TETRAMENTIS / Damned Angel: Genesis – Capítulo VIII

Capítulo VIII: La Muerte de Azazel

«El Fin de Los Tiempos, Sucederá al Final de los Primeros Eventos»

—Pero, Lucifer, en parte Azazel tiene razón. ¿Por qué simplemente no vas y matas al hijo de Dios? ¿No te concedería esto sus poderes? ¿No debilitarías con esto La Santa Trinidad, haciendo así a Dios vulnerable? —preguntó Úrsula. Aquella demonio se encontraba junto a Lucifer en el monte calvario, entre la multitud que allí se encontraba para presenciar la crucifixión de Jesús.
—Piensas de igual manera que
Azazel.  Pero ambos están equivocados.  La misión de Jesús es la de morir por los pecados de los humanos, para que así ellos mismos no tengan que purgarlos por sí mismos. Salvaría a la raza humana de su propia destrucción. No debemos matarlo, sino hacer que se rinda, que suplique para que su padre lo salve. Así la raza humana será condenada, y su misión habrá fallado exclamó Lucifer.
—Pero… ¿Qué haremos con
Azazel? ¡Él está empeñado en destruir a Jesús!
—Es por ese motivo que he enviado a
Muerte para detenerle.
—¡¿Qué?! ¡Pero la última vez que lucharon,
Azazel por poco lo mata! No… no puedes permitir que…
—Eso sucedió con
Erian —interrumpió Lucifer. Y Erian ya no existe. Sólo Muerte. Él es ahora algo diferente.
—Supongo que sólo nos queda confiar en que
Muerte pueda lograrlo… —dijo Úrsula con su vista fija hacia la cruz, pero con la mirada cada vez más melancólica. 

No muy lejos de allí se encontraban Muerte y Azazel uno frente a otro, aguardando en completo silencio. El viento pesado y frío fluía rápidamente; como si hasta el viento mismo tratase de no interponerse en la batalla que estaba por comenzar. El silencio era desafiante; las miradas penetrantes. Las auras demoníacas de ambos contrincantes, se expandían con gran fluidez, colisionando entre sí. De repente, Azazel materializó sus cuchillas absorbidas por sus antebrazos, desde éstos hasta sus manos. Moviéndose rápidamente, azotó con gran fuerza sus cuchillas contra Muerte. Con un sonido sórdido de metal, Muerte pudo detener a tiempo el ataque con su guadaña, y con gran fuerza lo contrarrestó en un solo golpe, haciendo que las cuchillas volaran en diferentes direcciones. Sin perder tiempo, Muerte se dio al ataque con su guadaña, agitándola ágilmente. Azazel esquivaba cada uno de los ataques con una velocidad impresionante. Pero de repente, él desapareció de la vista de Muerte. Azazel, saltó desde la retaguardia de Muerte en un ataque sorpresa; y extendiendo ambos brazos, con sus poderes mentales, levitó sus cuchillas y al instante las regresó a sus manos nuevamente, para ejecutar un doble ataque con todas sus fuerzas hacia Muerte. La guadaña de Muerte voló por los aires y se clavó en el suelo. Muerte, había detenido ambas cuchillas con sus manos vacías. La sangre se escurrió desde las palmas de sus manos, hasta sus brazos y parte de su cuerpo. Azazel y Muerte empezaron a forcejear, causando que las heridas de Muerte en sus manos se profundicen.

—¿Puedo preguntarte algo? —Dijo Azazel—. ¿Me odias?
—¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Tú me destruiste! ¡Tú mataste a Erian! Pero Muerte… ¡Muerte te agradece que lo hayas despertado! —respondió.
—Yo sólo… —dijo Azazel en un susurro.
—¿Qué sucede?
—Nada, continuemos. 

Muerte y Azazel continuaban su forcejeo mientras discutían. Pero en un momento, Muerte concentró su fuerza y logró despojar a Azazel de sus cuchillas, arrojándolas lo más lejos posible. Ambos retrocedieron unos pasos de un salto. Muerte Recogió su guadaña y Azazel desenvainó su espada. En cuestión de segundos, ambos desaparecieron a la vista humana para cruzar armas a una velocidad indeterminable. Azazel, lanzaba millares de ataques, todos con precisión y sin mostrar emoción alguna. Sorprendentemente, Muerte lograba esquivar cada uno de ellos, e inclusive contraatacar.

—Es el momento de tomar esto más en serio, ¡no tengo tiempo para estos juegos! —exclamó Azazel.
—Haz lo que tengas que hacer —respondió Muerte.

La espada de Azazel, se encendió al rojo vivo, con un color amarillento y anaranjado a la vez. Azazel agitó su espada, enviando así tres ondas de fuego a gran velocidad en dirección hacia Muerte. Éste, esquivó ágilmente la primera onda; torpemente esquivó la segunda; pero la tercera dio de lleno contra su pecho. Haciendo que por el impacto fuera arrastrado por los aires, hasta que se estrelló contra una de las rocas del acantilado, destruyéndola; y luego cayó de bruces al suelo, escupiendo sangre. Tambaleándose un poco, Muerte se colocó de pie nuevamente.

—No está nada mal. Ahora es mi turno. Prepárate —dijo Muerte.

Convocando a sus almas, Muerte las poseyó a todas, transformándose en una enorme criatura devoradora de almas. Vista al lado de Azazel, hacia parecer a éste no más que una simple rata. Aquella bestia era espantosa. Tenía cuatro cuernos, dos alas; dos enormes colmillos sobresalientes de su mandíbula inferior; y sus ojos eran blancos, fantasmales. Su guadaña había crecido enormemente, y brillaba con descargas eléctricas, como si la esencia demoníaca fluyera de ella.

—¡Este es mi verdadero poder! ¡Azazel! ¡Te aplastaré! —dijo aquella bestia con una horrible voz.

Enfocando su energía en el puño, Muerte lo dejó caer con todas sus fuerzas contra Azazel. Un sonido de golpe profundo atravesó todo aquel monte. Aparentemente, Azazel había sido aplastado luego de tal potente ataque. Pero Muerte, se sorprendió al ver que Azazel, había detenido su ataque con una sola mano.

—¿Cómo es posible que hayas detenido mi ataque? ¡Mi forma completa de demonio es inmensa y poderosa! —dijo Muerte.
—Más poderosa aún, será tu caída. ¿Qué acaso crees que tu poder es suficiente para terminar conmigo?
—¡No es posible!
—Ahora te enseñaré mi forma completa.

De la espalda de Azazel, empezaron a brotar un par de alas, cubiertas en fuego infernal. Sus ojos se enrojecieron, como un amanecer teñido con sangre. Enormes cuernos surgieron se su frente, sus colmillos crecieron en gran tamaño. Las garras surgieron amenazantes; afiladas como largas navajas. Una armadura infernal cubría su cuerpo. Su espada trinitaria adoptó la forma del demonio; llenándose de energía maléfica, se transformó en una espada viviente con un ojo rojo a cada lado. La presencia de Azazel, era desafiante; a pesar de que su tamaño no incrementó en gran manera. Se veía aún más amenazante que, Muerte. Mirando desde aquel punto inferior, Azazel, ya transformado, se alzó en un vuelo de fuego infernal hacia el cielo.

Muerte enfocó su poder, causando una tormenta de almas masiva. Azazel, centrando su fuego infernal en sus alas, lanzó unas corrientes de fuego, causando un remolino de fuego infernal enorme, que consumió todas las almas que Muerte envió, y golpeó de lleno a Muerte, en su forma completa. Causando que éste regresase a su forma original. Muerte, se arrastraba por el suelo casi agonizando.

—Esta batalla ha terminado. Ahora lárgate —dijo Azazel, mientras reanudaba su marcha hacia la cruz. Mientras este caminaba, iba dejando un rastro de fuego. Azazel, se detuvo al escuchar la voz de, Muerte.

—Aún… aún no me has… vencido…
—Eres un terco cabeza dura. Mírate. Ni siquiera puedes moverte

En un último y desesperado intento, Muerte, concentró todo su poder en su guadaña, lanzándose en un feroz ataque contra, Azazel. En una milésima de segundo, Azazel y Muerte, habían realizado su última cruzada. La guadaña de, Muerte, se había roto. Las llamas de la espada infernal habían traspasado el cuerpo de Muerte, quien ahora yacía en el suelo retorcido en dolor y agonía.

—El ataque que he realizado en ti no es fatal, pero quemará todo rastro de que en tu cuerpo alguna vez hubo carne. Es una lástima, desperdiciaste tu oportunidad de gobernar este mundo bajo mi mando —dijo Azazel, mientras nuevamente continuó su camino.

Muerte, ha sido derrotado —exclamó Lucifer en voz alta.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Úrsula.
—He dejado de sentir su presencia —respondió Lucifer.
—¿Y qué harás al respecto?
—No hay nada más que pueda hacer.

Lucifer y Úrsula, observaron como la figura de Azazel, se acercaba lentamente a la cima del monte calvario, donde todos los demonios, Úrsula, Lucifer y los demás espectadores del pueblo, se encontraban alrededor de las tres cruces.

—Vaya, me parece que hay gran fiesta… ¿Alguien le importaría decirme por qué no fui invitado? —dijo Azazel.
—No puedo permitir que lo mates, ¡Arruinarías el plan! —dijo Lucifer.
—No podrás detenerme. ¿Dónde está él? —Preguntó Azazel, mientras daba un vistazo alrededor—. ¿Es acaso este hombrecillo?

Entre dos ladrones, se encontraba la figura de un hombre cabizbajo, mal herido y hambriento, su larga cabellera cubría casi todo su rostro. Este hombre no hablaba, pero lágrimas corrían de su rostro. Azazel, se acercó a él, tomó su espada y la colocó en posición, lista para dar el golpe final a aquel hombre. Pero antes de que este pudiera dar el golpe, aquél hombre lo miró fijamente a los ojos, con unos ojos profundos, que perforaban el alma. Para sorpresa de todos los presentes, Azazel cayó de rodillas, y dejó que su espada cayera también con él al suelo.

Dios mío… perdóname… —susurró.

Por primera vez, Azazel, observaba sus manos, y en ellas veía reflejada la sangre de todos aquellos que había matado. Azazel, sentía que todo ya estaba perdido, y sentía como su alma oscura, se retorcía en una agonía mayor a la de Muerte anteriormente. Pero aquél hombre le dijo las últimas palabras que, Azazel, escucharía en la tierra.

—Hijo mío, yo ya os he perdonado.

Una enorme luz cegó a todos los presentes, mientras que Azazel, perdió el conocimiento. Cuando, Azazel, abrió nuevamente los ojos, se encontraba totalmente desorientado. Estaba en un lugar extraño, pero familiar. No podía ver nada más que grandes destellos de luz. Una gran corte al final de largas escaleras se podía apreciar frente a él. Azazel, empezó a subir aquellas escaleras. Cuando se acercaba a la puerta, vio como dos ángeles centinelas custodiaban las puertas de aquella enorme corte. Azazel, entendió en ese momento donde se encontraba.

—Arrodíllate ante la presencia del altísimo —le dijo uno de los ángeles.

Antes de poder responder, aquellas enormes puertas de la corte se abrieron de par en par, revelando así la presencia de, Dios. Todos los presentes se arrodillaron, y cubrieron sus rostros ante su presencia.

Azazel —dijo Dios con su gran voz omnipotente.

—Aquí estoy —respondió Azazel.

—Has pecado, contra toda la humanidad, contra el cielo, contra mí y contra ti mismo.
—Lo reconozco. Me he transformado en un monstruo sin compasión. Todas las vidas que he tomado… ¡Todas las personas que he hecho sufrir! ¡No hay forma de retribuir todo esto! Señor… te pido… ¡Qué acabes con mi vida! Ni siquiera merezco lugar en el infierno.

Me ofreces tu vida, a cambio de todas las que tomaste… La tomaré.
—Entiendo perfectamente.
—Sin embargo, no terminaré con tu existencia. Tu arrepentimiento te ha salvado. Pero los demonios como tú, deben de purgar sus pecados por su propia cuenta. Me has ofrecido tu vida, así que la tomaré y la emplearé en el exterminio de las criaturas infernales. Esta vez, tendrás que dar caza a aquellos que eran como tú.
—¿Qué debo de hacer?
—Te convertirás en un cazador de demonios bajo mi mando. Desde ahora, Azazel, no existe más. Ha muerto. Desde ahora tu nuevo nombre será, Angelion. Porque aún en las tinieblas, mantuviste tu luz. Pero este hecho no te libra de tu condena. Has pecado, y deberás cumplir tu sentencia. Primero: deberás de vagar por la tierra exterminando demonios para purgar tus pecados. Segundo: para que entiendas el sufrimiento y la debilidad humana, te transformaré en uno, conservando tus habilidades de ángel y demonio. Serás un híbrido perfecto entre las tres razas, pero mayormente humano. Aunque no envejecerás, te despojare de tu inmortalidad. Tus heridas regenerarán de igual manera, si no eres muerto en combate. Tercero: colocaré en tu espalda la marca de redención, una cicatriz en forma de cruz. Servirá como recordatorio de tu pasado pecaminoso. Eso es todo.
—¡El Altísimo ha hablado, sea hecha su voluntad en el Cielo y en la Tierra! ¡Amén! — exclamaron los ángeles. 

El estruendo de estas palabras hizo que Azazel se desmayara, para nunca más abrir sus ojos como tal.

FIN


Edwin peter Barbes 

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Un comentario en “TETRAMENTIS / Damned Angel: Genesis – Capítulo VIII

  1. olleme papa,, fuera de liga,, exelente obra maestra, espero ver pronto alguna ilustracion…

    te deseo q este año sea fruptifero en tus escrituras… como el pasado…

    te felicito Peter..

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