INTROVISION / Globos de Cerebros Inflados

«Que la mente sea un globo que eleve nuestra vulgar materia física», sentenciaba el poeta Luveh Ketaphf, en su libro de máximas «El Monarca del Más Allá», un volumen muy popular en su tiempo, cuando el esplendor de la nigromancia en Zothique todavía enceguecía la luz del agonizante sol.

Se dice que Luveh Ketaphf vivió en la legendaria ciudad de Chaon Gacca, la antigua capital abandonada del reino de Tasuum, cuyos archivos akásicos —al igual que la existencia misma de ZothiqueClark Ashton Smith visualizó en sus sueños; registrando algunos de ellos en historias como la del «Tejedor de la Tumba». Pero Luveh Ketaphf vivió mucho antes del inicio mismo de la estirpe de reyes que gobernaron todo Tasuum, y que según Smith, abandonaron la ciudad a causa de una invasión de demonios provenientes del desierto de Dloth, reubicándose en la nueva capital, Miraab. En aquellos tiempos, Chaon Gacca, era la ciudad más cosmopolita de todo Zothique desde el punto de vista de la incursión de entidades alienígenas de todo tipo, de la cual quizás, la extraña entidad de energía pura en el «Tejedor de la Tumba», era un tardío remanente. Mientras la nigromancia en las demás ciudades del continente era canalizada a través de la gracia de las antiguas deidades como Thasaidon, en la ancestral Chaon Gacca aquélla era el don directo de entidades y nigromantes de lejanos espacios cósmicos. Pero también —y quizás debido a este mismo intercambio interestelar— fue en Chaon Gacca en la cual el antiguo conocimiento científico de la tierra, así como otros aprendidos por la ciencia alienígena, encontró un oscuro cobijo, ¡soterrado y silencioso!… Pues en Zothique no existía blasfemia más grande que la manifestación de conocimientos técnicos y científicos. O quizás, a nadie le impresionaba por no ser necesarios, debido a la total sabiduría que la muerte cercana iba a derramar sobre todo el continente.

Eso quiere decir que, aparte de poetas visionarios como Luveh Ketaphf, en la ancestral Chaon Gacca también existían científicos, tan embriagados de visiones como aquéllos. Uno de ellos era Tjex Goorviz, que entre otras cosas es recordado por haberse tomado al pie de la letra la máxima de Luveh Ketaphf sobre la mente que ha de devenir en un globo.

Tjex Goorviz era un científico víctima de un extraño misticismo, de la voluntad de poder propia del verdadero genio y del hambre de conocimiento. Había aprendido muchos secretos científicos de los extraterrestres, pero tales secretos estaban barnizados por la herencia espiritual de los magos y poetas terrestres. Goorviz interpretó literalmente la metáfora de Luveh. Entendiendo que si bien era un llamado al espíritu para emprender una sistemática evolución cuyo primer estado era la elevación de la mente, y que ésta a su vez eleve el resto de nuestro Ser; igualmente podría ser un llamado al genio científico que podría iniciar dicha evolución desde el cuerpo físico como primer estado.

Sí, Tjex Goorviz quería ver los habitantes de Zothique elevarse, pero no hacia alguna dimensión abstracta, sino a otro planeta. No con naves espaciales —impensables debido a los prejuicios sobre la ciencia y la técnica—, sino con sus propios cuerpos. Y esto no era sólo una fantasía gratuita en la mente de un científico desquiciado, sino que estaba basado en una amenaza real… La condena que caería sobre Zothique tras la muerte del sol.

Cierta entidad extraterrestre le suministró una fórmula a Goorviz, con la cual él podría elaborar un líquido que le otorgaría la cualidad del plástico al tejido humano, algo que iba más allá de cualquier nigromancia, pues en Zothique no se conocía el plástico. Pero claro, hablamos de un plástico de factura extraterrestre, por lo que en nuestros días tampoco conocemos algo parecido. Este material era capaz de resistir cualquier desafío del espacio exterior: vientos solares [peligrosos, aún emanando de un sol agonizante]; rayos ultravioletas; rayos gamma; e incluso, una esfera de este material haría rebotar un cometa, en caso de que se estrellase contra ella. Pues en verdad, según le explicó la entidad a Goorviz, el material era algo más que plástico: era una serie de capas de diferentes tipos de energías, compactadas con la sustancia tangible del plástico. La más exterior de estas fuerzas era una especie de campo magnético, de ahí que ni siquiera la velocidad de un cometa podría afectarla. Científicamente hablando, Goorviz, ya tenía la herramienta perfecta para hacer de todo el cuerpo humano un globo interestelar. Y más aún cuando la sustancia no afectaba realmente la composición química base del cuerpo humano. Pues Goorviz, no quería fabricar muñecos. Pero él no quería un éxodo facilitado sólo por un cambio físico, sino también mental, llevando de esa manera en la dimensión física la meta que el poeta Luveh le propuso al ser humano a nivel mental.

De esa manera, y entendiendo que el cerebro humano es el asentamiento físico de la mente, se propuso también transformar a éste, con el fin de que cumpla con su parte en la realización a nivel corporal de la visión de Luveh. Para ello desarrolló un gas alucinógeno; extrayendo parte de su composición de las antiguas fórmulas para pócimas alucinógenas en los herbarios utilizados por los nigromantes con el fin de viajar en cuerpo astral. Combinando las sustancias de plantas alucinógenas terrestres con otras sintéticas de factura extraterrestres. El resultado final era un gas alucinógeno que elevaría la mente como ninguna otra droga registrada en la humanidad, provocándole visiones de éxtasis de las cuales sólo los dioses eran hasta ese momento dignos de ellas. La mente, pero también el cerebro. Pues el gas tendría otra función: inflar el globo del cerebro tal como Goorviz lo concibió para otorgarle más dramatismo a toda la escena. Si la mente ha de devenir en un globo, como Luveh lo recomendó en su máxima, entonces en el proyecto de Goorviz, sólo el cerebro se inflaría, elevando con él el resto del cuerpo, tal como en la senda espiritual de Luveh, la mente lo haría con el resto del Ser.

Pero sólo aquellos que experimentaran visiones verdaderamente cósmicas verían su cerebro inflarse, en orden de emprender la senda hacia las estrellas. De lo contrario terminarían sus días en un estado semi-vegetal; con la mayor proporción de su cuerpo convertido en plástico, ya que Goorviz no los iba a regenerar nuevamente, como tenía pensado hacerlo con aquellos que arribaran al planeta elegido como destino final.

Para muchos, ese fue el principio del fin en la primera edad de la historia de la ciudad de Chaon Gacca, pues el resultado de dicho experimento provocó su primer abandono, milenios antes de que la primera estirpe de los reyes de Tasuum la tomaran como su primera capital.

Y esto sucedió así debido a la naturaleza de los primeros sujetos de prueba para el experimento de Goorviz: todos eran psicópatas en una u otra forma, o sino proscritos por uno u otro delito. Además, ¿qué ciudadano honesto —incluso en Zothique los había— se iba a prestar para ser parte de tal delirio? Si Goorviz hubiese sido un nigromante, tal vez sí, pero como científico, incluso en la tolerante Chaon Gaccan nadie iba a colaborar… excepto aquellos que no tenían nada que perder.

Aún así, mil cuerpos de carne y hueso fueron procesados con la técnica de Goorviz. Éstos estaban esparcidos en la nave de su laboratorio. El cráneo de cada uno ya había sido sometido a la cirugía de cercenamiento de la capa superior, en orden de exponer el cerebro al exterior… Solamente faltaba suministrarle el gas alucinógeno y ver cuales sujetos alucinarían con un mayor nivel evolutivo.

Lo que no se esperaba Tjax Goorviz, era que la fuerza de la alucinación y su naturaleza se iba a imprimir en la forma del cerebro globo. Sería difícil decir qué clase de alucinaciones vieron los sujetos en su imaginación. Pero una vez que el primer cerebro se infló, la forma que adoptó no estimuló a Goorviz a batir palmadas de alegría. Pues era un globo, pero con la forma de un demonio. La fuerza del gas alucinógeno era tan poderosa, que las visiones de los sujetos eran extraída directamente del reino de Thasaidon: primero los paisajes de los setenta infiernos en los que reina, y luego… la de los demonios que no encontraron otro medio de emerger al reino tridimensional que a través de los portales abiertos por las alucinaciones de los sujetos experimentales. Demonios que ningún nigromante se molestaba en invocar, y que por lo tanto estaban llenos de frustración y furia contenida contra la humanidad. Y así, una vez que tomaron posesión de los cuerpos procesados; y animando el cerebro inflado con el gas alucinógeno, los demonios sólo tenían que provocarle más alucinaciones a la mente de los sujetos en orden de mantenerse en posesión de ellos. Muy tarde comprendió Goorviz que tales individuos, nacidos para la maldad en todas sus formas, jamás experimentarían las etéreas visiones del cosmos, y que su inclinación no era hacia las profundidades del universo, sino hacia las profundidades en las que domina Thasaidon, pastor de cada uno de sus arquetipos.

Esa noche, el pánico se propagó por toda la ciudad de Chaon Gacca, una vez que sus ciudadanos empezaron a ver en las alturas ¿seres humanos flotando con globos emanados de sus cabezas?… ¡Y en forma de demonios!… ¿o demonios flotantes con sus garras hundidas dentro del cráneo de seres humanos en orden de raptarlos? No hubo mucho tiempo para reflexionar, una vez que los demonios iniciaron su reinado de terror en la ciudad: matanzas, posesiones, locura y suicidios fueron algunos de sus dones. Lo último que veía un ciudadano antes de morir o enloquecer, era un siniestro ser humano con una extraña forma de muñeco, flotando en el aire por obra del… ¿demonio?; y al demonio mismo sobre él; hinchado al igual que un cadáver. Los ciudadanos que pudieron hacerlo abandonaron Chaon Gacca. De Tjax Goorviz, se cree que fue víctima de una de sus creaciones; o que él mismo se convirtió en una. Si esta última teoría es cierta, entonces en algún planeta del espacio exterior existe un ser humano que escapó a la condena de Zothique. En cuanto a los demonios que asolaron Chaon Gacca, bueno… Thasaidon tiene una gran reserva de alfileres.

Ah, cuanto me gustaría alucinar con un gas semejante, al menos desde esta pueril realidad contemporánea tendría la oportunidad de contemplar las visiones de Zothique The Last Continent El Blogzine de las cosas que no son pero que deberían ser. Pero no hay apuro, pues en la edición de esta semana les tenemos algo que provocará el mismo efecto del gas alucinógeno de Goorviz. Sí, a uno o más de los Hermanos Fanáticos se les inflará el cerebro.

Saltamos directamente a la sección Tetramentis, en la página del jueves. Al parecer el monje negro de la medieval Averoigne, Odilius Vlak, leyó el libro de Luveh Ketaphf en los archivos akásicos. Los textos en su libro Tumbas sin Fondo así lo indican. He aquí un gas verdaderamente alucinógeno: «Demenciaficción».

Y si el oscuro monje es el Luveh de este espacio, entonces, el sumo sacerdote, Markus E. Goth, editor y director de este Templo Virtual, es Tjax Goorviz. Pues sin los experimentos de cada una de sus ediciones, ninguno de nosotros nos elevaríamos al cielo ni descenderíamos al infierno. Antes de alucinar, perdón de partir, les avisamos que la sección Imagixmundi, estará suspendida por un tiempo corto pero indeterminado, ¡wao… qué paradoja más alucinante!… Corto e indeterminado. Sólo esperemos que Via no haya sido uno de los guinea pig en el experimento de Goorviz. En todo caso la alucinaremos, pues para ella también… El horizonte de los murciélagos es más lejano que el de las águilas.

Odilius Vlak

Jefe de Redacción

 

 


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