TETRAMENTIS / Damned Angel: Genesis – Capítulo VII (Vol 01)

Capítulo VII: Hacia la Cruz

«El Fin de Los Tiempos, Sucederá al Final de los Primeros Eventos»


—¡Diez años han pasado, y aún no llegamos a Israel! —se quejaron los demonios ante Azazel.
—No entiendo cual es el problema. A los israelitas les tomó cuarenta años atravesar este lugar —respondió Azazel.
—¡Pero ya las huestes que partieron con Satanás han arribado en estas tierras, meses antes que nosotros! —refutó uno de los demonios.
—Recordad que tuvimos que separar ambas tropas para realizar aquella estrategia contra los humanos del  este, y tuvimos que retroceder, perdiendo así mucho tiempo y terreno ante las tropas de Lucifer. Pero no hay que perder la esperanza. Calculo que ya no estamos muy lejos de Israel. Nos falta sólo unos días más de marcha. Estamos muy cerca. Puedo sentir el aura demoníaca de Lucifer, cada vez más y más fuerte —respondió Azazel mientras hacía su vista al camino que debían de recorrer. 

La tarde caía sobre el inmenso desierto por donde se desplazaban las tropas de Azazel, con pasos lentos y pesados. El calor era intenso. Si no se tratara de  criaturas infernales, acostumbradas al fuego del infierno, probablemente estarían ya muertos.

—Señor Azazel, alguien desea verlo —dijo uno de los demonios a Azazel, que aún contemplaba el paisaje.
—¿De quién se trata? —preguntó Azazel.
—Es Muerte señor —respondió el demonio.
—Tráelo inmediatamente —ordenó Azazel.

Envuelto en su acostumbrada capucha negra, Muerte se presentó ante Azazel un poco nervioso y agitado. Al estar frente a Azazel, removió la capucha que cubría su rostro.

—Ya estoy aquí —dijo Muerte.
—¿Las traes contigo? —preguntó Azazel.
—Así es —respondió Muerte.
—Ven conmigo —ordenó Azazel—. Ustedes, los demás, ¡cuiden bien el campamento, y que nadie nos siga! 

Cuando ambos estuvieron  retirados de los demás demonios, Azazel se dirigió nuevamente a Muerte.

—¿Cuántas le dijiste a Lucifer que recolectaste? —preguntó Azazel.
—Cien, y le otorgué cincuenta —respondió Muerte.
—¿Cuántas recolectaste en verdad? —pregunto una vez más Azazel.
—Cerca de unas mil almas —respondió Muerte—. Y el resto son todas tuyas. Lucifer no sospecha nada.
—Mil almas… Has mejorado en gran manera en estos diez años.
—Con tantos trabajos que he tenido que realizar, mis poderes han aumentado.
—Libera a tus almas, y entrégamelas.
—Como ordenes —dijo Muerte.

Muerte extendió sus brazos, y con sus poderes convocó un enorme portal, del cual liberó sus almas, que fueron absorbidas por Azazel. Casi mil almas ahora se habían fusionado con Azazel, incrementando su poder en gran manera. Sus ojos ahora brillaban como nunca e irradiaba un aura demoníaca extremadamente potente.

—Creo… creo que estoy listo… —dijo Azazel.
—¿Estás seguro? —preguntó  Muerte.
—Estoy seguro. Diez años han pasado, alimentándome de muchas más almas que él. No hay manera de que pueda derrotarme —dijo Azazel, mientras terminaba de centrar su poder, luego de absorber aquellas almas.

Varias horas habían transcurrido desde la llegada de Muerte y la noche ya cubría todo el desierto frío y desolado. Los demonios empezaban a extrañar aquel calor infernal. Tal vez con él se sentían más como en casa. Todos estaban reunidos en el campamento que habían improvisado, conversando mayormente en voz baja. Allí también se encontraban Azazel y Muerte, que no pronunciaban palabra alguna. Disfrutaban de la carne de unos viajeros con los cuales se toparon en el camino. Algunas 10 personas fueron asesinadas, y diseccionadas en múltiples pedazos para que su transportación fuese más ligera. Los órganos internos fueron removidos en su mayoría; para crear con la piel materiales como cinturones, vainas para las espadas y demás. Mientras engullían los pedazos de carne, Azazel interrumpió su ritual de masticar y devorar para dirigir la palabra a Muerte.

—Dime… ¿Cómo has hecho para ir y venir constantemente desde Israel hasta nuestra posición en tan poco tiempo? —preguntó sin fijar su vista en nada más que su alimento.
—Utilizo mis portales para transportarme —respondió Muerte.
—Pero, ¿cómo lo logras? ¿Cómo utilizas esos portales a voluntad? —preguntó Azazel ahora más intrigado que antes.
—Es sencillo. Escucha bien. El mundo que conoces se divide en varias realidades, conocidas como dimensiones. Cada una de estas dimensiones se encuentra en paralelo con otras dimensiones, que a su vez están en paralelo con otras, y así sucesivamente. Abrir un portal, no es más que crear una brecha momentánea entre dos dimensiones, como si para cruzar de una habitación a otra destruyeras la pared para cruzar, y luego la reconstruyeses con tu propia energía. Si puedes enfocar tu alma lo suficiente, podrás distinguir las realidades y cruzarlas, así como lo hago yo —afirmó Muerte.
—Entonces… ¿Me dices que debo enfocar mi alma? Lo intentaré —dijo Azazel.

Cerrando sus ojos, y enfocando todo su poder, Azazel empezó a irradiar con descargas de poder por todo su cuerpo, y en un abrir y cerrar de ojos desapareció por completo. Con una velocidad casi inexplicable, Azazel reapareció diez metros delante de su posición inicial, y enfurecido empezó a desaparecer y reaparecer continuamente, devastando así todo a su paso.

—¡No puedo lograr una distancia mayor a esta! ¿Cómo es posible? ¿Acaso es tu espíritu más poderoso que el mío? ¿Cómo puedes viajar distancias tan largas con tus poderes? —preguntó Azazel.
—¿Qué acaso no te has dado cuenta? —interrumpió Muerte.
—¿De qué estás hablando?
—Son tus almas. Todas las que has absorbido. Son como una carga para tu propio espíritu. Es increíble que luego de haber absorbido tantas almas puedas atravesar el portal por tanto tiempo.
—¡Pero de esta manera este poder me resulta inútil!
—Yo no lo descartaría por completo, si fuera tú —refutó Muerte—. En nuestros combates anteriores he notado que tu estilo de pelea se ve afectado por un pequeño problema: Tu velocidad.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Azazel intrigado.
—Tú eres veloz, pero sólo en distancias cortas. No eres veloz en largas distancias, así que basas tu modo de combate en rápidos ataques a corta distancia. La razón por la que te revelé esta técnica con los portales, es simplemente para que puedas realizar este tipo de ataques sin consumir tanta energía física, y a la vez puedas confundir a tu oponente.
—Tienes razón. Esta técnica podría servirme de algo. Vaya, vaya. Al parecer el viejo saco de huesos y carne podrida aún sirve para algo más que alimento de perros —dijo Azazel cínicamente.
—¡Bastardo! ¿Así es como me agradeces? —dijo Muerte mientras intentó ahorcar a Azazel.

Muerte y Azazel se encontraban ahora bajo la luz de una fogata, mientras aún engullían restos de carne humana en total silencio. La noche era obscura y profunda. De la nada, y casi sin haberlo pensando, Muerte lanzó una pregunta al aire.

—¿Cómo lo haces?
—¿Qué cosa? —preguntó entonces Azazel.
—Lo de mover cosas con la mente —respondió Muerte—. Siempre lo he querido saber.
—La habilidad de utilizar los poderes mentales para levitar  objetos consiste en un solo principio: La fuerza ejercida del alma. Es como si… como si tu cuerpo fuera el sol, y los objetos que deseas mover, los planetas. Tú eres el centro, y ellos sólo giran a tu alrededor —exclamó Azazel. Mientras decía estas palabras, Azazel cerró su puño, y desprendiendo cantidades masivas de energía demoníaca, logró que todas las rocas a su alrededor se levantaran en el aire, y empezaran a girar a gran velocidad. Toda la luz que emanaba del cuerpo de Azazel hacía que en verdad pareciese el sol. Muerte, asombrado, observaba cada movimiento que Azazel realizara. Azazel parecía estar desenfocado de sí mismo, pero al poco tiempo volvió en sí.

—Es algo básico —agregó. En ese mismo momento, todas las rocas dejaron de girar y cayeron al suelo.

El ejército de Azazel no vió más descanso aquella noche. Partieron casi de inmediato desde que terminaron de comer. Muerte prometió quedarse con Azazel y el ejército hasta el amanecer, antes de regresar a Israel. Ya estaban a muy pocos días de llegar por fin a Jerusalén. El sentimiento de ya casi estar cerca de ejecutar el plan, que habían preparado por más de 500 años, los hacía acelerar la marcha, y sentirse incansables.

—Ya estamos cerca. A este paso…

Azazel fué interrumpido por un sonido sórdido de una flecha que surcaba el cielo. La flecha se clavó directamente entre el medio de los ojos de uno de los demonios que allí se encontraban. Este se desplomó inmediatamente en el suelo.

—¿La flecha lo mató? ¿Cómo es posible? —se escuchaban estos murmullos entre los demonios.
—Esta es una flecha con el sello sagrado. El sello más potente utilizado en el exterminio de demonios —afirmó Azazel.
—¡Criaturas infernales! ¡Regresen de donde vinieron, o nosotros nos encargaremos de enviarlos de vuelta al infierno! —exclamó una voz misteriosa.

¡CONTINUARÁ!


Edwin Peter Barbes


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s