TETRAMENTIS / Encuentro Cercano en mi Última Pesadilla – Por Odilius Vlak

Flotando como una nube de gas venenoso, suspendida en un punto de densidad infinita por los espasmos del terror. Sepultado bajo el umbral del aliento de un Apocalipsis según las leyes del cosmos. Casi envidio las oscuras metáforas concebidas por la inspiración artificial de los poetas Cyberorgánicos, de las últimas civilizaciones inteligentes. Aquí, sólo millones y millones de universos paralelos dentro de burbujas de hiel. Semblante lívido del vacío, exudando un morado cargado de ira primigenia; que ciega las almas, mientras él mismo se desangra en las espirales de los astros agonizantes. Millones de destinos conectados entre si por agujeros oníricos, a través de los cuales circulan los egoísmos compatibles de las dimensiones afines.

De pronto, cada sensación de mi conciencia se desdobla en imágenes que a su vez se estiran en infinitos túneles cuánticos… ¡sueños en distintas fases de evolución! Esa luz no es externa, surge de ellos mismos. Extraños seres de cristal se yerguen ante mi, de tonalidades ensangrentadas. Van desprendiéndose de su inmensa nave de cristal con forma de Octaedro… ¡quieren escapar, buscan ayuda! De prisa criaturas de cristal con un pasado de arena; vamos, escapen por cada uno de mis pensamientos, hacía el universo apático de mi demencia.

He rebasado el espacio hastiado ya de tanta expansión. A mi espalda millones de galaxias exhalan bocanadas de plasma caliente; los agujeros negros engullen todo aquello que alguna vez se manifestó con formas vegetales, animales o minerales, en nupcias con la materia estelar. El universo está nostálgico, su regreso a la infancia le permitirá acceder a una nueva topología cósmica. Un regreso al paraíso… para él. Para las conciencias energéticas que tanto han luchado bajo las miríadas de formas de vida, sólo es un acceso al pánico. Toda energía personalizada huye; aullando gritos que explotan en destellos de luz ácida. Chocan unos a otros en la confusión de sus auras… ¡se incrementa la radiación de fondo gracias a la ira e impotencia!… Se asoma la desintegración.

Allí me encuentro, en la tinta blanda de una forma abstracta deslizándome por las visiones de mis huéspedes astrales. Una evolucionada civilización de arena en un planeta distante; más allá del punto donde la luz le cede el conteo de años a la oscuridad. Extraños ritos de culto al viento, ¡único y supremo dios! Infinitas dunas de arenas plateadas, que circulan por los oscuros antros de sus metrópolis de cavernas flotantes. Armonía fulminada por la exaltación frenética de las estrellas, que sudaron la fiebre, poco antes de declinar hacía su último estertor. Ahora, el viento no es un dios para ellos, nuevos seres de cristal. Es un intruso, un demonio.

La luz que se despierta azul en las nuevas estructuras de cristal, es el nuevo credo. De pronto, el frío desciende desde los vapores de aquellas galaxias que han disipado su energía… ¡la muerte térmica, posiblemente causada por el desperdicio de semen cósmico en formas de vida que enarbolan la involución! Todo es frío, vacío, no hay intercambio energético. El final del universo sólo está a unos cuantos eones, y de allá, del futuro lejano de un universo paralelo, vienen los extraños seres en busca de energía. Esquivando los fragmentos rotos del espacio-tiempo; los espasmos epilépticos de los agujeros negros, con sus espumarajos de materia inerte; y los cadáveres de estrellas que se desprenden como los miembros podridos de un ahorcado del nexo gravitacional… perdiéndose en la amnesia de la nada.

Vienen ante mí agotados, y con su materia transparente blanda por el terror, derritiéndose por los ardores de la prolongada persecución que el cero absoluto, aún continua en su paranoia. ¡Ah si!, casi siento el deseo de estar allá, de tomar parte en las odiseas cósmicas por hacerse de un poco de energía; de los encuentros bélicos por la posesión de un agujero negro, en el que pueda intercambiar como me muestran estas visiones, la basura acumulada en nuestro inconsciente colectivo por un poco de su luz fantasmal, de su energía gravitacional carente de sensibilidad térmica. ¿Por qué diablos le huye el universo a su propio interior en esta constante expansión? ¿Acaso huye de sí mismo, de sus demonios, de su soledad que ya no proyecta suficiente gravedad para mantenerlo fijo a las orbitas de su pensamiento?  Tengo pocas alternativas para ustedes, habitantes del futuro caos inorgánico. Qué lástima que la muerte térmica alcanzó primero su imaginación: El universo por excelencia. Los protones desaparecen en los sombreros de los magos que ejecutan este macabro número de Magia Negra. Pueden acercarse a mí… El elegido. La energía primigenia que origina el Big- Bang, se despierta dentro de mí… En mis fantasías. Rápido, refúgiense dentro de mis puños mortalmente cerrados… Antes de que los sonidos de la vigilia, fragmenten sus cuerpos con la otra fase de esta pesadilla.

Las sábanas están desordenadas, gracias al motín de los fantasmas ebrios. La pesadilla agotada, se aferra a mi recuerdo para no abismarse en el fin cotidiano que representa el olvido. Mi despertar, pasmado, como si no quisiera ser parte de mí y, de las visiones que esta noche, el delirio del día anterior masturbó sobre mi ego profético. Las bombillas se derriten por la luz de las estrellas, que desde ya se refugian en ellas… Arden con el fuego de toda visión futurista… No las apagaré.


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