INTROVISION / Cupido con Alas de Murciélago

Me pregunto qué tan doloroso fue el parto de la diosa del amor, Venus, al momento de dar a luz a Cupido, «el deseo», cuyas voces que lo atormentan lo hacen llamarse a sí mismo Eros, la parte no manifestada de sí mismo, la idea platónica del Amor, del cual Cupido, no es más que la representación tridimensional: un oscuro y demoniaco demiurgo, que como todos los de su clase, esclavizan su arquetipo abstracto a su reflejo físico. Marte, su padre, dios de la guerra, ciertamente habrá pensado que la combinación de su fuego con el delicado aire del amor de Venus, no fue una buena idea después de todo. Ah, «el Amor no puede crecer sin Pasión», le respondió el oráculo de Temis a Venus, pasmada ante la maligna infancia estampada como en bajorrelieve de acero sobre el cuerpo de su hijo. Pero la pasión es un fuego infernal, un fuego que Hades le pidió prestado a Satanás, en una reunión fuera del tiempo, donde el futuro abismo del Cristianismo, aún esperaba su turno para engullir almas.

Aún en el delicado equilibrio de fuerzas de la mitología greco-latina, en la cual cada dios representaba una porción de la totalidad del alma humana, el pequeño travieso llamado Cupido, era un oscuro poder digno de temer. La siniestra fuerza de las profundidades se aparecía siempre con su eterna imagen de niño ataviado con unas níveas alas de paloma y cegado por una venda, indicando con ello la misma ceguera que caería cual velo de maya, sobre el discernimiento de todos aquellos que caían víctimas de sus doradas flechas del amor. La ceguera del amor, es la ilusión de un infierno que se presenta como nirvana. El amoroso Cupido, experimentó la transición existencial del universo de los mitos greco-latinos, a la uniformidad divina del Cristianismo, no sin antes poner tras las rejas a su más preciada víctima, Psique: El alma. El muy travieso le proporcionó dos guardianes para que la acompañaran en su ausencia: la soledad y la tristeza, si bien el diablillo culpó a su madre de hacerlo. Y así, inició Cupido su reinado de devastación en las almas humanas, y más aún, con el honor del que fue objeto por el mismísimo Satanás, quien lo elevó a la categoría de demonio: El demonio del amor. Gracias al segundo velo de maya que el amor pone alrededor de la visión interna de sus víctimas, estas siempre ven al niño Cupido, ataviado con sus inmaculadas alas de palomas, pero en verdad, una vez investido como demonio, éstas devinieron en alas de murciélagos.

Pero lo más conmovedor de esta tragedia, es que la humanidad siempre está dispuesta a abrirle los brazos a la ilusión demoniaca del amor, y no a su despertar: El odio. Éste, también es un demonio, pero uno que tiene la amarga misión de hacernos enfrentar y aceptar nuestro lado más siniestro, desde la relatividad de la ilusión del amor, pues, ¿qué tan amargo puede ser el veneno del odio?… Tanto como lo puede ser la realidad vista desde la conciencia despierta, es decir, mirar la esencia y no el reflejo de aquello ante lo cual estábamos cegados por el hechizo demoniaco del amor. Cuando el demonio Cupido dispara sus flechas empapadas de sangre hirviendo sobre las almas de sus víctimas; y cuando las hace remontar los aires del cielo del submundo infernal de las bajas pasiones, que nos confunden mientras las vemos recoger flores multicolores en el prado de nuestros sentidos: algo puro es encadenado. Pero qué se le va hacer, al fin y al cabo, no a todos los seres les está permitido experimentar el verdadero infierno. Los demonios como Cupido, con su lúgubre poder llamado amor, cumplen la función de repartir esa limosna a los seres sin trascendencia. El amor, su ilusión y desilusión, están incluido en el programa de «welfare» del Infierno. Es la beneficencia que Satanás le brinda a las almas indigentes, que se tendrán que conformar con una pocas llamas infernales, sin jamás acceder a la ardiente riqueza de la verdadera condena infernal: ¡Un hurra por Cupido!… En verdad es un demonio digno de ser amado.

Increíble. ¿En verdad existió en el pasado del alma humana un demonio de tal envergadura? Desde aquí, en el siniestro futuro de Zothique the Last Continent, el Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser, sentimos un poco de nostalgia. Es hasta cierto punto una pena que todas la almas zothiqueanas, sean ricas en condena infernal. Aquí, ningún alma tiene necesidad de mendigar su fuego, pues cada una de ellas es un infierno en sí misma: millonaria de cuna… perdón… Condenada de cuna.

Pero como quedamos conmovidos por tal despliegue de compasión infernal, hemos decidido en esta edición hacer algunas donaciones de amor para las almas de nuestros Hermanos Fanáticos que aún no tienen el fuego suficiente para acceder a la riqueza del infierno.  La primera manifestación de solidaridad la ofreceremos en nuestra sección, Runes Sanguinis, en la página del miércoles. Y en verdad es una verdadera joya. Se trata de la traducción exclusiva para nuestros lectores, del relato: «Una Noche en Malnéant», de nuestro divino, Clark Ashton Smith. Es un poético testamento de cuan oscuro y luctuoso puede ser el demonio del amor, sin que por ello la belleza de su ilusión deje de ser algo real. Por otro lado, es uno de los trabajos de Klarkash-Ton, en el que vemos el legado directo de Edgar Allan Poe, y joyas tales como «Ligeia» o «Morella».

Pero las donaciones no terminan ahí; pues la sección Tetramentis, en la página del jueves, se convertirá en una especie de soup kitchen, en la cual ofreceremos gratuitamente un plato de amor para las almas indigentes. En este caso, servido por el monje negro de la medieval Averoigne, Odilius Vlak. Se trata de una pieza extraña dentro de las que componen el libro Tumbas sin Fondo: «La extraña Obsesión de un Dibujo Animado». El que todavía tenga dudas sobre el carácter demoniaco de Cupido, que lea este relato, y al final se convencerá, del porqué es digno de ser amado.

¿Estará, Via La Niña de las Rocas, enamorada? Por supuesto… de su destino. Ella siente amor por su ambición, que es rica en fuego y azufre. Nuestra niña ha decidido abandonar a Norkos, para adentrarse en lo desconocido… ¿Qué conocerá en esos lúgubres pasillos boscosos por los que se ha adentrado? El Acto 40 de su aventura lo revelará, en la sección Imagixmundi, el próximo viernes. Sólo esperemos que nuestro venerable, Arcadio Encarnación, no haya caído víctima de Cupido.

No sólo Cupido posee alas de murciélagos, sino también nuestro sumo sacerdote, Makus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual. Y lo peor son sus flechas, disparadas en cada edición de nuestro Blogzine. Aquellos que son alcanzado por ellas, mueren gritando… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

Odilius Vlak

Jefe de Redacción

 


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