RUNES SANGUINIS: Los Niños Perdidos de Hamelin / Por María J. Pérez Cuervo

El 26 de junio la ciudad alemana de Hamelin celebra el Día de Atrapar Ratas. ¿Pero qué realmente pasó allá, y quién era el misterioso flautista?

El año pasado, la ciudad de Hamelin en Alemania, celebró el 725 aniversario de un macabro evento que aún es familiar a través de los cuentos de hadas para niños a más de siete siglos de haber sucedido. Pero más allá de las ratas musicales, los coloridos suvenires y las atracciones turísticas, la ciudad del flautista está llena de referencias de una tragedia real. Una registrada en las paredes de la así llamada Rattenfängerhaus, o casa del flautista:

«En el año de 1284, en el día de los Santos Juan y Pablo, el 26 de junio, 130 niños nacidos en Hamelin fueron seducidos por un flautista, vestido con toda clase de colores, y desaparecieron en el calvario cerca del koppen.»

La ciudad de Hamelin jamás ha olvidado esta perdida. La calle donde supuestamente los niños fueron vistos por última vez, es llamada «Bungelosenstrasse»: la calle sin tambores. Y aún hoy, luego de tantos años después del evento, a nadie se le permite tocar música o bailar en ella. Tradiciones orales preservaron y enriquecieron la historia hasta que los Hermanos Grimm la incluyeron en su compilación de leyendas alemanas, «Deutsche Sagen».

En la versión de los Grimm, la ciudad medieval de Hamelin es golpeada por una plaga de ratas. Una figura, aparentemente con características de héroe aparece, un extraño y misterioso forastero, vestido con ropajes de color rojo y amarillo. Él promete liberal a la ciudad de los bichos, y los ciudadanos le prometen dinero a cambio. El atrapador de ratas tenía un don extraño y casi sobrenatural: él tocó una melodía con su flauta que atrajo a las ratas al rio Weser, en donde todas se ahogaron. Pero, enceguecidos por la avaricia, los hombres de la ciudad rehusaron cumplir su palabra, y pagarle al flautista sus honorarios. El flautista abandonó la ciudad, tramando su venganza. Cuando él regresó a Hamelin, lo hizo usando las vestimentas de un cazador. Entonces tocó una melodía que hipnotizó a los niños, quienes lo siguieron a las montañas, para nunca más ser vistos.

La crueldad de tal desenlace nos golpea doblemente, porque sobrepasa nuestras expectativas. Lo que inicialmente aparenta ser la clásica trama de «Vencer al Monstruo», deviene en un relato pesadillezco de venganza desproporcionada. La retribución del flautista sobrepasa los límites, sugiriendo el último tabú de la sociedad: el asesinato de niños. El resultado es tan chocante que muchas versiones han sido suavizadas, con el flautista orquestando la desaparición de los niños, en orden sólo de conseguir el dinero que se le debe; los niños regresan a Hamelin, y los ciudadanos aprenden su lección. Lejos de simplificar la historia, esto muestra al flautista como un héroe interesante, uno complejo y moderno; alguien que desafía el sistema para sobrevivir en tiempos difíciles.

Y aun así, los elementos de ambición, venganza e infanticidio nos llevan de regreso a los Tiempos Medievales, un periodo violento de profundos contrastes. La leyenda contiene suficiente material para haber inspirado la imaginación popular y la poética por siglos. ¿Pero qué realmente pasó en ese fatal día de 1284, y quién era el misterioso flautista?

  • Rastros de la Tragedia

La principal dificultad cuando se trata de rastrear las raíces de la tragedia es la falta de fuentes primarias de información. La más antigua referencia que ha sobrevivido de la tragedia de Hamelin, es una nota sobre una copia manuscrita del «Catena Aurea» de Heinrich von Herford (1370), generalmente conocido como el Lüneburg Manuscript. De acuerdo tanto del manuscrito como de la inscripción hallada en la Rattenfängerhaus, los eventos tuvieron lugar el 26 de junio de 1284.

Existen, sin embargo, reportes de académicos, quienes tuvieron acceso a documentos más antiguos que ya han desaparecido. El médico y demonólogo holandés Johann Weyer menciona en la cuarta edición de su «Delusions of the Devil» (1577), algunas de las fuentes históricas que contenían innumerables referencias a la tragedia de Hamelin:

«Estos hechos están así escritos en los anales de Hamelin y están guardados religiosamente en los archivos. Ellos pueden ser leídos también en los libros sagrados de la Iglesia, y pueden ser vistos en los vitrales pintados de la misma; de cuyos hechos yo soy un testigo. Además, en confirmación de la historia, el más viejo magistrado acostumbraba a escribir junto a los documentos públicos: “en el año de Cristo, y en ése de la desaparición de los niños”, etc.»

Weyer probablemente se estaba refiriendo al libro de los estatutos de Hamelin, «Der Donat», (1351), o a una colección de documentos históricos locales conocida como la «Brade». La iglesia de la plaza en Hamelin exhibía otra pieza del rompecabezas, un vitral originario de los 1300, describiendo al forastero vestido en ropajes multicolores, llevándose un grupo de niños vestidos de blanco. El vitral fue destruido en 1660, pero había inspirado una acuarela en 1592, por Augustin von Moersberg, que preserva su esencia y muestra los principales elementos geográficos de la leyenda: la ciudad, el rio Weser, y la montaña, con una oscura entrada a una caverna.

  • La Muerte Negra

Si bien ni el Lüneburg Manuscript ni el vitral sugieren que las ratas jugaron un papel importante en los eventos de Hamelin, el folklore ha asimilado la figura del flautista con la de un atrapador de ratas. Las primeras referencias a los roedores que han sobrevivido, aparecieron en el siglo XVI, «Zimmern Chronicle» (1559-65), seguida por la arriba mencionada «Delusions of the Devil» de Weyer, ambas escritas casi tres siglos después de la tragedia.

Si las ratas fueron probablemente una adición posterior más que un elemento original del episodio de Hamelin, ellas le brindaron profundidad al relato, y resonaron en la imaginación popular gracias a un juego macabro de asociaciones simbólicas. La imagen de una rata infestando una ciudad medieval inmediatamente trae a la mente pensamientos sobre la plaga. Las plagas y las epidemias habían tenido un impacto continuo sobre la imaginación colectiva, llevándonos de regreso a Las Diez Plagas de Egipto en el Éxodo: las plagas bíblicas eran castigos de Dios. El flautista, capaz de desafiar la maldición con el poder de su música, estaba de esa manera investido de poderes sobrenaturales.

En las representaciones medievales, la muerte se presenta a sí misma, usando un colorido traje de bufón, un bromista quien siempre ríe de último (quizás el reportado miedo extendido a los payasos, deriva de esta imagen). El flautista deviene de esa manera en el señor de las ratas, La Muerte Negra (conocida en la época como La Gran Muerte o simplemente La Peste) personificada, y la responsable de quitarle la vida a 130 niños de Hamelin.

Las asociaciones del flautista con La Muerte Negra no se limitan al mensaje implícito del relato. La plaga también ha sido usada para contextualizar la historia. La película de Jacques Demy de 1972, presentando al cantautor Donovan como el flautista, es un buen ejemplo. Sin embargo, el apogeo de La Muerte Negra en Europa fue entre 1348 y 1350, es decir, más de 64 años luego de la fecha de la desaparición de los niños, si nos atenemos a la cronología del Lüneburg Manuscript. Las posibilidades de un brote de la plaga bubónica en Hamelin en 1284 son ciertamente limitadas. Además, la plaga hubiese tomado las vidas de muchas personas, no sólo de la ciudad, y no sólo de sus niños.

Quizás la tradición oral le dio al flautista la identidad de un atrapador de ratas, luego de que la plaga había golpeado, y Von Zimmern preservó esta nueva variación en su crónica de 1559. Y desde entonces, el flautista se ha convertido en el más icónico atrapador de ratas. A través de toda la edad media, esta era una ocupación muy respetada y muy bien pagada, un servicio esencial en las ciudades infestadas de plagas. Pero era un oficio riesgoso, su proximidad a los roedores hacían de los atrapadores de ratas candidatos seguros a mortíferas enfermedades. También es una ocupación que merece un héroe: El Día de Atrapar Ratas, es aún celebrado el 26 de junio, para conmemorar los eventos de Hamelin.

  • La Ciudad de los Niños Perdidos

En los más antiguos relatos acerca de los eventos de Hamelin, se nos dice que los niños «se perdieron», pero no necesariamente que estuvieran muertos. Los Hermanos Grimm al final de su versión, agregan que: «Algunos dicen que los niños fueron conducidos a la caverna, y que salieron de ella nuevamente en Transilvania», una conclusión retomada por Robert Browning, en su poema de 1842, «El Flautista de Hamelin». Los términos que el Lüneburg Manuscript usó para describir el lugar de la desaparición de los niños (Calvario, Koppen) han sido interpretados de diferentes maneras. El historiador Hans Dobbertin, asimiló la palabra Calvario como «lugar de la calavera», a la palabra Koppen, cuyo significado es cabeza. En la biblia Calvario o Gólgota fue el lugar de ejecución de Jesús, siendo una montaña o colina. Esto podría sugerir que los niños de Hamelin fueron ejecutados, o quizás la palabra Calvario fue usada simplemente para describir la forma de calavera de la colina, al igual que el Gólgota bíblico.

Académicos como Heinrich Spanuth, Jürgen Udolph y Dobbertin han sugerido que el flautista pudo haber sido un emisario enviado por la nobleza gobernante para promover la colonización de Moravia, el este de Prusia, Pomerania, y las Tierras Teutónicas en el este. La expresión «Niños de Hamelin», pudo haber sido una denominación general para todos los habitantes de la ciudad, quienes escucharon a este brillantemente vestido «Sargento reclutador», y el éxodo una respuesta motivada por razones políticas y económicas.

Bajo esta luz, la historia del flautista, podría muy bien guardar ciertas similitudes con la de «Los Niños de las Cruzadas», una extraordinaria serie de eventos que supuestamente tuvieron lugar en 1212.  En ambos episodios la línea que separa la verdad del mito es muy delgada. Los Niños de las Cruzadas aparecen en fuentes medievales, pero los historiadores cuestionan hoy en día su autenticidad. La cruzada se dijo haber sido conducida por un niño pastor llamado Nicolás, oriundo de Colonia en Alemania, quien predicó que la pureza de los niños les permitiría conquistar la Tierra Santa; la leyenda dice que ellos murieron de hambre durante el viaje.

  • La Muerte Puede Bailar

Otro episodio que comparte similitudes con los eventos del flautista tuvo lugar en 1237, en la ciudad de Erfurt, a 271km al sureste de Hamelin. Un grupo de niños marcharon poseídos por una danza hacia Arnstadt, 15km al Sur, en donde se dice colapsaron de agotamiento. A diferencia de los niños de Hamelin, los jóvenes de Erfurt fueron rescatados por sus padres, quienes lo regresaron a sus casas. Aún así, de algunos de ellos se dice que murieron o permanecieron en un estado de constante temblor.

Los eventos de Erfort, son considerados ser una de las primeras manifestaciones del fenómeno medieval conocido como «La Manía del Baile», usualmente interpretada como una forma de histeria colectiva relacionada con el fervor religioso. La Manía del Baile, según está registrado, se extendió con «las escenas de sufrientes, como una epidemia demoniaca, por toda Alemania y los países vecinos del noroeste». Los afectados eran descritos como incapaces de controlar sus movimientos, o parar su baile sin fin, y se dice que muchos murieron por agotamiento. Como en Hamelin, tenemos la imagen de un grupo de niños guiados por la música, probablemente hacia su muerte.

La Manía del Baile es también conocida como «El Baile de San Juan», cuyo festival es celebrado el 24 de junio, o «El Baile de San Vito», cuyo día es celebrado el 15 o el 18 de junio, dependiendo del calendario. No es coincidencia que estas tres fechas estén establecidas alrededor de mitad del verano, en sincronía con la celebración pagana del Solsticio de verano.

Tempranas descripciones de la Manía del Baile sugieren fuertemente que su origen estaba relacionado con las celebraciones de mitad del verano, un vestigio que pendía de antiguas creencias paganas, y, como tal, condenado por los cristianos: «Ningún cristiano en la fiesta de San Juan (el bautista) o en la solemnidad de cualquier otro santo ejecutará «Solestitia» (rituales del solsticio), o bailará, o saltará, o cantará diabólicamente». En verdad, los afectados con la Manía del Baile, eran considerados estar poseídos, y por consiguiente eran consignados a una misa de exorcismo.

Tradicionalmente, la mitad del verano era considerado ser un tiempo para la iniciación de los jóvenes. Es posible que los niños de Hamelin, al igual que sus predecesores en Erfurt, pudieran haber estado participando de un ritual pagano, marchando hacia las montañas y bailando al ritmo de la música de un bromista coloridamente vestido. Pero, a diferencia de los niños de Erfurt, ellos no regresaron jamás.

  • El Flautista como un Embaucador

Los escasos y enigmáticos reportes sobre la desaparición de toda una generación en Hamelin han reverberado durante siglos. Interpretaciones literales de la historia muestran al flautista como un secuestrador, o un psicópata pederasta. Esta versión a perdurado en la cultura popular (incluso la nueva versión del 2010 de Nightmare on Elm Street, sugiere que existen ciertas similitudes entre el personaje de Freddy Krueguer y el flautista). Pero esta idea subyacente fue expresada por primera vez hace cinco siglos, en el trabajo del médico y humanista Jobus Fincelius («De Miraculis sui Tempores», 1556), quien creía que el flautista era el demonio disfrazado:

«De la perversidad y el poder del demonio, contaré aquí una historia verdadera. Hace cerca de 180 años, en el día de Santa María de la Magdalena, sucedió que en Hamelin a orillas del Weser en Sajonia, el Demonio caminó por las calles visiblemente en forma humana, atrayendo muchos niños con el toque de su flauta, varones y hembras, y los guió a través de la puerta de la ciudad hacia las montañas»

Esta idea es repetida en «La Anatomía de la Melancolía» (1621), de Robert Burton, donde el flautista se usa como ejemplo en el episodio dos: «Una Digresión de la Naturaleza de los Espíritus, los Ángeles malvados, o Demonios, y de cómo ellos causan Melancolía.»

Esta caracterización del flautista como un arquetipo demoniaco, siempre lo presenta como poseyendo intenciones malévolas y, crucialmente, poderes sobrenaturales: él es capaz de encantar animales y niños con la música de su flauta. Tales habilidades musicales recuerdan al dios griego Pan, cuyas melodías se decían que inspiraban pánico y otras reacciones incontrolables, ambas positivas y negativas. Debemos recordar que con la expansión del cristianismo, el cornamentado y pagano dios de patas de cabras, le prestó sus atributos a Satanás, reemplazando el Ángel Caído de la biblia con la imagen de un Demonio.

El siglo XIX romantizó la figura del flautista –al igual que lo hizo con otros proscritos- el pirata, el gitano, el bandido. El poema de 1802 de Goethe, «Der Rattenfänger», claramente inspirado por la leyenda de Hamelin, presenta al atrapador de ratas del título como: «El bardo conocido por todos lados, /el viajero con un atrapador de ratas junto a él; /un hombre de lo más necesario para su ciudad.»

En líneas similares, el recuento más popular de la leyenda, es el poema del 1842 de Robert Browning, donde los niños de Hamelin están felices de abandonar una ciudad gobernada por adultos avariciosos y sin honor. El flautista, el «viajero con un atrapador de ratas» en las líneas de Goethe, llegó a Hamelin ofreciendo un nuevo comienzo para una nueva generación.

Relacionando exclusivamente la figura del flautista a la música (¿y por qué tan tarde?), el poema de Goethe sería, con el tiempo, adaptado por el compositor romántico Schubert y, posteriormente, por Hugo Wolf. La interpretación romántica del flautista contiene una idea, para nada sorpresiva, que ha probado ser apabullante para los músicos: la transformación del joven por un misterioso forastero, quien ha heredado las habilidades musicales de Orfeo o Pan. Un tema que ha sido retomado por bandas como Led Zeppelin, Jethro Tull, Megadeath, e incluso ABBA.

En poco más que 700 años, el flautista de Hamelin ha devenido en una figura arquetípica del embaucador. El embaucador es conocido por desafiar el sistema, romper las reglas y propagar la anarquía. En su naturaleza dual, él puede ser visto como maligno o malicioso, pero él es también un mensajero de los dioses, y un agente y símbolo de la transformación. El flautista, al igual que el embaucador, es un transformacionista que usa diferentes máscaras: el psicópata, el héroe, el rebelde… incluso la muerte misma. Como el Puck de Shakespeare, o el Peter Pan de Barrie, él arroja una red de encantamiento, conduciendo nuestros niños al otro mundo. Que ese otro mundo sea una nueva tierra que colonizar, o un estado alterado de conciencia, o el reino de la muerte, permanece siendo un misterio.

Traducido por Odilius Vlak


  • NOTA: La versión original de este artículo, titulada: «The Lost Children of Hamelin» (junio 2010), se encuentra aquí:http://www.forteantimes.com.

  • ACERCA DE LA AUTORA: María J. Pérez Cuervo, es una periodista española quien ha trabajado en los medios impresos, la televisión y los medios virtuales. Sus intereses incluyen historia, cultura popular, Era Victoriana, Rock and Roll y Döppelgangers. Ella ha sobrevivido cinco inviernos ingleses.

 

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