INTROVISION / Turismo Subterráneo en Hyperbórea

Ah… aquellos buenos tiempos hyperbóreos. Sí… El tiempo hyperbóreo fue mejor. Al menos para todos los seres que pululan a través del laberinto geográfico, político, cultural y racial del ciclo actual de la existencia terrestre: contaminado con el óxido que babea el hierro debilitado por los placeres que pudren la carne. Pero Hyperbórea, aún se encuentra al alcance de la mano de los espectros que polucionan al fondo de la imaginación. Y de todos los tiempos y todos los espacios de Ser; los espectros peregrinan hacia El Paraíso Boreal en busca de una estadía vacacional, que mantenga viva la llama de su arquetipo mitológico. Reunidos en la plazoleta central de la ciudad capital, Commorion, se encuentran espectros de todas las épocas y lugares: de las tierras contemporáneas de Lemuria, La Atlántida (separada por unos 650, 000 años de su Rey Kull) y del gran continente de Mu. De la lejana R’lyeh, oculta tras el periodo Jurásico, también acuden peregrinos, habitantes perennes de los sueños de Cthulhu; pero también acuden desde la Meseta de Leng, cuya realidad abarca dos sueños: el de su dimensión onírica y el de, H. P. Lovecraft. Incluso, del lejano y frío Yuggoth —que cavila solitario al fondo de El Sistema Solar— asisten algunos, hambrientos del frío menos indiferente de la tierra. El mismísimo Conan, se encuentra aquí, en representación de la Edad Hyboriana. También, desde la lejana destrucción de Poseidonis, acuden muchos espectros, para descansar un poco del futuro que devorará el último remanente de un glorioso y poderoso ciclo terrestre. Muchos de ellos, observan con curiosidad el bloque de madera de Eighon, sobre el cual, todavía en el futuro, Athammaus, intentará inútilmente mantener separada la cabeza de Knygathin Zhaum de su cuerpo. Según el programa de excursiones hyperbóreas, hoy toca «Turismo Subterráneo». Bueno, y para dicha tarea no hay un mejor guía turístico que: Ralibar Vooz, alto magistrado de Commoriom, y primo tercero del, Rey Homquat.

La ruta de la excursión subterránea, será la misma que Ralibar Vooz recorrió en vida, cuando protagonizó la historia titulada: «Las Siete Penitencias». No hace falta decir que dicha ruta fue trazada por la imaginación de nuestro, Clark Ashton Smith. Así que, el sonido grave de un cuerno de mamut irrumpe en la fría mañana hyperbórea, anunciando la partida. Todos los espectros miran asombrados la negras Montañas Eiglophian y al Monte Voormithadreth, el más alto de dichas montañas y meta principal; al cual se dirigirán con el pretexto de una cacería. Todo el conjunto de montañas está horadado de cavernas que conducen al mundo subterráneo, principal atractivo de la oferta turística. También, las cavernas están infestada de Voormis, ese pueblo de salvajes subhumanos, que aún no han alcanzado el nivel evolutivo para caminar erectos… ¿O será que lo perdieron? Su principales características son: una piel muy gruesa y cubierta de una jungla de pelos; también son caníbales, pero eso no inmuta a los espectrales turistas, pues los Voormis comparten su misma intangibilidad. Recuerden que todos han muerto. Solo que la imaginación también tiene potestad de decir: ¡Levántate y anda!

Luego de un penoso ascenso ficticio, en el cual lo único que faltaba eran cuerpos físicos que se pudieran agotar, Ralibar Vooz, guió a los turistas hasta el contrafuerte, desde donde tanto ahora como en la realidad de su historia, se puede ver el retorcido hilo de humo que llamó su atención en otros tiempos: «Vamos —les dice—. Los guiaré hasta la morada del mago Ezdagor, que en estos momentos debe de estar hablando con los espíritus manifestados en llamas azules, verdes y blancas; y cuyas voces son como el zumbido de grandes insectos, el murmullo del fuego y del agua, así como del roce de metales. Al igual como lo hice yo antes, lo interrumpiremos nuevamente… él entrará en cólera, y nos impondrá la primera penitencia. Pues sin ésta, es imposible penetrar en el mundo subterráneo.»

Todo sucedió tal como Ralibar Vooz lo predijo. Y nuevamente las palabras de Ezdagor, fueron estas: «Escuchen entonces su penitencia. Porque esta penitencia exige que ustedes —(incluyendo Conan)— se despojen de sus armas y marchen privados de ellas dentro de las cuevas de los Voormis; y combatiendo con sus manos desnudas contra los Voomis, y en contra de sus mujeres e hijos, deben acceder hasta esa caverna secreta en las entrañas del Voormithadreth, más allá de las cuevas, en donde reside desde antiguos eones el dios, Tsathoggua. Ustedes reconocerán a Tsathoggua, por su gran volumen, por el pelaje de murciélago que lo cubre y la apariencia de un sapo negro soñoliento que el muestra eternamente. Él no se levantará de su lugar, aún bajo un hambre voraz, sino que esperará en divina pereza por el sacrificio. Y, acercándose al señor Tsathoggua, deben decirle: “Somos la ofrenda de sangre enviada por el mago Ezdagor”. Entonces, si esto le satisface, Tsathoggua aprovechará la ofrenda. (…) Y para que no vayan a extraviarse, el pájaro Raphtontis, que es mi espíritu familiar, los guiará en sus andanzas a través de las cavernas.»

Al escuchar la sentencia, hubo varias protestas entre los espectros, especialmente de parte de Conan, y de aquellos que vinieron en representación de los sueños de Cthulhu. Pero cuando Ralibar Vooz, les recordó que esto era parte de la diversión, desistieron de sus quejas. Y de esa manera, luego de una ardua batalla contra los Voormis, sus mujeres y sus hijos; y siempre guiados por el pájaro cola de serpiente, Raphtontis, nuestros turistas se vieron al pie del trono de Tsathoggua. ¡Qué emoción destelló sobre cada uno de los pálidos espectros!, al verse a pocos pasos de la horrenda divinidad. Pero ésta, no estaba interesada en tal ofrenda carente de carne, huesos y sangre. En cambio, cargó a los turistas con otra penitencia: «Continúen abismándose a través de las cavernas hasta que penetren, luego de un largo descenso, al golfo sin fondo sobre el cual la diosa-araña, Atlach-Nacha, teje su eterna red. Y allí, convocando a Atlach-Nacha, deben decirle: “Somos el regalo enviado por Tsathoggua”.»

¡Waooo!… que excitante es hacer turismo subterráneo en Hyperbórea, y más cuando es a través de la vivencia de una de sus historias. Pero una vez al borde del abismo de la diosa araña, ésta tampoco estaba interesada en la ofrenda. Y remitió a los turistas hiper-temporales e hiper-espaciales, hacia la morada del hechicero pre-humano, Haon-Dor, cuyo palacio se alzaba justo a la otra orilla del abismo. La travesía sobre el abismo enmascarado con la red de Atlach-Nacha, fue una experiencia única, pues lo espeluznante del paisaje era algo digno de una postal. No bien habían salido de este asombro, cuando una gran serpiente, ante la presencia del pájaro, Raphtontis, les abrió paso para que penetraran al palacio de las mil columnas de Haon-Dor: en donde formas sin rostro, de humo y niebla, vagaban de un lado a otro; donde estatuas representando monstruos de miríadas de cabezas franqueaban los pasillos; y en cuyos techos las lámparas eran fuegos invertidos, que alumbraban con una combustión como si de la mezcla de hielo y piedra se tratara.

Luego de que Haon-Dor, rechazara la ofrenda, los turistas subterráneos, comenzaron a experimentar algo del famoso humor sardónico, con el cual Clark Ashton Smith, sazonó el ciclo de Hyperbórea. Pese a que entendían que los hechos eran una recreación de la historia «Las Siete Penitencias», cuyo protagonista, Ralibar Vooz —ahora empleado del estado de Imagiópolis—, fungía como guía turístico… muchos de ellos, en especial Conan, se sintieron ofendidos. Ser rechazado sin ningún cuestionamiento acerca de su valía, era algo que el Cimmerio no estaba dispuesto a tolerar. Y bajo el trance de una furia muy de «espada y brujería», el guerrero se batió con los espíritus familiares de Haon-Dor; que emanaban de las paredes y el piso del amplio salón que ocupaba éste. Pero fue inútil; ellos eran tan espectrales como él. Y al fin, resignándose a no ver sangre derramada y entrañas desparramadas, Conan siguió al resto de los turistas hacia las estancias de El Pueblo Serpiente, a los cuales los había enviado el hechicero, con una nueva penitencia.

Pero éstos, ocupados como siempre estaban con sus investigaciones científicas en el área de la química, prestaron muy poca atención a la ofrenda enviada por Haon-Dor. Además, luego de observarlos, se dieron cuenta de que ya poseían un ejemplar sumergido en una solución química preservante, de un cuerpo humano; así que los turistas no eran de ninguna utilidad científica para ellos. Habían, por otro lado, dejado de comer carne, por lo que aún estando los espectros forrados de ésta, no le servirían de nada. Sin perder más tiempo, le impusieron una nueva penitencia: «Sin embargo, pueda ser que, Los Arquetipos, encuentren alguna manera de disponer de ustedes. Al menos ustedes serán una novedad para ellos, ya que ningún ejemplo de la evolución humana contemporánea, ha descendido hasta ahora a su estrato.»

Ante la presencia de Los Arquetipos, esas: «Dos entidades vagamente semejante a la figura humana. Ellos eran gigantes, con cuerpos cuya forma era casi globular, y parecían flotar más que caminar». Y no hace falta decir, que Los Arquetipos —en acuerdo al modelo original de la historia— los rechazaron: «Nosotros, los originales de la humanidad, estamos decepcionados ante la vista de copias tan tosca y horrendamente pervertidas del verdadero modelo. (…) Por lo tanto los ponemos bajo una penitencia: Abandonen sin ningún retraso  la caverna de Los Arquetipos, y busquen el golfo fangoso, en el cual, Abhoth, padre y madre de toda impureza cósmica, eternamente lleva a cabo su repugnante fisión. Consideramos que ustedes sólo son aptos para Abhoth…»

Que pena, que Abhoth —¿otro término para definir a Ubbo-Sathla?— no pensara de igual manera. Pues a pesar de cierta semejanza biológica con su propia constitución, los turistas subterráneos, estaban totalmente fuera de su experiencia. Y el fango burbujeante no era dado a experimentar con cuestiones relacionadas a la gastronomía. Así que: «Quienes ustedes sean, o de donde han venido, es algo que no puedo conjeturar; tampoco puedo yo agradecer a Los Arquetipos por molestar la profunda y plácida fertilidad de mi existencia, con un problema tan molesto como el que ustedes presentan. Márchense de aquí, yo les ordeno. Existe un desolado, espantoso y sombrío limbo, conocido como El Mundo Exterior, del cual yo he escuchado sólo rumores; y me parece que él podría resultar un objetivo adecuado para su excursión. Yo impongo una urgente penitencia sobre ustedes: vayan en busca de ese Mundo Exterior, con todo el arrojo de una expedición.»

Ahora bien, el ave Raphtontis, que hasta ahora había hecho un buen trabajo guiando a los turistas subterráneos, como Ezdagor se lo encomendó, al parecer cayó bajo el efecto de algún vapor alucinógeno inédito de las profundidades. Y es que, a pesar de estar adaptada a los abismos interiores de Hyperbórea, los cuales conocía como las garras de sus patas, se perdió en el camino de regreso. Pues el mundo exterior, aborrecible hasta para las criaturas primigenias de las profundidades, era el mundo de los humanos. Los turistas, iban con la duda de que incluso el mundo al cual pertenecían, podría rechazarlos, pese a la seguridad que les daba la historia.

En ésta, Ralibar Vooz, se cae dentro del abismo de la diosa araña, Atlach-Nacha, luego de un atajo que tomó el ave, evitando así: Los Arquetipos, El Pueblo Serpiente y Haon-Dor… y con este accidente finaliza la historia. También el programa de Turismo Subterráneo Hyperbóreo. Luego, cada uno de los espectros, estaba supuesto a regresar a su respectivo espacio-tiempo. Sin embargo, grande fue la sorpresa de todos cuando Raphtontis, al girar por uno de los pasillos interiores, se encontraron bajo el mismo umbral de una cueva, cuya salida se abría a un paisaje desértico; bañado por los rayos de un sol agonizante, y cargado con una energía demoniaca desconocida para todos los espectros. El mismo Conan se estremeció. Y tenía toda la razón para ello… pues ante la brujería que exuda el mundo exterior al cual ascendieron, su espada es inútil. Nuestros turistas, por una escalofriante mecánica, quizás fruto de la misma ironía que le es propia al mundo hyperbóreo, se encontraron nada más y nada menos que en: Zothique The Last Continent.

¡Jajajajaja….! Pero no teman, hermanos espectros de otros ciclos mitológicos… Zothique, es también su casa. Y es bueno que algunos compañeros de la misma imaginación, así como de imaginaciones afines, nos acompañen en el hundimiento hacia las últimas tinieblas. Sumergirnos hombro a hombro en el abismo de la edición de esta semana, con antiguos habitantes de los continentes de: Hyperbórea, La Atlántida, Lemuria, Mu, Poseidonis; guerreros de la Edad Hyboriana; antiguos espectros oníricos procedentes de R’lyeh; fríos fantasmas de la Meseta de Leng; o abismales formas de vida del lejano planeta Yuggoth… es un privilegio, que ninguno de los espectrales miembros de este Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser, está dispuesto a desperdiciar. Espero que entre ellos, se encuentre alguno de nuestros, Hermanos Fanáticos.

Hemos llegado a la última parada de nuestro viaje polar: «Hyperbórea: Al Norte de la Imaginación», [Tercera Parte]. Y ya saben cuál es la estación: la sección Alterecos4.D, en la página del martes. El monje negro de la medieval Averoigne, Odilius Vlak, les congelará sus pesadillas con el frío de las últimas historias del ciclo.

Otro documento de colección se publicará en la sección Runes Sanguinis, en la página del miércoles. Y obviamente, éste debe referirse a la imaginación que concibió nuestro último continente, Clark Ashton Smith. Se trata de un artículo del autor, Phillip A. Ellis, titulado: «Democracia y Fantasía: Una Respuesta a Simon Whitechapel». En él, el autor intenta abrir el debate sobre una serie de temas que el consumado especialista en Klarkash-Ton, había abordado en un artículo anterior. Así que no dejen de clickear la página del miércoles.

¿«Damned Angel: Genesis»?, bueno… qué podemos decir sobre nuestra Light Novel; a no ser que el título del Capítulo VIII, es: «La Muerte de Azazel». Sí, así como lo leyeron. Ya al final del capítulo VII, Muerte, le dice a nuestro demonio estrella que en esa noche él morirá de cualquier manera. Pero… ¿Acaso su muerte le llegará a través de Muerte? Para descubrirlo, sólo tienen que apuñalarle un click a nuestra sección Tetramentis, en la página del jueves. Sólo a ella, y no al padre de esa nueva rebelión: Edwin Peter Barbes.

Alguien ha rescatado a nuestra, Via La Niña de las Rocas. Arrebatándosela al yermo mortal del suelo de Janos. Veamos que nos revela el Acto 33 de su aventura. Pues por lo que vimos en la última viñeta del anterior, dicho personaje se está tomando muchas molestias. Esperemos que no sea con algún propósito egoísta; pues lo último que le hace falta a nuestra niña, es caer en las garras de un maniático sexual. Pero para ello, debemos esperar hasta la página del viernes, y nuestra sección Imagixmundi: trono sobre el cual continúa sentado nuestro venerable, Arcadio Encarnación.

El último párrafo corresponde al fondo de nuestra caverna. Pero en ésta, no reina la diosa araña, Atlach-Nacha, sino nuestro sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Sin su guía, sería difícil hacer turismo subterráneo en cada edición. Bienvenidos nuevamente a Zothique, espectros de otros tiempos y espacios imaginados. He aquí nuestro único estado del SerEl horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

 

Odilius Vlak

Jefe de Redacción

 


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