TETRAMENTIS / Santuario de Espejismos – Por Odilius Vlak

Todo gira en este santuario. Todas las impresiones se tornan densas, al beber en las huellas envenenadas bajo el pie de cada espejismos. Todo es un banquete siniestramente dispuesto para el festín de la ceguera. Todas las almas invidentes asisten a este templo para tomarse en serio las fábulas que se narran a sí mismas. Todas las plegarias mueren desangradas en el ritual del sacrificio sobre el altar de la vida. Todas las falsedades terminan siendo agradables al sentido del tacto. Todos nos arrojamos desde los altos peñascos de nuestras cordilleras mentales, hasta el fondo de los himnos en honor al dolor físico… Una tela de araña de navajas afiladas amortigua la caída. Todos se ocultan unos a otros sus intimas teorías sobre el desenlace fatal. Todos escupen secretos en llamas sobres los archivos del éter. Todos hacen el papel de pastores de la libertad; caminando con dificultad sobre los cadáveres amontonados de ovejas negras. Todo incienso emana de altos destinos incinerados, y de las auras añil de imaginaciones abortadas. Todos los libros sagrados se leen con facilidad, pues sólo tienen dos piernas que hojear. Todos van a la siega, la lluvia ha nutrido el afán de no-Ser. Todos los espectros forman una gran rueda de la fortuna: dudan sobre cuales sonámbulos empezar a girar. Todo es una gran masturbación; con espermatozoides varados en túneles de espera. Toda sonrisa ha fornicado con la pestilencia; toda angustia hace pacto con lo efímero. Todas las emociones suspenden su hibernación, y se derriten con el fuego que forja sus cadenas… Todos los cadáveres cabalgan sobre sus gusanos en dirección a este santuario… ¡Ellos son los dioses que forman el panteón!

Toda voluntad esta recluida en asilos para los lejanos ancianos de épocas poderosas. Toda locura que no esté sellada, no será digna de embriagarse con los espejismos. Todos los que poseemos figuras que hacen estallar los espejos de luz prestidigitada… estamos condenados. Pese a ello, apartamos de nuestro Ser ese sello.

La infancia siempre ve como se arrastran los diabólicos símbolos que la tradición le susurra. Las catedrales, antros de fachadas desahuciadas; agonizantes bajo el espejismo de una verdad. Los seres vivos, jardines pre-edénicos de vampiros interiores: decepcionados y hambrientos, pues la sangre no es tan fresca como la del primer pecado. ¿De dónde venimos? Preguntan los más dedicados a sacudir el polvo de sus propios infiernos. En todas partes se pudren, decapitados por sus propias voces.

El azar se divierte con nosotros, intercambiando nuestras almas por espejos que cuelgan del viento. Sólo con frotar las lágrimas de nuestro tercer ojo sobre la realidad que nos rodea, es suficiente para que se revele un desierto de maldiciones lánguidas. Espejismos de infinitas personalidades, cavan sus tumbas sobre cada grano de arena. La insolación es el maná que devoran nuestros yoes hacinados sobres las dunas. Es necesario exiliar nuestro insomnio en los sueños del olvido: esos que no se inquietan ante el patíbulo de un nuevo renacer. Espantados por el gran error, pronto el primer despertar intenta calmarte, paseando tus instintos en los espejismos de paraísos perdidos; aliviando las tendencias suicidas con eyaculaciones sobre  manos sin líneas y vaginas atormentadas.

Los dioses de este santuario sólo reinan en el temor de sus adoradores. Su imperio sólo se extiende cuando la imaginación excitada de éstos, les obsequian sus primeros mártires, luego de crearlos a ellos. Estos dioses se perderían en el cosmos; sus moradas son las débiles esferas mentales, dentro de otra esfera más débil aún.

Espejismos, en los pétalos de las flores que se desprenden fantasmales de las innumerables pupilas del santuario.

Espejismos, en la pasión de los amores al pie de la escalera de un cielo invisible.

Espejismos, en los picos nevados de montañas flageladas con los hilos de baba de un milagro ebrio.

Espejismos, en las misas de cuerpo presente de los genios en las aulas escolares.

Espejismos, en el fin encanecido de todo tiempo, proyectado desde un pasado perdido en los festejos triunfales de una doctrina.

Espejismos, en los anhelos que penden de las hojas de otoño; espejismos, en las palabras desangradas en las conversaciones de este gran funeral de máscaras. Si yo pudiera, si tan solo pudiera regresar. Imposible, sólo me que queda esquivar la ruta de los cadáveres peregrinos, y correr hasta la íntima soledad, y allí soñar en silencio, con las dimensiones donde los colores no están sometidos a la fuerza de gravedad.

FIN

 


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