TETRAMENTIS / Deambulando en el Tiempo de los Sueños – Por Odilius Vlak

Estar en el pasado cazando los recuerdos del presente; la sombra que cuelga de la espalda es el futuro que he olvidado. Ungud, la madre serpiente se desliza junto al destello del rayo, tendiendo un arcoíris de colores fríos y viscosos sobre las nupcias plateadas del Cielo y del Infierno. Soy el niño que contempla su alma, momificada con telas de arañas, ascender en contra del rocío. Estoy aquí, aún me veo extasiado con la visión. Ah, las danzas de los primeros muertos, los poemas sepulcrales de oscuros Corroberee, me embriagan; copulo con la madre Ungud, hasta concebir ensoñaciones tras las cuales deambulo. Ah si, deambular, deambular… En el tiempo de los sueños; y su caos de todo lo que fue, es y será. Devoro los residuos del trance Miriru de los chamanes Unambal. Tengo sed de los ancestros: los Inuntorivia, que le susurran las pesadillas a las galaxias que duermen en cada crimen del ser humano. Seguiré al chaman, al Warramunga, hasta la caverna que penetre para arribar a la perplejidad del tiempo de los sueños. Las lazas encierran mi lengua liberando el silencio; las lanzas atraviesan mi cabeza desde la oreja que se pudre hasta la otra que renace entre las canciones de las sombras Bangumas, amamantadas con los presagios de Agula, el esqueleto fantasma… Gurú de los que ya estuvimos muertos.

Otra vez el origen del universo está varado en mis pasos que deambulan. Bajme… ¡oh ser superior! No puedes soñar con el océano, las olas irreverentes escupen espumas ácidas al gigantesco embrión que piensa la vida inmóvil. Esbozos de seres contenidos en él, nunca han sido, nunca son y nunca serán. No, mientras las rutas de mis pasos floten en la confusión que reposa ignorante, de aquello que vigila, que es el prístino Alcheringa, que espera agonizante mis sueños indecisos. Acabo de cruzar el umbral de la caverna de roca elástica; esta vez gracias a los orgasmos que silba La Serpiente Arcoiris; copulan con deseos claro-oscuros. Sé que mi objetivo, es hallar el Alumburru, el pequeño cristal que contiene mi conciencia al final del arcoíris que se expande infinito dentro de él. No obstante, deambulo, por grutas con arroyos de hiel, cruzando una y otra vez por los perfiles oníricos que destella mi pequeño Alumburru; que viajan a través de mi, a los horrorosos dominios del espacio-tiempo, sólo para devenir en una joya preciosa, perdida en las aceras de las metrópolis que no duermen.

Joya engañosa. Pues en el asfalto desencantado que la husmea, está contenida toda la heredad que le corresponde a mi alma del tiempo de los sueños. Yo estoy aquí, rozando las fachadas multicolores que despide el cristal. Intento en vano sacudir mi anonadamiento. Todo se reduce a unas borrosas pinturas rupestres, en los muros de las cuevas cósmicas, que conducen a las almas aventureras hasta el subterráneo de nuestro universo. Pinturas ancestrales donde aún asoman esos seres que precedieron los sueños de la especie humana, y que ahora viven proscritos en las fantasías de ésta. Volteo una y otra vez a los millones de lados que me ofrece esta extraña figura geométrica, trazada por los sueños de todo lo que es vital en el universo. Todo gira alrededor de mí. También todos los pasos que trasportan a la vigilia… Allá abajo. Es el movimiento secreto de la tierra que sólo pueden percibir los corazones extraños. Aquí sólo los dementes nos observan. Mientras el tiempo de los sueños gira y gira, acogiendo lo que fue, vigilando lo que es y soñando lo que será… Pero, siento un fuego y oigo pasos.

Son mis pasos, que se acercan precediendo el fuego de la primavera. La tierra de Arnhem, exhala su árida indiferencia. No importa. La primavera, al igual que yo, ha venido a danzar con las notas musicales del sol, que emiten las tonalidades alucinantes sobre el gran secreto pétreo de Uluro. Los ancianos Anangu, nos esperan en el fuego estático ante los cantos de poder entonados por los míticos héroes: Urdlu; Mandya; Walha; Warrati; Wildu; Wakarla. Mientras proyectan los cristales de sus ojos puros sobre mí. Sí, ya la primavera ha hecho florecer colores nuevos en mi imaginación. Quiero penetrar al tiempo más apacible de los sueños… El tiempo de las rocas. En la gran roca Uluru, están los sueños del tiempo que no se reconoce a sí mismo. Quiero penetrar en las grutas de los sueños oscuros: aquellos que nos hacen cabecear pero no podemos ver. Sí, quiero hacerlo en este presente, para deambular en el futuro… como esa parte de mí, que me vigila desde el pasado.

FIN


  • NOTA: Este poema en prosa está inspirado en la mitología de los aborigenes australianos.

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