dominaremos la tierra, y no habrá nada que pueda detenernos, jamás—. El aire alrededor de Azazel se tornó denso y obscuro, ráfagas de electricidad salían de sus puños, ahora cerrados, y de todo su cuerpo. Sus ojos se tornaron rojos en la obscuridad, formando una imagen en la que el mismo Lucifer hubiera sentido algo de miedo. Valientemente, Erian se le enfrentó, a pesar del poder que emanaba de Azazel.

—¡No te ayudaré! ¿Olvidas lo que le has hecho a mi cuerpo? Yo no. Eres mi enemigo, ¡y eso nunca cambiará!
—Creo que necesitas que te demuestre que no tienes otra opción —respondió Azazel.

Azazel levantó su brazo, enfocando una gran cantidad de energía en su puño, que aún se mantenía cerrado. En un movimiento rápido, Azazel lanzó un ataque desenfrenado hacia Erian, concentrando todo su poder en el golpe. Erian pudo esquivar el ataque por unas milésimas de segundos, dando de lleno contra el suelo, dejando un gran hueco producto de la enorme fuerza producida por el golpe. A pesar de haber esquivado el golpe, Erian salió lastimado, ya que la energía producida por el golpe afectó su cuerpo aún debilitado por las quemaduras, y éste se desplomó en el suelo.

—¿Es esto suficiente para ti? ¿Aceptarás tu derrota y me servirás? —preguntó Azazel.
—¡No! ¡Me niego a servir a nadie! ¡Lucharé aunque me cueste la vida! —dijo Erian.
—Eres valiente, aunque muy estúpido —dijo Azazel.

Erian convocó su guadaña de combate desde un portal al mismo tiempo que cientos de almas condenadas. Todas estaban controladas por Erian, y daban vueltas a su alrededor, formando una especie de escudo de energía sobre él. Sus ojos brillaban entre la obscuridad de las almas.

—Estas son las almas de las que tanto hablaste, y te enseñaré algo que jamás has visto —dijo Erian.
—¿De qué estás hablando?
—Este ataque jamás lo había utilizado con nadie. Tú serás el primero —afirmó Erian……….

¡CONTINUARA!

Edwin Peter Barbes

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