ALTERECOS 4.D / El Hacha Fantasma

En verdad no se cual es mi real condición, pero de lo único que estoy seguro, es que soy el resultado de una siniestra apuesta. Ciertamente este es el Castillo, pero, ¿por qué en vez de habitaciones, escaleras y amplios salones, sólo se extienden ante mi interminables pasillos y muros enmohecidos de sangre? ¡Ah, cuantas molestias se ha tomado mi archi-demonio. También hay cabezas recién cortadas! Mi vista se extiende lejos, más de lo que mi escaso equilibrio mental quisiera, es como si esta luz melancólica, fruto de los orgasmos lívidos de la luna, potenciara mis sentidos. A lo lejos, sólo cráneos herrumbrados y cabezas frescas; huesos que se hacen polvo bajo el esmalte plateado de la luna… Sí, ahora me doy cuenta, es un laberinto… pero…

Pero no debes temer, de lo contrario tu cabeza decapitada contemplará con ojos pálidos, como el espíritu que en tu vida ha apadrinado  tantos temores racionales, se eleva errante, como humo que exhala la boca polvorienta de un anciano que ahoga un grito; mientras fuma contemplando el atardecer, detrás de un mar de lavas.

¿Quién eres? ¿De dónde me hablas, pues puedo sentirte pero no verte?

Soy tu Archí-Demonio, y hablo desde tu interior. ¿Acaso no escuchas aún el sonido de antiguas cadenas, mientras caen hechas pedazos en lo más profundo de tu psiquis? Apenas penetraste en este laberinto me he liberado.

¿Qué es este laberinto que al principio creí ser un castillo? Por fuera es pequeño en proporción con la inmensidad de su interior.

 

Es cierto. Este es el laberinto del reverso existencial, estás aquí porque te han concedido una oportunidad. Debes encontrar el centro. Para ello tienes que mantener vigilada tu mente, para que ningún pensamiento racional impida que fluyan las imágenes que constituyen la clave de la pureza de tu arquetipo espiritual. Éstas están en tu niñez, hacia ellas debes ir, pues ese es el centro al cual te guiarán las imágenes. Una vez allí, los portales hacia una nueva y sutil existencia se te abrirán, dejando atrás este denso pantano tridimensional. Pero nunca debes dormirte en el lecho de tu mente.Ya que los pensamientos y emociones engendrados en tu confinamiento de esclavo, despertarán el Hacha Fantasma, que ha de cortar el cuello tanto de tu cuerpo astral como del físico. ¡Así que cuidado! Aquí no hay hilo de Ariadna que te guie, tampoco tu eres Teseo, aunque si hay un gran Minotauro.

Maldita sea desde ahora esta oportunidad. En realidad no veo lo especial que puedan tener las imágenes de mi infancia como para expresar lo más puro de mi arquetipo espiritual. Quizás deba detenerme un momento a ver si surge alguna escena digna de la verdadera ambición de mi Ser, desde ese pueril estado llamado infancia. Escucho voces. Más bien un dulce y animado dialogo, sé que es dentro de mí, pero de alguna forma también lo está fuera tanto que lo puedo seguir. Sus ecos se hacen más cercanos. Es difícil el camino, pues tengo que esquivar demasiados cráneos para no tropezar y caer. También, una especie de fango pegajoso, fruto de la fatal mezcla de la sangre fresca con el polvo de los antiguos huesos calcinados. Al fi llego.

Es un paraje desde el cual parten cinco pasillos. Un conjunto de partículas luminosas y multicolores emanan de las entrañas del vacío, se concentran formando una imagen. Es mi madre que me hace mimos mientras sostiene una rosa en la mano. ¡Ambos estamos felices!, nos abrazamos. Me exhorta a cambiar mi actitud al tiempo que me agradece el regalo de la rosa. De pronto el rojo de la rosa se torna negro y veo que la imagen se destiñe a medida que ciertos impulsos se convulsionan en mi interior. Otra imagen invade el espacio, en ella me veo escapando del hogar, abandonando a mis padres en pos de mis rebeldías. ¿Por qué no permito que la armonía espiritual de la imagen anterior permanezca, y purifique alguna mácula presente? En verdad no es una disyuntiva muy difícil, pues esta imagen del adolecente en pos de sí mismo, es mi verdadera imagen; es mi alma en busca de su espacio… Ese impulso es lo que me motiva.

La imagen flota en el aire borrando de mi vista la senda que antaño recorrí. Sólo de mi vista, pues aún la sigo recorriendo. Entonces aparece aquello que no esperaba ver: El Hacha Fantasma. Toma forma de la misma sustancia que componía la imagen de mi antigua rebeldía. Es etérea y luminosa, una especie de rayo divino, implacable y vengador. ¿De qué olvidada mitología pagana has surgido para amamantarte en sangre?, ¿cuáles demonios te arrebataron de las manos entumecidas de un antiguo dios dormido?

Pero todo no es más que un malicioso engaño, una amarga broma de las leyes que se oponen a lo abstracto. Ahora que despierto, recuerdo que nunca conocí a mis padres. Me han hecho fantasear con los anhelos que concebí en momentos de debilidad. Han pretendido que mantenga la atención fija en mi propio olvido y, en todos los fantasmas que creó mi mente, para escapar de aquel elemento que ha constituido mi existencia: el dolor. No, el centro es regresar hacia mí mismo, manteniendo mi atención en las imágenes en las que sienta la sinceridad de mi arquetipo espiritual. Eso mientras corro, pues el hacha avanza curvando su filo intangible hacia mi cuello… ¡Es un péndulo de escalofriante compás, en el que no hay espacio para un segundo!

La huida es rápida pero es como si sólo huyera hacia ella. Se adhiere a cada uno de mis impulsos. Despacio, deslizo mi cuerpo sobre el muro del laberinto. Todo deviene lento, dentro estoy calmado. A poca distancia la veo emerger, como las ruinas fantasmas de una nave espacial futurista, desde las lejanas tinieblas del cosmos. El cruel espectro en toda su gloria. Invaden todo el laberinto los ecos de miríadas de estertores, que esbozan las últimas imágenes, que en vida concibieron los hombres de cuyo angustiado seno salieron. En una de ellas, hay un sujeto encadenado en medio de un santuario de piedra. Es el protagonista de una orgía ritual, dictada por la energía de su espíritu. La luz se hace más intensa, pues allá también brilla la luna. El hacha se acerca y penetra en la imagen etérea, descendiendo veloz con el espíritu de un águila de viento sobre el cuello del oficiante. Aun aquí, ciertas moléculas de luz se tiñen de rojo, mientras en ese ignoto espacio-tiempo la cabeza rueda entre los pies de los asombrados convidados. La visión desaparece como partículas de algodón en la atmósfera semivelada de la luz lunar. En los secretos horrores que guardan los resquicios de los muros de este laberinto, ésta última visión de la víctima será la futura pesadilla que en las noches invadirá el sueño de cada uno de los participantes en la orgía. Al parecer una vez que el cuello del elegido ha caído dentro del laberinto, el hacha fantasma sigue cercenando la cabeza del condenado en cada uno de los momentos en los que él explotó su energía luciferina… Es una cacería a través del híper-espacio, en donde esas escenas pululan ahora.

De pronto los estertores cesan, dejando en libertad al silencio. Es como si las cabezas que aún gozan de éste privilegio no quisieran arriesgarse, apegadas sus almas a todos aquellos momentos aderezados con la energía demoniaca. El silencio es tétrico, pues percibo su complicidad con los Jueces Racionales del «¿por qué?»: creadores de esta trampa para intuiciones. Es necesario alinear todas mis emociones interiores con mis instintos más meditativos. De lo contrario cualquier desequilibrio que provoque mi razón —enemiga interna— atraerá el hacha hasta mí, o más bien hasta mi cuello.

Los susurros ahogados del silencio, y la vitalidad extraída de la visión desintegrada, han revestido el cuerpo de luz del hacha fantasma de un matiz plateado cada vez más denso y reflejante. Pasa justo frente a mí, es hermosa. Ejerce sobre mí la misma atracción perversa que aquel abismo en medio del desierto que contemplé en algún sueño que se sueña de nuevo… en este momento. Puedo ver a través de ella el muro opuesto, pero mucho más cerca. Es como si lo ampliara, o más bien, la parte del muro que delimita las dimensiones del hacha, se adhiriera a ella como materia pegajosa. Puedo ver los detalles más soterrados del muro ya que el hacha se ha detenido justo frente a mi vista.

El muro se contrae, como una esponja exprimida por una mano de hierro, escupiendo toda la sangre helada de sus entrañas sobre mi rostro. Maldición, las gotas de sangre atraviesan el fantasma afilado para estrellarse contra mí, como los demonios traspasan la oscuridad para calentarse al sol de los sueños humanos. Es viscosa y putrefacta. El tétrico destino que evocó en mí al parecer rompió la armonía de mi Ser, ya que el hacha está girando hacia mí. Sólo la vuelta al centro puede salvarme. Pero es imposible, una legión de temores es arrastrada por mi mente. De repente un leve resplandor me hace voltear… Es ella.

Traspasa el muro como el cuchillo del suicida su corazón. Sólo deviene sólida ante la materia de mi cuello, así que no hay esperanza de que atraviese mi cuello como el fantasma que es, excepto para cortar su expresión astral. No, debo huir sin descanso, al parecer ese es mi destino aquí dentro como lo fue allá fuera en la vida, un eterno escapar del sueño colectivo y sus verdugos. Debo encontrar el centro. Correré con los ojos cerrados sin temer a los muros que me salgan al frente o al hacha, cuyos destellos me ciegan cada vez que miro hacia atrás. Se complace en aterrorizarme, mientras más temores engendre en mí, más alimento tendrá. Sólo correr mirando hacia el fondo de mí mismo. Sin pensar en las disyuntivas que me ofrecen los inmensos pasillos de este laberinto, visible sólo para la luna. Pero ahora estoy más resuelto… Ahora que invoco mi voluntad.

No sé donde estoy. Es alguna parte del laberinto. Una gran sala octogonal. ¿Es el centro? Qué extraño, está totalmente vacía y sellada, ningún pasillo del laberinto termina aquí. De repente noto que algo brilla en el centro, ¿qué será? Mis pasos son rápidos, sin embargo siento que es el objeto que viene hacia mí, al mismo tiempo que mi vista proyecta la distancia que nos separa hacia el infinito. No, son mis sentidos y el objeto los que están en movimiento, yo simplemente floto, suspendido por encima de ambos. Pero al fin está a mi alcance. Es un Espejo en forma de triángulo. Es sombrío. Lo único que refleja es mi osamenta, y también todos mis temores sobre ella. ¿Qué significará? ¿Acaso la muerte de mis temores? O ellos, que han sido el sudario de mi vida, ¿lo serán también de mis huesos?

Un momento, algo más brilla al fondo del recinto. Claro, mi gran amiga: El Hacha Fantasma. Traspasando los muros con la misma facilidad que los frágiles cuellos. Se acerca lenta pero decidida, más resplandeciente que nunca. En cuanto a mí, me invade una energía que me anima a quedarme inmóvil, aguardándola. No hay temor, pero tampoco pensamiento o sentimiento; sólo una intensa absorción y abandono. Ya está justo frente a mí. Tan cerca, que me parece escuchar los ecos fantasmas de miles de respiraciones y latidos, contenidos dentro de ella. Los tétricos tesoros acumulados de cada una de sus víctimas. Se yergue vertical y permanece estática contemplándome, como el que se deleita ante la imagen de un preciado tesoro que ha tomado por la fuerza. Se deja caer horizontal a la altura de mi cuello… una tenue línea de luz carmesí se extiende a lo largo de su filo, se balancea… retrocede hacia atrás en busca del impulso final… cae sobre mí, exhalando un chillido infernal… creo que todo ha…

Sí, es mi cabeza la que sostienen mis manos. No estoy en el laberinto, aunque no sé donde estoy. Sólo escucho risas de niños, las sigo. Vienen de afuera, al otro lado de una puerta que deja entrar un poco de luz hasta esta sombría estancia. La abro, y aparece un cuadro espantoso por lo luminoso y primaveral. Es una pradera pletórica de flores y un delicado verde juvenil. Ciertamente hay muchos niños que juegan, sólo juegan y ríen. Uno de ellos ha notado mi presencia y corre hacia mí sosteniendo algo en las mano. Me lo ofrece con una bella sonrisa, iluminándome con el brillo inmaculado de sus ojos. Lo recibo al tiempo que le doy un beso en la frente, y… Es el espejo. Entonces no fue un sueño. Lo coloco frente a mí y me refleja fielmente, es mi figura normal, excepto que ahora un aura de calma rodea mi cuerpo. Pero mi reflejo desaparece y surge el hacha fantasma. No comprendo que busca allí dentro, ¿acaso tuve un último impulso inconsciente?

Señor me devuelve el espejo.

—¿Para qué lo quieres?… ¿acaso te diviertes jugando con él?

No señor, me divierto viendo lo que sucede en él. Maldito, si tu no hubieras alzado el espejo del centro del laberinto  en el último instante, también me hubiera divertido viendo tu cabeza caer. Ahora, el hacha fantasma está atrapada dentro del espejo, pues fue su superficie lo que golpeó, sumergiéndose en su mundo interior, como una piedra en un lago calmado. Te odio, te odio. Te has salvado pero me has dejado sin mi juguete favorito… ¡Maldito seas!

—¿Pero quién eres tú?… tus ojos ya no brillan como antes.

Soy el lado oscuro de tu mente… y hasta hace poco eras mi juguete favorito. Ahora vete… puedes despertar si quieres.


 

Odilius Vlak.


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