ALTERECOS 4.D / Hyperbórea: Al Norte de la Imaginación – Primera Parte –

La Musa de Hyperbórea

«Demasiado lejos está su rostro pálido y mortal, y demasiado remotas las nieves de su pecho letal, como para que mis ojos puedan alguna vez contemplarlos. Pero por momentos, su susurro viene a mí, como un escalofriante viento no terrenal, lánguido por la travesía de los golfos entre los mundos, y por haber fluido sobre los últimos horizontes de desiertos rodeados de hielo. Y ella me habla en una lengua que yo nunca he escuchado, pero que siempre he conocido; y ella habla de cosas mortales y de cosas hermosas, más allá de los estáticos deseos del amor. Su discurso no es sobre el bien o el mal, ni sobre cualquier cosa que pueda ser deseado, concebido o creído por las termitas de la tierra; y el aire que ella respira, y las tierras por donde ella anda errante, soplarían como la suprema frialdad del espacio exterior; y sus ojos cegarían la visión de los hombres cual soles; y su beso, si alguno pudiera alguna vez obtenerlo, se desvanecería y mataría como el beso de un relámpago.

Pero, al escuchar su lejano y entrecortado susurro, yo contemplo una visión de vastas auroras sobre continentes más extensos que el mundo, y océanos demasiado grandes para las quillas de las aventuras humanas. Y algunas veces balbuceo las extrañas nuevas que ella trae: si bien nadie les dará la bienvenida, y nadie las creerá o escuchará. Y en algún amanecer de los años desesperados, yo he de avanzar y seguir su llamado, en busca de la elevada y beatífica condena de sus pálidas y nevadas distancias, para perecer entre sus inmaculados horizontes.»

Clark Ashton Smith

Muy lejos, «más allá del viento del norte», se encuentra Hyperbórea. Distante, inalcanzable por cualquier medio, excepto por aquél que se manifiesta en el infinito anhelo por cosas reales que se parezcan a los sueños. Hyperbórea se encuentra justo al pie del astro polar; postrada en actitud reverente hacia la luminaria que le señala su destino. Hyperbórea es el receptáculo de las visiones que se derraman desde el vacío del espacio exterior a través de una senda astral, libre de los tropiezos que representan los destellantes rayos del sol… Más abajo, en el pedregoso itinerario ecuatorial. Hyperbórea está conectada con el frío del cosmos superior, ése que mantiene vivo el fuego de un futuro mítico en los corazones de las estirpes nórdicas; un futuro que no es más que la mordedura de la serpiente «Ouroboros» de una cola ubicada en un esplendoroso pasado. Para todos los seres que anhelan ver la pureza de sus sueños ancestrales tapizar la miserable decadencia de una Edad carcomida por la lepra de una igualdad carente de toda nobleza… Hyperbórea se encuentra: Al Norte de la Imaginación.

Klarkash-Ton decidió alzar el vuelo hacia esa remota frialdad, y arribó a ella justo a tiempo para darle la bienvenida al sudario de una Edad de Hielo. Luctuoso obsequio de parte de las perennes leyes que rigen los ciclos de nacimiento y muerte de todo lo proyectado en el universo. Aquello que Clark Ashton Smith contempló, al norte de su imaginación, fue un continente vigoroso, impulsado por una energía primigenia, joven y bárbara; una energía manifestada en todas las características del continente y sus pobladores, y esto, incluso en la fuerza virginal de su nomenclatura. Al norte de su imaginación, Smith evocó un continente muy diferente al postrero Zothique, y no sólo por su posición en la línea del tiempo: aquél en el remoto pasado; y el último en el lejano futuro. Como lo puntualiza Simon Whitechapel, en su ensayo, «Wizard with Words» («Un Mago con las Palabras»), los nombres usados en el Ciclo de Zothique, «sugieren la decadencia y enervada fonología de una lengua antigua y agonizante; los usados en Hyperbórea, son barbáricamente ricos hasta el punto de la impronunciabilidad.»

También —siguiendo nuevamente las opiniones de Whitechapel— la moneda del paisaje hyperbóreo se divide entre la surrealista combinación de las caras del rígido hielo y la de la espesura de la jungla. Muy distante del desértico abrazo que cubre la mayor parte del paisaje zothiqueano. Alimentándose de la energía de una tierra mucho más joven —y esto incluye también el Sol, muy lejos aún de emitir sus primeros quejidos agónicos sobre Zothique— el continente de Hyperbórea también ostenta una verdadera galería de razas distintas de la humana. «En el Ciclo de Zothique —nos dice Whitechapel hay seres humanos y los espíritus que ellos ocasionalmente convocan para enviarlos en contra unos de otros, pero los monstruos y semi-dioses son raros; en el Ciclo de Hyperbórea, las criaturas no humanas y su malicia, son mucho más comunes e importantes.»

Esta diferencia en las expresiones biológicas y geológicas de ambos continentes —sin dejar de mencionar que una de las historias de Hyperbórea, «La Puerta de Saturno», se sitúa en dicho planeta (denominado «Cykranosh» en tiempos hyperbóreos), desplegando todo un desfile de criaturas alienígenas—, también simboliza una diferencia en la dimensión espiritual de la cual se alimentan. Siendo la manifestación de dicha metafísica en Hyperbórea de un orden más mitológico, o si se quiere bio-mitológico, por lo que presenta una tipología más física. En cambio en Zothique, dicha metafísica es más abstracta y abismal. Hyperbórea se alimenta mucho más de la energía del plano físico; Zothique, del vacío del espacio exterior, quizás porque la misma fuente de energía física —el Sol— está muriendo, junto a todo lo que sustenta. Los dioses de aquella son entidades tangibles, con unas características muy griegas en su interacción con los humanos. Los de Zothique, son más oscuros y de un orden más cabalístico, fiel reflejo de una conexión con unas fuerzas más profundas y cósmicas. En Hyperbórea, tenemos dioses como: el dios sapo, Tsathoggua; el caldo amorfo y primordial, Ubbo-Sathla; o la diosa araña, Atlach-Nacha Todos ellos dioses, cuyas moradas —por decirlo de alguna manera— podemos visitar a modo de una excursión campestre. Nada que ver con los dioses que apadrinan la nigromancia, la muerte y la condena en Zothique. Con entidades como, Thasaidon; Mordiggian; o Thamogorgos Todas ellas representaciones de fuerzas invisibles o abstractas, que sin embargo, mueven los hilos de las acciones físicas con una precisión infernal. Una historia hyperboreana como «Las Siete Pruebas», sería imposible en Zothique. No con el abismo de sagrado espanto que divide el mundo de sus dioses del de los humanos.

Estamos de acuerdo con Simon Whitechapel en su apreciación de la personalidad que ostentan las historias de ambos ciclos, cuando dice que: «Si algunas de las historias de Zothique hablan sobre vidas desgastadas por el aburrimiento y los excesos, rendidas casi hasta anhelar la muerte en la forma de polvo y decadencia; algunas de las historias de Hyperbórea —las más serias— son acerca de vidas en plena madurez, derrotadas involuntariamente por la muerte en forma de frío y hielo.»

Es interesante también el carácter burlesco que adopta la aplicación de un destino dado en el ciclo de Hyperbórea. El famoso tono sardónico de dicho ciclo, quizás se deba a unas motivaciones más profundas que la deliberada intención de Clark Ashton Smith. No olvidemos, que contrario al simbolismo demoniaco encarnado en el ciclo de Zothique, y a la total consciencia que sus habitantes poseen de la condena representada en su sol agonizante… los habitantes de Hyperbórea no están verdaderamente a la espera de una condena inminente. La apreciación de un determinado desenlace fatal, no está relacionado propiamente dicho, a un fin de la misma naturaleza que se cierne sobre la colectividad. Y esto incluso, en historias como, «La Venida del Gusano Blanco» o, «El Testamento de Athammaus». Quizás sea por ello, que el lenguaje en el que están escritas las historias de Hyperbórea, sea menos un estilo vertido por la musa de Smith dentro de su realidad, que una consecuencia directa de dicha realidad sobre el genio poético de Smith. Los Hyperboreanos están posicionados en un punto del tiempo muy distante de muchos de los cambios humanos de los que, en cierta forma, son herederos los Zothiqueanos. Ellos encarnan un verdadero perfil mitológico, ubicado muy lejos en el tiempo pasado, y reforzado por su cercanía espacio-temporal con otros continentes y pueblos míticos, como la Atlántida y Lemuria. Este es el motivo por el cual, el Ciclo de Hyperbórea se ajustó de manera natural al juego de los Mitos de Cthulhu, e incluso puede relacionarse dentro de una cronología especializada, a la Era Hyboriana, evocada por Robert E. Howard. Ahora bien, no importa cuanta ironía presente la risa de la condena, al final su golpe es tan severo como el que más, pues son las leyes superiores quienes lo han lanzado.

Y la Edad de Hielo avanzó lenta pero segura sobre la vitalidad de Hyperbórea; sobre su día a día de tratos con dioses y razas primigenias como la de «Los Hombres Serpientes»; sobre su día a día de avaricias por lo que ofrece el mundo terrenal y el anhelo por lo se guarda el reino espiritual; sobre su simplicidad, propia de una estructura mitológica colorida, primitiva y por lo demás aborigen. Y aún después de que su helado destino fue consumado, Hyperbórea continuó sumergida en la vigorosa presencia de una naturaleza terrenal; continuó bajo el abrazo de una tierra joven, que sólo se detuvo a soñar con las nieves eternas por un momento… Pues sólo hielo se extendía por doquier. Pero en Zothique, ¡ay!… Sólo las tinieblas de un cosmos indiferente, aguardan el deceso final del Sol. Y junto a él, el de la Tierra. Luego de eso, ya no habrá más ciclo de vida o muerte en ésta. Pero aún estamos muy lejos de ese futuro. Mientras, regocijémonos un poco más en las peculiaridades que nos ofrece Hyperbórea, a través de sus historias. Pero eso será en la segunda parte de este artículo, en el cual continuaremos avanzando hacia el Norte de la Imaginación.

Odilius Vlak


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