TETRAMENTIS / Damned Angel: Genesis – Capítulo V (Vol 02)

Capítulo V: Renacimiento ( Vol 02 )

«El Fin de Los Tiempos, Sucederá al Final de los Primeros Eventos»

Antes de que Azazel pudiese responder, Erian ordenó a todas las almas a su alrededor con las siguientes palabras: «¡Sufre el poder de mi tormenta de almas!». Todas las almas que rodeaban a Erian se enrojecieron y se lanzaron a la carga contra Azazel. Se introdujeron en su cuerpo, causando que surgieran protuberancias en él, como si se escenificara una lucha interna entre Azazel y las almas controladas por Erian, que intentaban invadir el cuerpo de aquél. Azazel gimió. Nunca antes había sentido un dolor semejante, ni había dudado en un combate. De repente, varios rayos de luz rojiza emanaron de su cuerpo que yacía en el suelo, como pequeñas descargas eléctricas. ¿Había vencido a Azazel? Y si esto era cierto, ¿qué habría de hacer ahora? Y aún más, ¿podrían los demonios obedecerle si él se proclamaba su líder? Todas estas preguntas cruzaban por la mente de Erian en ese momento. Pero su sentimiento de duda se vio reemplazado por uno peor: miedo. 

Azazel se levantó de nuevo, como si nada hubiese ocurrido. El aura rojiza que envolvía su cuerpo por causa de las almas de Erian, se fue consumiendo hasta desaparecer.

—Tus poderes son… simplemente impresionantes —dijo Azazel. Luego de una pausa continuó diciendo—. Es exactamente lo que necesito ¿Qué acaso no puedes sentirlo?
—¿D-De qué hablas? —preguntó Erian.
—Tus almas ahora son uno conmigo. Tu mayor poder es el control que posees sobre las almas. El mío, es absorberlas y tomar sus poderes.

En ese mismo instante, Erian entendió todo el plan de Azazel. Pero no podía creerlo. ¿Intentaría Azazel convertirse en un ser más poderoso que el mismo Lucifer? ¿Acaso estaba intentando destronarlo de su legado infernal? Preguntas como estas, seguían girando por su cabeza. No podía entender, ni quería aceptar que alguien intentara despojar a su líder supremo de su trono. En voz alta y clara exclamó: «¡No lo permitiré!», mientras se lanzaba hacia Azazel en un ataque desesperado e iracundo. Alguien detuvo el ataque. De hecho, el ataque ni siquiera se realizó. Erian sentía como si una fuerza poderosa hubiera detenido su esfuerzo. No podía moverse. Tampoco Azazel. De repente pudieron escucharse pasos, por lo que ambos simultáneamente giraron sus cabezas hacia la dirección de donde provenía aquel sonido de pasos. De pronto, el sonido de pasos se detuvo. Un hombre mayor observaba a Erian y Azazel.  Aquél, sin embargo, no era un hombre común y corriente. El poder demoníaco más puro emanaba de todo su Ser. Sus ojos eran como si el fuego del infierno hubiera sido encerrado en una esfera de cristal. Este era, literalmente, el diablo en persona.

—Es tiempo de dejar las peleas —dijo aquel hombre mientras impedía que siguieran luchando.
—¡Señor Lucifer! —exclamó Erian mientras se arrodillaba.
—Al parecer Azazel empezó a discutir los negocios sin mi presencia. Supongo que ya Azazel te habrá propuesto el plan, donde tú trabajarás para nosotros, trayéndonos las almas de los impíos pecadores. Mitad para mí, y la otra para él, y a cambio serás el capitán de las fuerzas infernales —afirmó Lucifer.

Erian recordó claramente las palabras de Azazel en aquel momento, anterior a su enfrentamiento: «Con tu poder y el mío combinados, verdaderamente dominaremos la tierra y no habrá nada que pueda detenernos, jamás». Erian se dio cuenta que las intenciones de Azazel no incluían a Lucifer como supremo mandatario. ¿Acaso estaba buscando ser más poderoso que Lucifer? ¿Habría en el infierno la misma traición que hubo en el cielo? Todo esto era muy confuso para la mente de Erian, que se encontraba tan abatido entre tantas batallas y discusiones. Cuando Erian volvió en sí, se dio cuenta de que Lucifer y Azazel se observaban; fríamente, sin siquiera pestañear.

—¿No estás de acuerdo con esto, Azazel? ¿Acaso planeas obtener el poder de todas estas almas sólo para ti? ¿Acaso planeas desafiarme? —preguntó Lucifer.
—Yo…
Azazel me expuso el plan de la manera en que su alteza deseaba. Ha sido sólo un malentendido.
—Excelente. Entonces… ¿qué decidirás? —preguntó Lucifer.
—Seré fiel a los mandatos del señor Lucifer. Cuenten conmigo, haré lo que me piden —dijo  Erian.
Erian ha muerto. Ya no existe más. Hoy en día nace un cazador de almas; un hacedor de tormentos; la pesadilla en la que se ahoga la vida cuando termina. Porque por doquiera que hagas camino, éste será marchito, y las llamas arrasarán con todo lo que tenga vida. Muerte, ese es tu nuevo nombre —dijo Lucifer. Y al decir estas palabras, incluso Azazel tembló.
—De las cenizas has renacido, como el fénix… es una lástima que tu piel no —agregó Azazel.
¡¿Qué dices?! ¿Te burlas de mí? —preguntó Muerte.
—No, no me gusta burlarme de las personas quemadas, y mucho menos si están feos y podridos —dijo Azazel.
—¿Me estás provocando? ¿Eh? ¡Contéstame patas largas!
—¿A eso le llamas insulto, leproso asqueroso? —dijo Azazel.
—¡Te arrancaré las patas de gallo!
—¿Ah sí? ¡Quisiera verte intentarlo!
—¿Que dijiste? ¡Solo escuché una gallina cacarear!

Empezaron a ahorcarse patéticamente entre ambos y a golpearse el uno al otro con todos los objetos de la habitación. Lucifer, ya cansado, se retiró desapareciendo con poderes demoníacos y pasando desapercibido.

—Espero que estos dos idiotas puedan trabajar juntos —se dijo así mismo Lucifer—. De ello depende el éxito de este plan.

Luego de que ambos, Azazel y Muerte se cansaron de pelear, se sentaron cerca de la ventana del castillo, revelando el largo y profundo paisaje de las Tierras del Oeste. Hubo un silencio largo y tranquilo. Ninguno de los dos se dirigió una sola mirada, ni la apartaron del paisaje.

—¿Por qué?… —pregunto finalmente Azazel.

Muerte retiró la vista del paisaje para mirar a Azazel. Éste lanzó aquella pregunta al aire sin dejar de observar aquél paisaje. De repente, Azazel lo miró de frente y preguntó nuevamente, pero esta vez más claro: —¿Por qué no me delataste ante Lucifer?
—Te debía una por salvar mi vida —respondió —. Ahora estamos a mano.
—Bien, supongo que sólo queda una pregunta más —dijo Azazel.
—¿A qué te refieres? —preguntó Muerte.
—¿Del lado de quién estarás?

Muerte no sabía que responder, ya que estaba sorprendido por la pregunta de Azazel.

—Planeo destruir a Lucifer porque no confío en él. Así que dime, ¿de qué lado estarás, cuando tenga su cabeza en mis manos? ¡Decide con cuidado! —exclamó Azazel.

Edwin Peter Barbes


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