TETRAMENTIS / Las Promesas del Cuchillo – Por Odilius Vlak.

Observa el sonido de tu furia, olfatea el color de tu frustración, dentro de esta sutil oscuridad forjada de tus pensamientos. Imperturbable, continúas avanzando a través de este pantano de luz putrefacta; frotando pacientemente tu paladar, con los opacos destellos que se desprenden del lodo sagrado. Tus pasos aún se aferran a la confusión y el temblor, pero avanza, que yo espero por ti, justo en el centro de este pantano; humedecido con el brillo de los ojos de todos aquellos que ha sido excluido del testamento del destino. Ven conmigo, la herencia que te negaron reposa en mi lúgubre arca.

Mi filo es de sangre y semen, y puede hacer una obra de arte de la paja de tu ojo. Los mosquitos, chillan los ecos de tus recuerdos, esculpidos en la cera que envejece camino al hierro de la muerte… Sé que los liban abejas negras en las almas de todos aquellos que conociste. Si vienes hasta mí, verás que yo puedo ser confidente de tus visiones acerca del fin.

Veo que tienes amargos recuerdos, ya comprendo la extrema oscuridad. Los mosquitos no son suficientes para los pensamientos que has sacrificado a tu odio. Tus manos tampoco bastan para hendir la oscuridad ensordecedora, de llantos que apestan. Ven a mí, desde entonces tus holocaustos serán de un extraño sabor a miel narcótica. Te maravillarás de ver regresar a tu alma mutilada, pero triunfante, sobre las divinidades harapientas.

Mi trono es un corazón vivo, anclado sobre las espinas que coronan a la serpiente. Soy el obsequio de un dios pagano; adorado por antiguos pueblos de seres que siempre fueron fantasmas. Cuenta la leyenda, que el dios estaba librando una batalla con los dogmas que pretendían ser parte de la naturaleza de sus adoradores. Luego de un largo combate, venció, pero un fragmento de la pila bautismal lo hirió. Una vez que éste fue extraído, lo usaron para forjarme. Me consagraron a la libertad que usurpa la desesperación; la angustia y las maldiciones al propio Ser… A la voluntad de escapar hacía el infinito. ¡Pero ya!, vas con buen paso, acércate, prometo que te brindaré… horrendas ternuras.

Tu pasado se fermenta unido al excremento de ratas hambrientas. Ratas cuyo último recurso de supervivencia, fue valerse de la razón. Allá, muy lejos, en tu niñez, un paraíso se desploma sobre la pesadilla que se escondía dentro de tu madre. Soñabas en los infiernos de mentes inquisidoras, tus propios sueños poseídos de voluntad.  Ángeles le gritaron a tu adolescencia, pero tú, absorto en el perfil de la bruja, seguiste el rastro de las profecías que hablaban de rituales bajo la luna. En este amanecer, te levantaste como lo habías decidido… sólo para esperar la noche. Esta noche, en la que por fin tú me harás carne de tu carne. ¡Ah, suspiro dolor de sentirte tan cerca! Mis promesa ya trasmutan tu vida en un hermoso poema póstumo.

Ahora que estás ante mí altar, luego de atravesar el denso muro de mosquito; exhausto por el peso de los lamentos que pululan por todo el bosque; deshilando nervios que atrapan las arañas que tejen la magia de mi morada… Sólo te pido una pequeña ofrenda a cambio de mis dones : que tu pulso no tiemble. Hijo mío, el último refugio de la luz, se encuentra en mi resplandor. Tómame, y destellarás como los astros sin ninguna elíptica que trazar.

FIN

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